LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 9.

**Cuando llegaron a comisaría,  David le pidió a Antonia que buscara información sobre Norma Cifuentes, cómo había llegado a casa de  Rodrigo y Victoria y sobre todo, qué había pasado con ella después de dar a luz a aquel hijo, fruto de los abusos de su padre. Llamó a Corina y ésta le reafirmó lo que él ya pensaba. Necesitaba una reunión urgente con Manuel y Antonia.

-Manuel, ¿puedes venir un momento? Tenemos que hablar. –El chico se dirigió a su despacho después de haber llamado a Antonia también y los tres tomaron asiento. David había preparado un corcho perfectamente decorado para entender la relación.

-Bueno, aquí estamos. –Dijo Manuel.

-Necesito esta reunión, porque de verdad, creo que me voy a volver loco. He preparado este corcho, con fotos de las personas asesinadas y todo lo relevante a ellas, para ver si entre los tres podemos sacar qué ha pasado. Por un lado tenemos la primera muerte, Rodrigo Cifuentes, al parecer un hombre normal, cuando leí el primer informe sobre su vida que me redactó Antonia, parecía un ciudadano más, sin nada que esconder. Al principio creí que Victoria podría tener algo que ver con su muerte, puesto que la veía fría y distante cuando hablábamos de la muerte de su marido, hablaba de un daño irreparable que le había causado y en ese momento no lo entendíamos, pero ahora sí, ahora es cuando entendemos porque Victoria no podía soportar a Rodrigo, él abusó de su hija de adopción, a la que tuvieron en casa durante casi diez años, Norma Cifuentes, una niña de la que no sabíamos de su existencia hasta hace escasas horas. Abusó de ella durante nueve años dejándola finalmente embarazada. Al enterarse Victoria, decidió apoyar a su marido, no quería que nadie supiera la clase de hombre que era su esposo, así que mandó a la niña a casa de su hermana, a un pueblo lejano, a que pasara su embarazo y ahí nos hemos quedado, no sabemos nada más, no sabemos qué ocurrió con esa chica, que hoy en día no cuenta con más de diecinueve años recién cumplidos, según me informó la madre de Helena. Este hombre violó y asesinó a la amiga de su hija, por el simple hecho de que ayudó a Norma a decirle a Victoria lo que Cifuentes estaba haciendo con ella. Este señor aparece muerto en la puerta de su casa, con una puñalada, aunque esto no fue lo que le ocasionó la muerte, sino un infarto, un beso de carmín rojo en la mejilla y una nota. Según una testigo directa, Mariana Ruiz, que pasó la noche con él, la mujer que lo mató iba disfrazada de Marilyn Monroe. La frase que había en la nota, era dicha por la actriz. Aquí la tenemos –Dijo señalándola- “Ojalá que la espera no desgaste mis sueños” ¿Qué quiere decir eso? No lo sabemos.

En segundo lugar, tenemos otra muerte, Óscar Vidal, un empresario, infiel por naturaleza, con un hijo pequeño y una mujer mucho más joven que él. Este chico se le relacionó con Esther, la novia desaparecida de Fernando, pero no hemos podido probar nada. Aparece muerto igualmente en la puerta de su casa, con un cuchillazo en el cuello, un beso de carmín rojo en la mejilla y otra nota. “Ninguna mujer depende de un hombre, al contrario, un hombre depende de una mujer hasta para nacer” Tampoco sabemos qué quiere decir esa afirmación. A todo esto hay que añadir, que Mariana Ruiz era su empleada y pasó la última noche de su vida con ella, al igual que con Rodrigo. Su vecina, afirmó ver a la misma mujer disfrazada de la actriz estadounidense salir corriendo. Mi padre también la vio.

En tercer y último lugar, tenemos a Javier Falcón, sospechoso también por la muerte de Cifuentes, puesto que era el marido de Mariana, la prostituta que pasó la noche con los dos hombres anteriormente expuestos. Muere de igual manera, en la puerta de la casa de sus padres, con puñaladas sobre el pecho. También tiene la nota: “Las mujeres nos vengamos mejor y en silencio” y el beso de carmín en la mejilla. La mujer que cuidaba de su hermano pudo ver a la asesina y coincidía con la misma mujer disfrazada de los casos anteriores. Este hombre era el padre biológico de Helena, la niña que apareció muerta hace un año en el descampado. Él, junto a Rodrigo violaron a Helena y la mataron.

Ahí es donde yo creo que está el quid de la cuestión. La muerte de Helena, la unión de esos hombres.

-¿Quién estás insinuando que puede ser la asesina? –Antonia fue directa al grano.

-Veréis, esto no es nada sólido, tenemos que ir a hablar antes con esta persona, pero Eli, la mujer de Óscar le dijo a mi mujer que ella era adoptada, que lo pasó muy mal en su casa y por eso se casó con Óscar, para salir de allí. Tiene un hijo pequeño, no sé los meses que tendrá, pero quizás ese sea el hijo que engendró con Cifuentes.

-¿Tú crees que esa chica es la asesina? –Preguntó Manuel cruzando los brazos- ¿Qué motivos tendría?

-Si mató a Rodrigo y éste fuera su padre, el principal motivo fue matarlo por los abusos que le hizo pasar cuando era pequeña. Si mató a Óscar, vosotros sabíais que la maltrataba, de hecho le pegó delante de la gente en la fiesta y quizás matara a Javier Falcón por ser el padre de su amiga Helena y haberla matado.

-¿Pero esta chica no se llama Eli? ¿Qué edad tiene? –Preguntó Antonia.

-Quizás decidió cambiar de vida y se cambió de identidad. La edad no la sé, pero esa chica no tiene más de veinte años.

-Quizás puede que encaje… -Dijo Manuel.

-Yo creo que lo lógico sería que hablarais con Victoria y luego con Eli. Ellas mejor que nadie sabrán deciros si son madre e hija.

-Sí, tenemos que hablar con las dos.

**Ya estaba finalizando la jornada de trabajo, los policías estaban exhaustos, necesitaban descansar la mente y así poder trabajar mejor en los casos. David cerró la puerta de su despacho y vio salir a Manuel del despacho de Fernando.

-¿Ha vuelto? –Le preguntó al chico.

-No, he ido a recoger estos papeles, pero no hay nadie.

-Voy para mi casa, si te quieres venir…

-Perfecto, dame dos minutos.

A la vuelta estuvieron pensando otros posibles motivos sobre la muerte de los tres hombres, pero no quedaba otra opción, la asesina tenía que ser esa chica, la hija en acogida de Cifuentes, solo quedaba hablar con ella.

-¿Estás seguro que esa chica pueda ser Eli? –Preguntó Manuel mientras cerraba la puerta del coche en la oscuridad de la noche.

-Estoy casi seguro, he llamado a unos contactos y nos ha dicho que tiene diecinueve años recién cumplidos y que su hijo tiene casi cuatro meses.

-¿Encaja?

-Perfectamente.

Cuando David entró por la puerta de su casa, todos estaban tumbados en el sofá viendo unos dibujos animados.

-¿Cómo estás? –Le preguntó a su mujer.

-Mejor, ya apenas me duele. Tienes que contarme todo. –Le dijo sonriendo.

-Corina, esto es privado. –Le contestó él con sorna.

-De privado nada, soy tu mujer y me debes información. Sabes que yo no lo voy a comentar con nadie. –Se sentó a su lado y mientras dejaba a la pequeña durmiendo le contó a su mujer todos los detalles de la visita a los padres de Helena Rivero y la exposición posterior en el despacho.

-Vaya… ¿Crees que sea Eli? –Preguntó ella abrazándose a sí misma.

-Puede ser, antes necesitamos hablar con Victoria, no quiero ponerla en alerta y que se marche, por eso tengo que tener tanto cuidado contando las cosas.

-Lo sé, pero tranquilo que de aquí no sale. Por cierto, ¿cómo va la investigación de la desaparición de Esther? ¿Sabéis algo de Fernando?

-Nada, nuestra teoría es que se ha marchado con ella, ya que no aparecen ninguno de los dos.

-Pues yo no pienso así. Los conocíamos y sabes que no harían algo así. Yo nunca he dudado de Fernando, es más, tengo miedo de lo que le haya podido haber pasado. Son muchos días desaparecido, David.

-He ido a su casa y allí no hay nadie. –Le contestó él mientras se disponía a preparar la cena, ella lo siguió hasta la cocina.

-Por eso mismo, tienes que indagar más en ese tema.

-Pero, ¿cómo lo hago? –Preguntó el chico mientras hacía unos bocadillos.

-He estado pensado y si Esther estaba con dos hombres aparte de Fernando y uno era Cifuentes, ¿quién era el otro? Por lo que me dijiste solo os dieron una descripción, pero no habéis sabido más nada de él. –La chica se sentó en una silla.

-Tenemos su descripción, pero una de las limpiadoras del bar donde trabajaba Esther, comentó que lo había visto marchándose en un taxi con una maleta.

-Eso puede ser verdad o no. ¿Y si él le ha hecho algo a Fernando también? Precisamente para que ocurriera lo que ha ocurrido. Qué desapareciera y así dejarais el tema porque pensarais que se había largado con Esther y que era él quien la había retenido

-No lo sé Corina, no sé qué hacer. –El chico comenzó a revolotearse el flequillo.

-¿Por qué no llamas al jefe de personal de ese bar y le pides alguna grabación dónde se pueda ver a ese chico? Así podréis saber de quién se trata.

-Sí, voy a llamarle. Aunque, es un poco tarde, ¿no?

-Para nada, solo son las nueve. Así mañana te lo tendrá preparado y saldréis antes de dudas. –Le aconsejó la chica mientras terminaba de preparar los bocatas.

David llamó a Joaquín Hurtado y le dijo que no había problema, mañana en cuanto tuviera la grabación que le había pedido iría a comisaría a acercársela. Su mujer tenía razón, quizás Fernando estuviera en peligro y él no había hecho nada por solucionarlo, estaba siendo un mal amigo y un mal compañero.

**Miriam y Manuel estaban tumbados en el sofá de aquel pequeño apartamento, abrazados, viendo su serie favorita. Ella suspiró y él sonrió.

-¿Y ese suspiro? –Le preguntó mientras le sonreía.

-No lo sé, quizás sea por amor. –Le contestó ella risueña.

-Ojalá… -El chico comenzó a jugar con su pelo.

-¿Te preocupa algo?

-Bueno, el trabajo. Tenemos muchos problemas.

-¿Qué ocurre? –La chica se incorporó un poco y lo miró. Él le contó todo lo relevante al día.

-Dios mío, vaya historia… Esa chica se veía muy afectada, yo estaba delante cuando nos contó que se había casado con su marido por irse de casa.

-David quiere que vayamos a hablar con ella, para así salir de dudas.

-Claro, si es ella tenéis que saberlo cuanto antes.

-Estoy bastante cansado, ¿te vienes a la cama? –Le preguntó.

-¿Para dormir? –Bromeó ella.

-En principio era para eso, pero contigo puedo hacer una excepción. –La chica salió corriendo hacia el cuarto entre risas y él la persiguió, cuando ambos se encontraron se fundieron en un largo y apasionado beso.

**La mañana siguiente amaneció con una gran tormenta. David despertó con el ruido de un trueno. Abrió los ojos y se desperezó. Apenas eran las siete de la mañana, pero no podía dormir más pensando en lo que había hablado el día anterior con su mujer. ¿Dónde estaba Fernando? ¿Qué había pasado con él? Se levantó y se tomó un café, luego llamó a Manuel para preguntarle si iban juntos a comisaría y éste le dijo que sí.

A las siete y media salió corriendo hacia el coche, la noche anterior lo dejó aparcado en una calle contigua y se mojó un poco, al igual que Manuel. Durante el camino no hablaron mucho, puesto que aún estaban prácticamente dormidos. Cuando se bajaron, comenzó a llover de una manera increíble y los dos se pusieron empapados. David entró en su despacho y se quitó la camisa, tenía que dejarla que se secara, mientras se puso un polo que dejó allí unos días antes. Revisó el informe que Manuel le había hecho sobre su charla con Joaquín Hurtado y la descripción de aquel chico. Fue al despacho de su compañero y cuando entró estaba de espaldas y sin camisa, él también se la había quitado para que se secara y así evitar un resfriado.

-¿Qué ocurre? –Le preguntó Manuel nervioso mientras se sentaba en la butaca.

-No, nada, solo venía a decirte que mañana a las cuatro tenemos que ir a hablar con Victoria.

-Está bien, a esa hora estaré preparado.

David salió del despacho y se dirigió a dónde estaba Antonia.

-¿Has averiguado algo sobre Norma Cifuentes?

-Un poco, pero tampoco mucho.

-Cuéntame. –David se sentó al lado de la mujer, que aún estaba buscando información en el ordenador.

-Bueno, Norma Cifuentes llegó a casa de Rodrigo y Victoria cuando contaba con ocho años de edad y hace un mes cumplió los diecinueve años. He llamado a la persona encargada de llevarla a la casa que se asignó de acogida y le ha costado un poco recordarla, pero al final me ha contado porqué llegó hasta allí. Por lo visto su padre biológico engañaba a su madre con otra mujer y no pudo resistirlo, cuando se enteró lo mató. Luego ella se volvió loca y hoy en día aún está en un en un manicomio. La niña pasó a ser hija de Victoria y Rodrigo y su madre jamás supo de los abusos a los que la niña estaba siendo sometida por Cifuentes, pero cuando cumplió los diecisiete años, una amiga suya lo destapó todo, siendo ésta asesinada. A Norma, la mandaron a un pueblo, dónde pasó su embarazo y nada más. Luego no se sabe qué pasó con ella ni con el niño, es cómo si se los hubiera tragado la tierra.

-Habrá que hablar mañana con Victoria, a ver ella que nos cuenta.

-Eso ha sido lo único que he podido averiguar.

-¿No hay ni una foto de esa niña? –Preguntó él.

-De mayor no, sólo ésta, cuando tenía ocho años. –La mujer giró la pantalla del ordenador para qué pudiera verla.

-Me recuerda a alguien. –Dijo él pensativo.

-¿A Eli? –Preguntó ella.

-Puede ser, ahora mismo no caigo. Era una niña muy bonita.

-Sí, lo era, una lástima que haya pasado esa infancia. Lo que yo no entiendo es eso de tener que disfrazarse para matar, y esas notas con esas frases, todo relacionado con Marilyn.

-Yo tampoco, pero quién lo haya hecho, sus razones tendrá de operar con esa figura por delante, algún día saldremos de dudas.

-¿Cómo está tu niña? –Le preguntó la mujer cambiando de tema.

-Preciosa, es increíble cómo se puede llegar a querer a algo tan pequeño.

-Sí, es cierto. –Le dijo sonriendo.

**Norma ya estaba en aquel pueblo. Cuando llegó se encerró en su cuarto. Su tía le caía bien, pero no quería tener relación con nadie, cada día su vida se hacía más y más difícil. Ahora estaba esperando un hijo, pero mirando el lado positivo, no tenía que soportar más los abusos de su padre y podría dormir tranquila por las noches.

Comenzó a deshacer su maleta y lo puso todo en orden tampoco tenía tantas cosas. Entonces alguien llamó a la puerta. Ella recogió su melena en un moño y abrió la puerta. Era su tía, con un chico.

            -Mira, él es un vecino, se llama Alfonso y seguro que podéis ser amigos. –Él le sonrió y ella también. Luego la mujer se fue y él se sentó con ella en la cama a hablar. Era de estatura media, algo regordete y con unas gafas grandes.

            -¿Cómo que te has venido a este pueblo tan aburrido? –Le preguntó el chico.

            -Ya ves, mi madre me ha obligado.

            -¿Estás embarazada?

            -¿Cómo lo sabes? –Preguntó ella mirándolo con sus grandes ojos llenos de incertidumbre.

            -Siempre he tenido un sexto sentido para saber si las mujeres estaban embarazadas.

            -Ah, eso será un don.

            -Sí, eso parece. –Le respondió el chico riendo.

            -¿Quién es el padre? ¿Algún amor de la juventud?

            -La cosa es mucho más difícil que eso. No puedo contártelo. –La chica decidió guardarse aquello para ella.

            -Somos amigos, Norma.

            -Sí, pero hace minutos que te conozco, dame tiempo.

            -Vale, te lo daré. Aquí podemos salir juntos y hacer muchas cosas, así cogerás confianza conmigo y podrás desahogarte.

            -¿No tienes amigos? –Pregunto la chica.

            -No, yo siempre he sido el raro del lugar, nadie me quiere.

            -Vaya.

            -Pero no te preocupes por eso, yo sé vivir así. Cuando me ha dicho tu tía que estabas aquí me he vuelto loco de alegría, al fin podría tener una amiga.

            -Sí, claro. Me encantaría tener algún amigo por aquí.

            -Ya me tienes. –Le dijo él agarrándole la mano. Ella la separó al instante- Tranquila, no me gustan las mujeres, soy más de hombres. –Norma sonrió aliviada.

            -Menos mal.

**Mariana llamó por teléfono estando en el aeropuerto, Parker tenía que saber que tenía que irse, cambiar de aires. No tenían ni una prueba en su contra, por lo que no podían detenerla en el país. Se iba a Inglaterra a empezar una nueva vida. No podía seguir viviendo en la casa dónde había vivido tantos años con Javier, él ahora estaba muerto y tampoco podía irse a Palma del Río, a la casa de sus padres, estaba demasiado cerca. Una prima suya le había hecho un hueco en el hotel donde trabajaba como limpiadora y allí podría comenzar una nueva vida. Había sido mala pata estar incriminada de alguna manera en los asesinatos de aquellos hombres, pero era verdad que no había tenido nada que ver, aunque algunas veces, todo apuntara a ella.

-¿Dígame? –Se oyó la voz de David al otro lado de la línea.

-Soy Mariana, si te llamo es para que no te vuelvas loco buscándome. Me voy fuera, necesito desconectar de todo esto.

-No puedes irte, estamos en medio de una investigación y tú eres sospechosa.

-No tienes pruebas para poder retenerme y te digo con el corazón en la mano que yo no tuve nada que ver en todo eso.

-Mariana…

-No voy a escucharte más, tampoco voy a decirte dónde voy y no me busquéis, puesto que no tenéis pruebas en mi contra, además yo me declaro inocente de todo lo que se me acusa. Espero que lleguéis pronto a la verdadera asesina. –Y colgó.

David se quedó mirando el móvil, no le había dado tiempo a contarle la historia de Javier y su otro matrimonio, el asesinato de su hija Helena… ¿Tenían suficientes pruebas para retenerla en el país? No.

Alzó la vista y pudo ver a Joaquín Hurtado entrar por la puerta, venía vestido como siempre, pero hoy olía más a limpio que de costumbre.

-Buenos días, venía a traerte la grabación que me pediste. Solo he encontrado un video en el que salga él, no se ve muy bien, está de perfil y en la barra. –Le informó el hombre dándoselo al chico.

-Muchas gracias, lo veré lo antes que pueda, le estoy muy agradecido.

-¿Se ha sabido algo más de esa chica?

-Nada, no se ha sabido absolutamente nada.

-Espero que tengan suerte y la encuentren pronto.

-Gracias.

El hombre se despidió y salió por las puertas de comisaría. David no tardó nada en meterse en su despacho a mirar aquella grabación. Encendió el ordenador rápidamente e insertó el CD. Entonces pudo ver aquel bar, el ángulo en el que estaba puesta la cámara hacía que se viera toda la barra. Eran las diez y media de la noche de un día a principios de septiembre. Esther estaba atareada poniendo unos cubatas a unos clientes y entonces pudo verlo. Allí estaba ese hombre. Era rubio, con el pelo largo y ondulado y tenía unas gafas bastante modernas, vestía como si fuera un motero y entonces vio lo que temía ver. Ya sabía quién era aquel hombre. No podía decir nada, él mismo se encargaría de seguirlo, para así saber dónde tenía a Esther y, posiblemente a Fernando.

**Corina había ido a Fuente Palmera, necesitaba arreglar unas cosas y solo allí había la tienda especializada para ello. Había vuelto a dejar los niños con Miriam, algunas veces le daba vergüenza, pero sus padres estaban fuera y no tenía a nadie con quién dejarlos. Al menos sabía que estaba en buenas manos. Metió la mano en el bolso para llamar a su marido a ver si tenía un ratito para tomar café,  entonces sintió una mano en el hombro. Cuando se giró pudo ver a una mujer morena, con el pelo recogido en un moño alto y una gran barriga asomaba por debajo de una blusa azul cielo, tenía unas grandes ojeras.

-¿Eres Corina? –Preguntó la chica.

-Sí, ¿quién eres?

-No me conocerás, pero yo sí sé quién eres tú. Me llamo Rosa, soy la supuesta mujer de Manuel. –Le dijo la chica.

-Hola Rosa, he escuchado hablar de ti, pero no te ponía cara. –Le dijo la chica. Ambas se apartaron un poco y comenzaron a hablar.

-Quiero hablar contigo. ¿Es verdad que Manuel está con otra chica? ¿Una tal Miriam?

-Yo es que no soy nadie para hablar de ese tema si él no lo ha hablado contigo ya, él es tu marido, yo…

-No es mi marido, ese es el problema, por eso no puedo exigirle nada.

-¿No es tu marido? Pero si él nos contó…

-Corina, creo que Manuel esconde algo, por eso quiero hablar contigo. Yo lo estoy pasando muy mal y no me atrevo a ir a hablar directamente con tu marido.

-Dime, te estoy escuchando.

-Algo ha pasado. Él cambio radicalmente de un día para otro. Yo siempre he sido de aquí, de Fuente Palmera. Él no, pero le conocí por casualidad y me enamoré de él como una loca. Estuvo un tiempo viviendo aquí  y no me echaba cuentas, yo ya estaba embarazada, de otro chico, una antigua pareja.

-¿No es de él el niño que esperas? –Preguntó ella.

-No, como te he dicho es de mi antigua pareja. Él en un día pasó de no quererme ni ver a quererme mucho, yo no entendía el porqué. Me dijo que se había dado cuenta que me quería, que estaba enamorado de mí, que se haría cargo de este niño…

-¿Y qué tiene eso de malo?

-En principio nada, pero luego me dijo que teníamos que hacerle creer a todo el mundo que él era mi marido y que el hijo que esperara era de los dos. Teníamos que aparentar la familia perfecta. Corina, yo le he escuchado hablar con el tal Rodrigo Cifuentes.

-¿Con Rodrigo? –Preguntó ella asombrada.

-Sí, con él. Por eso creo que él tiene algo que ver en algún lio del que yo no he sabido nada. Yo quería hablar con tu marido, pero no quiero acercarme por comisaría.

-Bueno, no te preocupes, yo se lo digo.

-Él ha cambiado mucho, ahora dice que se ha enamorado de Miriam y me da miedo que pueda hacerle lo mismo a esa pobre chica que me hizo a mí, dejarla por otra cuando se harte de ella.

-Yo hablaré con mi marido y le contaré todo lo que me has contado.

-Gracias por escucharme. –Le dijo la chica con una media sonrisa.

-De nada.

Cuando se marchó, la chica sacó el teléfono y consiguió que su marido tuviera unos minutos para ella. Habían quedado en el bar que había frente a la comisaría, allí tomarían un café y podrían hablar. Al entrar en el establecimiento, Corina vio a su marido sentado al fondo y la saludó con la mano.

-¿Llevas mucho tiempo aquí? –Le preguntó mientras le daba un dulce beso.

-No, acabo de llegar.

-Tengo que hablar contigo de algo muy importante. Me he encontrado a la mujer de Manuel, a Rosa, no sé cómo, pero me ha conocido, se me ha acercado y me ha dicho que Manuel ha cambiado mucho y que ella misma lo había escuchado hablar con Rodrigo. Lo que no entiendo es la relación que podía haber entre ellos.

-Corina, esta mañana he visto algo que no me ha gustado y tú me vas a ayudar. No puedo enfrentarme solo a esto, tengo la cabeza en mil sitios con las investigaciones y además no dejo de pensar en el pobre Fernando.

-¿Qué ocurre? No me asustes.

-Todo ocurrió esta mañana, después de la tormenta que cayó. Manuel se vino conmigo para el trabajo y cuando salimos del coche, nos pusimos chorreando. Cuando llegué a mi despacho, comencé a revisar un informe con todo lo que Joaquín Hurtado le había contado a Manuel sobre el misterioso chico que se veía con Esther y su descripción. A parte de eso, el hombre dio otros datos. Ese chico tenía un tatuaje en la espalda, un tatuaje con el nombre de Esther. –La camarera les trajo los cafés.

-Sí, ¿y qué ocurre?

-En ese momento recordé que habíamos quedado con Victoria mañana por la tarde para hablar con ella y fui a su despacho a decírselo. Cual no fue mi sorpresa cuando entré y él también se había quitado la camisa mojada. Vi el tatuaje en la espalda, Corina. Lo vi perfectamente, ponía: Esther.

-¿Es cierto lo que me estás contando? ¿Crees que sería tan torpe de poner eso en el informe sabiendo que podía repercutirle en un futuro?

-Ha cometido un error garrafal. Aun así, yo actué con normalidad, aunque él se puso bastante nervioso. Yo hice como que no había visto  nada.

-¿Y cómo sabes que es él?

-Al rato llegó Joaquín Hurtado con la grabación. La puse y se ve el chico con el mismo tatuaje en la espalda, pero es rubio, de pelo largo y ondulado y vestido como si fuera motero.

-¿Entonces no es él, verdad?

-Sí lo es, me costó reconocerlo, pero sí lo es. Una persona que lo conozca más a fondo como yo, que trabajo diariamente con él, no se equivocaría. Ese chico se cortó el pelo y se lo tiñó de negro, se quitó las gafas y la perilla y cambió la vestimenta. Así se transformó en el nuevo Manuel. Y pensándolo mejor, él pudo ser quién colocó las cosas de Esther en el cajón de Fernando, para incriminarlo de manera directa.

-No puedo creerlo… Por cierto, Rosa me ha dicho que no estaban casados. Ella siempre había estado loca por él y él jamás se había interesado por ella, hasta un día que le dijo que tenían que hacer creer a todo el mundo que estaban casados y qué ese niño que traían era de los dos, cuando ese bebé, no es de él. Rosa ya estaba embarazada cuando le conoció.

-Dios mío, seguramente lo hizo para comenzar una nueva vida y que nadie lo relacionara con Esther…

-Seguramente lo hiciera para eso. Pero, entonces, eso que dijo la limpiadora…

-Eso lo hizo para que todos creyeran que se había ido. Luego iría a su casa y se haría el cambio de look.

-¡Por dios! Pobre Miriam, ha estado viviendo con ese hombre…

-No le digas nada aún, ahora es la hora del desayuno, durante esa media hora, él siempre desaparece y no sabemos dónde se va. Quizás vaya dónde tiene a Esther. Lo vamos a seguir con tu coche, para que no sospeche.

-¿Yo también voy a ir? –Preguntó la chica.

-Sí, hoy vas a ser mi ayudante.

-Encantada.

Ambos salieron del bar y fueron en busca del coche de Corina, luego esperaron en la puerta a que él saliera de comisaría, como hacía todas las mañanas y desapareciera durante una hora.

**Oscuridad. Sus ojos solo podían palpar la oscuridad de aquella habitación. ¿A caso nadie se había dado cuenta de su ausencia? ¡Ayúdenme! –Gritó- Sus manos estaban atadas a sus espaldas, de la misma manera que los pies. No podía levantarse de aquella silla, pero tenía que salir de allí, si seguía así moriría. Una persona necesitaba comer e hidratarse y él apenas hacia nada de las dos cosas. Había comenzado a hacer calor, un calor demencial. Ella estaba al otro lado de la puerta, no la había visto, pero la presentía.

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