LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 7

**Miriam se hizo un ovillo sobre sí misma. Estaba sentada en el sofá, viendo un programa de televisión de esos en los que solo salen cotilleos. Manuel se había ido al trabajo y ahora se sentía sola. Llevaban muy poco tiempo juntos, pero si se paraba a pensar, no podía imaginarse la vida sin él. Habían pasado unos días muy intensos, su relación no había sido como la de cualquier persona que primero tiene un proceso en el que se conocen y luego se van a vivir juntos. Desde el minuto cero habían convivido y por ahora les iba muy bien. Ella jamás creyó en el amor a primera vista, pero con él había ocurrido. Desde que David se lo presentó aquel día no se lo había podido sacar de su cabeza, pero tampoco quería ser la segunda. Gracias a dios, había dejado a Rosa, si él no la quería no podían seguir juntos como si nada. Por fin le tenía a su lado, y esperaba que, aunque todo hubiera sido muy repentino, fuera algo que durara para siempre. Con él quería tener hijos, una preciosa niña como Carmen, a la que quería con todo su corazón. Pero para eso tendrían que esperar un poco, ella no se encontraba mentalmente preparada para tener un bebé en brazos.

En ese momento llamaron a la puerta, miró el reloj, tan solo eran las cuatro. No esperaba a nadie, ¿quién sería? Se levantó y se dirigió a la puerta, al abrir, David le sonrió de oreja a oreja. Llevaba a la niña en brazos.

-Miriam, necesito que me hagas el favor más grande del mundo. –Le dijo él mientras entraba al apartamento.

-¿Qué ocurre? –Preguntó cogiendo a la pequeña.

-Necesito que te la quedes un rato. Verás, he visto pasar con el coche a la mujer de Cifuentes, Victoria, y creo que va para la casa donde él vivía. Corina está en una reunión en el colegio y se ha llevado a Luis, no sé dónde dejarla.

-Por eso no hay problema, sabes que quiero a esta princesa más que a nada en el mundo. –Dijo ella sonriendo.

-Gracias, de verdad. Cuídamela. –El chico salió despidiéndose con la mano.

-Tranquilo, no saldremos de aquí.

Cuando David llegó a la casa donde vivía Cifuentes, vio que la puerta estaba abierta. Por lo que sabía, esa casa era alquilada, no creía que Victoria tuviera acceso directo a ella. ¿Quién sería el arrendador? No tenía ni la más remota idea, pero no podía hacer otra cosa que entrar y averiguar que hacía esa mujer allí. Entró despacio y miró a la derecha, allí estaba la cocina, limpia hasta rozar la perfección. Toda la casa tenía un olor a lejía que echaba  podía llegar a resultar molesto, pero era obvio que tenían que desinfectar. A la derecha estaba el salón, un espacio abierto con un gran ventanal que daba a la calle, igualmente ordenado. Frente al mismo estaba la escalera que llevaba al segundo piso. Fue subiendo despacio, intentando hacer el menor ruido posible y escuchó a una persona moviendo papeles en el dormitorio que se situaba a la izquierda.

-Hola, Victoria. –Saludó David tranquilo. La mujer pegó un salto y se puso la mano en el pecho.

-¡Me has dado un susto de muerte! ¿Qué hace aquí? –Preguntó mirándole desafiante.

-No, la pregunta es ¿qué hace usted aquí? ¿Cómo ha entrado?

-Avisé a la casera y me ha dejado entrar.

-Esta casa ya no está arrendada por Rodrigo, no entiendo que puede estar buscando aquí.

-Verá, es que esta habitación aún guarda algunas pertenencias del que fue mi marido. Yo le pedí que no las tirara, que el día que me armara de valor, yo misma vendría a recogerlas.

-¿Y ha sido hoy ese día? –Preguntó él apoyando el hombro en el umbral de la puerta.

-Sí, me he sentido con fuerzas.

-¿Qué es lo que está buscando, Victoria? –Preguntó mirándola con curiosidad.

-Nada. –Dijo ella escondiendo una caja que tenía en la mano.

-¿Puede dejarme ver que hay ahí? –El chico se fue acercando a la cama, que estaba llena de papeles y otras cosas.

-No, no creo que haya nada que le pueda interesar. –Alegó ella nerviosa.

-Quizás sí, usted no puede saberlo.

-No, de verdad que no…

-Deme esa caja. –Dijo con la voz cada vez más firme. La mujer se la dio y retrocedió un poco.

-Quiero esas cosas, son de mi marido.

-Eran de su marido, ahora mismo tenemos una investigación abierta y todo lo que podamos aportar es bueno. Me parece bastante extraña su actitud. No quería saber nada, absolutamente de él y ahora se le ha enternecido el corazón y ha venido a por sus cosas. Perdóneme pero no es nada creíble. Si está aquí es porque busca algo para su propio beneficio.

-Tengo que irme. –Dijo la mujer cogiendo su bolso y saliendo por la puerta.

-Victoria, si usted tiene algo que ver con todo esto lo vamos a saber, puede estar más que segura.

-Busquen lo que quieran, yo no tuve nada que ver con el asunto.

La mujer bajó las escaleras corriendo y salió por la puerta. David se quedó inspeccionando un poco la zona. A los pocos minutos escuchó la voz de la casera.

-Oiga, tengo que cerrar la casa.

-Señora, estoy buscando unas cosas, soy de la policía, tenemos una investigación entre manos y espero que no le importe, como buena ciudadana que es.  –Dijo el chico en voz alta desde la planta de arriba.

-No, busque lo que quiera, estaré aquí abajo esperando.

-Perfecto.

El chico se sentó en la cama y comenzó a mover todos los papeles que había, pero no parecía haber nada relevante. Cartas del banco, de la luz, del agua, recibos del alquiler… Entonces abrió la caja y vio unas fotos. Eran Victoria y él de jóvenes, delante de una bonita casa, sonriendo. Quizás en esa época aún fueran felices. Más fotos de ellos dos, con un gato anaranjado y un perro color ceniza. No había mucho más, pero entonces encontró algo que le llamó la atención, era un recorte de periódico, de hacía unos años. “Una niña ha desaparecido en extrañas circunstancias” ¿Qué hacía Cifuentes con ese recorte de periódico escondido en el fondo de una caja? Leyó con más detenimiento la noticia.

“Una niña de diecisiete años ha desaparecido la pasada noche del 3 de junio. Según fuentes cercanas, la chica había salido con sus amigas al cine y sus padres al ver que no volvía a casa, decidieron llamar a la policía. Nada se ha sabido aún de la chica, que sigue en paradero desconocido”

David miró la fecha de aquel recorte, solo hacía un año y medio de la desaparición. ¿Tendría Cifuentes algo que ver en todo aquello? ¿O solo había recortado aquello porque le pareció en ese momento? Se lo guardó y pensó que  por ahí podrían comenzar a buscar algo.

Cuando salió le dio las gracias a aquella amable anciana y se dirigió de nuevo a su casa. Pensó que podría dejarle a Miriam un rato más a la pequeña, con ella sabía que estaba en buenas manos y él podría hacer unas llamadas para indagar un poco más en el tema.

-Manuel, he encontrado algo muy importante en casa de Cifuentes. –Le informó el chico por teléfono.

-¿Qué cosa?

-¿Estás en comisaría?

-Sí, claro. Es hora de trabajo para mí.

-Necesito que apuntes unos datos  y se los pases a Antonia, mañana quiero un informe detallado con todo lo que pueda averiguar respecto a ese tema. Pasado y presente. Creo que por ahí vamos a poder esclarecer parte de los hechos, me parece que todo está íntimamente relacionado. –El chico le relató todo lo relevante que había encontrado.

-Sí, no te preocupes. Por cierto, hace un rato ha llamado aquí la madre de Fernando. Por lo visto no saben absolutamente nada de él desde el sábado pasado. La mujer está realmente mal y yo no sé qué decirle.

-Me está comenzando a preocupar. ¿Dónde estará?

-No lo sé, pero tenemos que hacer algo por encontrarlo, al menos para saber que está bien.

-Sí, pero ¿dónde buscamos?

-Ese es el problema, que no sabemos nada. Sus padres mañana quieren venir a denunciar.

-Es lo mejor, lleva ya unos días desaparecido y no puede seguir así.

-¿No vienes esta tarde? –Preguntó Manuel mientras se levantaba para estirar las piernas un rato.

-No, estoy encargado de Carmen. Ahora mismo está con Miriam, pero en unos minutos voy a ir a por ella.

-Perfecto, entonces te veo mañana.

Cuando el chico colgó el teléfono se dirigió a casa de Miriam. Al llegar estaba planchando y Carmen dormía plácidamente en el sofá, protegida por unos cuantos de cojines.

-La he dejado dormido, se le cerraban los ojitos. –Le dijo la chica mientras dejaba la plancha a buen recaudo.

-Está bien, es la hora de su siesta. Espero no haberte molestado mucho, veo que estás planchando.

-No, no te preocupes, para mí es un placer quedarme con Carmen, es un amor.

-Gracias.

El chico cogió al bebé y se marchó a casa, cuando llegó se encontró a Corina y Luis que acababan de llegar de la reunión.

-¡Mis dos amores! –Gritó el chico cuando los vio. Luis se fue corriendo hacia él y se abrazó a su cintura- ¿Cómo ha ido la cosa, campeón?

-Se ha portado bien, la verdad me esperaba que fuera peor. –Dijo Corina sonriendo mientras cogía a Carmen que dormía plácidamente.

-¿De dónde vienes? –Le preguntó mientras entraban al salón.

-He dejado a la niña un rato con Miriam, he tenido que ir a casa de Cifuentes, he visto a Victoria pasar con el coche y supuse que iba hacia allí.

-¿Y qué ha pasado? –Preguntó con curiosidad mientras soltaba a la niña en el carrito.

-Nada, estaba como una loca buscando algo, aunque aún no sé el qué. Yo sí que he encontrado algo que puede ser muy relevante.

-¿Sí?

-Un recorte de periódico de hace un año y medio. Una chica desaparecida en un pueblo de Córdoba, La Carlota.

-¿Lo tenía guardado Rodrigo?

-Sí, eso es lo interesante. ¿Qué hacía él con eso? He llamado a Manuel y le he dicho que le encargue a Antonia un informe detallado sobre ese tema para mañana mismo.

-Que interesante. Espero que me tengas informada de todo.

-En teoría la investigación es privada, pero…

-David, no puedes dejarme intrigada, lo sabes. –Dijo ella sonriéndole.

-Tranquila, no lo haré.

En ese momento escucharon el agua en el cuarto de baño, Luis se había metido solo a bañarse y había llenado todo. Corina salió corriendo mientras le reñía y David no pudo más que reírse de la situación.

LA CARLOTA. UN AÑO ANTES.

Ya hacía nueve años que Norma llegó a aquella casa y cada día era menos persona. Su padre, aquel que le asignaron, estaba terminando con ella. Habían sido nueve años de abusos insufribles, todo lo que un ser humano pudiera imaginar, se lo había hecho a ella. Cada día que pasaba estaba más delgada y más demacrada. Había cumplido los diecisiete años, y era la adolescente más infeliz del mundo. Ya lo había pensado, tenía que hablarlo con su madre.

Se abrazó a su amiga Helena y la besó en la frente.

            -Vas a hacer lo correcto, ya va siendo hora que todo esto se sepa y ese cabrón pague. –Le dijo la chica con sus grandes ojos negros mientras la escrutaba.

            -Lo sé, pero no sé cómo se lo va a tomar ella.

            -Es tu madre, ella te ha criado desde los ocho años, te quiere y seguro que te va a creer.

            -Ojalá sea así. –Dijo la chica mientras se retrepaba en la cama.

            -Tú sabes que yo siempre te voy a apoyar, eso nunca lo dudes.

            -Hay veces que me siento con fuerzas y veces que no. Ahora mismo no puedo decírselo y tampoco me veo con fuerzas para decírselo jamás.

            -Si quieres yo puedo hablar con tu madre.

            -¿Harías eso por mí?

            -Claro, cariño. Eres mi mejor amiga, por ti haría lo que fuera. –Se recogió la larga melena oscura en un moño alto.

            -Está en la cocina. Ve ahora, no quiero perder más el tiempo.

Su amiga se levantó y bajó las escaleras en busca de la madre de su amiga. Norma se tendió en la cama y se tapó la cara con un cojín. Las lágrimas comenzaron a brotarle por la cara, esperando que su madre subiera hecha una fiera. A los pocos minutos escuchó unos pasos subiendo la escalera, seguramente sería ella.

            -Norma, ¿es verdad lo que me ha contado Helena? –Preguntó la mujer tranquila. Ella apretó más fuerte el cojín contra su cara, no podía detener las lágrimas.

            -Sí. –Se limitó a decir mientras se incorporaba.

            -¿Eres consciente de lo importante que es de lo que estás acusando a tu padre?

            -Sí, lo soy. Pero ya no puedo soportarlo más, me va a matar.

            -Yo te creo, pero necesito pruebas, debes entenderme.

            -¿Pruebas? ¿Qué pruebas puedo darte? No puedo andar, hay días que no puedo ir a clase porque no puedo andar. –Dijo ella aceleradamente.

            -¿Cuándo fue la última vez? –Preguntó ella mirando al suelo.

            -Hace un rato, antes de que llegaras del trabajo.

            -Necesito que vayamos ahora mismo al doctor y te exploren, nadie puede saber esto. –La chica se levantó y junto a su amiga se dirigieron a la calle. Quizás aquel fuera el día en el que sus abusos dejaran de existir.

**Mariana volvió a casa. Javier estaba sentado en la puerta, había sacado una silla para poder despejarse y pensar mejor.

-No puedo creer la vergüenza que me has hecho pasar en comisaría, creía que todo se había arreglado entre nosotros. –Dijo la mujer entrando por la puerta. Él se levantó y fue tras ella.

-¿De verdad estuviste con él su última noche?

-Sí, necesitaba ese trabajo para pagar tus deudas en el bar. ¿Sabes lo que es que cada vez que paso por allí, me pare el dueño y me ponga la cara colorada?                                           –Preguntó ella dejando las bolsas encima de la mesa.

-Estabas mejor cuando vivías en la casa heredada de tus padres en Palma del Río, ¿verdad?

-Al menos tenía más independencia.

-¡Qué independencia, joder! ¡Qué te acostaste con otro! ¡Ya habíamos hablado de qué ibas a dejar esa vida para volver conmigo! –El hombre pegó un puñetazo a la nevera.

-Deja la nevera quieta que ella no te ha hecho nada. Qué vergüenza, no podía creerlo cuando te vi encima de ese pobre policía, pegándole hostias.

-¡No podía retenerme!

-Ya, lo vi.

-Ellos te defendían, ¡encima te defendían! –Gritó el tirándose del pelo.

-No me defendían, simplemente intentaban que dejaras de llamarme puta delante de todo el mundo. Un rato antes, Parker me dijo que para él yo era la principal sospechosa de la muerte de los dos hombres, ¿Cómo me va a defender? Simplemente no querían que siguieras insultándome.

-Ahora entiendo todo… -Dijo el hombre mirándola con furia.

-¿Qué es lo que entiendes? –Preguntó ella terminando de meter unas cosas en el mueble de la cocina.

-Te acuestas con Parker, ¿verdad?

-¡Estás loco! Él tiene su mujer y sus hijos, no creo que necesite nada de eso.

-Ya…

El hombre cogió su sombrero y se lo puso. Luego salió a la calle. Mariana gritaba desde la puerta preguntándole a dónde iba, pero él ni siquiera giró la cabeza. A los pocos minutos había llegado a la plaza. Eran las ocho de la tarde, los niños jugaban tranquilamente y sus risas llenaban el pueblo de alegría. Se dirigió a la casa de David y Corina le abrió la puerta.

-Hola Javier, ¿qué quiere? –Preguntó la chica que llevaba a Carmen en brazos mientras le daba un biberón.

-¿Está tu marido? –Preguntó él furioso.

-Ahora mismo no está. –Contestó ella tranquila mientras mecía a la niña.

-¡No me engañes, yo sé que está en tu puta casa, dile que salga! –Comenzó a gritar.

-¿Qué le pasa? No grite así, le va a escuchar toda la plaza. Vuelva en otro momento, le digo que ahora mismo no está. –Javier se giró y miró a la calle contigua. Allí vio el coche del chico.

-No me engañes más, ese es su coche, ¡Su maldito coche, dile que salga!

-¡Te digo que no está! Lo siento pero tengo muchas cosas que hacer. –La chica intentó cerrar la puerta, pero el hombre metió el pie en medio. Pegó un empujón y la abrió por completo, de la fuerza con qué lo hizo, Corina cayó al suelo con Carmen, por suerte, la niña cayó encima de ella, pero del susto comenzó a llorar  desconsoladamente. Su madre fue la que se llevó un gran golpe en la cabeza con la pared, gracias a dios, no perdió el conocimiento en ningún momento, pero no podía levantarse del sitio.

-¡Mami, mami! –Gritaba Luis sentándose a su lado.

-Cariño, coge a la hermanita y ponla en el sofá. –Dijo ella a duras penas.

-¿Se ha hecho pupa? –Preguntó el asustado.

-No, mi amor. Haz lo que te digo, ponla en el sofá. –El niño cogió al bebé con cuidado y la dejó en el sofá. Corina escuchaba como el hombre registraba su casa.

-Ya está, mami. –Dijo el niño mientras se sentaba en el suelo al lado de ella, que no tenía fuerzas para levantarse debido al gran golpe en la cabeza.

-Mi vida, coge el teléfono y llama a papá, como yo te he enseñado.

-Sí, mami.

**Manuel estaba bastante cansado aquella tarde, ya eran las ocho y media y tenía ganas de volver a casa. David estaba esperando un fax con los resultados de la autopsia.

-Ha llamado los de la científica hace un rato. –Le informó David mientras ordenaba unos papeles.

-¿Hay algo?

-Nada. Por lo visto el otro día cuando me llamaron para decirme que no había ni una huella que pudiera tener relevancia, yo les insistí en que siguieran buscando, pero no han encontrado nada.

-Vaya…

-¡Y yo que no iba a venir esta tarde! Pensaba quedarme en casa con mis niños y mi mujer… Y resulta que tengo que venir porque va a llamar el forense.

-Yo podía haber atendido la llamada. –Le dijo Manuel.

-No, da igual. Prefiero hablar yo con él.

En ese momento sonó el teléfono del chico.

-¿Sí? –Contestó con ganas de terminar lo antes posible para irse a casa.

-Papi, tienes que venir a casa. –Se escuchó la voz de su pequeño hijo al otro lado de la línea.

-¡Luis! ¿Por qué me llamas? ¿Ha pasado algo? –Preguntó nervioso.

-Mami no puede hablar, está tirada en el suelo, un hombre ha venido a casa y la ha empujado, a ella y al bebé, pero yo he ayudado a mi hermanita y la he puesto en el sofá.

-¿Qué? ¡No te muevas! ¡Cuida de mamá y de la hermanita, yo estaré ahí enseguida! –El chico cogió sus cosas, muy nervioso.

-¿Qué pasa? –Le preguntó Manuel.

-¡No sé, era mi hijo, dice que ha entrado un hombre en casa, que Corina y la niña estaban tiradas en el suelo…! ¡Me tengo que ir, si llama el forense atiéndele tú, por favor!

-Sí, claro. Espero que no sea nada, Parker, si necesitas algo, llámame. –El chico lo acompañó hasta la puerta y vio cómo se llevaba el coche patrulla. A él aún le quedaba esperar la llamada del forense, cuando lo que más quería en el mundo era estar con Miriam tumbados en el sofá viendo una película.

**Cuando David aparcó junto a la puerta de su casa, vio cómo Mariana corría calle arriba, en dirección a su casa.  La mujer hizo ademán de hablar con él, pero no la escuchó, cerró la puerta del coche y entró. Allí seguía Corina, tirada en el suelo, se había quedado dormida. El chico se arrodilló junto a ella y comenzó a darle pequeños golpecitos en la cara, sabía que después de un porrazo en la cabeza, no podía quedarse dormida.

-Mi amor, despierta. –La chica hizo el intento de abrir los ojos.

-Los niños… -Comenzó a preguntar ella.

-Están bien, están aquí, a salvo. –Se levantó y fue a ver a Carmen, que estaba tumbada en el sofá con los ojos muy abiertos y callada, mirando el techo. Su hermano le estaba haciendo cosas con un peluche para que no llorara.

-¿Quién ha hecho esto? –Preguntó David mientras volvía al lado de su esposa.

-Ha sido Javier Falcón. –Dijo ella. Él la cogió en brazos y la tumbó en el sofá, luego fue a la cocina a por unos hielos que puso en el golpe.

-¿Pero cómo ha ocurrido todo?

-Venía preguntando por ti. Yo le dije que no estabas y no me creyó, intentó entrar a la fuerza y yo caí al suelo, con la niña en brazos. Me pegué un golpe grandísimo con la pared y Carmen cayó encima de mí, con suerte. Luego Luis la puso en el sofá.

-Por dios, ¿qué quería ese hombre?

-No lo sé, pero ha estado buscándote por la casa, salió un minuto antes de que tú llegaras.

-Tenemos que ir al médico que te vea ese golpe.

-No, estoy bien.

-Nada de eso, vamos a ir ahora mismo.

-No podemos dejar a los niños solos. –Dijo ella mirando al sofá que tenían al lado dónde los dos estaban entretenidos.

-Voy a ir a llamar a Miriam. Le pediré que se venga aquí con ellos.

-Me da cosa esa muchacha, siempre está pendiente de los niños, sobre todo de Carmen, no quiero molestarla más.

-No es una molestia, créeme. Ella los quiere mucho. –Le dijo él rozándole la mejilla.

-Espérate aquí. Ahora voy a llamarla y vamos al médico, luego me encargaré de Javier Falcón.

El chico salió en busca de Miriam, que cuando se enteró de lo ocurrido no tardó en irse para casa de Corina. Cuando la vio allí tirada en el sofá, se acercó y le dio un beso. Luego cogió a la niña y abrazó a Luis.

-No puedo creerme que ese hombre os haya hecho eso.

-Sí, no está bien. ¿Y David? –Preguntó la chica incorporándose un poco.

-Se ha quedado fuera hablando con esa tal Mariana.

-¿Mariana?

En ese momento el chico entró en casa con la mujer. Iba con los ojos desencajados, no podía creerse lo que su marido le había hecho a esa pobre mujer.

-Lo siento… -Dijo ella mientras se acercaba a Corina.

-¿Qué le pasaba a tú marido?

-No lo sé, está hecho una furia.

-¿Por qué ha venido a mi casa? –Le preguntó David.

-Él creía que tú te acostabas conmigo. –Le explicó.

-¡¿Cómo?! –Exclamó el chico.

-Sí, se ha montado una historia en su cabeza.

-¿Dónde está?

-No lo sé, ese malnacido se ha ido.

-¿Dónde se ha ido? –Preguntó Corina.

-Quizás esté en de su hermano. El hombre está muy mal, lo está cuidando una chica las veinticuatro del día.

-Mañana me encargaré de eso. Ahora tienes que ir al médico. –Le dijo el chico a su mujer.

-Ese hombre no merece vivir después de esto. Es un hombre machista, toda la vida me ha tenido reprimida y no me ha dejado ser cómo yo soy. Ojalá tenga una muerte lenta y dolorosa. –Esta última parte la dijo en voz bajita, ninguno de ellos pudo oírla.

-Tranquila, váyase a casa y ya mañana yo me encargaré de él, pero le puedo asegurar que de ésta no se va a librar.

Los chicos salieron de casa y se montaron en el coche. La consulta en el médico no duró mucho, Corina solo tenía el golpe y le mandaron unas pastillas y el consejo de que no se durmiera en un rato.

**        -Mi amor, sabía que no podía separarme de ti, aquí me tienes, contigo. –Dijo el chico mientras se sentaba en la típica butaca que tenía junto a su amada.

            -Todo esto va a salir a luz muy pronto, yo lo sé. Pero yo estaré aquí, a tu lado y los dos nos iremos juntos. Nadie podrá interponerse entre tú, yo y este amor tan grande que nos une.

Después de besar sus fríos labios, la abrazó como pudo. Sintió el frío que desprendía aquella belleza de mujer y sonrió. Quizás lo había conseguido, y la tendría con él para siempre.

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