BAJO LLAVE EN UN RINCÓN DEL ALMA. CAPÍTULO 5.

**Corina acababa de llevar a los niños a casa de sus padres, sabía que habían llamado a su madre para un interrogatorio en comisaría, pero su padre se haría cargo de ellos hasta que ella llegase. Se puso un pañuelo en la cabeza y comenzó a pintar la fachada. Su marido le había dicho que no hacía falta, que alguien lo haría, pero ella necesitaba aportar algo a su casa, le dolía tanto verla así… Comenzó a pintar en color vainilla, mientras sentía como los albañiles comenzaban a hacer sus labores en el salón. Poco rato después, Andrea asomó la cabeza por la verja del jardín.

-Buenos días. –Saludó ella en tono alegre.

-Ah, hola. Pasa. –La chica le abrió la  puerta y siguió con lo suyo mientras Andrea se sentaba en una de las sillas del jardín.

-¿Puedo ayudarte?

-No te preocupes, no me llevará mucho tiempo.

-Si necesitas ayuda con los niños o lo que sea, ya sabes donde vivo. Me quedaría con ellos encantada.

-Gracias. –Le dijo la chica secamente.

-¿Te pasa algo, Corina?

-No, nada. Solo estoy un poco aturdida por todo lo que ha pasado.

-Son momentos difíciles, pero pasaran pronto.

-No he podido dormir en toda la noche. Le he puesto a Luis la cama en nuestro cuarto y la cuna de Carmen también. Y he echado el cerrojo, para que nadie pudiera entrar.

-Eso tampoco es bueno, si os pasa algo nadie puede acceder a no ser que rompan la puerta.

-Lo prefiero, antes que correr ningún riesgo. –Corina estaba sumamente concentrada mientras pasaba la brocha por la fachada.

-Oye, ¿y no teníais seguro?

-Se nos caducó hacía tan solo dos días, y la verdad, no nos acordamos de renovarlo.

-Ahora os tendréis que gastar un dinero en todo, ¿verdad? –Andrea miraba curiosa por la ventana, donde se veía todo quemado y unos hombres trabajando en dejarlo todo lo más parecido a como estaba.

-Sí, pero tenemos unos ahorros, gracias a Dios.

-Por cierto, ¿vas a venir esta tarde a casa de mis padres?

-No lo sé, Andrea. Tengo mucho miedo, más que nada por mis hijos.

-Está bien, no voy a obligarte.

-Si quieres puedo hablar con mi marido, él estaría haciendo su trabajo y quizás quiera acompañarte.

-¡Eso sería genial!

-Yo sé que fui quien propició todo esto, pero estoy realmente asustada. Mi conciencia no me deja seguir hacia delante. Si yo estuviera sola, no me importaría, pero Andrea, tengo dos hijos, a los que tengo que cuidar.

-Tienes razón. Bueno, tengo que irme. Llámame con lo que sepas, ¿vale?            –Andrea salió del pequeño jardín y se dirigió a su casa. Esa misma tarde comenzaba su trabajo y estaba realmente impaciente. Corina la miró mientras se alejaba y pensó que estaba muy recuperada de todo lo que pasó en su vida hacía unos años. Quizás surgiera algo entre ella y Fernando, eso sería fantástico. Jamás había tenido miedo a nada, si ella estuviera sola en el mundo, seguiría indagando, pero no podía, las circunstancias no se lo permitía. No quería perder a David, él era muy bueno y entendía todo lo que ella hacía, pero cuando sus hijos entraban en juego todo cambiaba. Prefería quedarse como estaba antes de perder a su familia.

**África estaba un poco nerviosa, era la primera vez que iba a posar para un hombre y aunque fuera José, le daba vergüenza. Él había ido a entregar unos pedidos y estaría a punto de llegar. Se dio unos últimos retoques. Se pintó los labios de un rojo intenso y se echó rímel en sus ojos verdes. Se pellizcó un poco los pómulos para así darles más color y cubrió su cuerpo, totalmente desnudo, con una bonita bata de seda blanca que le había regalado su padre no hacía mucho tiempo.

Escuchó la puerta y miró sigilosamente, José acababa de llegar y se estaba poniendo su bata para comenzar a pintar. Echó la persiana prácticamente entera y encendió dos velas. Cogió una pequeña mesa y la puso en el centro del salón cubriéndola con una sábana blanca. Cuando la chica vio que estaba todo preparado salió.

La luz de las velas iluminó su cara, ninguno de los dos dijo nada, simplemente se miraron como si quisieran retener aquella imagen en su retina. Luego ella deshizo el lazo de aquel pedazo de tela dejándola caer al suelo, quedándose completamente desnuda.

José se acercó a ella, sin mediar ni una sola palabra. La cogió por la cintura y la besó apasionadamente. Ella no opuso resistencia. Luego la tomó dulcemente de la mano e hizo que se sentara en la mesa. Cogió unas cuerdas y ató sus manos a la espalda.

-Así, mi amor. Estás perfecta. –Ella no dijo nada, simplemente sonrió.

-No me moveré.

-Ese color de labios te queda precioso, realza más el blanco de tus dientes. Además, –el chico metió su nariz en el cuello de la muchacha- hueles tan bien…

-Gracias.

-No sabes cuánto me gustas, África. –El chico comenzó a acariciar lentamente sus pechos- Ahora mismo voy a comenzar a dibujarte, esta será mi mayor obra de arte. Luego te voy a hacer el amor.

Se dirigió hasta dónde estaba el lienzo y cogió la paleta de pinturas. Ella no podía ver el retrato, solo le veía a él, cómo sus oscuros ojos la escrutaban, podía sentir el deseo que aquel chico sentía por ella.

Después de dos horas, la chica comenzó a quejarse un poco de dolerle los brazos, ya que tenía las manos atadas a la espalda y no era una posición precisamente cómoda.

-Ya vamos a terminar, cariño.

Pasados cinco minutos, José ladeó el lienzo y la chica se quedó con la boca abierta. Era ella, exactamente igual que en la vida real. ¿Cómo podía dibujar algo tan perfecto? Era increíble.

-José, es igual que yo.

-Claro, te he dibujado a ti. –El chico se fue acercando a ella y comenzó a desatarle las manos.

-Preferiría que nadie viera ese retrato. Estoy totalmente desnuda.

-No te preocupes, se quedará únicamente para mí. –Comenzó a quitarse la bata y seguidamente la camisa. Luego cogió a África y la recostó en el sofá.

-Te quiero. –Susurró ella.

-Nunca dudes de mi amor, nadie conseguirá separarnos. –Le decía él mientras mordía su cuello. Cuando quisieron darse cuenta estaban perdidos, perdidos el uno en el otro, cómo tantas veces habían deseado. Ahora, lo que antes se les antojaba como un sueño, era una realidad, aunque sus familias se opusieran, nadie decidiría sobre sus vidas, eran dos adultos y se amaban.

**Justo a las doce de la mañana, María, Rocío, Cristina y Lidia, entraban al despacho de Parker. Antonia había llevado sillas para que pudieran sentarse todas. Rocío se sentó en un extremo, María y Lidia en medio y Cristina justo al otro lado. Mientras más lejos de Rocío, mejor. David, se dio cuenta de esta situación, él sabía todo porque su mujer se lo había contado y se había dado cuenta que solo habían hablado María y Lidia, las demás solo miraban al suelo.

-Bueno, ya estamos aquí. –Dijo el chico mientras tomaba asiento. Fernando entró en ese momento y se sentó a su lado.

-¿Sabéis por qué os hemos llamado?

-Supongo que por lo que ha pasado en casa de mi hija. –Dijo María.

-Veréis, hemos estado investigando y el incendio fue propiciado, nada accidental. Creemos fehacientemente que esto ha tenido que ver con que Corina haya comenzado a investigar sobre la desaparición de vuestra amiga Milagrosa. –Todas se removieron inquietas en su asiento-. Cómo también sabréis, Andrea es sobrina de Milagrosa y ella quiere que la apertura del caso.

-Hasta hace unos días, no podíamos hacerlo, puesto que se archivó hace ya mucho tiempo y no teníamos ningún indicio para reabrirlo, pero ahora que se ha producido este incendio, seguramente por lo que os ha dicho Parker, por un ajuste de cuentas al querer indagar más en el tema, creemos conveniente hacerlo y vamos a comenzar a buscar. –Les informó Fernando mientras veía algunas caras desencajadas.

-Sabemos también que vuestras relaciones no son buenas. ¿Alguien puede contarnos que pasó entre vosotras? –Las incitó David. Se hizo un pequeño silencio, pero Lidia logró acabar con él.

-Nosotras cinco éramos inseparables al principio, cuando éramos unas niñas, pero al ir creciendo, en la adolescencia, comenzaron a hacerse grupos. Rocío y Cristina siempre estaban juntas y María, Milagrosa y yo también. Aunque si salíamos, podíamos estar todas juntas.

-Por lo que nos hemos enterado, no hay buena relación entre Rocío y Cristina, ¿qué pasó?

-Nada, simplemente nos enamoramos del mismo hombre. –Rocío tomó la palabra.

-Eso no fue así, tu intentaste quitarme a Gonzalo, yo me enamoré de él y tú fuiste la amiga, entre comillas, que quisiste quedarte con él. –Intervino Cristina un poco alterada.

-Eso no fue así y lo sabes, él siempre me quiso a mí.

-¿Ah, sí? ¿Y por qué está ahora conmigo? –Cristina se  inclinó un poco para verla mejor.

-Eso son asuntos que no te incumben, aunque quiero que sepas que a tu marido y a mí nos une una gran historia.

-Chicas, haya paz. –Lidia intentó poner paz mientras María se tapaba la cara abochornada por el espectáculo.

-Tú cállate, eres la menos indicada para hacernos callar sobre ese tema. –Soltó Rocío.

-¿A qué te refieres? –Aquello llamó la atención de los policías.

-Ella –la mujer la señaló con el dedo acusador- se casó con Paco poco después de que Milagrosa desapareciera.

-¿Y qué tiene eso de malo? –Preguntó Parker incrédulo.

-Mucho. Paco era el novio de Milagrosa cuando ella desapareció, parecía quererla mucho pero no tardó ni cinco meses en casarse con Lidia. Quizás por ahí vaya la cosa… -Cristina miró nuevamente al suelo después de escuchar a Rocío.

-¿Te casaste con el novio de Milagrosa? –Le preguntó Fernando a Lidia mirándola con curiosidad.

-Sí, así fue. Ella no apareció, él estaba mal y yo le ayudé. Sin querer darnos cuenta algo surgió entre nosotros y nos enamoramos.

-Claro… -Fernando comenzó a escribir en una libreta.

-¿Alguna sabe algo sobre el incendio que se produjo en mi casa? –Preguntó Parker impaciente. Todas se quedaron calladas. Él miró a  María, excusándose.

-Yo no supe nada hasta que la voz se extendió por el pueblo. –Dijo Rocío.

-Yo me enteré esta mañana cuando me llamó la chica que está en la secretaría de comisaría. –Lidia cogió su bolso y se retrepó en su asiento.

-Yo ese día estuve fuera, fui a Córdoba a comprarle a mi hijo material para que pudiera hacer sus cuadros y esculturas.

-¿Su hijo fue con usted? –Preguntó David sabiendo que éste había estado en Rota.

-No, él se había ido fuera con unos amigos. –Rocío encendió los radares y la miró fijamente.

-¿Sabes si mi hija está con tu hijo? Ayer se marchó de casa.

-No sé nada, mi hijo vive solo, en su taller.

-Bueno, queremos que sepáis que vamos a seguir investigando y que si alguna tuvo algo que ver vamos a averiguarlo, no va a quedar en el olvido.

Las cuatro mujeres se levantaron en silencio y se marcharon. Parker miró a Fernando y luego las notas que había tomado.

-Me ha parecido interesante el dato de que Lidia se casara poco después con el que era novio de Milagrosa.

-Sí, la verdad es un dato bastante relevante.

-¿Todas estas  mujeres eran íntimas amigas de la desaparecida? –Preguntó Fernando.

-Yo he oído que no, solo María y Lidia. Por lo visto Rocío le hacía la vida imposible y Cristina era su marioneta.

-Tenemos que investigar un poco más en eso. Si sabes algo más, me lo tienes que decir de inmediato.

-¿De verdad vamos a reabrir el caso de Milagrosa? –Preguntó David.

-Sinceramente, lo he dicho para meterles un poco de presión y que hablaran, aunque no se puede obviar lo que ha ocurrido en tu casa, si siguen pasando cosas, dios no lo quiera, se convertirá en una realidad y comenzaremos de nuevo la investigación.

**María iba con Carmen de una mano y Luis de otra. Eran la una de la tarde y quizás su hija ya hubiera terminado de pintar la fachada. Se sobresaltó con las voces que provenían de una de las casas un poco más arriba de la suya. Una mujer gritaba sin cesar. No sabía qué hacer, así que retrocedió un poco y metió a los niños en casa con su marido de nuevo y le explicó que había alguien que necesitaba ayuda, alguien que gritaba en una de las casas cercanas.

Cuando llegó, había unas cuantas de personas rodeando el jardín. La amiga de su hija Corina estaba tirada en el suelo, retorciéndose de dolor y llorando a moco tendido. Desde donde estaba no podía ver qué le había pasado. Se acercó un poco más y se arrodilló a su lado, cogiéndola de la mano.

-Andrea, por dios, ¡qué tienes! –Gritaba María mientras le tocaba la frente nerviosamente.

-Alguien ha llamado a la puerta y cuando he abierto, esto estaba justo a la salida y me ha pillado el pie. –La mujer miró hacia donde la chica le indicaba y pudo ver como un cepo pillaba completamente el pie de la chica hasta el tobillo. Aquello parecía una masacre, tenía la carne y los huesos del pie hechos papilla.

-No te preocupes, ya han llamado a una ambulancia.

-¡Llama a Corina! ¡Me duele mucho! –Andrea se retorcía de dolor en el suelo, no podía creer lo que le había pasado. Inclinó un poco la cabeza y cuando vio su pie no pudo más y se desmayó.

-¡Se ha desmayado! –Gritó María. A lo lejos, se escuchaban las sirenas de la ambulancia. Se levantó y llamó a Corina, la chica no tardó más de dos minutos en llegar.

-¡Mamá! ¿Qué ha pasado? –Entró hasta donde estaba Andrea, esquivando al montón de curiosos que se agolpaban en la puerta.

-Me ha dicho que alguien llamó a la puerta y que cuando salió un cepo le pilló el pie. Lo tiene hecho polvo, no sé si podrán salvárselo. –Corina se abrazó a su madre llorando.

-¿Por qué tuve que comenzar todo esto? ¡Maldita sea la hora! –Gritó la chica fuera de sí.

-Tranquila. Mira, ahí está la ambulancia.

Dos personas se bajaron corriendo de la ambulancia y comenzaron a hacerle los primeros auxilios, Andrea estaba inconsciente y necesitaba ayuda.

-¿Le salvareis el pie? –Le preguntó Corina a uno de los enfermeros. Un chico joven y fuerte.

-Te engañaría si te dijese que sí. No lo podemos saber todavía, pero pinta muy mal. Por lo que hemos podido ver, el cepo le ha destrozado los huesos por completo y de meterla en quirófano, sería una cirugía muy compleja. –Corina se llevó las manos a la boca, ahogando un grito y comenzó a llorar de nuevo.

-¡Todo ha sido mi culpa, yo seré responsable de todo lo que le pase a Andrea!     –Su madre volvió a cogerla por el brazo y la separó de la camilla donde la chica estaba aún inconsciente, con el pie vendado.

-Tenemos que llevárnosla. ¿Alguien se viene? –Preguntó la enfermera.

-Sí, yo voy. –Corina se montó en la ambulancia con la chica y le dejó a su madre encargada de los niños. Ella llamaría a David para decírselo.

**Sergio tuvo un mal presentimiento. El vaso que estaba limpiando se le cayó de las manos. ¿Qué había pasado? ¿Por qué aquel dolor en el corazón? Algo malo acababa de suceder, pero no podía entender que sería. Fue a por la escoba y lo recogió todo. El bar estaba lleno de hombres bebiendo cerveza y en ese momento entró su hermana, Lidia, por la puerta y se metió detrás de la barra con él.

-Hola Lidia, ¿qué haces por aquí? –Preguntó el chico mientras tiraba los restos del vaso a la basura.

-Acabo de salir de comisaría.

-¿Y qué hacías tú allí? –Preguntó él curioso.

-Me han citado para hablar del incendio que ha sucedido en casa de Corina, la hija de María. Por lo visto, todas las que teníamos relación con Milagrosa somos sospechosas.

-A mí me pareció extraño que estuvieran indagando en aquel tema después de tantos años y la verdad, temí por ti.

-¿Por mí? –Preguntó ella.

-Sí, ¿y si reabrían el caso y os metían a todas las amigas al trullo? –Lidia no pudo reprimir una sonrisa.

-¡Qué exagerado eres, hermanito! –Ella le revoloteó el pelo alegremente.

-¿Y al final que ha pasado?

-Nada, nos han interrogado y poco más.

-Está bien. Oye, llevo unos días que he estado un poco desconectado de casa y quería preguntarte cómo te va con tu marido. Todavía recuerdo la discusión qué tuvisteis.

-Con Paco aún no he vuelto a hablar desde entonces. Hoy se ha descubierto que él tuvo una relación con Milagrosa antes que conmigo.

-¿De verdad?

-Sí, y eso me preocupa.

-Bueno, tú lo que tienes que hacer es sopesar si estás bien en la situación que estás, quizás lo más sensato sea que te divorcies de él.

-Entonces me quedaría sola. –La chica cogió una coca cola y comenzó a bebérsela.

-¿Sola? Yo te llevo acompañando toda mi vida, Lidia.

-Ya, pero tú eres mi hermano, como mi hijo. Y yo me refiero a una relación de pareja.

-Sí, en eso no podemos hacer nada. –Dijo el chico en tono jocoso.

-Me llevo la lata de coca cola, ¿vale? Te la pago cuando llegue a casa. –La mujer cogió su bolso y se encaminó a la puerta.

-Hoy invita la casa.

**Fernando iba con la cara desencajada al lado de David. No habían hablado ni una sola palabra desde que Corina los había llamado para darle la noticia de lo que le había ocurrido a Andrea.

-¿Quién ha podido hacerle algo así? –Fernando aún temblaba.

-Quizás la misma persona que intentó incendiar mi casa.

-Pero ha habido muy poco intervalo de tiempo.

-Sí, pero las dos estaban metiendo las narices en este asunto. Tanto Andrea como Corina. ¡Joder, muchas veces son como niñas pequeñas! –Parker pegó un puñetazo al volante.

-Tranquilo, no te pongas así.

-¿Cómo que no me ponga así? Tú no sabes el miedo que he pasado con lo de mi casa, ahora con lo de Andrea… ¿Lo próximo que será? ¿Mis hijos? ¡Eso es lo que realmente temo!

-Vamos a pararlo, vamos a parar esta serie de atentados. –La voz de Fernando era decidida.

-Ojalá podamos.

A los pocos minutos llegaron al hospital donde tenían a la chica. Al llegar a la sala de espera se encontraron a una Corina totalmente destrozada, tenía la cara hinchada de llorar y el pelo recogido en un mísero moño. A su lado estaban los padres de Andrea.

-¡David! –La chica se tiró a sus brazos, él la abrazó, pero no podía contener su rabia.

-Corina, esto no puede seguir así.

-Lo sé, yo no quería…

-Ya. No pasa nada, esto no es culpa de nadie más que de la persona que está propiciando los atentados. –Fernando puso un poco de paz.

-Lo siento mucho, señora. –Le dijo a la madre de Andrea, luego saludó a su padre.

-Pobrecita mi hija, con lo que ella ha sufrido ya en la vida como para que ahora le pase esto también. –La mujer sostenía un pañuelo en la mano y se retiraba alguna que otra lagrima puntual.

-¿Se sabe algo de ella? –Preguntó David.

-La acaban de meter a quirófano. El médico ha pasado por aquí y nos ha dicho que va a intentar reconstruirle el pie, pero que lo tiene totalmente destrozado.

-¿Quién ha podido ser tan mala persona de ponerle un cepo a mi hija en la puerta de su casa? –Preguntó el padre mientras miraba a un punto fijo.

-Eso no lo sabemos, pero vamos a averiguarlo tarde o temprano. ¿No se ha encontrado nada en el lugar de los hechos? –David miró a su mujer.

-Que yo sepa no, llegué y me monté en la ambulancia, no sé nada más.

-¿Quién se quedó allí? ¿Alguien conocido? –Fernando sacó una libreta y comenzó a escribir.

-Mi madre, ella fue quien me llamó.

-Bien. Llámala inmediatamente y pregúntale si cuando os fuisteis se encontró algo.

-Está bien. –La chica sacó su móvil y marcó el número de María. Formuló la pregunta y seguidamente sus ojos se abrieron de par en par.

-¿Qué pasa?

-Encontraron una carta cuando fueron a cerrar la puerta de la casa. Quizás la persona que puso el cepo, la echo antes.

-¿Qué pone en ella? –Corina le hizo la pregunta a su madre y esperó unos segundos.

-“Dejad el tema de una vez. Milagrosa se marchó y no va a volver. El incendio y este regalito a Andrea es solo el principio. Quizás tenga que comenzar a cobrarme vidas si seguís investigando”

-Oh, dios mío. –La madre de Andrea se tapó la boca.

-Dile que guarde esa carta como oro en paño.

-Esto va a ir a peor, no sé quién está pudiendo realizar estos actos, pero se le está yendo de las manos y estoy segura que es alguien de las personas que estuvieron esta mañana en comisaría. Esto ha pasado justo después de que habláramos con ellas. ¿No es sospechoso? –Fernando se sentó en uno de los asientos.

-Por supuesto que es sospechoso, pero ¿Por dónde empezamos a buscar?

-Mi madre dice que la carta está hecha con recortes de periódico, no hay una letra de ninguna persona. –Intervino Corina.

-Más difícil todavía, ¿para qué iba a salirnos algo bien? –David le pegó una patada a una de las sillas. Fernando ya había visto en menos de una hora dos señales de violencia en David. La situación estaba pudiendo con él.

-Tranquilo, mi amor. –Corina le ayudó a que se sentara y se sentó a su lado, abrazándolo y el chico pareció no oponer resistencia. Aunque su mujer de vez en cuando metiera la pata, la quería y necesitaba de ella.

**Cuando Rocío llegó a casa de Cristina y Gonzalo, una oleada de recuerdos vinieron a su mente. Todos los momentos de amor y pasión que habían pasado allí cuando Cristina tenía que salir a hacer algún recado. Abrió la puerta de la verja y pudo ver al hombre que aún amaba sentado leyendo el periódico. Entonces pensó en Fran y un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

-Hola Gonzalo. –Dijo ella mientras entraba como si de su casa de tratase.

-¿Tú qué haces aquí? Cristina ha ido a casa de su madre y no va a tardar en venir.

-Solo quiero saber si África está aquí con vosotros.

-No, al menos que yo sepa. Además, José se ha mudado a vivir al taller.

-¿Tiene un taller? No lo sabía. –Rocío se sentó a su lado-. ¿De verdad no te importan que los niños estén juntos?

-No, ¿Por qué iba a importarme?

-Gonzalo…

-¡Rocío, déjame!

-Está bien. –La mujer levantó las manos en señal de rendición-. ¿Dónde está el taller?

-No lejos de aquí. A la vuelta de la esquina. Dónde antes yo tenía mi taller, ahora se lo he habilitado para él. Un pequeño estudio.

-Acompáñame.

-¿De verdad no sabes llegar sola? –Preguntó él mirándola por encima de las gafas.

-Sí, pero quiero que vengas conmigo.

-Mi hijo puede decírselo a su madre cuando venga.

-No me importa, solo quiero saber si mi hija está con él.

-Vamos.

El hombre dejó el periódico encima de la mesa y se encaminaron, dándole la vuelta a la casa. Llegaron a un pequeño estudio, la fachada era blanca y las dos ventanas azules. Tenía un toque bastante bonito. La mujer llamó a la puerta y unos pasos se sintieron en su interior. A los pocos segundos, la puerta se abrió.

-Con qué estás aquí… -La mujer se abalanzó sobre su hija y la agarró fuertemente del pelo.

-Mamá, no…

-¡Cállate! Este era el último lugar donde yo quería encontrarte. Te vienes ahora mismo para casa.

-¡José! –Comenzó a gritar la chica mientras su madre la arrastraba. Él salió corriendo del salón y cogió a la chica por el brazo.

-¡No te la vas a llevar! Estamos juntos y ya va siendo hora de que lo aceptéis.     –El chico tiró y ella se abrazó a su pecho.

-¡Qué lo vuestro no puede ser! –Gritó Rocío fuera de sí.

-¡Cállate, Rocío! –Gritó Gonzalo al mismo tiempo.

-¡No me callo! Esta mentira ya se ha extendido demasiado en el tiempo.

-¿De qué mentira hablas? –Preguntó José.

-África…

-¡Qué te calles! –Insistía Gonzalo.

-¡No me voy a callar!

-¡Habla de una maldita vez! –Gritó el chico

-¡África y tú sois hermanos! –El grito de Rocío retumbó por toda la calle, varios vecinos salieron a ver qué ocurría.

-¿Cómo? –Preguntó África en un susurro mientras se retiraba poco a poco de José. En ese momento recordó cuando su padre le contó que su madre había tenido una relación con Gonzalo.

-¡Gonzalo es tu padre!

-Mamá… es muy cruel lo que estás haciendo. Sé que lo haces solo por hacerme daño…

-No te miento, África. Mira los ojos de Gonzalo, son iguales que los tuyos. –La chica desvió la mirada por un momento hacia aquel hombre, tenía los mismos ojos verdes. ¿Cómo no se había dado cuenta?

-No les creas, mi amor… -José la volvió a abrazar. La chica estaba totalmente aturdida. Comenzó a llorar desconsoladamente, aquella presión la estaba agobiando demasiado.

-Eres mi hermano… ¿Cómo han podido dejar que esto se extienda tanto en el tiempo? Tú y yo… ¡No! –La chica se tiró al suelo llorando, probablemente tendría un ataque de ansiedad. Le costaba respirar y le dolía el pecho. Rocío la miraba satisfecha desde su postura y Gonzalo se abalanzó sobre ella.

-África, tranquila, te vas a poner mal. –Dijo el hombre en un susurro.

-Papá, no entiendo como no me has contado esto antes. –Le reprochó José.

-No he podido, tu madre no sabe nada.

-Ah, también la tenéis engañada a ella…

-Me duele, me duele… -La chica comenzó a ahogarse, tenía una gran dificultad para respirar.

-Es un ataque de ansiedad. Nos vamos ahora mismo para el médico. –José cogió a la chica en brazos y la metió en el coche. Rocío hizo el ademán de montarse pero el chico se lo prohibió, tanto a ella como a su padre.

-¿Cómo voy a dejar a mi hija sola? ¡Estás loco! –Gritaba la mujer fuera de sí.

-Tranquila que conmigo está bien. Además de ser la mujer que amo, me acabo de enterar que soy su hermano. ¿Alguien mejor que yo podría cuidarla? –Preguntó él amenazador.

A Rocío no le quedó otra que callarse. El coche se puso en marcha y desapareció calle abajo. Gonzalo la miró y pensó que aquello cada día se les estaba yendo más de las manos. Sus hijos serían unos infelices de por vida si él no hacía algo. Con aquel acto, todo lo que pudiera sentir por Rocío desapareció en aquel mismo momento.

-Ahora tendremos que contarle tanto a Fran como a Cristina que África es hija mía. ¿Por qué no has pensado un poquito antes de soltar el bombazo? –Preguntó el hombre mientras comenzaba a andar hacia su casa.

-Tenía que hacerlo…

-Rocío, había mil maneras de hacerlo y como lo has hecho no ha sido la mejor…

-¡No comiences a echarme todas las culpas a mí!

-¿Quién las ha tenido si no?

-¡Me voy! A mí nadie me entiende.

La mujer se marchó hacia su casa. Tendría que llamar a África para ver como seguía y además tendría que contarle a Fran toda la verdad, quizás se había arriesgado demasiado haciendo aquello pero, ¿cómo iba a callarse por más tiempo?

**Blanca llamó tímidamente a casa de su madre. Cada día se sentía peor, tenía unos grandes mareos y no tenía apenas fuerzas para hacer nada. Para colmo la acababan de llamar que la chica que le iba a ayudar había tenido un accidente, por lo visto complicado, y no iba a poder comenzar a trabajar hasta dentro de unas semanas o quizás meses, según fuera su diagnóstico.

Pensó que el sentirse así de mal, quizás fuera por lo que su madre escondía. No podía creer que no confiara en ella para contarle aquello tan malo que hizo en un pasado. No sabía nada de ella, siempre se había cerrado completamente. Ahora su hermana estaba fuera, apenas venía al pueblo y ella tenía que lidiar sola con Marga. Todo le costaba mucho, era realmente difícil.

-¿Mamá? –Preguntó mientras entraba en la casa.  Todo estaba oscuro. Encendió la luz del pasillo y vio como la luz de la televisión se reflejaba en la pared.

-¿Qué quieres? –Una voz se escuchó y provenía de uno de los sofás.

-¿Cómo estás? –La chica se sentó a su lado y gran olor a alcohol casi la hizo vomitar.

-Ha regresado, Blanca. Está aquí. –Decía la mujer sin sentido.

-¿Quién ha regresado?

-Mi pasado y voy a pagar por lo que hice y muy caro. –Marga le pegó otro sorbo a la botella de Ron que ya solo le quedaba el culo.

-¡De qué hablas! –Blanca comenzaba a exasperarse.

-Todo es muy difícil hija, no me lo hagas tú aún más. –Su lengua se trababa.

-¿Te has bebido tú todo eso sola?

-Sí y me siento muy mal. Creo que voy a vomitar. –La mujer se dio la vuelta en el sillón y se echó un cojín encima de la cabeza.

-No puedes seguir así, ¿por qué no dejas que te ayudemos? –Preguntó la chica mientras le acariciaba el pelo.

-Porque nadie me puede ayudar, aquello que hice me perseguirá de por vida y lo pagaré cuando llegue mi hora.

-Yo puedo llamar a un especialista. Un psicólogo para que puedas hablar con él y desahogarte. Esas personas tienen el secreto de profesión, nadie se enterara de lo que te ocurre si tú no quieres.

-No quiero ayuda de nadie, solo quiero recuperar el pasado y sé que eso no va a poder ser…. –La voz de la mujer cada vez sonaba más ebria.

-Vamos. –La chica cogió a su madre como puso y comenzó a arrastrarla por el pasillo. Luego la metió debajo de la ducha y le dio un baño de agua fría. Al salir, la mujer parecía haber pasado un poco los efectos del alcohol, pero seguía sin hablar, mirando a un punto fijo. Blanca la ayudó a vestirse y peinó su larga melena morena. Recogió el salón y se cercioró de que en aquella casa no quedara ni una sola botella de alcohol.

-Tengo que irme. Por favor, mira por tu salud. –Le suplicó la chica. Su madre levantó los ojos llorosos y la miró mientras asentía.

-Voy a luchar y solo me falta el salir de este hoyo donde estoy metida, para poder hacerlo. –Susurró la mujer.

-Yo te ayudaré, si me dejas.

-Gracias, Blanca. En el fondo eres lo único que tengo.

**Aún estaban esperando que el médico saliera y dijera algo sobre la operación de Andrea, pero no tenían ninguna noticia. Allí en el pasillo estaban sus padres, con el alma en vilo y Fernando que no dejaba de mirar el reloj. Corina y David habían bajado a tomarse un refresco, la chica no se sentía bien y necesitaba azúcar.

-Oye, ¿ese coche no es el de José? –Preguntó David mientras se acercaba a Corina con una lata de refresco en la mano.

-Sí. –Vieron salir al chico con África cogida de la cintura y la cara hinchada de tanto llorar. Corina corrió hacia ellos.

-¿Qué os pasa? –Preguntó mientras comprobaba que su prima seguía entera.

-Creo que trae un ataque de ansiedad, tiene dificultad al respirar y le duele el pecho. –Le explicó el chico nervioso.

-¿Pero qué le ha pasado? –Preguntó David.

-Es una historia muy larga, antes tenemos que llevarla que la vea un médico. –El chico la cogió en brazos y los tres corrieron hasta que le cogieron los datos y le asignaron una cama en una habitación. El pronóstico del médico era un ataque de ansiedad severo. Le dieron un calmante para que pudiera dormir lo que quedaba de día más la noche completa.

-Ahora sí que nos puedes contar que ha pasado, ¿no crees? –Le preguntó Corina mientras se sentaban a su lado, junto a la cama de África. La chica parecía un ángel, completamente dormida.

-Nos han dado una noticia malísima. Yo estoy tan normal porque no termino de creérmelo, pero ella… Cuando se ha enterado se ha puesto así.

-¿De qué noticia hablas? –David se puso al lado de la ventana.

-Rocío había echado a su hija de casa, por lo visto se enteró de alguna u otra manera que yo estuve en Rota y ella se vino conmigo a mi pequeño estudio, que lo utilizo también de taller. Solo ha estado una noche y hace sobre unas dos horas, tu tía se presentó allí y le pedimos que nos dejara vivir nuestro amor en paz. Nos dijo que no podía ser posible y entonces nos soltó la bomba…

-¿Qué bomba? –Corina estaba más cansada que nunca y no podía pensar con claridad.

-Nos ha dicho que África y yo somos hermanos.

-¿Cómo va a ser eso? Tiene que ser una mentira de Rocío para separaros…

-No… Mi padre estaba allí y él dio fe de que África es su hija. Tuvieron una aventura y de ahí nació ella.

-¿Lo sabe Fran? –Fue lo único que pudo preguntar David.

-No, ni mi madre tampoco. –Dijo el chico apenado.

-Bueno, tranquilo…

-Corina, ¿cómo voy a estar tranquilo? ¿Tengo que resignarme en pensar que la única mujer que he amado en mi vida es mi hermana y que por eso tengo que renunciar a ella? ¡No quiero! –El chico se levantó de un saltó y le pegó una patada a una pequeña mesa que había allí al lado, unas lágrimas comenzaron a caer por su rostro- ¡No nos merecemos esto!

-Lo sé, lo sé… -Corina lo abrazó dulcemente.

-¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Cómo borro de aquí todo lo que siento por ella? –Preguntó el chico mientras señalaba el lado izquierdo de su pecho- ¿Cómo dejo de pensar en cada beso, cada caricia, cada vez que hemos hecho el amor? ¡Cómo me arranco todo eso de mi mente! ¡No es justo!

-Todo esto tiene que tener una explicación…

-¡No la tiene! Yo quería pensar lo mismo, pero no la tiene. África se parece muchísimo a mi padre, aunque jamás me había dado cuenta de ello.

-Yo hablaré con mi tía Rocío. –La chica intentaba tranquilizarlo, pero no parecía que fuera a dejar de llorar en un rato.

-No sé cómo voy a superar todo esto. Ahora entiendo porque nunca nos han querido juntos. No era por la enemistad de la familia, ¡Somos medio hermanos! Sabiendo eso, ¿cómo vamos a seguir estando juntos? –Corina decidió no decir nada más, se levantó y le hizo una seña a David para que la siguiera. Aquel chico necesitaba estar solo con África.

**Cuando Fran llegó a casa, Rocío aun temblaba. Tenía toda la pintura de los ojos corrida y su aspecto era un poco catastrófico.

-¿Qué te ocurre? –Preguntó mientras se sentaba a su lado.

-Tengo que hablar contigo.

-¿Qué ha pasado? No me asustes. ¿Dónde está mi hija?

-De eso mismo quería hablarte. No sé dónde estoy, y no me voy a andar con rodeos. Después de haber dicho toda la verdad a mi hija, lo menos que me importa es lo que tú pienses. Siempre te has preguntado por qué no quería que África fuera feliz con José, ¿verdad? Pues hoy mismo lo ha descubierto.

-¿Por qué? –Preguntó él mirándola con miedo, la forma que tenía de hablar no era normal.

-Son hermanos. Gonzalo es el padre de África, no tú. –Al hombre se le desencajó la cara. Se levantó despacio, sin hacer ni una sola pregunta y se marchó. No sabía dónde ir ni qué hacer.

En ese mismo momento su teléfono sonó. Él estaba sentado en una acera en la calle. Seguramente sería Rocío, y no quería escucharla. ¿Cómo podía haberle mentido así durante tantos años? Aquello tenía que ser una broma.

Ante la insistencia, sacó el móvil de su bolsillo y con lágrimas en los ojos pudo ver que se trataba de Corina, así que descolgó el auricular.

-¿Sí? –Preguntó en un susurro.

-Fran, tienes que venir al hospital. África va a pasar aquí la noche.

-¿Qué tiene mi hija? –El hombre se levantó de un salto.

-Tranquilo, solo ha sido el shock de enterarse… No sé si lo sabrás…

-¿Qué Gonzalo es su padre?

-Sí, de eso. Pensé que quizás aún no lo sabías.

-Tu tía me lo acaba de decir, con el menos tacto posible. Estoy destrozado.

-Fran…

-No te preocupes por mí. Ahora mismo voy para el hospital. Te llamaré cuando llegue.

-Aquí te estaremos esperando.

El hombre sacó las llaves del coche del bolsillo y se montó en el interior. Si su hija no lo necesitara no le importaba en absoluto quitarse del medio. Su vida no tenía sentido sabiendo que lo que más quería en la vida, no era hija suya, al menos biológicamente.

**Ya había pagado la segunda persona. Nadie debía seguir intentando investigar en algo que pasó hacía muchos años. Eso debía de quedar allí, treinta y tres años antes. Se miró al espejo y un destello en sus ojos hizo que se asustara. Tenía miedo de su persona. ¿Por qué tanta maldad? En el fondo no lo sabía. O quizás, sí.

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2 comentarios en “BAJO LLAVE EN UN RINCÓN DEL ALMA. CAPÍTULO 5.

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