LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 6

****Acababa de llegar a casa, pero no quería verla, ¡Porqué tenía que volver a verle la cara a la amargada de Eli! ¿Cómo podía haberle dirigido la palabra a ese camarero? Era una mujer de mala vida, como la maldita Mariana, ¿cómo podía haberle dicho todo aquello delante de la gente, siendo su empleada? Le debía el máximo respeto, ya no por ser su empleada, simplemente por ser mujer. Todo ser humano de sexo femenino le debía un respeto.

-Aquí estás maldita… -Susurró acercándose lentamente a la cama, donde estaba su mujer acostada.

-¡¿Qué haces aquí?! –Preguntó ella levantándose de la cama. Se dirigió a la cuna y cogió a Aitor. Sintió como su cuerpo temblaba por completo.

-¿Te creías que ya te habías librado de mí? No ibas a tener tanta suerte…

-Óscar…

-Vas a pagarme la vergüenza que me has hecho pasar en esa maldita fiesta.

-¡Yo no hice nada, solo iba a pedir un refresco! Estás enfermo… -Dijo la muchacha sin poder remediar que unas lágrimas comenzaran a recorrer su rostro.

-¿Enfermo? ¿Ahora soy un enfermo? ¿Te acuerdas de cuando eras una desgraciada en casa de tus padres adoptivos? ¿Quién te sacó de ahí? ¡¿Quién?! –El hombre estaba fuera de sí, el pelo le caía por la cara y tenía los ojos ensangrentados.

-Tú, fuiste tú… -Afirmó la chica mientras abrazaba al bebé.

-Me debes fidelidad para el resto de mi vida. ¡Suelta a ese mocoso! –El chico se acercó a ella y cogió al niño de mala manera tirándolo en la cama. El bebé comenzó a llorar desesperadamente.

-¡No! ¡No toques a mi hijo! Suéltale. –El hombre se giró y la miró con los ojos llenos de furia. Luego salió de la habitación y el silencio se adueñó de la casa. Eli corrió hacia su pequeño y lo cogió entre sus brazos, acunándolo, hasta que se volvió a dormir.

Lo soltó dulcemente en la cuna y lo arropó. Luego salió de la habitación al escuchar unos ruidos en la parte de abajo. Cuando bajó las escaleras allí estaba su marido, hablando con alguien, pero ¿quién era?

LA CARLOTA. CUATRO AÑOS ANTES.

Norma no podía aguantar más todo lo que su padre le hacía, tenía que contárselo a su madre, pero sabía que no la iba a creer. Ya tenía catorce años y la situación era insostenible. Había días que no podía ir a clase, se inventaba que se sentía mal, que le dolía la cabeza o la tripa, pero todo era mentira. No podía caminar, le dolía tanto que no podía. ¿Por qué le hacía todas aquellas cosas? Su amiga Helena no veía normal todo aquello y más teniendo catorce años. Ellas ya estaban empezando a tener sus primeros novios, pero Norma no podía. Ni siquiera podía soportar que un chico se le acercara. Estaba destrozada por dentro, no era más que un pedazo de carne que respiraba y por eso vivía. Su madre le preguntaba qué le pasaba todos los días, se preocupaba por ella, pero le contestaba que no le ocurría nada, quizás fuera el cansancio de los exámenes.

Se sentó en cama y se hizo un ovillo. Sólo de pensar que esa bestia de su padre pudiera entrar y volver a abusar de ella la ponía enferma. Quizás estuviera bien que la viera un médico, estaba muy dolorida y apenas podía andar. Se lo había contado a su amiga y ella solo le aconsejaba que lo denunciara, que fuera al médico y denunciara, pero ella sabía que si hacía eso perdería a su madre y eso no podía ser.

            -Cariño, Helena ha venido a verte. –Le informó su madre asomando por la puerta.

            -Bien, dile que pase. –La adolescente se tumbó en la cama y no pudo reprimir las lágrimas.

            -¿Cómo estás? –Le preguntó la chica sentándose a su lado. Su madre las había dejado solas como cada vez que venía a verla.

            -Mal, me duele todo, no puedo ni ponerme de pie.

            -Norma, no puedes soportar más eso, tienes que ir que te vea un médico.

            -No puedo, si mi madre se entera de lo que él me hace…

            -Es muy cruel, él no tiene derecho para violarte y abusar de esa manera. ¡Te está destruyendo!

            -Lo sé, pero por ahora solo debo callar, no puedo hacer nada.

            -¿Te imaginas que un día tu madre os ve y cree que está siendo consentido? Tienes que avisarla antes.

            -No, tranquila, él me toca solo cuando ella no está delante. Se asegura que se haya ido y que vaya a tardar un rato en volver.

            -Puedo acompañarte ahora mismo al ginecólogo, tiene que hacerte una inspección.

            -Te lo agradezco Helena, pero es mejor que deje las cosas como están. –En ese momento se escuchó la voz de su madre informándoles de que se iba al trabajo, regresaría por la noche.

            -Ya se va tu madre… -Dijo la chica con pena.

            -Sí, en cuanto aparezca la bestia…

            -Vente conmigo a casa, vuelve esta noche, cuando tu madre ya esté en casa.

            -Me buscaría y luego lo pagaría peor aún. –En ese momento se escuchó la puerta de la calle y los pasos subiendo la escalera.

            -Hola chicas, ¿qué hacéis? –Preguntó el hombre desde el umbral de la puerta.

            -Estamos hablando. –Dijo Norma incorporándose un poco.

            -Pues dejaros de tanta charla que hay que estudiar. Helena, vete a casa, otro día vienes a visitarla. –La chica se levantó sin ganas y le dio un beso a su amiga, luego se marchó.

            -¿No le habrás contado nada? –Preguntó el hombre cerrando la puerta a su espalda.

            -No. –Respondió ella asustada.

            -Cada día estás más mayor y más guapa. –Le dijo mientras le acariciaba la mejilla.

            -No…

            -Me he encontrado con tu madre cuando he llegado, se iba al trabajo. ¿Sabes lo que eso quiere decir? –Preguntó sentándose a su lado.

            -Por favor, no… -Comenzó ella a lloriquear.

            -¿Cómo qué no? ¿Acaso no te gusta? –El hombre comenzó a besarle el cuello.

            -Me duele mucho, otra vez no…

            -Tranquila, esta vez seré más cariñoso.

            -No…

            -¡Cállate! No te quiero escuchar ni hablar ni llorar. –Dijo en tono firme.

La chica no pudo hacer nada, cuando quiso darse cuenta lo tenía encima. El dolor era tan insoportable que creía que iba a morir. Cerró los ojos y se imaginó un futuro mejor, pronto llegaría un hombre que la quisiera y la valorara y sobre todo, que la sacara de aquel infierno.

**Antonio se había levantado temprano, como de costumbre. Seguía esperando la llamada del abogado para que le diera la buena noticia de que aquel hombre le había comprado todas las empresas. Miró al cielo y estaba azul. Le gustaba mucho salir a pasear los domingos, aunque le gustaría aún más si pudiera hacerlo con sus nietos. Él sabía que ninguno era hijo de sangre de David, pero aun así los quería. Miró el reloj, eran las siete y media de la mañana, quizás ese día se había pasado madrugando. Cerró la puerta de casa y se fue a dar un paseo, con el fresco de la mañana. Pensó que con su mujer cada día iban peor las cosas, habían pasado muchísimos años y aún seguía queriendo a Sofía como el primer día. Le dolía que lo único que le había dejado en la vida, David, ahora mismo no le hablara. Pidió un milagro con la mirada puesta en el cielo, algo que por lo menos hiciera un acercamiento entre ellos.

Cuando más sumergido estaba en sus pensamientos, alguien se chocó con él, con tanta fuerza que lo tiró al suelo. Miró hacia aquella persona que iba corriendo y pensó que la juventud estaba muy mal. La figura de aquella mujer se perdió en la lejanía y la perdió de vista.

Se levantó a trompicones del suelo y escuchó unos gritos. Los gritos desesperados de una mujer. El hombre corrió unos metros hasta que llegó a una bonita casa, no estaba nada lejos de la suya.

-¿Qué ocurre? –Preguntó Antonio asomándose por la verja del jardín.

-¡Es mi vecino, está muerto! –Gritaba una mujer mayor, con una bata blanca y los rulos puestos en la cabeza.

-¿Qué le ha pasado? –Antonio se puso muy nervioso, entró y pudo ver a un hombre tendido en el suelo. Debajo de él había un charco de sangre y un gran corte podía observarse en el cuello de la víctima.

-¡No lo sé! ¡Hay que llamar a una ambulancia! –El hombre sacó el móvil y llamó a su hijo. David estaba aún dormido, pero le dijo que en diez minutos estaría allí.

Dicho y hecho, a los diez minutos David entraba en su coche por aquella calle. Antonio tenía abrazada a la mujer, que lloraba aún a moco tendido y no paraba de temblar, se encontraban a unos metros del cadáver.

-¿Qué ha pasado? –Preguntó el chico alterado.

-¡Está muerto! –Gritó la mujer mientras se secaba las lágrimas.

-¿Y tú qué haces aquí? –Le preguntó a su padre.

-Salí a caminar, como hago todas las mañanas y cuando pasé por aquí, esta mujer estaba pidiendo ayuda a grito pelado, me acerqué y vi al hombre tirado en el suelo ¿Le conoces? –Preguntó a su  hijo mientras éste miraba el cadáver.

-Sí, le conozco. Ahora mismo viene otro compañero hacia aquí, le acabo de llamar. También he llamado a la científica y al forense. En menos que canta un gallo estarán todos aquí. Pero antes de eso, quiero que me cuentes que ha pasado. –Se dirigió a la mujer.

-Yo estaba regando las plantas, vivo ahí en esa casa. –Señaló una casita que estaba justo al lado- y sentí gritos, entonces salí y vi a una mujer corriendo y luego me encontré al chico muerto.

-¿Una mujer? –Preguntó él.

-Sí, era una mujer.

-Creo que yo también la he visto. –Dijo el hombre.

-¿Cómo que tú también…?

-Antes de llegar a esta casa una persona iba corriendo y me dio un golpe, me caí al suelo y cuando miré hacia atrás pude ver a una mujer, pero iba disfrazada.

-¿Disfrazada?

-Sí, lo iba, yo también me he dado cuenta de eso. –Dijo la mujer con los ojos muy abiertos.

-¿Cómo iba vestida?

-Llevaba un vestido blanco, unos guantes hasta el codo y una peluca rubia de pelo corto. –David asintió y se acercó el cadáver, le giró la cara y ahí estaba el beso de carmín rojo, el mismo beso que tenía Rodrigo.

El chico se giró cuando escuchó el ruido de un coche, era Manuel, aún traía los ojos pegados del sueño.

-¿Qué ha pasado? –Preguntó a David.

-Ahí le tienes, es Óscar Vidal, el mismo que detuvimos anoche.

-Pero, ¿quién…?

-Este señor es mi padre, pasaba por aquí caminando cuando esta mujer lo ha alertado de que su vecino había muerto. Por lo visto han visto a una mujer, disfrazada…

-¿Disfrazada?

-Sí, y por la descripción que me han dado creo que de Marilyn Monroe.

-¿Dónde está su mujer?

-No lo sé, voy a entrar a echar un vistazo, quédate aquí con el cadáver hasta que llegue la científica. –El chico asintió.

David entró en la casa y todo estaba en penumbra, las ventanas echadas hacia abajo y no había ni rastro de vida humana. Subió al segundo piso y se encontró la cama y la cuna vacía. Bajó de nuevo y se dirigió a la mujer.

-¿Conocía usted a Eli, la mujer de Óscar?

-Sí, es una niña muy buena.

-No está en casa, ¿Sabe dónde puede estar?

-No, y es raro, porque con el bebé no sé a dónde iría a estas horas.

-¿Escuchó algo más anoche?

-La verdad es que anoche hubo un poco de revuelo, yo me levanté porque a las doce me llama mi hija, que está en otro país y esa es la hora que le viene bien a ella. Entonces pude escuchar gritos, se estaban peleando y luego una mujer llamó a la puerta, pero yo no tengo bien la vista, no sé de quién se trata y tampoco puedo darte una descripción de ella, para colmo no tenía las gafas puestas.

-¿A qué hora sucedió eso? –Preguntó David mientras anotaba en su libreta.

-A las doce, fue la hora que me llamó mi niña.

-Bien. –En ese momento llegaron los refuerzos, que se pusieron a inspeccionar la zona.

David estaba llamando por teléfono a Fernando, pero no lograba localizarlo. ¿Dónde se habría metido? Es verdad que no estaban en su mejor momento, pero debería cogerle el teléfono cuando lo llamaba, seguramente sería una urgencia, como lo era en aquel momento.

-Hemos encontrado esto. –Se le acercó un compañero con una nota metida en una bolsita de plástico. David la cogió y comenzó a leer lo que allí ponía.

-¿Qué pone? –Preguntó Manuel mientras aparecía a sus espaldas.

“Ninguna mujer depende de un hombre, al contrario, un hombre depende de una mujer hasta para nacer”

-¿Qué quiere decir eso?

-Creo que esto también lo dijo Marilyn. Todo está relacionado. El asesinato de Cifuentes y éste.

-Si es cómo lo dices, estoy seguro de que sí.

-Está claro que quién dejó esa nota le estaba dejando clara su posición a Óscar, quizás tenga mucho que ver con los conflictos que hubo anoche.

-Sí, allí el tema que más se tocó fue el de su machismo. Cuando atacó a su mujer en plena calle, su discusión con Mariana…

-Mariana…

-¿Será ella? –Preguntó el chico.

-No sé, puede ser, pero estamos igual que antes, no tenemos pruebas que la incrimine.

Habían pasado dos horas cuando se dio el levantamiento del cadáver y se lo llevaron para practicarle la autopsia.

-Le acabamos de echar esta foto, por si les vale. –Le dijo uno de los chicos de la científica. En ella se veía a Óscar Vidal, con los ojos abiertos, mirando al cielo. Una gran cuchillada le atravesaba el cuello y resaltaba en su rostro el beso rojo pasión.

-Vale, gracias. ¿Cuándo sabremos los resultados de la autopsia?

-En unos días, nosotros nos pondremos en contacto con ustedes y con respecto a las huellas que podría haber, tardará menos, yo les llamaré.

-Perfecto, gracias.

Se llevaron el cadáver en una camilla hasta la ambulancia y se marcharon. Allí había una pandilla de mirones, todos alterados por lo sucedido. Entonces vieron a Eli llegar corriendo con su hijo en brazos. Traía puesto un chándal rosa y unas zapatillas blancas, llevaba una trenza en el pelo.

-¡Qué ha pasado! –Gritaba la chica desde el otro lado del cordón policial. David salió de allí y la llevó hasta su coche.

-¿Dónde vamos? ¿Qué ha pasado? –Preguntaba la chica nerviosa.

-Vamos a comisaría, tienes que declarar. Tu marido ha aparecido muerto esta mañana.

-¿Cómo? ¿Quién…?

-Eso queremos saber nosotros.

Cuando llegaron a comisaría, la chica comenzó a llorar desesperadamente y Manuel le llevó un café. El niño dormía plácidamente en brazos de su madre.

-Eli, ¿dónde estabas? –Preguntó David rotundo.

-Anoche decidí irme de casa. No podía soportarlo más, cuando le vi entrar por la puerta creí que nos mataría. Tiró a mi niño de mala manera a la cama… -Se tapó los ojos con la mano que le quedaba libre y suspiró.

-¿Qué ocurrió luego?

-Intenté no perder la calma, no podía darse cuenta de qué me iba, así que bajé las escaleras para ver qué estaba haciendo, tenía que asegurarme de que no me vería haciendo el pequeño equipaje. Entonces lo encontré hablando con una mujer en la puerta.

-¿Qué hora era cuando ocurrió eso?

-Eran las doce de la noche, justamente miré el reloj cuando pasé por la cocina.

-¿Qué mujer era la que acompañaba a tu marido?

-Su empleada, Mariana Ruiz. La verdad no sé qué hacía esa mujer a esas horas en mi casa, pero a mí me convino, no dije nada, subí las escaleras y comencé a meter algunas pertenencias mías y de mi niño en un macuto y nos marchamos por la puerta de atrás. Cuando bajé estaban los dos sonriendo en el sofá y haciéndose carantoñas.

-Si ayer mismo se pelearon, delante de todo el mundo.

-Sí, pero yo les escuché hablando. Ella venía porque quería recuperar su puesto de trabajo y él le pidió sexo a cambio.

-¿Ella aceptó?

-Sí, creo que sí, solo hacía falta verlos en el sofá.

-¿Dónde fuiste tú?

-Yo había llamado a casa de mi amiga Clara, ella me estaba esperando. Le conté mi situación y no dudó en decirme que ella me dejaba una habitación en su casa para mi hijo y para mí.

-¿Tienes cómo probar que has pasado la noche allí?

-Mire, aquí está la llamada que le hice ayer a Clara, pone la hora, eran las doce y dos minutos. –Le dijo enseñándole el móvil a David.

-Sí, es verdad, aunque eso no quiere decir nada, porque lo relevante ha sido esta mañana, a la hora de su muerte.

-¿Qué hora era?

-Las ocho menos veinte de la mañana.

-Yo me he levantado a las ocho, no tengo como probarlo, puesto que estaba dormida.

-¿Cómo te has enterado de todo para que volvieras a casa esta mañana?                            –Preguntó Manuel.

-Mi amiga Clara había salido a correr y cuando llegó me dijo que había un revuelo inmenso en mi casa, por eso salí corriendo hacia allí.

-Bueno, por ahora no podemos hacer nada, solo esperar a la autopsia y a ver si hay huellas. Iremos a hablar con Mariana, no se preocupe.

La chica se marchó con su pequeño en brazos y se dirigió a casa de su amiga de nuevo. Los hombres se quedaron allí mirándose uno al otro, sin tener nada con qué trabajar realmente.

-Tenemos que hablar con Mariana. –Dijo por fin David.

-¿Crees que ha podido ser ella? –Manuel se pasó los dedos por las sienes.

-Ella ha pasado la noche, según lo que nos ha contado hoy su mujer, con Óscar, igual que la pasó con Cifuentes. Creo que es la principal sospechosa de los dos crímenes.

-Es verdad…

-¿Estás bien? –Le preguntó a Manuel.

-No, he tenido una gran bronca con Rosa. Tengo las cosas en el coche, me he ido de casa.

-¿Cómo que te has ido de casa?

-Necesitaba separarme de ella, no podía seguir en esa situación. Además, me encanta la amiga de tu mujer.

-¿Miriam?

-Sí.

-Ayer pasó algo, ¿verdad?

-Fuimos a su apartamento y la besé. No sé qué me pasa, David, desde que la vi no me la puedo sacar de la cabeza.

-Quién sabe, quizás todo esto haya sido un flechazo o amor a primera vista.                       –Bromeó el chico.

-Puede ser, además, creo que yo también le gusto a ella.

-¿Ahora dónde vas a vivir?

-Pues no lo sé, he abandonado mi casa, así que… Le pediré a Miriam a ver si me deja dormir con ella unas noches hasta que encuentre algo.

-¿De verdad no quieres a tú mujer?

-No, ahora estoy más convencido que nunca. Rosa es una persona con maldad, me habla para hacerme daño y no puedo seguir así. Le he dejado dinero para que compre cosas para el niño y le he dicho que me llame cuando nazca, yo seré su padre, pero no puedo seguir con ella. Soy la persona más infeliz del mundo.

-Siendo así, haces bien.

**Encendió de nuevo la luz de aquella fría habitación, allí estaba ella. Él la veía sonreírle, quizás solo lo hubiera imaginado, puesto que sabía que era imposible. No podía dejarla sola tanto tiempo, estaba mal y amargado, pero siempre volvía. Le tocó cariñosamente la mano y sintió como algo dentro de él revivía. Recordó sus noches de pasión y lujuria. Si no se le hubiera ido la mano en aquel momento…

**El lunes no comenzaba bien en comisaría. David estaba que se lo llevaban los demonios. Fernando no aparecía, no daba señales de vida, tenían a otro hombre muerto, con una similitud espantosa al crimen de Rodrigo Cifuentes, una entrevista pendiente con Mariana Ruiz y una mujer desaparecida desde hacía varias semanas.

-¿Has dado con Fernando? –Preguntó Manuel metiendo la cabeza en el despacho de David.

-¡No! ¿Dónde cojones se ha metido? ¡Es nuestro superior y no está!

-Tranquilízate. –Le recomendó Antonia que entró en ese momento y se sentó justo frente al chico.

-¿Tienes algo? –Preguntó él exasperado.

-Sí. He buscado la frase y efectivamente la dijo Marilyn Monroe. Ahora necesitaríamos que una de las personas que vieron a esa mujer venga a comisaría y vean una foto de esta actriz, para ver si el disfraz era el mismo.

-Llamaré a mi padre.

-Te dejo aquí una foto de Marilyn, para que la vea. Espero que todo se solucione pronto.

-¡Ojala Antonia! –Gritó Manuel metiéndose en su despacho.

David sacó el teléfono del bolsillo y marcó el número de su padre, el hombre contestó al segundo tono, no podía creer que su hijo lo estuviera llamando. Cuando supo el motivo de la llamada, no se lo pensó dos veces, esa era la ocasión para hablar con su hijo. Le dijo que en media hora estaría por allí.

**Manuel estaba trabajando en la desaparición de Esther, intentando unir ese caso con Fernando. ¿Por qué había desaparecido justo cuando se encontraron las cosas de la chica en el cajón de su escritorio? ¿Por qué se comportaba de manera tan extraña? Miró la foto de Esther y no entendía como Fernando, en el caso de que fuera así, la tuviera prisionera en algún lugar, era una chica joven y bonita, tenía toda la vida por delante.

-Tienes visita. –Le comunicó Antonia.

-Que pase. –Rezó para que no fuera Rosa. Se dibujó una sonrisa cuando vio a Miriam.

-Hola, preciosa. ¿Cómo tú por aquí? –Le preguntó rodeándola por la cintura.

-Me han dado el día libre, yo solo pedí dos horas para ir al médico, pero han sido buenos y me han dado más tiempo. Así que he decido venir a verte.

-Ah, yo encantado de que estés aquí.

-¿Tienes mucho trabajo? –Preguntó la chica mientras se sentaba en una de las sillas.

-Sí, por desgracia sí. David está centrado en la investigación por la muerte de Cifuentes y de Óscar Vidal, que creemos que están íntimamente ligadas y yo estoy con la de la desaparición de Esther, la novia de nuestro superior.

-Oh, pobre chica. ¿No ha aparecido aún?

-No. Creemos que Fernando ha tenido algo que ver. Lleva dos días sin dar señales de vida tampoco, desde que se encontraron unas pertenencias de la chica en su escritorio.

-Bueno, pero ¿podrías venir a tomar café conmigo? Solo será un ratito…

-Quizás sí…. –Dijo él juguetón.

-Oye, te estoy dando cobijo en mi casa, que menos que un café. –Le dijo la chica bromeando.

-No sabes lo agradecido que estoy porque me hayas dejado dormir en tu casa, no tenía donde ir. La he dejado por ti.

-Lo sé. –Sonrió ella. Él se acercó y la besó tiernamente, como nunca antes lo había hecho.

-Esto ha ocurrido inesperadamente, no esperaba encontrar a alguien como tú, me tienes loco.

-Tenía muchas ganas de encontrar a alguien como tú. –Dijo ella abrazada contra su pecho.

-Vámonos, solo tengo media hora.

**Justo a tiempo llegó Antonio a comisaría. Llamó discretamente a la puerta del despacho de su hijo y éste le abrió. Le saludó con un simple apretón de manos.

-Siéntate. –Se limitó a decir- ¿Así iba vestida la mujer que viste el otro día? –Le mostró la foto y el hombre se quedó mirándola.

-Sí, justamente así. Yo creía que venía de alguna fiesta de carnaval, pero en estas fechas…

-Pues no, este crimen tiene mucha similitud con uno ocurrido hace unas semanas en mi pueblo.

-¿Y tenían relación las víctimas?

-Uno era el dueño del bar que frecuentaba el otro, aparte de que los dos se acostaban con la misma prostituta, eso es toda la relación.

-Vaya… -De pronto David se dio cuenta que estaba hablando con su padre como si nada hubiera ocurrido entre ellos, como antaño.

-Bueno, solo era eso, necesitaba que me dijeras si se trataba de ese disfraz.

-Sí, así era. Por cierto, tengo que hablar contigo…

-Papá, si es sobre el tema que tú y yo sabemos, preferiría que no lo tocaras.                      –Dijo el chico levantándose de la butaca.

-No es eso. Ha ocurrido algo, que no he querido decirte aún, pero esta misma mañana me lo han confirmado y por eso necesito que lo sepas.

-¿Qué ocurre? –Antonio comenzó a contarle toda la historia desde el principio a su hijo, del verdadero origen de su apellido y todo lo demás.

-Y eso es todo. –Finalizó el hombre.

-¿Aceptaste la herencia? –Preguntó él sorprendido.

-Sí, la he aceptado. Todo va a ser para ti.

¿Para mí? Pero papá, yo no necesito ese dinero, además es mucho demasiado.

-Lo sé, sé que es mucho, pero es lo que Gonzalo Parker nos ha dejado.

-No puedo aceptar eso, yo tengo mi trabajo y Corina el suyo, vivimos holgadamente y no necesitamos nada más.

-Pero quizás con ese dinero podréis daros un capricho, comprarle algo a tu mujer, lo que sea…

-Papá…

-Puedes hacer lo que quieras con él.

-¿Lo que quiera? –Preguntó él.

-Sí, es tuyo. Mañana lo tendrás en tu cuenta del banco. –El hombre se levantó y se dirigió a la puerta.

-Papá, gracias. –Se limitó a decir.

-Todo lo que yo pueda hacer por ti, no dudes que lo haré. Eres el regalo más grande que me dejó tu madre.

**Eran las tres de la tarde y David descansaba tumbado en el sofá. Los niños se estaban echando la siesta y Corina se tumbó a su lado.

-Estás muy pensativo, ¿es por el asesinato de Óscar Vidal? –Preguntó ella, todavía impactada por la noticia.

-En parte sí. –Le respondió él abrazándola- Hoy he hablado con mi padre. Como fue una de las personas en ver a esa misteriosa mujer, teníamos que mostrarle una foto de la actriz para que nos dijera si era ese el disfraz en concreto.

-¿Y qué ha pasado? –Preguntó ella mientras hacía círculos con el dedo en su pecho.

-La reconoció, era ella, la misma que mató a Cifuentes.

-Sinceramente, no creo que estés así por eso.

-No, es que me ha dicho que ha recibido una herencia de una barbaridad de millones de euros. –El chico le contó la historia completa, sin dejar atrás ningún detalle.

-¿Es verdad todo lo que me has contado? –Preguntó ella incrédula.

-Como la vida misma. Le dije que no lo quería, pero…

-A nosotros no nos hace falta ese dinero, David.

-A nosotros no, pero quizás hay personas que si lo necesitan más que nosotros y por eso la he aceptado, quiero ayudarles.

-¿A qué te refieres?

-Todas esas familias que se han quedado sin casas, están en la calle.

-Sí… Hoy los han echado, me da mucha pena verles en una tienda de campaña, la verdad.

-Esta mañana cuando pasé y los vi, fue la imagen que se me vino a la cabeza cuando mi padre me dio la noticia, y si puedo ayudarles…

-¿Qué piensas hacer?

-Quiero construir sus casas, las de las quince familias, amueblarlas y decorarlas.

-Pero si apenas les conoces…

-Eso es lo de menos, quiero ayudarles. También he pensado en tu hermano Raúl y en Blanca. Si ellos quieren también pueden hacerse una casa aquí, además le donaremos un dinero para que monten un negocio de lo que quieran.

-¿De verdad? –Preguntó ella ilusionada. Su hermano llevaba años fuera porque no quería seguir siendo una carga para su familia, tenía ya una edad y no encontraba trabajo, además de no tener una vivienda propia.

-Claro que es verdad, ¿no era ahora el cumpleaños de tu hermano? Pues qué mejor regalo que una casita y un negocio, aunque sea pequeño, tengo que hacer cuentas del dinero del que disponemos para poder repartirlo entre todos.

-Por estas cosas te quiero, por tu generosidad.

-No creas que se me ha olvidado un regalito que le voy a hacer a mi mujer, eso está ya pensado.

-¡Dímelo! –Gritó ella poniéndose encima de él.

-No, mi amor. Eso es secreto. ¿Están los niños durmiendo? –Preguntó él mientras la besaba.

-Sí, claro.

-Te quiero Corina, te necesito…

El chico comenzó a besarla y se perdieron una vez más en el amor tan grande que sentía el uno por el otro.

**Rosa se encontraba sentada en una de las sillas de aquella casa donde tantos recuerdos tenía con Manuel. La había dejado, por fin se había armado de valor y la había dejado. ¿Ahora qué? Estaba sola, con esa gran barriga y más deprimida que nunca. Se levantó y se dirigió al baño, se miró al espejo y se dio asco. Ningún hombre la iba a volver a querer. Contando que Manuel la hubiera querido alguna vez…

Él había hecho tanto por ella… y ahora se había vuelto a quedar sola. Pensó en los días que pasó enamorada hasta las trancas de aquel joven que no le hacía caso y cuando él quiso ella estuvo a su disposición. Llevaba unos días viéndolo algo extraño, sabía que estaba con otra, pero no sabía quién era. Antes de irse de casa, él no le mintió. Le contó que se había enamorado de otra mujer, y que por una vez en su vida, quería ser feliz.

Llegaron a Fuente Palmera en busca de un trabajo y cuando lo consiguió se mudaron allí, tenía tantas ilusiones con él…  Ahora nada de eso quedaba. Y pensar que él le había ayudado tanto en el peor momento de su vida… Ella no había sido una buena mujer para él, no lo había querido y respetado como se merecía y tampoco le daba cariño y amor. Era normal que se hubiera desligado de ella si había encontrado el amor verdadero.

**Había pasado varios días desde la muerte de Óscar Vidal y seguían tan perdidos como siempre, no tenían nada con lo que empezar a trabajar. Su superior seguía desaparecido, se estaban planteando formalmente poner una denuncia de desaparición, pero pensaron que quizás se hubiera largado por ahí con Esther.

-Parker, acaban de llamar de la científica. –Dijo Antonia cuando vio al chico entrar en comisaría.

-¿Y qué?

-Nada, no hay huellas que no sean las de Óscar o las de su mujer o el pequeño.

-¿Nada que relacione a Mariana?

-Nada.

-Quiero a esa mujer esta misma tarde aquí en comisaría, quiero interrogarla. Llámala ahora mismo y cítala. –David llevaba una temporada en la que estaba muy nervioso con todo el mundo.

-Ahora mismo.

-¿Ha llamado el forense para decirnos algo sobre la autopsia?

-No, pero seguramente esa información estará mañana.

-Perfecto. Llama a esa mujer, la quiero aquí lo antes posible.

El chico se dirigió al despacho de su compañero. Estaba atareado mirando unos papeles.

-Oye, ¿has sabido algo más sobre la investigación de la desaparición de Esther?

-No. De Fernando no se sabe nada y yo creo que esto deberíamos dejarlo ya, se habrán ido juntos.

-¿Dónde se habrá metido ese irresponsable? Ayer me pasé por su casa y allí no había nadie, estaba todo cerrado.

-Yo tampoco lo sé.

-No quiero fracasar, Manuel. Ahora estoy yo al mando de esto y quiero que se note que soy una persona competente para ello.

-Lo eres, solo son las circunstancias que no nos permiten avanzar.

-Será así. ¿Qué tal te va con Miriam? –Le preguntó resignado mientras se sentaba, pensó que un poco de chisme tampoco le iba a venir mal.

-Perfecto. Llevamos tan solo cinco días viviendo juntos, aunque solo como compañeros de piso en realidad, no tenemos nada formal.

-¿No tenéis nada? Venga ya, yo no me creo eso. Dos personas jóvenes que viven juntos y no tengan nada.

-Hay  mucha química entre nosotros, pero no somos pareja en sí. A ver, nos hemos acostado y todo eso, pero no te puedo decir que es mi novia.

-Sí ya, me imagino, es muy pronto.

-Miriam es muy prudente con ese tema, no quiere adelantarse. Quiere que las cosas vayan fluyendo sin forzarlas.

-Es lo mejor, te lo aseguro.

-Lo sé, pero yo necesito más de ella, me gusta demasiado.

-Deja que pase el tiempo.

-Sí, lo haré. Yo sé que está bastante interesada en mí y todo eso. Viene a verme al trabajo algunas veces y me espera en casa con una sonrisa. Por cierto, ¿te importa que salga media hora? Es que he quedado con ella y quiere que vayamos a ver unas cosas para el apartamento, va a ser solo un rato, la tienda está aquí al lado.

-Sí, claro, pero no tardes, ya sabes el trabajo que tenemos aquí.

-No, aprovecharé ahora, hasta dentro de una hora no viene.

En ese mismo instante, Antonia llamó a la puerta y le informó que Mariana venía de camino. No podía por la tarde y la había pillado en Fuente Palmera haciendo unas compras, así que estaba a punto de llegar. El chico se metió en su despacho y en ese momento alguien entró detrás de él.

-¿Qué hace usted aquí? –Preguntó todavía impresionado.

-Quiero saber cómo va la cosa. Por lo que me he enterado, mi mujer también ha estado metida en el follón de la muerte de ese otro hombre en Fuente Palmera.

-Javier, estamos intentado trabajar con lo que tenemos, pero no puedo darle esa información que me pide sobre la investigación. –David pensó que quizás no fuera buena idea que Mariana y él se encontraran, así que tenía que hacer algo, ya que ella estaba a punto de llegar.

-Quiero hablar con alguien que me diga qué tiene que ver mi mujer en todo esto.

-Venga conmigo. –David se dirigió al despacho de Manuel y entró, le explicó lo que aquel hombre quería y le dijo que no le diera detalles de la investigación. Sólo tenía que entretenerlo y decirle algo para que se fuera tranquilo a casa.

A los cinco minutos llegó Mariana. Estaba lúcida y olía a limpio. ¿Habría limpiado su casa por fin? Se preguntó el chico. Cada vez que la veía no podía dejar de recordar aquella pocilga que tenía por casa.

-Me han dicho que quiere hablar conmigo. –Dijo sentándose discretamente.

-Sí, tenemos constancia que pasó la noche con Óscar Vidal. Su última noche.                   –Hizo énfasis en esas últimas palabras.

-Bueno, no fue así exactamente.

-¿Cómo fue entonces? –David se recostó un poco en la butaca, tenía todo el tiempo del mundo para escucharla.

-Óscar me llamó cuando ustedes lo pusisteis en libertad. Yo no quería verlo, me había dicho cosas muy feas esa misma tarde en la fiesta, pero luego pensé que necesitaba mi trabajo y que no podía perderlo. Entonces decidí ir, me citó en su casa a las doce de la noche. Me ofreció devolverme el trabajo a cambio de sexo y yo accedí, me hacía mucha falta el trabajo y no podía decir que no. Entonces entramos al salón y allí en el sofá comenzamos.

-¿No pensó que su mujer podía estar en casa?

-Él me dijo que estaba dormida y que  no iba a bajar. –La mujer hablaba con una cordura increíble, recordando el estado en el que se encontraba aquella vez.

-¿Qué ocurrió luego? ¿Pasó la noche con él?

-Cuando eran las cuatro de la mañana yo me marché. Él se hartó de mí y me echó de casa, tuvimos una pequeña pelea porque recordamos lo del día anterior y yo le dije que no tenía que haberme llamado puta delante de toda la gente.

-¿Te echó de su casa?

-Sí, me echó de casa y yo me fui.

-¿Puedes probarlo?

-No, no sé cómo probar eso.

-Mariana, no sé si te das cuenta que dos hombres han muerto y con los dos habías pasado su última noche. Las muertes tienen una similitud increíble y la asesina ha sido la misma mujer.

-¿Ha sido la misma mujer? –David creía que lo estaba vacilando, estaba casi seguro que había sido ella, pero no tenía pruebas que la incriminaran.

-Sí, una mujer disfrazada de Marilyn Monroe.

-No tenía ni idea.

-Pues ya lo sabe, ha sido la misma mujer que mató a Cifuentes, estamos seguros.

-¿No se han encontrado pruebas?

-No, nada. No hay pruebas, igual que en el otro crimen. Son excesivamente parecidos.

-¿No habéis pensado que tal vez haya sido su mujer?

-¿Su mujer? No, no pasó la noche allí, tenemos constancia de ello.

-¿Cómo qué no? Óscar me dijo a mí que estaba dormida en el piso de arriba.

-Aprovechó que usted entretuvo a su marido para coger a su bebé e irse de esa casa.

-No sabía nada.

-Así fue. Mariana, tienes que ser consciente que eres la principal sospechosa de todo esto, si no te detenemos es por falta de pruebas.

-¡Yo no he hecho nada! –Gritó la mujer.

-No puede probarlo.

-Ni usted puede probar que lo haya hecho.

-Bueno, si necesitamos algo más de usted, la llamaremos. –Le dijo David poniéndose en pie.

Cuando los dos salieron del despacho se encontraron de frente con Javier, que salía del despacho de Manuel, iba colorado de ira.

-¡No me esperaba esto de ti! ¿Estabas con él esa noche? ¡Me dijiste que ibas a cambiar! –Gritó el hombre lleno de ira.

-¿A qué se refiere? –Preguntó David incrédulo.

-Habíamos vuelto, precisamente quería el dinero para pagar unas deudas suyas. –Le explicó ella.

-¡Encima lo reconoces! –El hombre le pegó un puñetazo a la pared.

-Sí, lo hice. Sabes que siempre he sido una mujer independiente y todo fue para pagar esa maldita deuda que tienes en el bar. No lo hice por mí, que te quede claro.

-Primero con Cifuentes y ahora con él…

-Tranquilícese. –Le aconsejó Manuel.

-¡Déjame! ¡Tú no tienes ni idea de todo esto! Seguramente también vayas de putas y por eso las comprendas, ¿verdad?

-¡No digas más cosas absurdas! –Le dijo David. Manuel se acercó a la puerta, donde lo estaba esperando Miriam, asustada en un rincón por la pelea.

-¡Javier, vete a casa, éste no es sitio para que des un espectáculo! –Le gritó Mariana.

-¡Yo hago lo que quiero, puta de mierda! Jamás en la vida has sabido valorar lo que yo te he dado.

-No me insultes, no vayas por ahí… -La voz de la mujer comenzó a ser amenazadora.

-No te insulto, simplemente te digo la verdad, eres una fulana.

-Si sigues así te voy a tener que detener. –Le informó Manuel, mientras ayudaba a Miriam a sentarse en una de las sillas de la entrada.

-¿Me vas a detener a mí? ¿Por qué? ¡Por qué! –El hombre salió corriendo y se le echó encima a Manuel, le atestó un puñetazo en la boca y otro en el ojo, antes de que David los separara.

-Ahora mismo te vienes conmigo. –Le dijo esposándolo.

-¡Vete a casa! –Le gritó a Mariana.

-No me puedo creer que me hayas hecho esto. Me la vas a pagar. –La mujer se le acercó lentamente y le dio un beso en la mejilla, dejándole la huella de sus labios rojos.

-¿Estás bien? –Preguntó Miriam asustada a Manuel.

-Sí, no te preocupes, ese hombre está loco, fuera de sí.

-No me puedo creer que te haya pegado. ¡Si tú no has hecho nada!

-Bah, olvídalo, no tiene importancia. David, me voy, vuelvo en un rato.

-Sí, yo me encargo de éste. Lo tendré un ratito en el calabozo, para que sepa que no se puede ir pegando por ahí con la gente, luego le soltaré.

-Está bien.

-Adiós, Miriam. –Le dijo David.

-Hasta luego. –Respondió ella. Ambos se encaminaron a la calle y anduvieron calle arriba hasta llegar a la tienda de decoración.

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Un comentario en “LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 6

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