LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 8

**A las siete y media de la mañana sonó el despertador. David se estaba lavando los dientes, cuando su móvil sonó. Vio que era Manuel, ¡Se le había olvidado llamarlo para preguntarle sobre el resultado de la autopsia de Óscar Vidal!

-Manuel, buenos días.

-Buenos días, David. Anoche no te llamé. Cuando llegué a casa, Miriam me dijo que acababais de llegar del médico y no quise molestar. Por lo que sé, ¿Corina está bien, verdad?

-Sí, gracias. Ahora mismo le duele un poco la cabeza, pero está bien. ¿Te llamó el forense?

-Sí, para eso te llamo. Me dijo que no hay duda, murió el cuchillazo en el cuello. Solo eso, no pudo darme más datos.

-Bien. Esta tarde quiero pasarme por la casa de Fernando, ya me está preocupando. –Le dijo el chico.

-Sí, es lo mejor, llevamos muchos días sin saber nada de él. Te veo en comisaría en un rato.

-Llegaré con unos minutos de retraso, quiero ayudar a mi mujer a arreglar a los niños para que no lo haga sola.

-Está bien. Hasta ahora.

** Cuando David entró por la puerta de comisaría, eran las nueve de la mañana. Había mucho revuelo en la habitación que utilizaban para tomarse el café, por la cual entraba una luz espléndida. Allí estaba Antonia, Manuel y algunos compañeros más, los cuales no dejaban de hablar de sus cosas como si el mundo se fuera a acabar de un momento a otro.

-Buenos días, ¿qué tal? Os veo animados. –Saludó David cuando entró.

-No hay buenas noticias, Parker. –Le informó la mujer.

-¿Ahora qué pasa? –Preguntó él en tono cansado.

-Ha habido otro asesinato en el pueblo. –Le informó Manuel mientras se sentaba justo frente a su colega.

-¿Cómo? –Preguntó incrédulo.

-Sí. Nos acaban de llamar apenas cinco minutos antes de que tú llegaras.

-¿Dónde ha sido?

-Tenemos la dirección de la casa, ha llamado una mujer. –Antonia le dio la dirección al chico- Por cierto, te tengo el informe que me pediste sobre la información relacionada con esa noticia de hace año y medio, está encima de tu mesa.

-Perfecto, en cuanto vuelva lo miro. Manuel, vente conmigo.

Cuando llegaron al lugar indicado, David comprobó que no estaba lejos de su casa, a tan solo unas calles. Allí estaban sus compañeros de la científica, se puso nervioso al pensar que últimamente los estaba viendo más de lo que él querría.

-¿Qué ha pasado? –Preguntó a un chaval completamente calvo que estaba echando fotos.

-Este hombre ha sido apuñalado brutalmente. –David no creía lo que sus ojos estaban viendo. Era Javier Falcón, tendido en un charco de sangre.

-¡Por dios, es Javier! –Exclamó Manuel asombrado.

-Sí, es él. ¿Ha habido algún testigo? –Preguntó a otro hombre.

-Sí, la mujer que cuidaba de su hermano. Está dentro con un gran ataque de nervios.

-¿Hace mucho que murió?

-Calculamos que sobre las cinco de la mañana.

-Vamos a ver a esa mujer. –Le indicó David a Manuel y los dos entraron al interior de la casa mientras todos esperaban al levantamiento del cadáver. Allí estaba la susodicha, sentada en una silla, liada en una manta y con una taza de café en la mano. Tenía los ojos hinchados de llorar.

-¿Qué ha ocurrido? –Le preguntó David sentándose a su lado.

-¡Dios mío, ha sido tan desagradable! ¡Yo lo vi todo! –Alegó la mujer llorando a moco tendido.

-¿Qué fue lo que vio? –Manuel prefirió quedarse de pie, los nervios no le dejaban vivir en aquel momento.

-Tengo que estar despierta básicamente toda la noche ya que el hermano de Javier se ahoga y no puedo quitarle el ojo ni un minuto. Él se vino ayer, yo no pude decirle nada, puesto que esta casa era de sus padres y por ende, le pertenece a él también. Durmió en el sofá y yo suelo echarme en una mecedora que tengo al lado de la cama de Eugenio. A las cuatro y media aproximadamente, cuando estaba adormilada, sentí la puerta, alguien estaba llamando. Me pareció muy raro, ya que nadie suele llamar a esas horas a esta casa. Me puse las zapatillas y cuando salí, Javier ya había abierto. Me acerqué un poco y pude verla, le estaba clavando el cuchillo. Yo no daba crédito a lo que estaba viendo. Luego esa mujer me miró sonriendo, se acercó a él, le dio un beso y se marchó.

-¿Qué destacaría de esa mujer? –Preguntó David, aunque ya sabía la respuesta.

-Iba disfrazada.

-¿Era esta mujer? –Preguntó el chico sacando una foto de Marilyn que se había llevado, sabiendo que le haría falta.

-Sí, era ella. Tenía hasta el lunar.

-¿Intuye usted quién puede ser? –Preguntó Manuel mientras apuntaba en su libreta.

-No, no tengo ni idea. Luego llamé a la policía, pero llamé a Córdoba y me mandaron a estos señores, me dijeron que se pondrían en contacto con la comisaría más cercana.

-Está bien, gracias.

Los chicos salieron de la casa  cuando ya habían montado el cadáver de Javier en la ambulancia, y allí estaba Mariana, viéndolo todo desde una esquina. Tendrían que hablar con ella, como siempre. Esa mujer siempre estaba metida en todo lo que ocurría, sin excepción.

-Tome esta foto, por si le sirve. –Le dijo un hombre a David y le dio una foto del cadáver de Javier.

-Gracias. –Allí estaba aquel hombre, con los ojos cerrados y el mismo beso en la mejilla que tenían Rodrigo y Óscar- ¿Se ha encontrado algo más?

-Sí, una nota.

-¿Le importa que la vea?

-No, para nada. –El chico cogió un trozo de papel que habían metido en una bolsita de plástico y pudo leer: “Las mujeres nos vengamos mejor y en silencio”

-¿Qué pone? –Preguntó Manuel nervioso. El chico le pasó la nota.

-Los tres asesinatos están relacionados. Estos hombres están relacionados por algún vínculo, que no sabemos todavía, pero tenemos que averiguarlo. ¿Quién pueden tener en común que quisiera matarlo a los tres?

-¿Hace falta que te lo diga? –Preguntó el chico mientras se acercaban al coche, para volver a comisaría.

-No. Mariana, ¿verdad?

-Sí, esa chica ha pasado la última noche de Rodrigo y Óscar con ellos y es la ex mujer de Javier, y de sobra sabemos las desavenencias que ha habido entre ellos.

-Es verdad. –David puso rumbo a comisaría.

Al llegar había un par de personas que habían tenido un choque con los coches y necesitaban ayuda. Manuel fue el encargado de resolver el asunto. David entró en su despacho y cerró los ojos al sentarse, no podía más con todo. Fernando lo había dejado solo con toda aquella situación. Tres asesinatos, la misma asesina y las mismas pruebas en cada escenario del crimen. Esther no había aparecido, pero él tampoco podía encargarse de eso con todo lo que llevaba hacia adelante. No sabía si había decidido largarse con Fernando o qué había ocurrido entre ellos. Estaba desechando la idea de ir a casa de Fernando a ver qué había ocurrido con él, pero pensó que era su deber, al menos así tendría la conciencia tranquila. Se metió en el ordenador y decidió mirar la cuenta del banco. Quizás su padre ya hubiera hecho la transferencia. Había pensado mucho en todo, en el tiempo que estaba perdiendo de sus padres y lo que ellos se estaban perdiendo, el no poder ver a sus nietos, el llegar un domingo y no poder salir a pasear con ellos… Quizás debería olvidarlo todo y empezar de nuevo. Gracias a ellos, muchas personas iban a poder vivir dignamente. Lo hablaría con Corina y así decidiría que hacer con todo aquello. La transferencia había llegado. Los ojos se le pusieron como platos cuando vio la cantidad tan exageradamente grande que había en ella. No podía perder ni un minuto en comenzar la construcción de las casas. También le darían la sorpresa a Raúl y a Blanca y le haría un regalo a Corina. Esa misma tarde se acercaría a hablar con esas personas, que llevaban unos días viviendo en los terrenos que el ayuntamiento les había asignado, pero en tiendas de campaña. Por lo que se había enterado, con la fiesta benéfica que habían hecho, no habían sacado prácticamente nada por cabeza.

Entonces se acordó del informe que Antonia había redactado sobre la información que le había dado. David comenzó a leer.

“Una chica de dieciséis años de edad había desaparecido en el municipio de La Carlota, provincia de Córdoba, hacía un año y medio. Sus padres alertaron a la policía cuando vieron que la niña no llegaba después de haberse ido a ver el cine con sus amigas. Después de una intensiva búsqueda por parte de la policía del lugar hallaron el cadáver de la adolescente en un descampado cercano, con graves signos de violencia. Al parecer había sido brutalmente violada y posteriormente asesinada por asfixia. Jamás se llegó a encontrar al asesino, al parecer se extrajeron unas huellas, pero la familia, al conocer los resultados, prefirieron no seguir adelante con el procedimiento y dejar las cosas como estaban. Con aquellas pruebas que se realizaron a las huellas encontradas, se supo la identidad del misterioso hombre que había violado y matado a la chica, pero su propia familia quiso que todo quedara en silencio. La razón, no se sabe”

Cuando David levantó la mirada, pudo ver los datos que constaban en el informe. El nombre y los apellidos de la chica y los de sus padres. Iría a hablar con ellos, necesitaba saber por qué dejaron libre al criminal de su hija a sabiendas de quién era.

**Victoria no podía dejar de pensar en lo que había hecho, le dolía el corazón de la culpa. ¿Y si confesaba? Lo que hizo era un delito, pero no podía decir nada, no podía jugarse su libertad. Y pensar que todo lo hizo por el malnacido de su marido. Él no le había agradecido nada en la vida y sólo de pensar el mal que les hizo a tantas personas se ponía enferma.

Quizás algún día se sintiera con fuerzas para ir a esa comisaría de policía y decir toda la verdad, pero por ahora prefería esperar.  ¿Habría encontrado Parker lo que ella estaba buscando? Si aquella noticia salía a la luz, todo reventaría. Si indagaban un poco en el tema llegarían a aquel oscuro secreto que guardaba. No podía permitírselo, pero ¿qué podía hacer?

Esperar era la única solución, aunque quizás hubiera otra mejor… En aquel lugar no habría más sufrimiento ni más dolor, no tendría que pensar más en todo lo que hizo y en todo lo que sabía. Hubiera preferido vivir en la ignorancia.

**Corina se sentía un poco aturdida todavía, aunque el médico le había dicho que era normal, debido al golpe tan grande que se había llevado, pero en poco tiempo estaría totalmente recuperada. Se tendió en el sofá un rato, asimilando aún la muerte de aquel hombre, todos estaban muriendo, pero nadie era capaz de poner en pie el nexo de conexión entre esos hombres, ¿Qué mujer podía haberlos matado? Solo se le había ocurrido Mariana, todos pensaban en Mariana, pero quizás no hubiera sido ella, nadie sabía la verdad de todo aquello y era su marido quién tenía que sacarlo a la luz, quizás tuviera que ayudarle, pero tenía muy poco tiempo con los niños, la casa y el trabajo, tenía el día más que completo. Escuchó la puerta y se incorporó un poco. Era David, traía a Luis en brazos.

-¿Cómo estás, cariño? –Le preguntó mientras le daba un beso en los labios.

-Mejor, pero aún me duele. ¿Luis no estaba jugando con su amigo?

-Sí, pero ha venido a por un juguete y ahora vuelven a estar juntos. –El niño salió corriendo hacia casa de su vecina.

-¿Cómo por aquí tan temprano? –Preguntó ella volviendo a echar la cabeza en el cojín.

-Quería veros. ¿Y Carmen?

-Dormida en el cuarto, estaba muy inquieta, no sé qué le pasa.

-Quizás sea el calor. Verás, quería hablar contigo de algo que he estado pensando…

-¿Sobre qué?

-Bueno, hay varias cosas. La primera es que quiero ir a ver a las personas afectadas por el derrumbe de sus casas, mi padre ya me ha hecho la transferencia y mientras antes comencemos con la construcción mejor.

-Perfecto, ¿y la segunda?

-Corina, quizás estoy perdiendo un tiempo que es oro con mis padres. Si te digo la verdad, no sé ni siquiera si podré llegar a perdonarlos sinceramente algún día, pero mis niños se están criando sin abuelos paternos y ellos no están disfrutando de sus nietos, ni de nosotros. Están solos en el mundo y no sé si eso está bien.

-Me parece genial que estés recapacitando un poco. Yo siempre te he dicho que deberías tener una larga charla con ellos, los tres a solas y así poder aclarar definitivamente vuestras diferencias.

-Además, mis abuelos están muy mayores y también quiero disfrutar de ellos.

-No sabes cómo me alegro, David. –Le dijo ella mientras le acariciaba el rostro.

-Ahora voy a hablar con esas personas, pero tú quédate aquí, quiero que descanses y te repongas pronto. –Carmen comenzó a llorar.

-Tráemela, por favor. –Le pidió Corina en tono suplicante.

-No te preocupes, ahora mismo voy a por ella.

Cuando David puso rumbo a la zona alta del pueblo, pero en el otro extremo donde originariamente vivían ellos, pudo ver cómo esas familias estaban metidas en tiendas de campaña. Tenían hornillas que funcionaban a gas para poder hacer la comida y los productos que podían echarse a perder si los dejaban fuera de la nevera, los tenían las vecinas que le habían querido hacer el favor de guardárselos. Al entrar, se dirigió a la mujer que había en la primera tienda de campaña. Estaba dándole un yogurt a un niño rubio de ojos azules y otro exactamente igual, estaba esperando su turno.

-Hola. –Dijo él mientras le revoloteaba el pelo a uno de los gemelos.

-Hola, ¿puedo ayudarte? –Preguntó ella sin entender la presencia de aquel hombre en la que ahora era su casa.

-Sí, necesito hablar con las quince familias afectadas.

-¿Eres aquel policía que nos atendió, verdad?

-Sí, soy yo. David Parker. –Le tendió la mano.

-Yo soy Araceli Valencia. ¿Hay novedades?

-Sí, bueno, quiero ayudaros, pero a título personal.

-¿A título personal? –Preguntó ella incrédula. La chica era bonita, muy bonita, pero se le veía la tristeza reflejada en el rostro.

-Exacto, pero quiero que estéis todas las familias, o al menos algún miembro.

-Está bien, yo me encargaré de avisarlos. Espéreme aquí. –La chica le señaló una silla de mimbre- Lo siento, pero no tengo otra cosa. Míreme un momento a los niños.              –David le sonrió mientras tomaba asiento. A los pocos minutos un pequeño revuelo se había formado. El chico ya se había hecho amigo de aquellos gemelos y se conocía toda la colección de juguetes que tenían.

-Chaval, Araceli nos ha dicho que quieres hablar con nosotros. –Dijo un anciano sin dejar de golpear su bastón con el suelo, posiblemente de lo nervioso que estaba.

-Así es. Me gustaría que hubiera al menos un miembro de cada familia afectada. ¿Es así? –Preguntó él levantándose y poniéndose a la altura de todos.

-Sí, hay al menos un representante de cada familia. Nos ha dicho que nos quieres ayudar a título personal, pero no entendemos.

-Yo sé la injusticia tan grande que se está cometiendo con vosotros, pero por desgracia es algo legal. Yo quiero ayudaros, puesto que he recibido una herencia, con la cual no contaba. Me gustaría poner en pie vuestras casas, una a una, con todo lo necesario. Sé la falta que os hacen. –El chico se cruzó de brazos esperando respuesta de aquellas personas, las cuales tenían la cara desencajada en ese momento.

-¿Nos habla enserio? –Atinó a decir una mujer regordeta.

-Muy enserio. Si vosotros me lo permitís, yo pondré el dinero para construcción de vuestras casas.

-Es demasiado… -Dijo Araceli con uno de los niños en brazos.

-Sí, pero necesito que me dejéis ayudaros.

-¿Cuenta con tanto dinero como para construir quince casas? –Preguntó un chico joven al fondo.

-Exacto. No es ninguna broma. Si aceptáis, además de la construcción, la amueblaré y os la equiparé. No quiero que nadie se quede en la calle.

-No sabes cómo te lo agradecemos, David. -Alegó alguien muy emocionado.

-No tenéis que agradecérmelo a mí, sino a mi padre. En realidad la herencia es de él, pero me la ha donado íntegra y por eso puedo ayudaros.

-Dale las gracias a tu padre de nuestra parte. –Dijo el mismo hombre de antes.

-¿Entonces estamos de acuerdo? –Hubo un silencio que el chico interpretó como un sí. Luego algunos murmullos y finalmente todos sonrieron. Una de las mujeres más mayores se abrazó a él llorando.

-Esta noche llamaré a la constructora en la que he pensado. Le diré que tienen que estar lo antes posible. Primero se harán los planos, se pondrá con cada familia a ver como queréis vuestra futura casa y luego comenzará la construcción. Todo será entre ellos y vosotros, a mí solo me llamará para los pagos.

-Sí, pero de verdad, no podemos creerlo aún. –Araceli sonrió mientras temblaba.

-Pues creerlo, en breve tendréis vuestra casa y todo volverá a ser como antes.

Después de una pequeña reunión, dándose las señas y los datos, David volvió a casa contento. Gracias a Gonzalo Parker y a su padre, él podía ayudar a esas pobres personas a volver a tener la vida que tenían. Quizás no pudiera devolverle los recuerdos en sus antiguas casas, qué ya habían sido derrumbadas, pero sí les había devuelto la sonrisa en sus caras y sobre todo las ganas de vivir.

LA CARLOTA. UN AÑO ANTES.

Cuando la chica fue supervisada por el ginecólogo, éste no podía creerlo. Aquella niña tenía graves signos de violación. Ella le contó toda la verdad entre lágrimas, su madre estaba delante, también lloraba sin parar, era una historia increíble. ¿Cómo podía no haberse dado cuenta del daño que su marido le estaba haciendo a su hija? Aunque no la hubiera parido, la quería. Helena se había quedado fuera, esperándolas.

Cuando ambas salieron de la consulta tenían los ojos hinchados de llorar y su madre aún estaba asimilando la noticia. Un niño. Un niño en casa. ¿Cómo iba a tomarse aquello la gente? No podía permitirlo.

            -Norma, no puedes tener ese niño y lo sabes. –Le dijo en voz baja mientras salían del médico.

            -¿Qué niño? –Preguntó Helena- ¿Estás embarazada?

            -Sí. –Respondió ella llorando. Su amiga la abrazó.

            -No puedes tenerlo, lo siento.

            -Yo no puedo deshacerme así de un hijo. ¡Es mío!

            -¡Tuyo y de mi marido! –Gritó la mujer.

            -¡Él me violaba! Yo no quería quedarme embarazada de él.

            -No se habla más de éste tema, mañana mismo vamos a que te deshagas de ese mocoso.

            -No lo voy a hacer.

            -¿Cómo qué no?

            -No. –La chica siguió en sus trece.

            -¡Ese niño es fruto de una violación! –Le gritó de nuevo su madre, ya dentro del coche. Helena no hablaba, no quería meterse en asuntos familiares.

            -¡Lo sé! ¿A mí me lo vas a decir? ¡He sido la que he sufrido todo esto!                          –Norma comenzó a llorar desesperadamente.

            -Dale gracias a dios que ese señor que te ha revisado es mi amigo y va a hacerme el favor de no hacer esto público ¡Podrías hundir mi matrimonio!

            -Mamá, soy tu hija. ¿De verdad te importan más las apariencias que lo que tu marido me ha estado haciendo? –Preguntó en voz bajita.

            -Yo te quiero, pero le quiero más a él. Cuando tú llegaste yo llevaba mucho tiempo a su lado y si tengo que sacrificar a alguien, va a ser a ti.

            -Señora… -Comenzó a decir Helena, pero decidió callarse.

            -Nada. Tú no vas a tener ese hijo.

            -No puedes obligarme a abortar, aunque tu marido sea el padre de este niño, yo quiero tenerlo, soy su madre y mi moral no me deja deshacerme de él así como así.

            -Está bien. Ahora mismo te voy a mandar con mi hermana María, ella vive sola en un pueblo y nadie va a sospechar de esto.

            -No quiero irme.

            -Elige. O te vas allí, o abortas. Da gracias a dios que te estoy dando la opción de que elijas.

La chica se cayó y echó la cabeza en el hombro de su amiga. Si quería tener a aquel hijo tenía que irse a aquel pueblo, con la hermana de su madre. ¿Por qué le había tocado vivir aquella situación? Ella era una niña feliz con sus  verdaderos padres, pero ¿qué pasó? ¿Por qué tuvieron que abandonarla un día? Su destino estaba marcado y no podía hacer nada en contra de aquello.

**Habían pasado varios días, y nada habían podido averiguar. David había ido a la casa de Fernando, pero allí no había rastro de nadie. No había podido entrar, obviamente, puesto que no tenía llaves, pero por fuera la casa tenía una soledad absoluta. Se había puesto en contacto con la familia de la niña desaparecida para hablar con ellos, al principio se mostraron bastante reacios, pero al final entendieron que era sumamente importante para la investigación que tenían entre manos. También habían hablado con Mariana, la mujer se mostró tranquila y moderada, hablaba con cordura y David no tuvo otro remedio que creerle todo lo que le decía, puesto que no había otra alterativa, no tenía ni una prueba que la incriminara directamente, así que tuvieron que dejarla en libertad.

Iban de camino a La Carlota, tenían una cita con Patricia Morales y Nacho Rivero, los padres de la chica.

-¿Crees que sacaremos algo en claro de todo esto? –Preguntó Manuel a David, que iba mirando fijamente a la carretera.

-Solo espero que estén por la labor de ayudarnos. –Se limitó a decir.

-¿Te ocurre algo? –Preguntó el chico- Te veo muy serio, llevas así toda la mañana.

-No, sólo que me ha impactado el nombre de la madre de la chica.

-¿Patricia? –Preguntó él sin saber muy bien a qué se refería.

-Sí.

-¿Por qué?

-Hace unos años yo estaba con una persona que se llamaba como ella.

-¿Lo dejasteis? –Preguntó el chico.

-No, ella murió. La mataron delante de mis narices.

-Oh, dios. Lo siento. –Pensó que sería mejor no preguntar más.

-Su asesino fue el mismo que el de Víctor Suárez, el niño de cuatro años, su mismo padre. Ese balazo venía para mí, pero ella se puso en medio y la mataron. También era policía.

-La querías mucho, por lo que veo, ¿no es así?

-Muchísimo, pero ya ves, me la quitaron.

-Bueno, piensa en la familia que tienes ahora.

-Sí, amo a Corina como a nadie en el mundo y a mis hijos, sin ellos no sé qué hubiera sido de mí. Pero es inevitable que algunas veces me acuerde de ella, igual que Corina recordará a Luis, su anterior esposo, que también murió.

-No sabía nada.

-Tuvo un accidente con el coche. Se llevaron muy poco días él y Patricia, los dos murieron casi al mismo tiempo y aquellas muertes fueron las que nos acercaron a nosotros.

-Es una historia triste pero bonita. –El chico le sonrió.

-Sí. Ya hemos llegado, esta es la casa. –Los chicos aparcaron delante de una gran casa de color salmón, tenía un jardín bastante amplio a la entrada y unos perros revoloteaban por allí. Llamaron al timbre y no tardó en abrirles un hombre canoso, de ojos negros y con la mirada entristecida.

-Vosotros deben de ser los señores que llamaron ayer. –Dijo el hombre, tenía una voz cálida.

-Sí, somos nosotros. ¿Podemos pasar? –Preguntó David.

-Claro, entren, mi esposa les está esperando.

**El sol entraba por la ventana de la cocina y los rayos se reflejaban en aquella página que había preparado para contar su historia. Victoria ya lo había decidido, no podía vivir más con aquello dentro de su corazón. Sabía que dios la había perdonado y ahora tenía un sitio para ella a su lado. Quería marcharse de allí, ya no tenía  a nadie con quien compartir lo que tenía, su marido había muerto y se encontraba sola como la una y encima con un secreto como aquel a sus espaldas. No podía seguir así, aquello tenía que acabar lo antes posible. Cogió un bolígrafo y comenzó a escribir. Fuera se escuchaba el ruido de los pájaros cantando alegremente, a ella siempre le habría gustado ser un ave para así tener alas y poder volar, ser libre, pero no lo era, solo era una mujer que no podía más con su conciencia.

LA CARLOTA, UN AÑO ANTES.

Helena no podía creer lo que le habían hecho a su amiga. ¡Estaba embarazada! ¿Cómo podía ser posible? Ese monstruo de su padre la había dejado en estado y ahora su mujer se ponía de su parte. Norma ya estaba en el pueblo de su tía, fuera del alcance de todos, allí pasaría los nueve meses de su embarazo y luego, según sus planes, se marcharía con su hijo, no quería saber más nada de esa familia que tanto daño le había hecho.

Se miró en el espejo y vio que no tenía la cara tan radiante como siempre, quizás fuera por la pena que sentía por su gran amiga. Se peinó su cabello largo y moreno y escucho a sus amigas fuera de casa, esa noche iban a ir al cine, le dolía que Norma no estuviera, pero tenían que seguir con sus vidas.

La película había sido un éxito, se habían reído hasta no poder más, le habían dicho que estaba bien, aunque pensó que la gente eran unos exagerados, pero se equivocaba, se había reído como hacía tiempo que no lo hacía. Cuando sus amigas se fueron hacia su casa, ella tenía que volver sola a la suya, no estaba lejos, tan solo a quince minutos. Decidió ir ligera, para así llegar antes. Miró el reloj, eran las doce de la noche, la hora que debía de estar en casa. Entonces sintió una mano en el hombro, ella abrió los ojos con miedo a darse la vuelta y entonces los vio.

            -¿Qué queréis? –Preguntó en voz bajita.

            -Así que tú eres quien le ha dicho a mi mujer lo que hacía con Norma… -Dijo el hombre en tono amenazante.

            -Sí, bueno, tenía que ayudarla. –La chica hablaba atropelladamente.

            -¿Ayudarla? Ahora está lejos. Hemos salido perdiendo los dos. Tú ya no ves a tú amiga y yo tampoco la tengo conmigo.

            -¡La dejaste embarazada! –Gritó desesperada.

            -¡Cállate! –El hombre la cogió por el cuello y la apretó contra él.

            -Suéltame. –Le suplicó la chica.

            -No, esta noche tenemos un cometido, tanto él como yo…

            -Papá, ayúdame, tú no puedes hacerme esto. –La voz de la chica era una súplica, mientras veía los ojos de su padre mirándola.

            -Soy tu padre, pero me estorbas. Si alguien se entera de tu existencia, me puedo ir al garete. –Le dijo con voz ronca.

            -Esta noche vas a ser nuestra. –El aliento del padre de Norma le rozaba el cuello.

            -No por favor…

            -Te vamos a sellar la boca para siempre. –La cogió del pelo y la arrastró hasta un descampado cercano, estaba a tan solo unos metros.

            -No me hagáis daño… -La chica comenzó a llorar cuando la tiraron al suelo y le quitaron la camiseta.

            -¿Empiezas tú o empiezo yo? –Preguntó un hombre a otro.

            -Empieza tú, yo no quiero violarla. ¡Es mi hija, joder! Quiero que desaparezca, pero no quiero acostarme con ella.

            -Eres un cagado, siempre te lo he dicho.

            -¿Yo un cagado? ¡Quítate de ahí! –El hombre se recostó encima d su hija, que no paraba de llorar y patalear. Entonces comenzó a abusar de ella.

            -¡No, suéltame! –La chica intentaba huir, pero estaban destrozándola, ahora sabía lo que sentía Norma.

            -Toda tuya. –Le dijo el padre de la chica a su amigo, una vez hubo terminado.

            -Ahora vas a saber quién soy yo. –El hombre se abalanzó sobre ella, fueron unos minutos largos, los minutos más largos de la vida de Helena.

            -Se acerca tu final. –Le informó el padre de la chica mientras se acercaba a ella con una cuerda en la mano.

            -¡No! ¡Yo no diré nada, lo prometo! Dejarme ir…

Fue demasiado tarde, entre los dos sujetaron a la chica y le pasaron la cuerda por el cuello hasta asfixiarla. Luego la dejaron allí tirada, desnuda y con los ojos abiertos ante la oscuridad de la noche.

**Al entrar al salón, David vio a aquella mujer, morena de ojos verdes, sumida en la más grande de las tristezas. Apretado contra su pecho tenía la foto de su hija Helena, una chica preciosa y con un brillo especial en los ojos.

-Hola, Patricia. –Saludó David al verla. Se dieron la mano a mano de saludo y los invitó a que se sentaran en uno de los sofás.

-Buenos días. –Se limitó a contestar la mujer.

-Sé que es muy difícil para usted tener que volver a hablar de ese tema, pero…

-No importa, a mí me gusta recordar a mi hija.

-Está bien, cuéntenos que pasó.

-Helena era una chica tan buena, tan hermosa, por dentro y por fuera… y me la mataron, esos hombres la mataron…

-¿De quién habla? –Le preguntó Manuel.

-Mi hija tenía una amiga, Norma. Esa chica siempre fue una desgraciada, yo me enteré de todo lo que le pasó apenas dos días antes de la muerte de Helena, ella fue quién me lo contó.

-¿A qué se refiere?

-Mi niña quería mucho a su amiga Norma y por lo que me contó ella había sabido desde siempre los abusos que soportaba esa criatura. Se conocieron en el colegio, cuando la chica llegó a La Carlota. Tenía ocho años y por lo que nos enteramos, sus padres biológicos murieron, fue un asunto bastante turbio, y entonces a ella la acogió una familia. Al parecer su infancia era buena, una niña normal, quería a sus padres y sus padres la querían a ella, pero no todo era tan bonito. Helena me dijo que su padre la violaba frecuentemente, que la destrozaba y la niña no podía ir a clase siquiera, por el dolor tan grande que sentía. Su madre no se dio cuenta de nada y la niña por miedo no se lo dijo. Así aguantó nueve años de su vida, hasta que un día se armó de valor, pero al final no tuvo fuerzas para decírselo a su madre y se lo pidió a mi hija. Ella habló con la madre, que no podía creerlo, la llevaron al médico y le hicieron una inspección, la chica estaba embarazada y efectivamente había sido violada todos esos años. El médico debería haber denunciado, pero conocía a la madre y ésta le pidió como favor que no dijera nada y él accedió, prefirió callar.

-Pero, ¿qué tiene que ver esta historia con la muerte de su hija?

-Mucho. Unos días después de marcharse Norma al pueblo de su tía, a pasar allí su embarazo, ella salió con sus amigas. Estaba muy triste, no podía dejar de pensar en su amiga, en cómo estaría, si se sentiría mal o bien, pero yo le dije que tenía que salir al cine y ver esa película tan buena que estaban echando. Fue a la vuelta, eran las doce de la noche y había un tramo que tenía que hacer sola para llegar a casa. Cuando eran la una y no volvía llamamos a la policía, no era normal en Helena no llegar a las doce, cómo nosotros le pedimos. –El padre de la chica comenzó a llorar.

-¿Qué ocurrió luego?

-Al día siguiente la encontraron en aquel descampado, la habían violado y luego asesinado.

-¿Por qué pone en la noticia que no quisieron seguir adelante con el proceso para meter a esos asesinos en la cárcel? –Preguntó David.

-De los restos de semen sacaron el ADN de las personas que le habían hecho eso a mí Helena y no podíamos creerlo. Uno de ellos tenía antecedente penales y su ADN estaba en la base de datos de la policía, pero el otro no.

-¿Cómo supieron quién era el hombre que no constaba en la base de datos?

-No sé cómo lo hicieron, pero se dieron cuenta que su ADN y el de mi hija coincidían…

-¿Qué quiere decir? –Preguntó Manuel nervioso.

-Era su padre, el verdadero padre de mi hija. –Los dos miraron a Nacho- Me casé con él cuando Helena tenía un año y la ha querido como si fuera suya, pero ese malnacido no la quería y tuvo que deshacerse de ella.

-Entonces Helena llevaba el apellido de su marido, por lo que veo ella se llamaba Helena Rivero Morales. –Leyó David en el informe.

-Sí, como le digo mi marido la ha criado como si fuera suya.

-¿Ella tenía alguna relación su padre biológico? –Preguntó Manuel.

-Sabía quién era, ella le llamaba papá, yo no quería, pero… Se veían muy poco, él no quería saber nada de ella.

-¿Por qué la mató?

-La explicación que nos dio es que no quería que su mujer supiera que tenía una hija, y Helena le había dicho que quería conocerla. Entonces prefirió matarla para así no tener ningún problema con su mujer.

-¿Por qué dejaron la cosa correr? Tenía que haber pagado lo que hizo.

-Yo no tenía fuerzas para levantar la cabeza de la cama, estaba todo el día encerrada y si lo hice fue por mi hija, aunque le hizo eso, ella no quería que su padre estuviera en problemas, aunque él no la quería, ella sentía un amor inexplicable por él, era como un animal, un amor salvaje. En una ocasión me dijo que si le ocurría algo por culpa de su padre, no quería que lo metieran en la cárcel. En ese momento no entendí por qué me lo decía, quizás por la situación que vivía su amiga, ella creyó que le podía pasar a ella y me dijo que por nada del mundo si a ella le pasaba algo así quería que su padre fuera a la cárcel y por eso lo hice, tenía que respetar la voluntad de mi hija, aunque me quemara por dentro.

-¿Podría darnos la identidad del padre biológico de su hija?

-¿Es necesario? –Preguntó ella secándose las lágrimas.

-Para la investigación es clave, tenemos que saber por qué Rodrigo Cifuentes guardaba esa noticia.

-¿Ha dicho Rodrigo Cifuentes? –Preguntó Nacho nervioso.

-Sí, ¿pasa algo?

-¡Oh, dios mío! –Exclamó Patricia.

-¿Qué ocurre? –Preguntó David mirándolo a los dos.

-Él fue el otro hombre que violó y mató a mi hija.

-¿Cómo? –David se levantó del sillón de la impresión ante las palabras de aquella pobre mujer.

-¡Él la violó y la mató junto a su padre! –Gritó Patricia llorando.

-¿Cómo puede ser posible? ¡Explíqueme eso!

-Él era amigo del padre de mi hija, Javier Falcón.

-¡Javier Falcón! No puedo creerlo… -Comenzó a decir David dando vueltas por el salón como un animal enjaulado

-Sí, entre los dos la mataron.

-Pero, ¿por qué?

-Muy fácil, Javier la mató porque no quería que su mujer se enterara que tenía una hija y Rodrigo…

-Rodrigo, ¿qué? –Preguntó Manuel impaciente.

-¡Rodrigo era el padre de Norma!

-¡Rodrigo no tenía hijos! –Exclamó Manuel.

-No tenía hijos biológicos, pero a ella la acogieron cuando tenía ocho años. Él y Victoria, su mujer.

-Demasiada información… -Le dijo David a Manuel.

-¿Conocen a Cifuentes? –Preguntó Nacho.

-Sí, él murió hace unas semanas y no sé si lo sabrán, pero Javier Falcón murió hace unos días.

-¿Han muerto los dos? –Preguntó la mujer asombrada.

-Sí, y entre sus muertes hay una similitud espantosa, una mujer los mató.

-¿Una mujer?

-¿Intuyen de alguien que pudiera haberlo hecho?

-No lo sé…

-¿Qué pasó con Norma, la hija de Cifuentes y el niño que estaba esperando?

-De ella lo último que supe fue que Victoria la mandó a casa de su hermana a pasar el embarazo pero no sé nada  más de esa chica y su hijo.

-¿Por qué no encerraron a Cifuentes en la cárcel? Tenían su ADN… -Preguntó Manuel mientras seguía apuntando datos.

-Aún no puedo explicármelo. Yo creo que tenía influencias, al final quedó libre.

-Vaya…

Cuando no había sitio para más información en sus mentes decidieron irse. Se despidieron amablemente de aquella pareja y le dieron las gracias mil veces por todo lo que le habían contado, por fin podrían comenzar a trabajar con algo.

-No puedo creerlo. –Dijo David cuando se montó en el coche y lo puso en marcha.

-Javier y Rodrigo violaron y mataron a una menor hace tan solo un año. Ahora los dos están muertos, asesinados por la misma mujer, pero, ¿qué pinta Óscar Vidal en todo este asunto? ¿Por qué lo mataron a él?

-Tengo que hablar con mi mujer, pero creo que recordar algo que me dijo el día del altercado en la fiesta benéfica.

-Dime lo que sea.

-Prefiero documentarme antes, pero puede que sepa quién es la misteriosa hija de acogida de Rodrigo y Victoria.

-¿De verdad?

-Sí, creo que todo encaja.

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Un comentario en “LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 8

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