LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO ¡GRAN CAPÍTULO FINAL!

**Manuel se encontraba encerrado en aquella maldita celda, pronto decidirían que hacer con él. Creía que jamás iban a descubrirlo, que siempre tendría a Esther con él, aunque fuera de aquella manera tan espeluznante. Parker había logrado saber todo, no sabía cómo se las había apañado, pero se enteró y ahora era él quien estaba en aquella agujero, privado de su libertad. Pronto vendría su abogado a verle, aunque le había dicho que no había posibilidad alguna de mantener en pie su defensa, seguramente se pasaría una buena temporada en la cárcel.

Pensó en David de nuevo, le encantaría tener una mujer como Corina a su lado, si no estuviera preso, seguramente ella hubiera sido su siguiente obsesión, la habría perseguido hasta finalmente haber hecho con ella lo que le hubiera dado la gana. Quizás le hubiera ejecutado su plan como con Esther y ambas hubieran sido suyas para siempre. Luego pensó en Miriam, esa chica de la que creía estar enamorado. Era dulce, como una muñeca, ahora estaría sufriendo por su ausencia, pero no había más nada que hacer, su destino estaba escrito.

**El tanatorio se encontraba completamente vacío. Solo unas cuantas personas velaban aquel cuerpo sin vida de Pepa. Su hijo David, Corina, Antonio y dos vecinas. Habían decidido incinerarla, ella nunca había sido partidaria de los enterramientos, pero aun así iban a velarla unas horas.

David se acercó a la cabina donde se encontraba su madre metida en aquel féretro. Parecía que estaba dormida, aunque más hinchada de lo normal. Las maquilladoras habían realizado un trabajo excelente. Una lágrima cayó por su mejilla al verla allí metida, no podía creerlo. En ese momento recordó todos los momentos que había vivido con ella, cuando era pequeño. Él la quería, siempre fue su madre, no entendía por qué tenían que haberle mentido de aquella manera. Si le hubieran contado todo, quizás, hoy en día, su madre no estuviera metida en aquella caja y podrían seguir llevando la relación que tenían. También recordó a Patricia, sin saber porque aquella situación le recordó tanto al día del entierro de la chica… Apoyó la cabeza en un extremo de la cabina y comenzó a llorar desconsoladamente. Una mano se posó en su hombro.

-Mi amor, ¿estás bien? No puedes venirte debajo de esta manera… -Le aconsejó Corina abrazándolo fuerte.

-No puedo, es demasiado para mí. ¿Por qué se ha tenido que suicidar justo ahora? –Le preguntó con los ojos llenos de lágrimas y la cara enrojecida de tanto llorar- Estoy hasta arriba de cosas, con la investigación, no encontramos al culpable de los crímenes, esta mañana hemos encontrado a Victoria muerta en su casa, se había suicidado también y para colmo, después de que Pepa se matara, me entero que ella asesinó a mi madre.

-Tenemos que ser fuertes, no podemos venirnos abajo, cariño…

-Si no fuera por ti y por los niños, no sé qué pasaría conmigo ahora. –El chico le acarició cuidadosamente su cara, esa piel lisa y morena, esos ojos almendrados y color caramelo que lo miraban con todo el amor que una persona puede albergar en una simple mirada.

-Sabes que siempre vamos a estar contigo. Somos tu familia…

-Lo sé. Lo que tengo claro es que de ahora en adelante la relación con mi padre va a cambiar. No quiero que un día desaparezca y yo vuelva a sentir este dolor que siento ahora.

-Haces bien, Antonio es un buen hombre y te quiere. Todo el mundo cometemos errores, pero tenemos que dar oportunidades para que esos errores puedan ser resueltos. Además, se ha vuelto un hombre muy querido en el pueblo, gracias a él y a ti, muchas personas van a poder volver a tener su hogar, eso es maravilloso.

-Sí… -David vio cómo Fernando entraba por la puerta en ese momento, iba con el uniforme, igual que él. Se le acercó y lo abrazó fuerte, era su compañero y le había salvado la vida.

-Lo siento, Parker. –Se limitó a decir.

-Gracias. Quién iba a decir esta mañana cuando encontramos a Victoria que esta tarde iba a estar velando a Pepa…

-Así es la vida.

-¿Has sabido algo más? –Preguntó David mientras se dirigían a un pequeño patio que había fuera, lejos de aquel lugar tan desagradable.

-Sí, le dije a Antonia que tenía que buscarme el número de la hermana de Victoria. Lo ha encontrado y he llamado, por si acaso nos había mentido con eso de la muerte de la mujer, pero nadie cogía el teléfono.

-¿Daba llamada?

-Sí, eso es lo extraño. Siendo un fijo, cuando esa mujer murió, si vivía sola, tendrían que haber cortado la línea, ¿no es así?

-Sí, por eso te he preguntado. Quizás viva alguien más en esa casa.

-Bueno, ya me encargaré yo de resolver esto, tú ahora debes de tomarte aunque sean dos días de descanso por la muerte de tu madre.

-No, de eso nada. Tenemos que llegar al final de todo esto. ¿No crees que deberíamos llamar a Eli, la mujer de Óscar de todas formas?

-No creo que haya tenido nada que ver. Cuando llegué a comisaría, ella estaba con Antonia, por lo visto quería saber cómo iba la investigación por la muerte de su marido. Hablé con ella unos minutos y esa chica dudo que sea lo que estamos buscando. Aunque sí que ha habido algo rondándome la cabeza.

-¿Qué cosa?

-¿Te acuerdas lo que te comenté esta mañana de que quizás el asesino fuera un hombre? He pensado que quizás, y sólo quizás, ese chico hubiera podido ser Manuel.

-¿Manuel vestido de Marilyn Monroe? –Preguntó el chico un tanto divertido.

-Puede ser, ¿por qué no?

-Ahora que lo pienso sí. Él tenía rivalidad con Cifuentes por Esther, pudo matarlo por eso. Quizás mató a Óscar por lo que le hizo a su mujer, maltratarla delante de todo el mundo en la plaza del pueblo, y luego pudo asesinar a Javier Falcón por el puñetazo que le pegó en comisaría el día que vino Mariana a hablar con nosotros. Quizás todo encaje. –Un brillo resultó de los ojos de David.

-Todo eso está muy bien, ahora bien, ¿por qué se iba a vestir de mujer? ¿Por qué de esa actriz?

-Eso es lo que no sabemos, pero él puede decírnoslo si se lo preguntamos. No me quedan dudas, ha sido él.

-Bueno, solo es una idea, no tenemos pruebas.

Corina salió al patio con Miriam. La chica quería darle el pésame a David por la muerte de su madre.

-Lo siento mucho, David. –Dijo ella mientras le daba un leve abrazo.

-Gracias, Miriam. ¿Tú no te habías quedado con Carmen?

-Sí, se la he dejado un ratito a la vecina que estaba cuidado de Luis, quería venir a darte el pésame. Pero tengo que irme enseguida, no quiero dejarla sola.

-Bien. Mira, este es Fernando Treviño, mi superior. –La chica lo miró con sus grandes ojos azules y sonrió. Luego le dio dos besos.

-Encantado. –Dijo él mientras sonreía también.

-Bueno, yo me tengo que ir, he venido en el coche con la mujer de la tienda de la plaza, ha venido a comprar unas cosas y se marcha ya.

Las chicas volvieron a salir y ellos se quedaron mirando a la puerta.

-Te quedaste corto cuando me hablaste de ella. –Le comentó Fernando.

-¿Cómo?

-Es preciosa.

Corina acompañó a Miriam hasta la puerta del tanatorio.

-Pobre David, se le ve muy afectado, estaba como ido. –Le comentó la chica a Corina mientras esperaba que llegara la mujer para volver al pueblo.

-Sí, es que esta muerte ha sido muy repentina y además, se ha suicidado delante de él, ha sido muy fuerte. Además, tiene muchos problemas con la investigación de la muerte de esos tres hombres, cada día se les complican más las cosas. Esta mañana han estado en casa de Victoria, la mujer de Cifuentes, y se ha suicidado, pero dejó una carta contando toda su historia y la de una niña que tuvieron en acogida. Ellos creían que ella podía ser la asesina, pero por lo visto, esa niña murió y ahora quieren ponerse en contacto con alguien de ese pueblo que pueda contarle que pasó realmente con ella.

-David es un buen policía, verás como todo se arregla pronto. Y Fernando también se le ve un profesional.

-Sí, es un buen chico.

-Y guapo, es muy guapo.

-Oye… -Le dijo Corina mientras le acariciaba el hombro.

-Manuel me ha engañado, no tengo por qué guardarle luto. Y ese chico es guapísimo.

-Sí, lo es, no te lo niego, aunque ahora está muy dolido por la muerte de Esther.

-Ya…

-Pero quién sabe en un futuro que puede pasar con vosotros dos.

-Quién sabe. –Le respondió la chica sonriéndole.

**Ya estaba anocheciendo, faltaba apenas una hora para la incineración, luego podrían irse a casa a descansar. En aquella pequeña habitación reinaba el silencio. David estaba sentado en una silla, junto al sillón dónde estaba Corina. Fernando frente a ellos jugaba con el móvil y Antonio no dejaba de mirar el féretro de Pepa. Nadie se atrevía a decir nada, sólo querían que todo pasara pronto. El móvil de Fernando comenzó a sonar y todos se sobresaltaron. El chico salió fuera y atendió la llamada.

Habían pasado veinte minutos cuando volvió a entrar, todos seguían en la misma posición y con el mismo silencio, pero él llevaba la cara desencajada, no podía creerlo y tampoco podía callar, sabía que no era el mejor momento, apenas quedaba media hora para la cremación de aquel cuerpo, pero ¿cómo callar aquello?

David al verlo entrar se levantó. Conocía bien a su compañero, algo le pasaba. Se acercó a él y Fernando lo cogió del brazo y lo sacó al mismo patio dónde habían estado antes.

-¿Qué te pasa? Tienes la cara desencajada.

-¡Por dios, David! No lo vas a creer.

-Habla de una vez. –Le dijo él con el rostro cansado.

-Me han devuelto la llamada que hice esta mañana a la casa de la hermana de Victoria. Era un tal Alfonso, un vecino. Él heredó la casa cuando ella murió, por eso la línea seguía activa.

-¿Qué te ha contado?

-Hemos estado hablando sobre quince minutos, me lo ha contado todo. Él conocía a Norma, pasó con ella su embarazo. Cuando llegó allí estaba sola y se hizo amigo de ella. ¡No murió, Parker! Eso fue lo que le hicieron creer a Victoria, pero esa chica no murió.

-¿Y por qué iban a querer ocultarle eso a Victoria?

-Porque ambos sabían el daño que le había hecho a Norma y ella se lo pidió, que no le dijeran que seguía con vida, lo mejor era que tanto Cifuentes como Victoria pensara que ella estaba muerta. Le he pedido una fotografía de ella, por eso he tardado más. Me la ha mandado por WhatsApp. Mira. –David cogió el teléfono y no podía creerlo. Todo comenzó a dar vueltas a su alrededor. Quizás fuera por la tensión de todo el día o quizás por lo que acababa de ver. El chico se sentó en un bordillo, un tanto mareado.

-¿Qué significa esto, Fernando? No puede ser, esto no puede ser.

-Sí, es así. Tienes que hacer algo ya. Yo voy contigo.

-No puedo perder tiempo, me estoy jugando mucho. –De pronto todo comenzó a agolparse en su mente, datos que había recaudado durante todos aquellos días. Ahora lo entendía, entendía todo. Tenía que correr, tenía que desenmascarar todo aquello.

-Voy contigo. ¿No deberías decirle a Corina que te vas?

-No, ahora mismo nos vamos, quiero que se quede aquí. Ella no podrá ayudarnos.

Los chicos se montaron en el coche y pusieron rumbo a su destino. Estaba cayendo la noche y él ya no tenía miedo a nada.

-Quédate aquí, Fernando. A esto me tengo que enfrentar yo solo. –Le dijo mientras bajaba del coche.

-No, ¿cómo voy a hacer eso?

-Si ves que te necesito, ven.

-Vale, ten cuidado.

David comenzó a andar con paso decidido, tenía que acabar con aquella situación de una vez por todas. Una lágrima comenzó a rodar por su mejilla, no podía con tanta tensión y aunque quisiera, no podía reprimir el miedo tan grande que sentía en su corazón. Al llegar a la puerta de casa, vio una carta que sobresalía del buzón. La cogió y estaba dirigida a él. La abrió y entonces pudo leer: “Si te hizo feliz, no cuenta como error” Y al final de la carta un beso de carmín rojo. Levantó la mirada y entonces escuchó un taconeo a sus espaldas. El cuerpo se le paralizó, no podía darse la vuelta.

-¿Me buscabas? –Le preguntaron. El chico comenzó a ser presa del pánico. Poco a poco se fue girando y entonces pudo ver lo que con anterioridad habían visto, Rodrigo, Óscar y Javier. Tenía a la misteriosa Marilyn Monroe delante de él. Comenzó a temblar cuando vio lo que llevaba en brazos.

-Suéltala. –Le pidió lo más tranquilo posible.

-No, es mía. –Le sonrió la mujer. Era la viva imagen de aquella actriz. No le faltaba un detalle, el vestido, los zapatos, la peluca, el maquillaje…

-Miriam, suéltala, ella no tiene culpa de nada, es tan solo un bebé.

-Es mi bebé. Victoria me la quitó y ahora la tengo conmigo, nadie me la volverá a quitar. –La chica no borraba aquella sonrisa perenne de su cara.

-Por favor…

-¿Sabes lo difícil que ha sido mi vida? –Le preguntó mientras con una mano sostenía a Carmen y con la otra una pistola- Rodrigo me violó hasta que cumplí los diecisiete años ¡9 años abusando de mí! Me dejó embarazada y yo parí a Carmen. ¡Es mía! Pero Victoria me la quitó, se la llevó cuando yo quedé inconsciente tirada en un bordillo, con la cabeza partida en dos. Alfonso me ayudó y mi tía también, ninguno de los dos les dijo que yo seguía con vida. Así que pude seguir buscando a mi niña.

-¿Cómo encontraste Carmen? Victoria dijo que la había abandonado. –David miró a su alrededor, la plaza estaba desierta, no había ni un alma.

-Un chico, vecino del pueblo, la vio en Córdoba abandonándola en la puerta de aquel Orfanato. Puse rumbo allí y por suerte, me dejaron entrar. No me querían dar información sobre lo que había pasado con la niña, pero en un descuido miré unos papeles y vi que la habían adoptado. Corina García y David Parker, residentes en este pueblo. Salí de allí como alma que lleva el diablo y me vine en su busca, intentando encontrar un trabajo para poder mantenerme, cambiar de vida y por supuesto, hacer amistad con tu esposa, para así poder conocer a mi preciosa niña.

-Suelta el arma, por favor. –Le suplicaba David.

-Cuando llegué a este pueblo, me enteré que Cifuentes vivía aquí. Se había separado de mi madre y se había venido a este pueblo. No podía permitir que me viera y volviera a abusar de mí. Por eso le maté, me cobré todas las que me había hecho en un pasado. Si vieras la cara de tonto que puso cuando me vio… -La chica comenzó a reír desesperadamente.

-Miriam… -David no podía articular palabra.

-Cuando conocí a Corina, le cogí cariño muy rápido. Ella era la nueva madre de mi niña y las quería a las dos. Más que a nada en el mundo. Corina había salvado a esta pequeña de la inmundicia de crecer sin una familia y yo se lo debía todo, así que me prometí a mí misma protegerlas a las dos con uñas y dientes de cualquier persona. Por eso luego cometí los siguientes asesinatos. ¿No encuentras la relación, Parker?                               –Preguntó ella de manera juguetona.

-No…

-Óscar Vidal llamó puta a Corina y a mi pequeña Carmen en aquella fiesta benéfica que se hizo en este mismo lugar. Tenía que pagarlo. Yo no iba a dejar que nadie tocara a las dos personas que más quería en el mundo. Tampoco me costó tanto saber dónde vivía, ya sabes que por aquí se comenta todo. Esa misma noche fui a su casa y lo maté, a sangre fría le pasé el cuchillo por el cuello, ese maldito tenía que pagar haberme tocado lo que más me dolía. Luego llegó el momento de Javier Falcón. ¿Cómo pudo venir a esta casa y empujar a Corina tirándola al suelo con mi niña en brazos? No… yo, como comprenderás, no podía permitir eso. Yo las quiero, a las dos por igual, y no iba a dejar que nadie maltratara ni física ni verbalmente a ninguna de las dos. Por eso, lo maté, lo maté sin piedad, le clavé aquel cuchillo todas las veces que me dio la gana. Y vosotros jamás pensasteis en mí. –David pensó que quizás Miriam no llegó a tener conocimiento que aquel hombre al que mencionaba era el padre de su amiga Helena, ya que no había hecho alusión a ello.

-Suelta a la niña, por favor. –Le pidió cuando vio que comenzó a pasarle la pistola cuidadosamente por la carita a la pequeña.

-No, es mía, ya te lo he dicho.

-¿Por qué te disfrazas así? ¿Por qué esas frases? ¿Por qué esos besos de carmín rojo?

-¿Sabes? Cuando yo salí del pueblo de la hermana de Victoria, no era persona. Me habían quitado a mi hija y eso me dolía en el alma. Mi amigo Alfonso me dio un libro, la autobiografía de Marilyn Monroe. ¿Te puedes hacer una idea de la similitud que hay entre su infancia y la mía? Ella pasó de orfanatos a casas de acogida y uno de sus padres en acogida, abusó de ella, dejándola embarazada. Cuando dio a luz a aquel bebé, su madre en acogida, es decir, la mujer del hombre que abusó de ella, le quitó al niño y lo regaló. ¡Todo eso me ha pasado a mí! Leyendo ese libro, sentía que no estaba sola en el mundo, que aunque haga muchísimos años que murió, ella sigue aquí conmigo, apoyándome en una circunstancia tan parecida a la suya. Yo tenía que rendirle algún tipo de homenaje, por eso me compré este disfraz completo y con él realizaba todos mis asesinatos y en cada lugar del crimen dejaba una de nota con una frase dicha de su propia boca, además de un beso en cada víctima, ese era mi sello de identidad.

-Miriam, no estás bien.

-¡Si estoy bien! ¿Tú crees que una persona que no está bien va a estar tan al pendiente de lo que Corina me contaba y lo que podía sacarle a Manuel? Yo sabía en todo momento cómo iban las cosas. Así podía actuar sin temor a que nadie sospechara de mí.

-Dame a la pequeña, te lo suplico. –La voz del chico tan solo era un susurro.

-Marilyn, donde quiera que esté estará orgullosa de mí. De que haya acabado con el hombre que tanto abusó de mí y de haber protegido tan bien a mi niña y a su nueva mamá. Ahora esta niña es mía y me la llevo conmigo. Yo sé que no puedo quedarme en este mundo, iría a la cárcel de por vida y jamás volvería a verla.

-¿Qué quiere decir todas esas notas? –Le preguntó él de repente.

-Mi niña para mí podría haber sido un error, pero no lo fue. Me hizo feliz, como nunca nadie lo había hecho. Solo quería que lo supierais. Si te hizo feliz, no cuenta como error. Cuando maté a Cifuentes, repasé la lista de frases que tenía y pensé que “Ojalá que la espera no desgaste mis sueños” sería la mejor. Ojalá que la espera de tener a mi niña en brazos, no desgastara todos los sueños de futuro que tenía con ella. Con Óscar Vidal no hace falta que te lo diga, él era un machista y quise hacerle ver que ninguna mujer depende de un hombre, él dependió de una mujer hasta para nacer. ¿Qué decirte de Javier Falcón? Ese hombre que maltrató a Corina con mi niña en brazos… Yo me vengaría, juré que me vengaría y lo hice. Me enteré cual era la casa de su hermano y allí me presenté. Las mujeres nos vengamos mejor y en silencio… -La chica saboreaba cada una de sus palabras.

-Nos has mentido a todos. Miriam no es tu nombre, no tienes la edad que nos habías dicho… -David intentaba ganar tiempo.

-No, yo me llamo Norma, Norma Cifuentes. Fíjate que curioso es el destino. ¿Sabes el verdadero nombre de Marilyn Monroe? –Preguntó la chica vacilante- Se llama Norma Jeane. ¡Somos tocayas!

-Por favor… -El chico cada vez veía la pistola más cerca de su hija.

-Le mentí a Corina con la edad. ¿Cómo voy a decirle que tengo diecinueve años? También me cambié el nombre. Iba a ser muy obvio si llegaba aquí llamándome Norma, ¿no crees?

-Te pido que la sueltes. –David dio un paso al frente y ella retrocedió.

-¡Quieto! ¡No te muevas! Esta niña me la llevo conmigo, se viene allá arriba con su  madre, la que la parió. –Señaló al cielo con la pistola. En ese momento se escuchó un disparo y David salió corriendo hacia dónde estaba ella, cogiendo a la pequeña en brazos antes de que tocara el suelo. Miró los ojos de su hija Carmen, esos ojos grandes y azules, ¿Cómo no se había dado cuenta del parecido con Miriam?

**El frio helaba el cuerpo de Corina. Estaba sentada en aquella sala de espera, esperando noticias, alguna noticia. David estaba a su lado, apenas había articulado palabra desde que pasó todo aquello la noche anterior. Habían dejado a los niños con Antonio, aquel pobre hombre necesitaba de sus nietos y no había dudado ni un momento en hacerse cargo de ellos.

David se retrepó en el asiento y se echó hacia atrás el flequillo, su esposa le tocó cariñosamente la rodilla y le sonrió. No podía olvidar que  aquella misma tarde había incinerado a su madre, por mucho que él se empeñara en no llamarla así.

-¿Estás bien? –La chica le acarició suavemente la mejilla.

-Cansado, muy cansado.

-Tienes que hablar conmigo, cuéntame que pasó. –Ella estaba sumergida en la más absurda de las ignorancias. Había hablado con Fernando, le había contado por encima qué había ocurrido. Sabía que Miriam era la asesina, pero no tenía ni idea de los motivos.

-¿No te lo ha contado todo Fernando? –Preguntó él con la mirada perdida, muy conmocionado con lo que acababa de vivir aquel día. Dos muertes, dos suicidios, y había estado a punto de perder a su hija.

-Solo sé que Miriam ha sido la asesina, no me ha contado nada más. Cuando yo llegué a casa estaban montándola en la ambulancia. Solo atinó a decirme que ya tenían a la asesina, que era Miriam y nada más. Luego tú te has negado a contarme nada, te has negado a hablar, ¿qué ha pasado David? ¿Qué ha ocurrido? –Ella no sabía en la situación en la que se había encontrado Carmen, cuando llegó la niña ya estaba dentro de casa, junto a Luis y a David, todos sentados en el sofá. Su marido se había negado a contar nada, no porque no quisiera, no podía. Se encontraba en una situación difícil, tampoco podía expresar con sentimientos cómo se sentía, las palabras no salían de su boca, su cerebro no le hacía caso.

-Miriam hizo todo eso por Carmen principalmente, y por ti. –Atinó a decir al fin.

-¿Cómo? –Preguntó ella extrañada.

-Ella es la madre biológica de Carmen.

-David sé que lo estás pasando mal, pero me estás preocupando, no hay necesidad de que inventes cosas.

-No te estoy mintiendo, te estoy hablando muy enserio. –La chica se llevó la mano a la boca a causa del asombro y escuchó detenidamente la historia que su marido le contó.

-No puedo creerlo, ¡Me niego a creerlo! –Se levantó de la silla y comenzó a andar por la sala de espera, que estaba desierta.

-Créelo, es cómo te lo cuento.

-Ella no nos puede quitar a Carmen, ¡Ella es nuestra hija! –Acababa de entrar en un estado de nervios preocupante.

-Tranquila… -Le aconsejó David mientras la abrazaba contra su pecho.

-Nos la quiere quitar. –Susurró ella llorando en el regazo de su marido.

-Estamos aquí, esperando noticias, posiblemente no salga de ésta. El disparo que le propinó Fernando ha tocado órganos vitales, por lo que he escuchado al médico decir una de las veces que  ha pasado por aquí.

-Ella no la abandonó, su madre de acogida se la quitó. Ella quería a su hija, no fue una mala madre que la abandonó. ¡Se la quitaron!

-Corina, si no te tranquilizas voy a tener que llamar a alguien para que te ponga un calmante, no puedes estar así. –Le dijo el chico cogiéndola por los hombros.

-Esto ha sido demasiado fuerte para mí. Metí en casa a mi propio verdugo, nos quitaría a la niña y no me di cuenta de nada, yo creí que era mi amiga.

-Solo quería vengarse de todos los que le habían hecho daño a ella, a su hija y por supuesto, quién te hiciera daño a ti. Me confesó que tú eras la madre de su niña y os protegería a las dos con uñas y dientes, por eso mató a Óscar Vidal y Javier Falcón, por venganza, por lo que ambos os dijeron o hicieron.

-No puedo creerlo… ¡No, no puedo! –La chica comenzó a llorar desconsoladamente y a David no le quedó otro remedio que llamar a una enfermera. A los diez minutos la chica estaba sumergida en un profundo sueño, en una de las habitaciones no muy lejanas. David se sentó a su lado y le acarició su melena.

-Déjala descansar. Sabemos la historia, el otro policía nos ha contado todo y es normal que esté con ese ataque de nervios. –Le aconsejó una enfermera. Era joven, apenas llegaría a los treinta años, llevaba su pelo moreno trenzado y un maquillaje muy discreto.

-Me voy a quedar aquí con ella, estábamos esperando a que saliera el médico para que nos dijera el estado de Miriam, pero yo también estoy cansado y necesito descansar. Cuando sepan algo, avísenme, si son tan amables.

La mujer le sonrió a modo de asentimiento y salió cerrando la puerta lentamente para no hacer ruido. Él se quitó los zapatos y la chaqueta y se recostó suavemente al lado de Corina. La abrazó fuerte, necesitaba sentirla cerca de él, notar que contaba con alguien. Así se quedó dormido, recordando cómo se conocieron, su primer beso y su boda.

**Raúl estaba esperando a que facturaran sus maletas, su madre estaba sentada en uno de los bancos del aeropuerto, llorando desconsoladamente, después de haberse enterado de toda la historia. Blanca se acercó a dónde el chico se encontraba y le sonrió levemente.

-Tus padres están muy preocupados. –Los años la habían cambiado mucho, ya no era aquella chica de pelo corto y rubio con una delgadez extrema. Se había dejado el pelo largo y se lo había teñido moreno azabache. Había cogido unos kilitos que le sentaban de maravilla, parecía otra chica diferente a aquella que estaba sumergida en un gran problema hacía casi seis años. Raúl también había cambiado, ahora lucía una perilla que le daba un toque interesante y se había comprado unas gafas muy modernas.

-Lo sé, yo también estoy preocupado y muy intrigado. ¿Tú no?  -Le preguntó mientras entregaba los pasaporte de los cuatro.

-Sí, ¿qué querría decir tu hermana? Nos insistió mucho en que nos volviéramos, que nos tenía una gran sorpresa. Lo hemos dejado todo, Raúl. No sabemos a qué nos vamos a enfrentar cuando lleguemos allí.

-Ella me dijo que no nos preocupáramos, que nos volviéramos que la sorpresa sería muy grata. No quiere nada malo para nosotros, por eso yo firmé mi renuncia en la empresa, a ti era seguro que no te iban a renovar.

-Sí, es cierto, yo ya estaba en paro.

-Por eso le hice caso, además ahora necesita de todos nosotros, esto que le ha ocurrido, la va a marcar de por vida, ha estado a punto de perder a su hija.

-Me da mucha pena, ella es buena, no entiendo porque esa mujer se tuvo que entrometer.

-Es la madre biológica de Carmen, aunque no estoy seguro si quería recuperarla. Por lo que David me ha contado ella quería proteger a la niña y a Corina, de todo y de todos, ese era su cometido, no quitársela. –Cuando la mujer hubo acabado con los pasaportes, ambos volvieron al banco dónde estaban sentados sus padres.

-¿Estáis más tranquilos? –Preguntó Blanca poniéndose en cuclillas delante de su suegra.

-Mi niña, allí sola pasado todo aquello y nosotros de vacaciones en Bruselas.                     –La mujer volvió a sacar el pañuelo y a secarse las lágrimas.

-Mamá, no pienses así, esto no ha sido culpa de nadie. Esa mujer no está bien mentalmente, así que vamos a dejar de pensar en lo que hubiera podido pasar. Por lo que David me contó cuando me llamó, aún no sabían nada, pero para salvar a la niña, Fernando, el otro policía, tuvo que pegarle un tiro, que dañó órganos fundamentales de su cuerpo. Sinceramente, no creo sobreviva.

-Si le quita la niña a Corina, sé que no lo va a resistir, ni ella ni David. –Añadió su padre pensativo.

-Aunque esa mujer se recuperara, ¿cómo le iban a dar a la niña? Aunque haya sufrido abusos de pequeña y le hayan quitado a la pequeña, no se puede olvidar que ha matado a tres personas. Iría a la cárcel. La niña seguirá siendo de Corina y David.                           –Blanca se sentó en el suelo, le dolía la espalda y no quedaban sitios libres.

-Nos llaman. –Raúl comenzó a coger sus equipajes de mano y todos se levantaron para ir hacia el avión. Pronto estarían en España, apoyando a su hermana y también saldrían de dudas de qué sería aquello que les tenían tan intrigados.

**A la mañana siguiente, cuando Fernando entró en la habitación dónde se encontraba Corina con David, pudo verla sentada en la cama mirando por la ventana. David estaba mirando algo en el móvil.

-Buenos días, ¿cómo estáis? –Preguntó el chico mientras se sentaba en una de las sillas que había en un rincón.

-Yo aún no puedo creerlo. –Afirmó la chica- ¿Cómo he podido estar tan ciega? La he tenido metida en casa, les he dejado mil veces a los niños, y sobre todo a Carmen, porque Luis se iba a casa de la vecina. Es increíble, si les hubiera pasado algo, jamás me lo perdonaría.

-Yo ya le he dicho que no es culpa suya, que son cosas que pasan. Eso es exactamente lo que ella quería, tener una amistad contigo para acercarse a Carmen.         –Le explicó David a su compañero.

-No es culpa de nadie. –Dijo el chico sin saber muy bien que más añadir.

-Acabo de llamar a Antonio y he podido hablar con Luis y escucharla a ella reír por detrás. Me he quedado más tranquila, pero necesito que nos digan algo de esa chica ya. Yo me hubiera ido anoche en cuanto me enteré de todo, pero me pusieron un tranquilizante y ahora me encantaría que despertara para poder hablar con ella.

En ese momento llamaron a la puerta. Un médico entró y saludó a todos. Era mayor y con cara de persona adorable.

-Chicos, ha despertado.

-¿Cómo está? –Preguntó ella levantándose de un sobresalto.

-Mal, no creemos que salga de ésta, pero acaba de despertar. Además, creo que está delirando.

-¿Por qué dice eso? –Preguntó David.

-Cuando se ha despertado, le he preguntado su nombre. Es algo que hacemos normalmente para verificar que todo sigue bien después del tiempo que han estado inconscientes,  pues me ha dicho algo bastante raro.

-¿Algo como qué? –La chica comenzaba a impacientarse.

-Me dijo que se llamaba Norma. Norma Jeane. Yo había visto en su historial que su nombre de pila era Norma, pero primer apellido es Cifuentes.

-Quizás se haya confundido.

-Eso no es lo peor. Cuando le dije que se había equivocado, que aquel no era su nombre, me dijo que quizás si me decía que su nombre artístico era Marilyn Monroe, la reconocería.

-¿Se ha vuelto loca? –Preguntó Corina asombrada.

-No creo que llegue a tanto, solo está confundida. También me ha preguntado por Corina y por Carmen.

-Oh, dios… -La chica se sentó en la cama mientras pasaba los dedos por las sienes.

-Doctor, ¿saldrá de esta? –Fernando se incorporó y se acercó a aquel hombre.

-Ya le he dicho que creo que no, pero la vida humana es un misterio. Creo que Corina debería ir a hablar con ella, la está esperando.

-Claro, no hay problema, ahora mismo voy. –Se envalentonó.

-¿Estás segura de lo que vas a hacer?

-Claro que sí, tengo que hablar con ella. Tiene que explicarme muchas cosas.

-Siendo así, venga conmigo.

El hombre salió de la habitación y ella caminó detrás de él. Los chicos se quedaron en el pasillo viendo cómo se alejaba. Cuando llegaron a la habitación donde tenían a la chica, Corina respiró hondo y contó hasta diez. Tenía que enfrentarse a ella, tenía que saber la verdad de su propia boca.

**Fernando y David se quedaron en silencio. No sabían cómo actuar.

-¿Se ha sabido algo de Manuel? –Preguntó David para romper el hielo.

-Pronto va a ser el juicio, ahora mismo está en una celda provisional, pero mi abogado me ha dicho que tenemos todas las de ganar, no tengo por qué preocuparme. –El chico estaba impaciente porque llegara el día del juicio, quería a aquel criminal en la cárcel, encerrado durante muchos años. No podía quedar impune aquel asesinato. Esther tenía toda la vida por delante y ahora estaba bajo tierra, y solo quedaba de ella sus recuerdos. No había sido una novia ejemplar, pero él no conocía esa faceta suya, para él Esther era otra persona totalmente distinta a la que le describían cada vez que preguntaba por ella. Su mente se había hecho una especie de escudo y apenas recordaba aquella faceta de la chica, prefería quedarse con los momentos buenos, los ratos que pasaban juntos sonriendo o haciendo algo, juntos.

-Me da pena por ese chico. Entiéndeme, sé lo que le hizo a Esther y a ti, pero he trabajado muchas horas con él y no parecía una mala persona, pero se nos cayó el mito. –David se rascó un brazo y miró a la puerta del fondo. Corina acababa de entrar.

-Solo queda esperar para saber qué le quiere decir esa mujer a Corina.

-Le contará lo mismo que me ha contado a mí. Pienso que ha sido una víctima en toda esta historia, la mayor víctima.

-¿De verdad? Ha matado a tres personas.

-Sí, lo sé, pero ten en cuenta que las circunstancias que ocurrieron en su vida fueron las que la hicieron actuar así. Ella solo tenía algo entre cejas y era volver a ver a aquella niña que le quitaron y protegerla. Cuando conoció a Corina, entendió que era la madre de la pequeña y que también tenía que protegerla a ella.

-Lo que no es muy normal es la obsesión por esa actriz. –Fernando se sentó, le dolían las piernas, y se sentía un poco cansado. Las noches sin Esther estaban siendo demasiado largas.

-Muy fácil, ella se siente totalmente identificada con esa mujer. Por eso en ocasiones se confunde y cree que es ella. Marilyn Monroe pasó una infancia muy parecida a la suya, llena de abusos por parte de algunos de sus padres de acogida, quedo embarazada de uno y le quitaron al niño que parió. Ella jamás volvió a saber nada de ese bebé, pero Miriam, o Norma, no sé cómo llamarla, quiso luchar por su hija, y de alguna manera acabar algo que la actriz dejó pendiente en un pasado.

-Entiendo, pero aun así no deja de ser raro.

-Por eso se disfrazaba de ella, cuidando cada detalle. Era una especie de homenaje lo que le estaba rindiendo. Tenía que terminar la historia que ella comenzó hace muchísimos años. Al menos eso es lo que yo he entendido, por todo lo que me contó. –David volvió a mirar a aquella habitación del fondo, pero no salía nadie. Se moría de curiosidad por saber qué le había contado la chica.

**Cuando Corina entró en aquella estancia, su corazón dio un vuelco. Miriam estaba tumbada en la cama, morada e hinchada, con los ojos cerrados.

-Aunque parezca que no, está despierta. No le haga hablar demasiado, está en un estado muy grave. –Le aconsejó el médico.

-No se preocupe, terminaremos pronto. –Corina vio como la chica comenzaba a abrir un ojo.

-Corina… -Atinó a decir, mientras veía como el médico salía de la habitación.

-¿Cómo has podido engañarme de esta manera? –Le preguntó la chica con los ojos llenos de lágrimas, sin acercarse a la cama.

-Lo hice por ella, por mi Carmen. –La voz de Norma era apenas un susurro.

-Ahora es nuestra hija, mía y de David.

-Lo sé, por eso siempre te defendí, yo os quería a las dos. Ella era mi niña, aquella pequeña que me arrebataron de las manos cuando llevaba apenas unas horas con vida, y tú eras su madre, la que le estabas dando un bienestar. –Comenzó a toser y Corina le acercó un vaso de agua con una pajita y bebió.

-Podías habérmelo dicho, yo quizás lo hubiera entendido, pero no de esta manera, Miriam.

-Jamás me dejarías acercarme a ella si te decía quién era realmente. –Cerró los ojos y Corina temió por un instante que hubiera muerto.

-¿Miriam? –Le preguntó acercándose a ella.

-Estoy bien, pero llámame Norma, ya no hace falta que me llames por un nombre inventado.

-Norma, entiendo que tu infancia fuera difícil, pero te has convertido en una asesina.

-Abusaba de mí como una bestia. Desde que tenía ocho años, hasta que consiguió dejarme embarazada. –Volvió a toser, pero siguió con sus palabras- Rodrigo era una bestia, no te imaginas lo que significaba para mi tener que verle y no podía contarle nada a mi madre, a Victoria. Ella jamás me creería. Cuando se enteró, decidió apoyarlo a él y me mandó fuera, embarazada y con diecisiete años. Luego parí a Carmen y ella me la quitó, me la quitó y la abandonó como si de un perro se tratase.

-Lo sé. –Se limitó a contestar ella, conmovida por todo lo que estaba escuchando.

-Fue entonces cuando me enteré de todo lo que le había pasado a Marilyn, abusaron de ella como lo hicieron conmigo y luego le quitaron a su bebé, pero ella jamás lo encontró, yo tenía que encontrarla. Leyendo su autobiografía, no me sentía sola, de alguna manera la sentía conmigo, soñaba con ella y era mi amiga, por eso decidí rendirle ese homenaje, todos los que merecieran morir por lo que me había pasado en mi infancia, la verían a ella, seriamos la misma persona. Y así fue, lo conseguí. –Comenzó a toser desesperadamente y Corina la incorporó, poniéndole un cojín a sus espaldas.

-No sé qué decir.

-Quiero ver a Helena antes de morir, llamarla y decirle que venga a verme.

-Norma, Helena ya no está. –Le dijo ella acercándose un poco más a la cama- Ella murió cuando tú te fuiste al pueblo de la hermana de tu madre.

-¿Murió? ¿Qué le pasó? –Sus ojos se estaban cerrando y Corina temía verla morir.

-La asesinaron, pero no sé nada más.

-Mi final está cerca, lo sé. Cuida de mi niña y no le hables mal de mí, recuerda que todo lo hice por ella. Dile que la quería, que ella ha sido lo más importante en mi vida. –La chica comenzó a convulsionar y agarró a Corina fuerte del brazo- Quiero que me enterréis junto a Helena, ella fue mi único apoyo  y la única persona en el mundo que me ha querido.

-Norma, tranquila, no va a pasar nada. –Corina tenía los ojos desencajados, se iba a morir allí, delante de ella.

-Me marcho. No olvides que a ti también te quise, amiga. Gracias por cuidar de mi niña.

Esas fueron las últimas palabras que salieron de la boca de Norma Cifuentes. Fueron como un susurro, pero bastó para que Corina las escuchara. Después de aquello no podía guardarle rencor ninguno, no le quería quitar a su niña, solo quería acercarse a ella. De alguna manera, la comprendía, se la arrebataron de los brazos justo después de nacer, tenía que hacer algo.

Se acercó al cuerpo sin vida y cerró aquellos inmensos ojos azules que caracterizaban a la chica, idénticos a los de su preciosa Carmen. Se echó a llorar y llamó al médico.

Cuando salió de la habitación, pudo ver cómo David corría hacia ella y la abrazaba. Fernando la miraba desde su asiento, esperando información. “Tranquila mi amor, todo ha terminado, ya no hay nada que temer, yo estaré contigo siempre. Te quiero” Aquellas palabras fueron las últimas que escucharon antes de despertar el día siguiente en su cama, en su casa, junto a sus niños y su marido.

 SEIS MESES DESPUÉS:

Hacía un tiempo cálido de principios de abril. Todo había vuelto más o menos a la normalidad. Corina acababa de salir de casa de su hermano Raúl y Blanca, había ido a visitarlos, puesto que por razones de trabajo hacían algunos días que no se veían. Se giró y miró aquella casa blanca con toques de salmón. Era el regalo que su marido les había hecho a unas personas muy importantes para ella. Sonrió al recordar el momento en el que le dieron la noticia. Hacía apenas dos días que habían vuelto de Bruselas, no querían tocar el tema puesto que la pareja estaban muy conmocionados por lo que había ocurrido con Miriam. Fue en una de las visitas que le hacían a diario a su casa cuando se enteraron de todo.

-Tenemos que hablar con vosotros. –Les dijo Corina mientras David preparaba unos refrescos en la cocina.

-Lo sabemos, pero no hemos querido ser inoportunos, sabemos cómo lo estáis pasando, pero la verdad nos morimos de curiosidad. –Blanca sonrió con Carmen en brazos. Luis estaba aferrado al cuello de su tío Raúl.

-Ya estamos todos. –Dijo David llegando con unos refrescos y unos aperitivos- Bueno, no sé si lo sabréis pero en la parte alta del pueblo se están construyendo unas casas nuevas para ciertas familias que habían sido echadas por el ayuntamiento, aunque todo era legal.

-Sí, algo de eso sabemos.

-Bien, pues esas casas las estamos financiando nosotros. –Los dos los miraron con cara de asombro. ¿Cómo podía ser eso cierto?

-Sí, no nos miréis así. David ha recibido hace poco una herencia espantosa y ha querido apoyar a todas esas personas ayudándoles en la construcción de sus casas. Y también hemos pensado en vosotros, cómo ahora viene tu cumpleaños… -La chica miró a su hermano sonriendo- hemos pensando que quizás quisierais aceptar un regalo que mi marido y yo os queremos hacer.

-¿Cuál? –Preguntó el chico sin imaginarse qué sería.

-Queremos construiros una casa, además de montaros un negocio a cada uno de lo que mejor sepáis hacer.

-¿Cómo? –Preguntó Blanca incorporándose un poco del asiento.

-Cómo lo habéis oído y espero que no me digáis que no, porque ya tengo casi apalabrado un solar con el dueño.

-Pero es demasiado… -Comenzó a decir Raúl. Su hermana le hizo un gesto con la mano para que no se excusara más.

-He pensado que cómo el solar se encuentra unas casas más abajo de vuestra madre, quizás os gustaría el sitio, si no os gusta solo tenéis que decirlo y miramos cualquier otro.

-No, no, es perfecto. –Se apresuró a decir Blanca con un brillo especial en los ojos.

-Sigo pensando que es demasiado. –Raúl medía cada palabra.

-Es un regalo de cumpleaños. También os daré el dinero que necesitéis para montar vuestros negocios, o aquí o en Fuente Palmera, cómo mejor veáis. ¿Qué tenéis pensado?

-Bueno, siendo así, a mí me gustaría una tienda de informática. Dónde pueda vender telefonía, ordenadores… tecnología en sí, vaya.

-¿Y tú? –David miró a su cuñada.

-Yo a lo único que creo que sabría dedicarme es a la peluquería, ya hace un año que tengo el título aunque no haya ejercido.

-Pues no se hable más. Poneros ya a buscar locales y pondremos en pie vuestros negocios y por supuesto vuestra casa. –Dijo David contento tras pegarle un sorbo a su cerveza fresquita.

-No sabemos cómo agradeceros esto. –Raúl aún estaba muy avergonzado.

-Quizás de vez en cuando os deje a los niños… -Comenzó a decir Corina sonriendo.

-Estaremos encantados. –Blanca besó la suave cabecita de Carmen.

Volvió al presente y pensó que tenía que mirar algo para ponerse aquella noche, tenían la fiesta de inauguración de las nuevas casas en la parte alta del pueblo. Por fin las habían acabado, todas eran casas grandes y muy bonitas. Las familias habían pensado hacerle la misma distribución que su antiguo hogar y muchos de ellos lo habían conseguido. Ahora estaba más feliz que nunca, por fin esa gente volvería a vivir como lo hacían antes.

Abrió el armario y sacó un vestido negro, era de media manga y quizás pudiera valer para la ocasión. Cuando iba a volver a colocarlo en el mismo lugar, una caja se cayó al suelo y algunas cosas se salieron de ella. Comenzó a recoger y encontró una foto. Fue el día de la fiesta benéfica hacía más de seis meses, la misma noche que Miriam mató a Óscar Vidal. Las lágrimas comenzaron a empañar su hermoso rostro, aparecía ella, sonriendo, con el brazo echado por encima del menudo cuerpo de Miriam, que también sonreía con sus ojos azules chispeantes de felicidad. Ella tenía a Carmen en brazos, que miraba a David, que estaba hablando con otra persona. No podía guardarle rencor a la persona que había traído a su pequeña al mundo, sabía que no tenía intención de llevársela, solo quería conocerla y protegerla y en el fondo, la quería. En el tiempo que estuvieron juntas, aprendió a querer a Miriam, o Norma. Al final su voluntad se cumplió. Los padres de Helena accedieron a que su cuerpo se enterrara junto al de su hija, entendían que era la única amiga de la infancia que la había querido y apoyado y debían de estar juntas. Ambas estaban en un cementerio de la Carlota, en el mismo nicho, siendo felices juntas de por vida, estuvieran dónde estuvieran.

-Cariño, ¿dónde estás? –David entró como un rayo en casa, con Carmen en brazos y Luis cogido de la mano. La niña había crecido mucho, ya tenía casi diez meses y cada día le encontraban más parecido a su madre biológica. Tanto ella como David habían decidido que cuando la niña fuera un poco más mayor, le contarían toda la verdad. Todo lo ocurrido con su verdadera madre, aunque le hablaran mucho antes de su origen. Luis parecía un hombrecito, cada día estaba más guapo.

-¡Estoy viendo qué me voy a poner esta noche! –Gritó Corina desde el cuarto.

-Vale, te esperamos en el salón.

La chica volvió a poner todo en su sitio, retiró las lágrimas que quedaban en su rostro y salió a reunirse con su familia, lo mejor que tenía en el mundo.

**Al llegar a la parte alta del pueblo, la noche estaba cayendo en Silillos. Corina iba preciosa, discretamente vestida con el vestido negro que había elegido aquella misma mañana y unos zapatos rojos, igual que los complementos. Su melena ondeaba al viento aquella noche de abril. Saludaron a todos cuando llegaron y entraron por la puerta principal. Habían decidido hacer todas las casas como si fuera una urbanización y David pensó que quizás pudieran hacer una piscina justo en medio de todas las casas, que fuera algo comunitario. Al arquitecto le pareció perfecto y se puso a diseñar los planos. Todo había quedado tal y como cualquier persona hubiera soñado.

Una gran mesa presidía el patio, justo al lado de la piscina. Todas las familias comenzaron a hacer la comida, pusieron música y fue una velada realmente extraordinaria. Antonio también estuvo allí, desde que pasó lo de Pepa, su relación había sido perfecta con su hijo, había notado el gran cambio que había operado en él, y se sentía realmente agradecido al cielo de aquello.

Cuando dieron las dos de la mañana, se despidieron de todos y pusieron rumbo a casa. Cuando acostaron a los niños, David estaba esperando a Corina sentado en el sofá.

-¿No tienes sueño? –Preguntó ella, aún con el vestido y los zapatos puestos.

-Sí, pero antes quiero hablar contigo.

-¿Conmigo? –Preguntó ella incrédula.

-Sí, ¿No pensarás que me he olvidado del regalo que te iba a hacer verdad?                       –Ella sonrió tímidamente y se sentó junto a su marido.

-¿Un regalo?

-Sí, es para ti, pero también para mí.

-¡Quiero verlo! –La chica pegó un gritito de entusiasmo.

-Cierra los ojos. –Hizo lo que su marido le ordenó y notó algo frio sobre su mano- Ábrela cuando quieras. –La chica vio una llave. Se quedó mirándola y luego miró a su marido sin saber muy bien a qué se refería aquel regalo.

-¿Qué es? –Preguntó con cautela.

-Son las llaves de nuestro nuevo chalet en Rota. Dónde comenzó todo, mi amor.

-No puedo creerlo… -Corina no tenía palabras, un brillo especial relucía en sus ojos.

-Créelo, mañana mismo vamos a que lo conozcas. Es un chalet, está a pie de playa.

-Ha debido de costar mucho dinero.

-No te preocupes por eso. Ya hemos hecho varias donaciones anónimas a diferentes instituciones, además de arreglarles la vida a muchas personas. Tenemos que pensar un poco en nosotros, ¿no es así?

-Llevas razón.

-Me encanta verte feliz.

-Y yo te quiero, mucho.

Se acercó a su marido y lo besó tiernamente, cada día le quería más, era algo inexplicable.

**Manuel acababa de coger su pijama y las cosas que le pertenecían para que se llevara a la celda. Ya no era el mismo chico de antes. Tenía una gran barba y el pelo le había crecido considerablemente. Su juicio acababa de efectuarse y había ganado la parte contraria, es decir, Fernando. Por otra parte era normal, él mismo había confesado el crimen de Esther delante de aquel juez

            -¡Todo el mundo a las duchas! –Gritó la persona encargada. Él aún no había llegado a su celda. Tuvo que ir directamente a dónde le ordenaban.

Cuando entró pudo ver a muchos hombres desnudos. Él nunca se había desnudado delante de un hombre, ¿Por qué tenía que hacerlo allí? Cuando más sumergido estaba en sus pensamientos notó que una persona tocaba su hombro.

            -¿Eres nuevo? –Le preguntó un hombre corpulento, alto y rubio.

            -Sí.

            -Quítate la ropa, aquí nadie tiene vergüenza. Eres muy guapo, muchísimo.            –Afirmó mientras le miraba fijamente a los ojos.

            -No… -Manuel comenzó a tener miedo.

            -¡Déjalo! Ya sé que es nuevo… -Alguien llegó y apartó a aquel gran hombre.

            -¡Suéltame! –Gritó a la par que se retiraba.

            -Aquí mando yo, no lo olvides. Soy Santiago Suárez y aquí se hace lo que yo quiero. ¿Entiendes? ¿Por qué estás aquí? –Preguntó mientras le miraba con deseo.

            -Maté a una mujer. –Manuel no dejaba de mirar el suelo.

            -Bien. Tampoco es para tanto, yo maté a mi hijo y mira que feliz soy.

            -¿A tu hijo? –Preguntó el chico sobresaltado.

            -Sí, pero eso no importa. Me encantan los chicos nuevos que llegan y sobre todo si son tan guapos como tú. –Santiago comenzó a acariciarle la cara mientras le sonreía.

            -Yo no… -El chico pensaba que si le explicaba que él no era gay, lo entendería.

            -Nada, no hables. Ahora vas a venir a la ducha conmigo. Te quiero solo para mí.

Manuel no dijo nada más, comenzó a andar detrás de Santiago, dados de la mano hacia una de las duchas, aquel era su destino y lo acataría.

Anuncios

2 comentarios en “LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO ¡GRAN CAPÍTULO FINAL!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s