BAJO LLAVE EN UN RINCÓN DEL ALMA. CAPÍTULO 4.

**Al llegar al pueblo, Corina se tiró de cabeza del coche. Toda su casa estaba llena de gente, aún quedaban bomberos y sus padres estaban en la entrada.

-¡Mamá! –Gritó mientras se le abrazaba. Su padre le pasó la mano por la cabeza en señal de cariño.

-Ya está hija, todo tiene solución, gracias a que los vecinos avisaron no ha llegado a más.

-¿Podéis quedaros con los niños?

-Por supuesto, ahora mismo nos lo llevamos a casa. –Su padre se fue hacia el coche donde África se acababa de bajar y tenía a Carmen en brazos.

-Cariño, te dije que no indagaras más en cosas del pasado. Yo sé que esto ha tenido que ver con todo ese tema.

-¿Tú crees que ha sido un ajuste de cuentas por haber metido las narices en ese asunto? –Preguntó la chica mientras se limpiaba las lágrimas.

-Estoy segura. Ten mucho cuidado, hija. –La mujer le acarició la mejilla y se marchó a donde estaba su marido con sus nietos.

Corina salió a la calle. David aún estaba hablando con Fernando y ella no quería entrar sola a ver lo que le habían hecho a su casa.

-Lo siento, Corina. –Fernando la abrazó tiernamente.

-No te preocupes. Necesito que vengas conmigo para ver como se ha quedado lo de ahí dentro, yo sola no me atrevo. –David asintió y la agarró de la cintura mientras entraban en la casa. El salón estaba totalmente calcinado y la fachada completamente negra por el humo.

-Oh, dios mío… -Metió su cara en el cuello de su marido y comenzó a llorar.

-Ya, ya. No te preocupes, mañana mismo empezamos a reformarlo, te juro que todo va a quedar igual que estaba. –El chico se limpió una lágrima que comenzó a caer por su mejilla.

-Lo siento, todo ha sido culpa mía.

-¿Culpa tuya? –Preguntó David sorprendido.

-Sí, mi  madre cree que ha sido un ajuste de cuentas por meter las narices donde no me llaman, ya sabes, el tema de Milagrosa…

-Tienes que dejar eso ahora mismo, Corina. Ya no es por nosotros, pero tenemos dos hijos que hay que proteger.

-Sí, claro. Lo entiendo…

-¿Quién ha podido hacer esto?

-No lo sé, ha podido ser cualquiera. Todas las amigas de Milagrosa saben que estoy investigando, quizás alguna de ellas se ha sentido atemorizada por que el pasado saliera a la luz…

-¿Tu tía Rocío?

-Quizás… Ella sabía que no estábamos aquí.

-De todas formas, yo voy a investigar esto en comisaría. Fernando ya me ha dicho que me va a ayudar, ahora van a venir a recoger todas las pruebas posibles que pudiera haber para así poder comenzar a trabajar con algo en claro.

-Yo voy a ir a ver a Andrea. Si se ha enterado tiene que estar asustada, ella intuirá que ha tenido que ser por remover todo ese asunto.

-Está bien. Cuídate, mi amor.

Corina caminó calle arriba hasta llegar a la casa de Andrea. Ésta estaba sentada en el jardín, leyendo un libro.

-Hola, Andrea. –La chica se levantó y le abrió la puerta.

-Lo siento, de verdad, ya me he enterado que vuestra casa ha ardido. ¿Quién ha podido hacer eso?

-No tengo ni idea, pero lo que si estoy segura es que el tema de tu tía Milagrosa ha tenido mucho que ver. –Las chicas se sentaron en la mesa del jardín para hablar tranquilamente.

-¿Crees que eso ha tenido que ver algo? –Andrea la miraba con sus grandes ojos azules.

-Estoy segura. No sé si dejar este tema, si tu tía está viva aparecerá por ella sola, sin necesidad de que nosotras sigamos indagando.

-Corina, no puedes dejarme sola. Quiero saber qué pasó con mi tía. Mi madre y mi padre nos están esperando. Si quieres podemos ir mañana, nadie tiene porque enterarse, mi madre nos contará la historia de mi tía, lo que ella sabía, eso no tiene nada de malo.

-Andrea…

-Por favor, solo será ese día. Tenemos que hacerlo. No me dejes sola.  –La chica dudó un instante.

-Bueno, está bien. Iré contigo a casa de tus padres, pero se acabó. No haré nada más.

-¡Gracias! –Andrea se abalanzó sobre ella dándole un apretado abrazo- De todas formas, no entiendo quién querría hacer algo así en tu casa. Cuando llamaron a Fernando esta mañana, no podía creérmelo.

-¿Estabas con Fernando esta mañana? –Corina se activó de momento.

-Bueno, sí. Anoche salimos a cenar. Fuimos a Écija y como llegamos muy tarde le dije que podía quedarse a dormir.

-¿Os habéis acostado?

-¡Corina! Por supuesto que no, solo es mi amigo.

-Sí, claro… ¿No te gusta ni un poquito?

-Es guapo, pero por ahora solo somos amigos.

-Perfecto. Bueno, tengo que marcharme que ahora tengo un gran lio en mi casa. Pásate luego y quedamos a una hora en concreto para ir a casa de tus padres.

-Está bien.

-Y ten cuidado, Andrea. Tú estás tan metida en esto como yo. Hoy me ha tocado a mí, pero quién sabe si ahora no atenten contra ti.

-Esperemos que no.

Se despidieron y Andrea se quedó pensando en lo que Corina le había dicho. ¿Y si ella era la próxima? Tenía que andar con mucho cuidado… ¿Quién tendría tanto empeño en que aquello no saliera a la luz? Seguramente alguien que tuvo que ver con la desaparición de su tía. Alguien a quién no le conviene que se remueva el pasado.

**Cuando África llego a casa, su madre la estaba esperando en la entrada.

-¿Cómo te lo has pasado? –Le preguntó fríamente.

-Muy bien, ha sido poco tiempo, pero todo estupendo.

-¿Has estado con él, verdad? –África no podía creérselo, ¿Su madre tenía un sexto sentido para ese tema?

-No sé a qué te refieres, mamá. –La chica entró para su cuarto y Rocío la siguió.

-La expresión de tu cara, es otra. Sé que has estado con él, así que no me mientas.

-¿Cómo voy a estar con él? He estado en Rota, en casa de Corina. –Se sentó en la cama y respiró hondo mientras contaba hasta diez.

-Espero que sea verdad lo que me estás diciendo, de lo contrario te las verás conmigo.

-Basta, mamá. Tengo veinticuatro años y estoy muy harta de que te estés metiendo en mi vida constantemente.

-¿Qué has dicho?

-¿Te lo tengo que repetir? –La chica sabía que estaba cavando su propia tumba, pero no podía permitir que la siguiera pisoteando.

-Fuera de aquí, no te quiero ver más por mi casa.

-Está bien, dame solo  unos minutos para hacer mi maleta. –África comenzó a meter sus pertenencias en una maleta.

-¿Dónde vas a ir?

-Eso a ti ya no te importa.

-Está bien, pero el día que sepas la verdad, sabrás porque soy así de dura contigo en este tema.

-¿De qué verdad hablas?

-De ninguna, África, de ninguna.

**No podía permitir que todo el pasado saliera a la luz. Había muchas personas implicadas en todo aquello y no quería que la más valiosa para su persona saliera salpicada. Milagrosa se fue, se marchó, ya no estaba con ellos y tenían que dejarla, no escarbar más en todo lo que pasó aquella maldita noche. Ya estaban comenzando a pagarlo, poco a poco, todas las personas que intentaban saber más de la cuenta. Ahora tenía el mando y podía hacer lo que quisiera con cada uno de ellos, sabía que nadie descubriría nada, lo tenía todo fríamente calculado, ese era uno de sus puntos fuertes.

**Cristina acababa de cenar y quería meterse en la cama pronto. Su marido, Gonzalo, se había dado una ducha y estaba leyendo.

-Gonzalo, llevo unos días notándote más extraño de la cuenta. –Le dijo ella mientras echaba hacia atrás las sábanas de la cama.

-¿Extraño yo? ¿A qué te refieres? –El hombre se quitó las gafas de cerca y la miró detenidamente. Ella vio en él a aquel joven que la enamoró como una loca y que luego la desilusionó mucho más. Jamás olvidaría el día en qué se enteró de su traición con Rocío, pero tuvo que perdonarlo, no se imaginaba una vida sin él.

-Sí, quizás sea por lo que tú ya sabes…

-No sé de qué me hablas, especifica un poco.

-Lo que hicimos hace tantos años, eso nos reventará algún día en la cara y todo cambiará en nuestras vidas.

-No seas tan dramática. No sabes  nada, si tú supieras la verdad, no podrías vivir con la culpa.

-¿Hubo algo más de lo que yo no me enteré? –Gonzalo la miró con los ojos como platos.

-No sé si es que estamos hablando de temas distintos o es que tú te has vuelto loca.

-Da igual, no quiero hablar de eso con el niño en casa.

-¿Ya ha vuelto? –Preguntó el hombre mientras volvía a su libro.

-Sí, volvió esta mañana, pero lleva toda la tarde en su taller, está acabando una escultura que le han encargado. –Dijo ella orgullosa.

-No sé para qué nos gastamos tanto dinero en ese internado en Londres, en su carrera de Ingeniería… El niño no valora nada en absoluto.

-¿Cómo que él no lo valora? ¿Te recuerdo que fuiste tú el que te empeñaste en mandarlo allí solo? Ni él ni yo queríamos…

-El tema era mucho más delicado de tu lo que tú te piensas, por eso le obligué, cuando aún era menor de edad y podía. Ahora ha vuelto y es mayor, no puedo hacer nada. No ejerce la ingeniería, se dedica a esa tontería del arte, cómo si eso le fuera a sacar de pobre.

-No hables así, es lo que a él le gusta y yo le apoyo.

-Bueno, siempre va a ser tu ojito derecho, no sé para qué digo nada. –Dejó el libro en la mesita y se metió en la cama.

-Es mi hijo, Gonzalo…

-Sí, lo que tú digas. Algunas veces me planteo si hice bien en escogerte a ti. –Su voz fue apenas un susurro en la oscuridad de aquella habitación.

-¿Qué has dicho?

-Nada. Buenas noches, Cristina.

**Cuando Raúl llegó a casa se encontró a Blanca tirada en el sofá. No era muy habitual en ella estar así.

-¿Estás bien? –El chico se acercó y se sentó a su lado.

-No, hoy no me encuentro bien.

-¿Qué te ocurre?

-No sé, estoy muy cansada…

-Vaya… Quizás trabajes mucho. –El chico le dio un beso en la frente y ella sonrió.

-No te preocupes, el lunes ya viene Andrea a ayudarme.

-Me alegro. Blanca, estoy muy preocupada por mi hermana. ¿Quién ha podido querer atentar contra sus vidas?

-Por lo que tu madre me ha contado, lleva un tiempo investigando sobre la desaparición de una chica hace treinta y tres años. Yo creo que a alguien no le interesa que el pasado se remueva y está dando un ultimátum.

-Tienes razón, quizás sea así. –El chico miró a un cuadro, pensativo.

-Yo estoy preocupada por mi madre. Está peor que nunca.

-Ella nunca ha tenido una depresión de la envergadura que la tiene ahora. Esta mañana pasé por allí, antes de irme a la tienda y me la encontré en el patio sentada, mirando a la nada. Con la cara llena de lágrimas. –El chico acarició la cara de Blanca.

-Yo ya he asumido que no me quiere, con todo el dolor de mi corazón, pero lo he asumido. Hace unos días me dijo que le recuerdo a algo malo, y que por eso es así conmigo.

-¿A algo malo? ¿Nunca te lo había dicho?

-Jamás, me quedé de piedra. No sé a qué se refiere con eso.

-Quién sabe, pero tampoco te preocupes mucho, porque cuando una persona cae en un estado de depresión así, quizás dice cosas que no quiere decir y mezcla pensamientos…

-No lo sé, pero no puedo dejar de pensar en eso.

-¿No has pensado ponerla en manos de un especialista? –Raúl se tendió a su lado.

-Ya sabes cómo es ella, en la vida aceptaría ayuda de nadie. No quiere ni de sus hijas, imagínate de un desconocido.

-Sí, eso es cierto. Bueno, haremos lo que podamos para que levante cabeza, al menos un poco.

-Sí, mi amor.

**Unos golpes sacaron a José del estado en el que entraba cuando trabajaba en el arte. Ya fuera haciendo esculturas o dibujando. Miró a la puerta de aquel pequeño estudio que le habían habilitado como taller para que pudiera hacer sus cosas. Actualmente, se había ido allí a vivir prácticamente, puesto que tenía una habitación, un baño  y una cocina. Todo lo que un hombre soltero pudiera soñar. Se levantó, aún con las manos llenas de barro y abrió la puerta.

-Hola, qué alegría verte. ¿Cómo tú por aquí? –África sonrió al verlo y luego se echó a un lado para que viera que no venía sola, iba acompañada de una maleta.

-Necesito que me ayudes.

-¿Y esa maleta? Pasa. –El chico se hizo a un lado y África entró mirándolo todo. Le gustó muchísimo el gusto que había tenido quien fuera que decoró aquel estudio.

-Mi madre me ha echado de casa. No entiende lo nuestro.

-No puedo creerlo…

-Pues créelo porque es así. –La chica se paseaba por todo el piso mirando los cuadros y las esculturas que afloraban de todos lados.

-No pasa, nada. Aquí puedes quedarte el tiempo que necesites.

-Gracias, pero espero que no sea mucho. Mi trabajo está en Fuente Palmera y si sigo allí, me alquilaré algo.

-No es necesario, yo te puedo prestar mi coche para que vayas y vengas.

-José… -La chica se sentó en un sofá de cuero rojo.

-Nada, no digas nada. Eres mi chica y te quiero, ¿vale?

-Está bien…-Lo cogió de la mano y sonrió.

-Sabía que te gustaba el arte, pero no hasta este punto. –La chica señaló todas sus obras.

-Me encanta, siempre ha sido mi pasión. –José se quitó la bata blanca y se sentó a su lado.

-Me gusta mucho tus cuadros.

-De eso mismo quería hablar contigo. Verás, me gustaría hacerte un retrato.      –Dijo él tímidamente.

-¿A mí?

-África, entiende que llevo años sin ver tu cara. Si te volviera a perder, al menos quiero tener un recuerdo tuyo para toda la vida.

-Bueno, si tú quieres, por mí no hay problema.

-Mañana lo comenzaremos. –El chico le acarició suavemente el pelo e inspiró su olor tan especial, ese olor al que solamente ella olía.

**Llegó la noche. El momento más temido por Marga. La soledad nocturna era su debilidad, no podía dormir y no dejaba de darle vueltas a la cabeza. Se sentó en la mecedora que tenía justo debajo de la ventana de su cuarto y miró la luna. Se puso la mano en el corazón y se dio cuenta que le dolía. El pasado había vuelto y ella no podía hacer nada, absolutamente nada. Había sido la peor de las mujeres y ahora debía de sufrir en silencio, como se merecía. Si sus hijas se enteraban de lo que pasó, la dejarían de lado para siempre.

Miró hacia la mesita de noche y vio un frasco de pastillas, por un momento tuvo el leve pensamiento de qué pasaría si se las tomara todas de una vez. Volvió a mirarlas y desechó la idea. Siempre había sido una cobarde, siempre habían hecho lo que quisieron con ella, pero ahora había decidido ser fuerte y luchar por lo que perdió. Fue al servicio y se lavó la cara. Sabía que no era fácil salir de una depresión como la que estaba sumergida, pero tenía que intentarlo. Lo que no sabía era el tiempo que le llevaría recuperarse, ser la que era y así poder comenzar su lucha.

**A la mañana siguiente, David se presentó temprano en comisaría. Había dejado a su familia sola y se moría de miedo. ¿Y si volvían y esta vez sí conseguían hacerle daño? Prefería no pensar más en eso. Corina era una chica joven y fuerte y por nada del mundo dejaría que les pasara nada a sus hijos. Esa misma tarde comenzarían las reformas de la casa. Un amigo de su suegro se brindó para comenzar tan pronto y así acabarlo lo antes posible.

Como cada mañana, Antonia lo estaba esperando con una gran sonrisa, aunque esta vez había disminuido, posiblemente por lo que pasó el día anterior en su casa.

-Parker, ¿estáis todos bien? –Preguntó la mujer mientras se levantaba y le tocaba la cara, cerciorándose de que estaba entero.

-Sí, por suerte nos pilló en Rota y un vecino avisó a tiempo. Aún así, hemos perdido bastantes cosas.

-Por lo que me ha dicho Fernando, fue intencionado, ¿verdad?

-Sí, estuvieron los técnicos investigando para salir de dudas y se encontró una ventana rota y un cigarrillo. Alguien rompió la ventana y tiró un cigarro encendido dentro, lo primero que ardieron fueron las cortinas.

-Vaya…

-Ahora vamos a comenzar una investigación a fondo. Sabes que siempre me he volcado mucho en todas las investigaciones, pero esta es especial, cuando tocan a mi familia, es más que especial.

-Normal, te entiendo. Fernando te está esperando en su despacho.

-Lo sé, ahora mismo voy para allá. –El chico se encaminó pasillo arriba y pensó de ir antes a su despacho, pero el ansia que tenía por comenzar a investigar era tanta que entró directamente en el de Fernando.

-Buenos días. –Le saludó el muchacho sonriente.

-Ahora porque tengo prisa, pero tú y yo tenemos que tener una buena charla acerca de tu estado de ánimo. Y creo saber por qué es, pero lo primero es lo primero. Y por cierto, buenos días. –David se sentó en una de las sillas y pudo ver la sonrisa de Fernando en su cara.

-A ver, con lo que me ha contado Corina, he realizado un croquis con los posibles sospechosos. Por un lado, tenemos a Rocío, que es su tía. Ella sabía perfectamente que no ibais a estar en casa ese día y pudo estar involucrada en la desaparición de Milagrosa, por lo que no le convenía que nada saliera a la luz. Tenemos a Lidia, otra de las amigas, pero por lo que me dijo tu suegra, ella era de las mejores amigas de la desaparecida. Cristina se unió a Rocío antes de la desaparición y también sabe que están investigando. Cualquiera de ellas pude ser la principal sospechosa de que vuestra casa ardiera, porque doy por hecho que María, la madre de Corina no va a quemarle la casa a su hija.

-Claro, es lógico.

-¿Qué crees que debemos hacer?

-¿Comenzar a interrogarlos a todas?

-Está bien. Hoy mismo lo haremos. Creo que sería conveniente citarlas a todas aquí, en comisaría, así no tenemos que salir nosotros ya que tenemos muchísimo trabajo y perderíamos la mañana completamente entera.

-Se lo diré a Antonia. Ella las llamará. ¿Te parece bien a las doce?

-Sí, por supuesto. Ah, y dile que avise a tu suegra también. No quiero que las demás crean que les damos preferencia a determinadas personas solo por tener parentesco.

-Está bien.

-A las doce os espero. –David salió y se lo comentó a Antonia, faltaba muy poco para que supieran qué pasó verdaderamente entre todas aquellas chicas, si pasó algo, lo sacarían a la luz y quizás dieran con la persona que había llevado a cabo el incendio.

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