LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 4

**La tarde había refrescado un poco, eran las seis y David acababa de llamar a Corina para informarle que tenía que ir con Manuel  a hablar con Javier Falcón. A ella le hubiera gustado que estuviera allí para que pudiera conocer a Miriam, la estaba esperando y no tardaría en llegar. En ese momento llamaron al timbre.

-Hola, Corina. ¡Qué niña tan bonita! –Exclamó Miriam al ver a Carmen en brazos de su madre. Llevaba un vestido rosa, de encaje y una felpa del mismo color.

-Es Carmen, mi hija. ¿Es bonita, verdad? –Preguntó ella orgullosa.

-Es preciosa, ¿me dejas tomarla en brazos? –Sonrió la chica tímidamente.

-Claro. –La chica le pasó la niña a Miriam- Ven, te enseñaré la casa.

-Es tan pequeña, tan suave… -Dijo la chica mientras besaba a la pequeña y la abrazaba contra sí.

-Todavía no tiene los tres meses. Cada vez que la miro no puedo creer que alguien la abandonara en una caja de cartón en la puerta de un orfanato.

-Qué mal corazón tiene que tener quien hiciera eso, es tan linda… -La chica no podía dejar de mirar al bebé.

-Yo no me lo explico. Mira, este es el salón. –Le dijo Corina entrando en la estancia, después de haberle enseñado todo su hogar.

-Tienes una casa preciosa, muy grande. –La chica tomó asiento en uno de los sofás, después de haber dejado a Carmen en su cunita.

-Sí, es muy grande, para limpiar más todavía. –Dijo Corina en tono jocoso mientras llegaba de la cocina con una bandeja con café y unos dulces.

-¿Y Luis?

-Está en casa de una vecina, con su hijo. Tienen la misma edad y siempre están juntos. Mi marido no ha podido llegar a tiempo, le ha surgido un imprevisto en el trabajo y llegará más tarde.

-No te preocupes, ¿es él? –Preguntó la chica señalando la foto de bodas que había en la mesita.

-Sí, él es David.

-Es muy guapo, ¿a qué se dedica?

-Es policía. –Le respondió la chica mientras le echaba azúcar a su café.

-Ah, buen trabajo. ¿Hace mucho que os casasteis?

-No, no hace mucho. Recuerdo el día como el mejor de nuestras vidas.

-Claro, una boda es muy importante para la vida de una mujer.

-Sí, aunque no fue mi primera boda, estuve casada anteriormente.

-¿Ah, sí? No tenía ni idea, ¿os divorciasteis?

-No, enviudé. Fue una historia muy tormentosa, yo creí que jamás saldría de ahí, pero con la ayuda de David, lo superé. Nos ayudamos mutuamente.

-¿Mutuamente?

-Sí. Luis, mi marido y Patricia, su novia murieron más o menos por el mismo tiempo. Los dos nos quedamos solos, sin saber qué hacer, y gracias a una investigación que David tenía en manos y en la que yo le ayudé un poco, nos fuimos acercando, nos hicimos amigos y nos apoyamos cada vez más el uno en el otro. En realidad, solo teníamos una bonita amistad, estuvimos así tres años desde que ocurrió todo, nos ayudábamos, pero ninguno hablaba de sentimientos. Hasta que un día ya no se pudo ocultar más y surgió todo. Desde aquel momento no nos hemos vuelto a separar.

-Es una historia trágica, pero bonita. Si no es mucho meterme en lo que no me llaman… ¿Dé que murieron vuestras parejas? –Preguntó la chica con curiosidad. Corina la entendía, todo el mundo si no conocía la historia, se lo preguntaba.

-Luis tuvo un accidente de coche con su prima y murieron los dos en el acto. A Patricia, la novia de David, le pegaron un tiro mientras trabajaba.

-Pobres… -La chica no sabía que decir.

-Luis no es hijo mío como ya te conté. Era hijo de Luis, mi marido y de su prima, con la que tuvo el accidente. Yo no sabía nada de lo que había entre ellos y tampoco sabía que el hijo que ella esperaba fuera de Luis. Cuando tuvieron el accidente, me encontré una carta donde me explicaba todo, luego murieron y al ser la viuda de Luis, me quedé legalmente con el niño. –La chica se ahorró algunos detalles.

-Dios mío, qué historia…

-Sí, es increíble, pero cierto. Si no hubiera sido por David, no sé qué hubiera hecho con mi vida.

-Me alegro de que ahora seáis tan felices con vuestros hijos.

-Gracias, la verdad es que no nos falta nada, somos totalmente felices. –Corina suspiró tras decir aquellas palabras, no estaba mintiendo- Bueno, cuéntame algo más de ti.

-Yo, como ya te dije me he criado en Córdoba con mis padres, mi vida ha sido normal, no tengo nada que destacar, solo que ya me sentía algo agobiada de tener la edad que tengo y estar metida en casa, necesitaba innovar. Mis padres al principio no me entendían, querían retenerme allí, pero yo necesitaba irme y por eso me marché. Creo que al final lo entendieron.

-Hay momentos en la vida donde hay que tomar decisiones, con apoyo o sin él.

-Sí, pero ahora aquí me siento sola.

-Ya te he dicho que no tienes por qué sentirte sola, en mí tienes una amiga y mis hijos pueden ser como sobrinos para ti.

-Gracias, me encantaría. Ya sabes el dicho que dice qué quién tiene un amigo tiene un tesoro. –Sonrió la chica mientras miraba a Corina con sus inmensos ojos azules.

-Sí, eso es realmente cierto.

Cuando terminaron de tomar el café, Carmen comenzó a llorar y fueron a ver que le pasaba. No tenía más sueño, así que las tres se sentaron en el jardín a hablar un poco y a ver la gente como pasaba por la calle.

**Cuando David y Manuel salieron de la casa de Javier, eran más de las siete.

-Menos mal que llegaste, no quería decirme nada. –Dijo Manuel con la cabeza gacha.

-No entiendo, si ellos no tienen nada que ver en el asesinato, ¿qué les cuesta darnos una coartada creíble? –Preguntó el chico mientras caminaban por la calle hacia el coche.

-La gente, ya sabes como es. ¿Le has creído?

-No lo sé, no tiene como probarnos lo que dice. Puede que sea verdad que esa noche la pasó en casa, que no salió hasta por la mañana que fue a comprar el pan y allí se encontró a Rodrigo en un charco de sangre, o puede no serlo.

-De todas formas, no podemos dejar de tener en cuenta que pudieron participar en el crimen, aunque nos hayan dado una coartada.

-Claro, eso por supuesto. Oye, ¿por qué no vienes a casa y te tomas una cerveza conmigo? –Le preguntó David al chico.

-Vale, por mi bien, pero déjame que llame a Rosa, mi mujer, para decírselo.

Cuando se montaron en el coche, Manuel colgó el teléfono.

-¿Te ha dado permiso? –Preguntó David riendo.

-Sí, la verdad es que está muy irascible siempre, está embarazada y ya sabes cómo se ponen, todo les molesta y todo se les antoja.

-Sí, normalmente suele ser así. No sabía que fueras a ser papá. ¿Le queda mucho?

-Pues está de siete meses. Lo esperamos para finales de noviembre, es un niño.

-¡Enhorabuena!

-¿Tú tienes hijos?

-Sí, un niño y una niña. Aunque no son de sangre, los quiero como si fueran míos.

-Claro, a un niño siempre se le coge un especial cariño, son tan tiernos…

-Ahora te los presentaré. Mira, ésta es mi casa. –David le señaló la vivienda cuando aparcó el coche justo al lado.

-Es muy bonita.

-Sí, mucho. Mira ahí está mi mujer con mi hija en el jardín, y parece que hay una amiga con ella. Vamos.

Los chicos se bajaron del coche y se encaminaron hacia el jardín. Corina se levantó de un salto y los saludó. Miriam tenía a Carmen en brazos y se levantó para saludar a David y a Manuel.

-Qué bien estáis aquí al fresco, ¿no? –Preguntó David mientras llegaba con dos cervezas y un cuenco de patatas- ¿De verdad que no queréis nada?

-No, hace nada que nos hemos tomado el café. –Le explicó Miriam mientras jugaba con la pequeña.

-Le gustas mucho, no deja de sonreír. –Observó Manuel mirando a la chica.

-Sí, eso parece. –Respondió ella tímidamente.

-Miriam trabaja conmigo en el colegio. –Explicó Corina a los chicos.

-¿Vives aquí? –Preguntó David mientras cogía una patata.

-Sí, ahí en esa casita, me la han alquilado.

-Que cerquita nuestra vives.

-Sí, no sabía que vivíais aquí, me llevé una gran sorpresa.

Había pasado un rato desde que habían llegado, ya estaba oscureciendo y Manuel tenía que irse, Rosa le estaba esperando y seguramente no le sentaría muy bien que llegara tarde. Se despidió de todos y se marchó. Miriam hizo lo mismo. Corina y David entraron con la pequeña a la casa y comenzaron a hacer la cena.

-¿Qué te ha parecido Miriam? –Preguntó ella mientras sacaba los filetes de pollo.

-Parece buena chica, ¿Vive sola? –Preguntó él mientras intentaba sentar a Luis en la mesa.

-Sí, se ha venido de Córdoba, al parecer sus padres no querían que se independizara, pero ella se ha venido a buscar trabajo.

-Cuando uno llega a una edad…

-Claro, eso mismo le he dicho yo. Por cierto, Manuel parece buen chico también.

-Sí, la verdad es que le he invitado porque llegó esta mañana y estaba un poco cortado aún.

-¿Dónde vive?

-En Fuente Palmera, está casado y dentro de dos meses van a tener un bebé, un niño.

-Anda, que bien.

-Sí, se le ve muy ilusionado.

-Cambiando de tema, ¿se ha sabido algo más de Esther? –Preguntó la chica.

-Nada, es todo un revoltijo, todas las personas implicadas de alguna u otra manera en el crimen de Cifuentes, conocían a Esther, incluso ésta tuvo una relación con Rodrigo, así que estamos barajando la posibilidad de que o ella lo matara a él y desapareciera luego, o que él la retuviera en algún lugar y alguien lo matara posteriormente. –David le contó todo lo que habían averiguado, incluida su charla con Mariana Ruiz.

-Eso es increíble… Es un caso difícil, la verdad. –Dijo la chica mientras cogía un pedazo de pan.

-Sí, lo es. No sabemos por dónde coger las cosas, hay algo que se nos está escapando.

-Esther tiene que aparecer, podríais poner carteles con la ropa que llevaba puesta, las pertenencias… a ver si alguien la ha visto.

-Fernando no quiere, él necesita llevarlo todo bajo control, llevar la investigación a su antojo. Según él, la noche que desapareció llevaba unos pantalones negros vaqueros y una blusa azul turquesa, con unas sandalias del mismo color y los complementos también. Me ha dado esta foto –El chico sacó una foto pequeña de la cartera donde se podía ver a la chica con los atuendos que acababa de describir- dice que iba idénticamente vestida que ese día, por si nos puede servir de ayuda, pero no nos deja publicar la foto.

-Entonces no entiendo para que os la da.

-Por si vemos sus cosas en algún sitio, que sepamos lo que llevaba puesto.

-Tiene que aparecer. Esa chica tiene que aparecer.

Siguieron cenando y pronto todos estaban en la cama, necesitaban descansar para aclarar las ideas. Corina estaba también muy preocupada por la desaparición de Esther, habían salido muchas veces y parecía una buena persona, no podía creerse todo lo que su marido le había contado, pero las personas cambian, quizás ella también lo había hecho. Sumergida en sus pensamientos se quedó dormida. Mañana sería otro día.

**Antonio se levantó temprano, como de costumbre. No podía estar acostado más de las siete de la mañana. Llevaba pensando en la herencia desde el momento en que el señor Ríos lo llamó. Él quería haber llamado a su hijo y así poder comentarlo con él, pero sabía que si lo hacía, éste no aceptaría nada. Conocía a David y lo que menos le importaba era el dinero. Él aceptaría esa herencia, vendería todas las empresas que se encontraban en Manhattan y luego trasferiría todo a su hijo. Una vez en su cuenta bancaria no podría rechazarlo.

Se miró al espejo y pensó que debía acicalarse un poco. Sacó la maquinilla de afeitar y se quitó la inmensa barba que caía por su cara, luego se cortó el pelo, como hacía meses y meses que no lo hacía. Se lavó la cara y se vistió, necesitaba tener otro ánimo si quería que todo fuera bien. Se había citado con el abogado esa misma mañana, al final tardó menos de lo que pensó en llamarlo.

Bajó a la cocina y allí estaba Pepa, preparando el desayuno.

-Vaya cambio. –Se limitó a decir ella, después de ver a su marido pelado y afeitado, oliendo a limpio.

-Sí, ya me tocaba. –Respondió él cortante.

-¿Dónde vas?

-He quedado con el abogado.

-¿Vas a aceptar la herencia?

-Sí, será todo para mi hijo.

-Querrás decir nuestro hijo. –La mujer se sintió muy dolida.

-Bueno, como quieras llamarlo.

-No has contado conmigo para nada. –Se sentó en una silla, frente a él.

-No, no te incumbe este tema. Esa herencia es mía y yo decido que hago con ella. –La mujer se quedó callada, se levantó y se fue.

Antonio se terminó el café y se marchó. A las nueve tenía que estar en una cafetería donde había quedado con Tomás. Solo pensaba en la alegría que le daría a su hijo cuando éste viera tantos millones en el banco, entonces le perdonaría y todo volvería a ser como antes. O al menos eso creía.

**El teléfono sonó temprano en casa de los Parker García. David se dio cuenta que tenía varias llamadas perdidas de la comisaría en su móvil y ahora estaban llamado a casa, ¿se había quedado dormido? Miró el reloj, eran las ocho de la mañana, hasta y media no entraba a trabajar. Corina no estaba a su lado, se sentía en el comedor con los niños. Descolgó el teléfono y contestó.

-¿Sí? –Su voz todavía se notaba dormida.

-Parker, soy Antonia, ¿por qué no me coges el móvil?

-Antonia, me he dormido, la primera vez en mi vida, pero lo he hecho. ¿Qué pasa?

-Tienes que venirte para la comisaría rápidamente. Hay aquí una veintena de personas queriendo hablar con el superior y no doy con Fernando por ningún lado. ¡Te necesito aquí ya!

-¿Veinte personas? ¿Qué quieren? –Preguntó metiéndose en los pantalones.

-No lo sé, solo me han dicho que son de Silillos, de la parte alta del pueblo. Por lo visto han recibido una carta del ayuntamiento diciéndoles que sus casas tienen que ser derribadas porque están en un terreno que ellos tienen que utilizar para ampliar la carretera.

-¿Pero eso es legal? –Preguntó él sin dar crédito.

-Según una mujer sí, ella es la que lleva la voz cantante y dice que recibieron esas cartas hace más de un año y que han estado asesorándose y sí tiene validez legal. El ayuntamiento tiene la razón.

-Pero tendrán que indemnizarles, darle alguna casa donde vivir…

-Les dan una indemnización que es de risa. 3000 euros a cada familia, Parker. ¿Qué hacen ellos con eso? Van a destruir sus casas, donde han vivido toda su vida.

-¿Y nosotros que podemos hacer si es legal?

-No lo sé, pero quieren hablar con alguien. Ellos creen que la policía quizás pueda parar el procedimiento, yo le he dicho que es muy difícil siendo algo legal, pero no sé qué decirles, vente para acá y habla con ellos, por favor.

-Diles que esperen hasta y media, a esa hora estaré allí.

-No tardes. –Y colgó.

No podía creerlo, ¿Cómo el ayuntamiento iba a quitarle las casas a una serie de familias para ampliar la carretera? ¿Qué iban a hacer ellos cuando los echaran y derrumbaran sus casas con 3000 euros de indemnización? Parecía un chiste. Se terminó de arreglar y salió en busca de su familia. Se tomó una café corriendo, mientras le explicó brevemente a su esposa lo que pasaba y se marchó.

Cuando la reunión con aquellas personas acabó, David estaba exhausto. No entendían que la policía no podía hacer nada por parar un procedimiento que era legal a ojos de la Justicia. Era cierto que la indemnización era una miseria, que mínimo que darle una casa dónde vivir, ya que le quitaban la suya, dónde habían formado sus familias y guardaban todos sus recuerdos. Sus abogados iban a hacer todo lo posible por luchar por una compensación más digna, pero el proceso de derribo de las casas no tardaría más de una semana y lo otro podía tardar años en que los tribunales fijaran una cantidad más apropiada por ello.

Una de las mujeres, que era la que hablaba en nombre de todos, le había dado un cartel, para que lo colgara en la puerta de comisaría. Se quedó mirándolo. “Fiesta benéfica, en honor a las personas que van a perder sus casas. Todo lo recaudado irá íntegro para ellos, para que puedan seguir con sus vidas hasta que la Justicia actúe”  Por lo que había leído era en la plaza del pueblo, justo dónde él vivía, ese mismo sábado. Ya sabía que no dormiría hasta que todo el pueblo se acostara. Por lo que le habían contado habría comida y bebida que la gente pagaría y con lo que se recaudara, se repartiría entre los afectados para que pudieran seguir hacia adelante. También habría una urna para donativos.

Salió de su despacho y le dio el cartel a Antonia, para que se encargara de ponerlo en la puerta. Le constaba que Fuente Palmera y otras aldeas estaban empapeladas, la gente tenía que juntarse para ayudar a las víctimas.

Por supuesto, su familia allí estaría, para ayudar.

-¿No ha llegado aún Fernando? –Preguntó David mirando el reloj y viendo que eran ya las diez de la mañana.

-No, aún no ha aparecido. –Le respondió la mujer.

-¿Y Manuel?

-Manuel sí, estaba aquí puntual a las ocho de la mañana.

-Bien.

-Hablando del rey de Roma. –Dijo Antonia mientras señalaba a espaldas de David.

-Buenos días. –Saludó Manuel.

-Buenos días, a ti necesitaba verte.

-¿Sí? Dime en que te puedo ayudar. –Le dijo el chaval mirándolo con sus oscuros ojos, impaciente por hacer algo. Se le veía muy contento con su trabajo.

-Necesito que vayas al bar donde trabajaba Esther y hables con Joaquín Hurtado, el jefe de personal. Quiero que te de una descripción detallada del misterioso chico con el que Esther salió del bar junto con Cifuentes.

-Vale, ahora mismo voy, dame la dirección.

David le apuntó la dirección al chico y se dispuso a salir para hablar con ese tal Joaquín Hurtado. Luego recordó que en el despacho de Fernando se le había quedado el día anterior un informe que necesitaba inmediatamente. No le gustaba entrar sin que él estuviera, pero no le quedaba más remedio. Abrió la puerta y miró encima del escritorio, allí no había nada ¿Dónde había metido el informe? Se sentó en la butaca de su compañero y miró a su alrededor, en una mesita que había al lado, allí tampoco había nada. Se quedó pensando y abrió el primer cajón el del escritorio, quizás lo hubiera metido allí para quitar cosas del medio. Aquello estaba atestado de documentos, registró para ver si encontraba el que buscaba y se quedó petrificado al ver lo que vio. ¿Cómo podía estar aquello allí? Se levantó y cogió unos guantes, sus huellas no debían de estar ahí. Sacó su cartera y miró la foto de Esther, no había duda, allí estaban los pendientes, la pulsera y el anillo que llevaba el día que desapareció. Lo metió cuidadosamente en una bolsa y se lo llevo. ¿A qué estaba jugando Fernando? ¿Tenía él a Esther? ¿Se estaba volviendo loco y por eso quería hacer creer a todo el mundo que la chica había desaparecido? Aquello debía guardarlo en silencio, si su compañero tenía algo que ver en tono aquello, no era necesario que supiera que habían encontrado pertenencias de Esther en su cajón.

Salió de allí y se metió en su despacho a pensar. ¿Qué estaba ocurriendo?

**Se encontraba sentado en una silla, mirando a su princesa. Habían pasado los días y ella seguía tan preciosa como siempre, ya no tenía que maquillarla todos los días, donde estaba la conservaba estupenda. Le cogió la mano, fría como el hielo y la besó. Cogió un peine y comenzó a peinarle su larga melena rojiza, cuando terminó, la besó suavemente en los labios, intactos como la última vez que se los pintó. Estaba seguro que nadie sospecharía de él ¿Por qué iban a hacerlo? Si ella no era de él, no sería de nadie más. Ahora estaba seguro que nadie en la vida se la quitaría. Ella permanecería allí, dormida para el resto de la vida y él iría todos los días a visitarla y a decirle lo guapa que era. Ahora tenía que irse, se le había echado la hora encima, había pasado mucho rato y lo estarían echando de menos. Se despidió de su eterno amor y se marchó.

**Cuando Manuel se bajó del coche, vio a un tipo un poco pasado de peso, casi calvo y bajito, en la puerta. Dedujo que sería Joaquín Hurtado. Aquel día hacía muchísima calor. Se puso sus gafas de sol y salió hacia donde se encontraba el hombre.

-Hola, buenos días. ¿Es usted Joaquín Hurtado? –Preguntó el chico.

-Sí, soy yo. ¿Qué quiere?

-Soy Manuel Sánchez, de la policía. Necesitaría hablar con usted.

-¿Sobre qué? –Preguntó el hombre con recelo.

-Por lo que me ha dicho Parker, usted vio al otro chico con el que salía Esther. ¿Me lo puede describir? Es muy importante que lo haga, puesto que tenemos que dar con él.

-Sí, claro. Perdone que no le invite a pasar, pero acabo de salir y cerrar. Hoy es nuestro día libre.

-No se preocupe, con qué me atienda aquí tendré suficiente. Dígame.

-Era un chico alto, más o menos como usted. Rondaría los 30 años, era rubio, seguramente teñido, no creo que una persona pueda tener ese rubio natural con su edad, y una melena.

-¿Cómo era la melena?

-Tenía flequillo que le tapaba la frente y el pelo por los hombros.

-¿Algo más que destacar?

-Sí, tenía perilla, pero no era tan rubia como el pelo, tenía un color castaño.

-Bien.  –Dijo el chico apuntando en su libreta.

-También me di cuenta que tenía un tatuaje en la espalda. Ponía “Esther”

-¿Está seguro?

-Sí, fue algo que me llamó mucho la atención.

-Vale, toda esta información nos vendrá genial para buscar a ese hombre.

-Si necesitan algo más aquí estaré.

-Muchas gracias por su colaboración. Hasta otra.

Manuel se retiró de aquel hombre y volvió a meterse en el coche. Miró los datos que le había dado, ¿Dónde estaría aquel chico? ¿Por qué se había marchado? Si se había ido, seguramente no dieran con él, pero en comisaría tendrían que intentarlo.

**Cuando Antonio entró en la cafetería, conoció inmediatamente a Tomás. Era un chico alto, joven, corpulento, con el pelo moreno y una gran sonrisa.

-¿Tomás? –Preguntó el hombre mientras le extendía la mano.

-Sí, soy yo. Usted debe de ser Antonio Parker.

-Exacto.

-Tenemos mucho de qué hablar. Siéntese. –Una amable camarera se acercó y se pidió un café.

-No sé si estoy haciendo bien en venir…

-Yo estoy aquí para asesorarlo, no tiene de qué preocuparse. Ya le conté por teléfono toda la historia ocurrida en Manhattan hace muchos años y cómo su padre llegó a conseguir el apellido que ahora lleva usted y su hijo. ¿De verdad no sabía nada de lo que le informé?

-Nada, he crecido en la ignorancia sobre ese tema, yo siempre creí que éste era el apellido de mi padre y punto.

-Bien. Mire –Dijo Tomás sacando unos documentos- aquí tiene toda la información sobre la herencia. Yo lo he estudiado todo perfectamente y lo que heredaría, si la aceptara. Serían bienes y dinero, no hay ninguna carga al respecto, ninguna clase de deuda.

-¿De cuánto dinero estamos hablando?

-Muchísimo. Este señor, Gonzalo Parker, tenía una fortuna en el banco. Ronda los diez millones de euros.

-Dios mío, eso es mucho dinero.

-Sí, lo es. ¿Qué piensa hacer con las empresas, en el caso de que acepte?

-Yo había pensado que lo mejor sería venderlas. No tengo edad para estar manejándolas y mi hijo tampoco puede, él tiene su vida, su mujer, sus hijos, su trabajo… No va a dejarlo por eso.

-Pero puede usted pagarle a alguien para que las siga administrando y llevarse las ganancias, además de seguir siendo el dueño.

-Con lo que heredaríamos estoy seguro que no necesitaría más beneficios, nosotros hemos sido una familia humilde, nunca nos ha faltado de nada, pero no hemos nadado en dinero. No creo que nos haga falta.

-Como usted quiera. Éstas son las empresas que podrían pasar a ser de su propiedad. –Tomás le señaló con el bolígrafo las siete empresas que conformaban parte de la herencia.

-Bien, En caso de que las vendiera, ¿aumentaría mucho mi patrimonio?                                 –Preguntó el hombre.

-Estas empresas tienen mucho valor, además no creo que tarde en venderlas si las pone a la venta. Gonzalo Parker siempre ha tenido un rival en el mercado, ese hombre siempre ha querido hacerse con sus empresas y, en caso de que las vendiera, yo me pondría en contacto con él para que fuera el comprador. Le aseguro que si él se hace con las empresas, puede duplicar el dinero del que le hablé antes.

-¿Está seguro?

-Sí, seguro. Una vez hablé con él, cuando Gonzalo estaba en el lecho de muerte, él quería que se las vendiera, pero le dije que el heredero tenía que aceptarla para poder venderlas, y me dijo que estaría dispuesto a dar doce millones de euros por ellas. Las siete empresas en conjunto.

-Es increíble la capacidad económica que tienen algunos.

-Sí, esa es la verdad. –Dijo el abogado sonriendo- Así que puede leer el documento tranquilamente para que se pueda decidir.

Antonio pidió unas tostadas y comenzó a leer el documento, todo parecía estar en orden. Mientras, Tomás se salió a la calle, tenía que hacer unas llamadas y aprovecharía. Había pasado un buen rato y el hombre decidió entrar. Allí se encontró a Antonio, estaba esperándole.

-¿Ha leído todo? –Preguntó el chico.

-Sí, todo está correcto, desde mi punto de vista. Además, la explicación que me dio antes me lo dejó todo claro.

-Bien, entonces ¿qué decide?

-Acepto la herencia.

-Hace bien, su vida va a cambiar desde este mismo momento.

-La mía no, la de mi hijo. Todo el dinero va a ir para él. –Dijo el hombre con pena en la voz.

-Usted es el dueño de todo, puede hacer con ello lo que quiera.

-¿Cuánto tardará el dinero?

-Este trámite durará un poco, tenemos que vender las empresas y eso lleva un tiempo. Yo creo que, acelerando el proceso, en un mes puede contar usted con todo.

-¿Un mes solo?

-Sí, le aseguro que el comprador está ansioso por hacer la compra. Cuando todo sea suyo no tendrá competencia en el mercado, en cuanto le llame estará dispuesto a firmar. Luego solo tendremos que tramitar los 21 millones de euros. Los once de la venta de las empresas y los diez del dinero. ¿Está de acuerdo en todo?

-Sí, lo estoy.

-Bien, pues me alegro de que haya aceptado. Yo voy a ser el encargado de todo este caso.

-¿Cuáles son sus honorarios? –Preguntó el hombre.

-Yo trabajo para el bufete, Gonzalo lo dejó todo pagado antes de  morir, no tiene que preocuparse por eso.

-Vale.

-Me pondré en contacto lo antes que pueda con usted.

-¿Se lo debería de decir a mi hijo ya?

-Puede decírselo o no. También puede esperar a tener el dinero en su cuenta bancaria, así se llevaría una mayor sorpresa. –El chico le guiñó el ojo.

-Es verdad, así lo haré.

Salieron de la cafetería y se despidieron con un apretón de manos. Ya estaba todo solucionado, la herencia aceptada y el dinero en trámite.

Antonio se fue andando a casa, esa mañana se sentía vivo, como hacía mucho tiempo no lo hacía. Estaba feliz y eso era algo prácticamente nuevo para él. Debía irse al jardín a cuidar de sus flores, ellas habían sido su única compañía en todos aquellos años.

LA CARLOTA. DIEZ AÑOS ANTES.

Habían pasado unas semanas desde que sus padres desaparecieron. Su mamá era buena, la quería mucho y le daba besos. Papá, era diferente, tenía mal genio y siempre estaba gritando.

Norma se sentó en la alfombra de su nueva habitación, era pequeña, pero mamá se la había decorado muy bonita y le había comprado peluches y una casa de muñecas. Pasaba allí las horas y las horas jugando, ella intentaba no molestar, no quería enfadar a sus nuevos padres, tenía que estarle agradecida por haberla recogido, si no ahora estaría en la calle.

Estaba vistiendo a una muñeca sentada en la cama cuando escuchó un ruido, miró a la puerta y vio a su nuevo papá mirándola. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?

            -Hola preciosa. –Dijo el hombre mientras entraba en la habitación.

            -Estoy vistiendo a mi muñeca.

            -Estás muy guapa hoy. –Le metió un mechón de pelo detrás de la oreja.

            -Me ha peinado mi mamá.

            -Hueles muy bien… -El hombre metió su nariz en el cuello de la niña.

            -Esa colonia me la ha regalado la tita Encarnación, ella es muy buena también.

En ese momento llegó su madre.

            -Norma, ¿estás lista? Vamos a salir.

            -¿Dónde vamos?

            -A comprar unas cosas que faltan. ¿Estabas jugando con papá?

            -No, me estaba diciendo que le gusta mucho la colonia que llevo y que estoy muy guapa hoy.

            -Ah. Venga, date prisa, tenemos que irnos.

La mujer miró con recelo a su marido, que se quedó sentado en la cama mirando como ellas se marchaban.

**Eran las dos de la tarde cuando Fernando entró por la puerta de comisaría. Parker estaba con Manuel en su despacho, hablaban sobre lo que Joaquín Hurtado le había contado sobre aquel misterioso hombre del que nadie volvió a saber nada. Iban a mandar a que hicieran un retrato robot, aunque posiblemente ya estuvieran muy lejos. Llamó a la puerta del despacho de David y sin esperar, pasó.

-Hola, ¿cómo va todo? –Preguntó Fernando.

-Bien, ya nos íbamos a casa, estábamos hablando de unas cosas. –Le dijo David. Le resultaba extraño verlo después de haber encontrado aquello en los cajones de su escritorio, ¡eran las pertenencias de Esther! No podía explicárselo.

-¿No podéis quedaros un rato más y así hacemos la  reunión que teníamos prevista para esta mañana? Me ha sido imposible venir.

-Lo siento, pero yo lo menos tengo que irme. Esta mañana te estuvimos esperando pero al ver que no apareciste, cada uno siguió con su trabajo. –Le explicó el chico. Manuel no se atrevía a decir nada, era el nuevo y quería conservar su trabajo.

-Me surgieron unas cosas y no he podido venir, lo siento.

-Podías haber avisado al menos.

-Lo sé, pero con todo lo de Esther, no he tenido cabeza para nada. Lo siento.                  –Se volvió a disculpar.

-Si quieres puedes decirle a Antonia que nos reúna mañana a una hora, pero si no puedes venir, avísanos, por favor.

-Sí, claro. No va a volver a ocurrir, se me ha ido el santo al cielo.

-Por cierto, hay un problema en Silillos, con el ayuntamiento. Dile a Antonia que te pase luego el informe, nosotros no podemos hacer nada, puesto que todo es legal.    –Le contó el chico.

-Lo haré.

-Tengo que irme, mi mujer me está esperando.

-Espera me voy contigo. –Le dijo David.

Los dos salieron del despacho y Fernando se metió en el suyo.

-¿Vendrás el sábado a la fiesta benéfica que habrá en la plaza del pueblo por las personas que van a ser desalojadas de sus casas, verdad?

-No lo sé, tengo que comentárselo a Rosa, aunque no creo que tenga problema. Últimamente la veo con muchas ganas de salir.

-Dile que allí estará mi mujer con los niños y que seguramente Miriam estará también.

-Sí, si se lo digo seguramente me anime. Mañana te cuento qué me ha dicho.

David se montó en el coche para poner rumbo a su casa y Manuel se fue dando un paseo, vivía cerca de comisaría.

** Rosa se sentía gorda, no le gustaba mirarse en el espejo y verse con aquellas dimensiones. Siempre había sido una chica normal, con sus curvas y bajita, pero a ella le gustaba, sin embargo ahora todo había cambiado, le dolía todo el cuerpo y no se sentía bien. Necesitaba tener a aquel niño ya para volver a ser la que era antes.

Estaba tumbada en el sofá cuando escuchó la puerta, debía de ser Manuel.

-¿Cómo estás hoy? –Le preguntó él sin apenas mirarla.

-¿No me ves? Yo creo que la pregunta sobra. –Le dijo ella de manera repelente. No tenía muy buen aspecto, llevaba un tiempo que no se preocupaba en peinarse ni asearse, era un desastre.

-No creo que sea necesario que me respondas así. –Respondió él en tono moderado, sin levantar ni un ápice la voz. En el fondo entendía su embarazo.

-Déjame que duerma tranquila, no me hables.

-Rosa… Modérate un poco, por favor. –El chico se sentía dolido.

-¿Cómo me voy a moderar? ¿Tú me has visto? –La chica se levantó del sofá de un salto y se puso de pie.

-¿Por qué no te propones arreglarte un poco y salir? El sábado podíamos ir a la fiesta benéfica que hay en el pueblo de al lado, para la gente que se van a quedar sin casa.

-¿Yo? Olvídalo. –Se dio media vuelta y se metió en su cuarto.

-¡Pues que sepas que yo voy a ir! –Le gritó él.

-¡Haz lo que te dé la gana, pero conmigo no cuentes! –Se escuchó el alarido de ella detrás de la puerta.

Manuel se recostó en el sofá y puso un rato la televisión. Se hizo un bocadillo y se sentó a comérselo tranquilamente. Rosa estaba insoportable, ¿cómo podía seguir así con aquella mujer? Tenía que resignarse y seguir hacia adelante. Su mente se fue al momento en el que estaban en el jardín de David Parker. Aquellos ojos azules le vinieron a la cabeza. ¡Miriam era tan guapa! Además de tener aquella cara que parecía un ángel, se le veía una chica tan dulce y tan falta de cariño. Cómo él, él también estaba falto de cariño, Rosa se había convertido en un monstruo.

No podía sacarse a aquella chica de la cabeza. En ese día había pensado muchas veces en ella, en su dulzura, su sonrisa, sus ojos… Con suerte, podría verla el sábado en la fiesta que se organizaba.

Miró hacia la habitación dónde se había metido Rosa y negó con la cabeza. Él quería ser feliz, y lo iba a conseguir, si no era con Rosa sería con otra persona, pero algún día sería feliz y todo el mundo lo sabría.

**La reunión había terminado. Antonia salió del despacho de Fernando y se puso con sus labores. David se fue con Manuel a su despacho y Fernando se marchó a casa, según él no se encontraba bien.

-Esto es un lio, Parker. –Le dijo el chico- Hay mucha gente indirectamente implicada pero no tenemos nada.

-Manuel, estoy preocupado por Fernando. –Le comentó David mientras se sentaba en una de las sillas del despacho.

-Es normal, se le ve bastante afectado por la desaparición de su novia.

-No he comentado esto con nadie, pero eres mi compañero, con el que ahora estoy más horas y necesito contártelo.

-¿Qué ha ocurrido?

-El otro día entré a por un informe al despacho de Fernando y me encontré unas pertenencias que Esther llevaba el día que desapareció. Estaban en el cajón de su escritorio.

-¿Quieres decir que quizás él esté implicado en la desaparición de la chica?

-No lo sé, pero es muy raro ¿no? ¿Qué hacían esas cosas en su escritorio si las llevaba Esther el día que desapareció? Deberían de estar con ella, dónde se encuentre.

-Pero, ¿Por qué iba a querer él retenerla y hacernos creer a todos que ha desaparecido?

-Manuel, quizás ella si volvió a casa, quizás le contó su relación con el otro chico y quizás la que tenía con Cifuentes. Fernando en un ataque de ira pudo encerrarla, para así tenerla solamente para él, prisionera en algún lugar. Así nunca volvería a inmiscuirse con ningún hombre.

-Eso es un poco descabellado, Parker. Si eso fuera así, ¿para qué habría liado todo esto de la desaparición?

-Precisamente para que nadie sospeche de él.

-Es todo un poco extraño, la verdad. Yo lo veo un poco ido, con la mirada perdida y tocado de los nervios, pero no sé si lo veo capaz de hacer eso.

-Yo le conozco desde hace mucho y está muy raro, más de la cuenta.

-Si tú lo dices, será así.

-Si te pones a atar cabos, todo encaja, de verdad.

-Estaba un poco cabreado por la investigación que tú y yo tenemos entre manos, según él no estamos sabiéndola llevar. Ya va a hacer una semana que Cifuentes apareció muerto y no tenemos nada. –Manuel se incorporó en la silla para hablar con David.

-A mí no me importa lo que él me diga. Es mi superior y todo eso, pero tiene que entender que si nos encomienda a nosotros esta tarea, somos nosotros los que tenemos que llevarla a cabo. Es que no podemos hacer más. Hemos pedido las coartadas, de alguna u otra manera nos las han dado, aunque sin pruebas. Nosotros tampoco tenemos pruebas fehacientes para culpar a nadie. Ni a Victoria, ni a Javier Falcón, ni a Mariana Ruiz.

-Sin esas pruebas, no podemos seguir con ésta investigación hacia adelante.

-Tenemos que intentarlo, de alguna manera tenemos que llegar al asesino. También tenemos que tener en cuenta que Esther pudo matarlo. Nos hemos centrado tanto en su desaparición que no hemos pensado con frialdad esa posibilidad.

-Si esa chica apareciera y hablara, quizás solucionaría las cosas. –Dijo Manuel mientras cogía unos documentos de la estantería.

-Ya veremos cómo van sucediendo las cosas. –Respondió David- Oye, ¿vais a venir al final a la fiesta? ¿Se lo comentaste a tu mujer? Porque yo se lo dije a Corina y se puso loca de contenta de pensar que tendría una nueva amiga. –Dijo en tono jocoso.

-Pues mi mujer no está mucho por la labor, está insoportable con el embarazo. Ella no es que haya sido nunca muy cariñosa, pero es que está llegando a límites insospechados, me tiene totalmente abandonado.

-No sabía que la cosa estuviera así entre vosotros.

-Pues sí, así es. Yo le he dejado claro que si ella no iba yo sí lo iba a hacer, así que allí nos veremos.

-Vale, nos veremos por allí.

En ese momento sonó el teléfono de David, le hizo un gesto de disculpa a Manuel y contestó.

-Dígame.

-¿David Parker? Soy Juan Romero, el forense. Ya tengo los resultados de la autopsia de Cifuentes.

-Ah, hola. Creí que estarían para mañana.

-Sí, pero tenía un hueco esta mañana y se la he realizado.

-¿Murió por la puñalada?

-No, estábamos equivocados. La causa de su muerte fue un ataque al corazón. Posteriormente, quizás unos segundos después, le asestaron la puñalada.

-¿Un ataque al corazón? –Manuel levantó la cabeza del documento que estaba leyendo y se le quedó mirando.

-Sí, así fue.

-¿Causado por qué cosa?

-Yo creo que fue el impacto de ver a quien vio. ¿Habéis dado ya con el asesino? –Preguntó el hombre.

-No, aún no. –David estaba un poco abrumado de la información.

-Según mi experiencia en este ámbito y con la autopsia realizada a este señor, el cual murió por un ataque al corazón, creo que la persona que lo mató fue alguien a quién él no esperaba ver allí. Sería, quizás, la última persona que esperaba ver en ese lugar.

-¿Me quiere decir que las personas cercanas de las que estamos sospechando, posiblemente no tengan nada que ver en el crimen?

-Posiblemente. Tenga en cuenta, que si eran personas que veía cotidianamente, no tenía porque dale ese ataque si la vio unas horas después.

-Nosotros sospechábamos de la prostituta con la que él se encontraba aquella noche, de un vecino y de su esposa, principalmente.

-Al vecino lo vería todos los días, a la prostituta, si se encontraba con él, no creo que fuera mucha sorpresa verla, y su mujer…

-Estaban separados desde hacían unos meses.

-No sé, Parker. Lo único que te digo es que este hombre se llevó una gran impresión cuando vio a su asesino, causándole la muerte.

-Gracias, Juan. Me has dejado a cuadros, la verdad ahora mismo no sé qué pensar.

-Si necesitas algún tipo de ayuda, llámame.

-Lo haré.

La llamada finalizó y David le contó todo a Manuel. ¿Debían descartar a Javier y a Mariana de la investigación? ¿Debían volver a entrevistarse con Victoria? Eran muchas preguntas y pocas respuestas. Tenían que actuar rápido si querían solucionar aquel tema.

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2 comentarios en “LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 4

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