LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 2

**David se sentó en su butaca y la giró para quedar mirando a la ventana por donde entraba un cálido rayo de sol. Visualizó el reloj, eran las nueve menos cuarto, tendría tiempo para mirar el informe. Comenzó a leer.

Informe detallado:

-Nombre: Rodrigo Cifuentes Armada.

-Edad: 62 años.

-Localidad de residencia: Provincia de Córdoba.

-Pueblo de origen: Silillos, Fuente Palmera.

-Padres: María Armada Rivero (Muerte en 2000) Y Nazario Cifuentes Fernández (Muerte (2005)

-Hermanos: Matilde Cifuentes Armada (Muerte 1995) Y Jesús Cifuentes Armada (Muerte 2008)

-Casado con: Victoria Rodríguez Cascante.

-Hijos: No.

-Trabajo: Director en Colegio García Márquez, Provincia de Córdoba.

-Actualmente: Jubilado.

Con dicha información poco podía hacer, todo parecía estar en orden, aquella era la vida de un ciudadano cualquiera, normal y corriente. Tendrían que buscar otro tipo de datos complementarios. Cogió el teléfono y llamó a Antonia para que concertara una cita con el vecino que alertó del crimen y así poder sacar algo más en claro. Ella le informó que su esposa ya estaba enterada y tenía cita esa misma tarde para hablar con ellos en comisaría.

Decidió salir antes de tiempo, pero tocaron en su puerta. Vio entrar a Fernando, su superior, más decaído que nunca.

-¿Estás bien? –Le preguntó él.

-No, ¿Tienes un momento? Necesito comentarte algo. –El chico miró el reloj de reojo y vio que eran las nueve y cuarto. Tenía que escucharle, él lo consideraba un amigo y sin duda algo le pasaba.

-Claro, pasa y siéntate. –Los dos se sentaron y Fernando se quedó dubitativo.

-Verás, no lo estoy pasando nada bien. Llevo varios días sin saber nada de mi novia y estoy muy nervioso.

-Pero, ¿cómo va a ser eso? Esther nunca se marcharía sin darte explicaciones, nosotros la conocemos.

-Ella ha cambiado mucho, cuando nos fuimos a vivir juntos, la insté a que terminara sus estudios, pero se empeñó en irse a ese maldito bar a trabajar como camarera y fue ahí cuando cambió por completo. –Sus ojos castaños miraron a David llenos de pena, no llegaba a entender qué era lo que estaba ocurriendo.

-¿A qué te refieres cuando dices que cambió?

-Le encontré mensajes en el móvil con un chico al que yo no conocía. Ella me decía que era un cliente con el que se llevaba bien, pero yo creo que hay algo más. Hace dos días, quise acercarla al trabajo y ver cómo era ese lugar, pero no quiso, es más, se enfadó ya que según ella, solo quería entrometerme en su vida y en su trabajo, así que se fue pegando un portazo y la vi alejarse por la ventana hacia otra calle, hasta que la perdí de vista. Aquella fue la última vez que la vi y no creo que ella no hubiera vuelto, siempre que discutíamos hablábamos y nos arreglábamos, yo creo que ha habido algo más.

-¿Algo más? –Preguntó David inquieto.

-Sí, creo que su desaparición no ha sido voluntaria, alguien se la ha llevado.

-Si crees eso, debes denunciar.

-Sí, acabo de hacerlo y vengo a decirte que dejo la investigación del crimen de Cifuentes en tus manos. Yo tengo que centrarme en buscar a Esther, interrogar a personas relacionadas, tengo que hacer algo, Parker, si no me voy a volver loco. –El chico se removió en la silla y sus ojos comenzaron a ponerse acuosos.

-Tranquilo, Fernando, podremos con esto. No te preocupes por mi investigación, si te parece bien le diré al chico nuevo que se incorpora el lunes, que estará conmigo y te ayudaremos a ti en todo lo posible, somos un equipo, no lo olvides. –David se levantó de la butaca y se dirigió a su compañero que también se levantó y se dieron un amistoso abrazo.

-Gracias, David. Sé que cuento con vosotros.

Cuando Fernando salió de la habitación, David salió detrás de él y se montó en el coche. En breve tendría a su pequeña en brazos, sentía que moría de ganas.

 ** ¿Qué debía de hacer? Tenía que pensar en algo rápido y eficaz, algo que no dejara huella en él, que nadie sospechara de su persona. Se acercó a ella y la miró, había una paz tan grande reflejada en su rostro que le daba miedo. La amaba demasiado, era la única mujer en la vida de la que se había enamorado verdaderamente, por eso no podía soportar que nadie más estuviera a su lado, la había intentado convencer de dejar todo atrás y comenzar de nuevo junto a él. Pero se negó en rotundo: “No puedo hacerlo, aunque tú me gustes, estoy enamorada de él” Aquellas palabras aún retumbaban en su cabeza. Recordaba la ira que sintió al escucharlo y lo que pasó luego, él no quería. Ahora no sabía qué hacer. De pronto, algo comenzó a rondarle la cabeza, tal vez, si todo salía bien, podría estar con ella de por vida. Al menos lo intentaría.

**No podía creerlo, David estaba tan emocionado con su pequeña Carmen, que de vuelta al pueblo, el chico quería que condujera Corina para él traer a su hija en brazos.

-David, mi amor, entiendo que estés tan contento con la niña, pero tú mejor que nadie sabes que no puede ir en brazos de un adulto, tiene que ir en su silla. –Le explicaba Corina mientras besaba la cabecita calva de su bebé. Ya tenía dos meses, los ojos claros y muy vivos, además no dejaba de sonreír, era muy simpática.

-Tienes razón, no puedo ponerla en peligro. –El chico le dio un suave beso en la frente a la niña, que parecía no extrañar a nadie y la sentó en su silla. Corina se sentó detrás con ella y pusieron rumbo al pueblo.

-Ya está con nosotros. Estoy tan contenta…

-Sí, yo también. Pobrecita, dejarla en una caja de cartón en la puerta del orfanato… ¿Quién pudo tener tan mal corazón? –David llevaba la vista fija en la carretera.

-No lo sé, pero gracias a esa persona hoy en día la tenemos con nosotros, yo le estoy muy agradecida.

-Me da miedo que alguien la pueda reclamar.

-No pienses en eso. Perdieron todo el derecho sobre ella cuando la abandonaron, ahora es nuestra, nosotros somos sus padres legalmente y nadie podrá nunca separarnos de ella.

-No quiero ni pensar que eso pudiera pasar, si ya la quiero, no me quiero ni imaginar cuando pase más tiempo con ella. –La chica se incorporó y puso su mano sobre el hombro de su marido.

-Tranquilo, nada de eso va a ocurrir. –Él le devolvió una sonrisa tranquilizadora por el espejo retrovisor.

-Cambiando de tema, ¿se ha sabido algo más? –Carmen se movió inquieta y su madre le puso el chupete, quedándose dormida al instante.

-Antonia me ha hecho un informe detallado de la vida de Cifuentes, pero no hay nada que pueda ser destacado. Hoy se le ha comunicado a su esposa su muerte y esta tarde tengo una cita con ella, además queremos hablar con el vecino que dio la voz de alerta.

-Es lo mejor, la gente está revolucionada en el pueblo, sacan muchas cosas que pueden ser ciertas o no. Esta mañana se me acercó una vecina y me dijo que se estaba comentando que la noche anterior al crimen vieron entrar en su casa a Cifuentes con una prostituta.

-Bueno, ya sabes cómo es la gente, empiezan a hablar y no paran. Por lo pronto quiero hablar con Victoria, su mujer, a ver ella que me dice de todo este asunto. Al salir de comisaría, Antonia me informó que estaban separados, por eso él se vino al pueblo y ella se quedó en Palma del Rio.

-Pero eso lo sabíamos todos en el pueblo, posiblemente tú fueras el único que no sabía nada –Dijo la chica en tono jocoso.

-¡Lo siento, Corina! ¡Debería haberlo sabido, lo sé! Pero trabajo muchas horas y apenas me relaciono con nadie. –Le respondió en tono dramático y los dos comenzaron a reír sin poder parar en un buen rato.

-De ahora en adelante yo te informaré de todos los chismes  que me entere, así no serás el último en enterarse de nada. –Corina aún sonreía.

Al llegar a casa todas las vecinas se asomaron a conocer a Carmen. Quedaron prendadas de inmediato, ¡aquella niña era un ángel! Bajaron todo del coche y la sentaron en su cochecito a estrenar. Poco después fueron a casa de los padres de Corina a que conocieran a la pequeña. Los dos temían la reacción que pudiera tener Luis, él había sido siempre muy mimado y no entendía que otra persona compartiera a sus padres con él. Al principio no sabía qué hacer, se quedó mirándola en silencio, pero finalmente sonrió y le dio un rápido beso en la frente.

Cuando llegaron de nuevo a casa, David se puso el uniforme, eran las cinco y tenía que volver al trabajo. Le gustaría pasar más tiempo con su familia, pero le era materialmente imposible, tenía muchísimo trabajo y más ahora con lo que tenían en manos. Cogió a Luis en brazos y se sentó en el sofá al lado de Corina, que mecía a la niña en una cunita.

-Cuida de mis niños. Estaré aquí lo antes posible. –Dijo el chico mientras acariciaba la suave melena de su mujer. Ella no pudo hacer otra cosa que regalarle una sonrisa.

-David… ¿No crees que deberíamos ir a casa de tus padres para que conozcan a Carmen?

-Sabes que no puedo. Al principio parecía que todo se iba a arreglar con ellos, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta que no iba a ser así. Yo agradezco que me hayan criado, pero me negaron el saber quién era mi madre. Desde que me enteré pienso en ella de día y de noche y maldigo el no haberlo sabido hasta los 29 años. Si te digo la verdad, no quiero complicarme más la vida. Prefiero no verlos y tener el menor contacto posible con ellos, porque cada vez que los veo, algo dentro de mí se despierta y es la ira que siento. No quiero hablarles y para eso, lo único que tengo que hacer es tener la menor relación posible con ellos.

-Como quieras. ¿Y tus abuelos?

-Son muy mayores ya, y aunque conseguí verlos como abuelos, aún me cuesta. Algún día le llevaremos a la niña para que la conozcan.

-Tú decides, es tu familia, pero una cosa sí que te pido: No tardes hoy en venir.

-Estaré aquí lo antes posible, tranquila.

El chico se despidió de su familia y puso rumbo a comisaría, intentaría sacar alguna información sobre todo lo ocurrido antes de aquel crimen.

**Fernando se había ido a casa. Le hubiera gustado estar con Parker en la entrevista que le iba a hacer a la mujer de Rodrigo Cifuentes, pero no podía, se sentía infinitamente mal por la falta de noticias de Esther. Ella era de descendencia italiana y sus padres vivían en la Toscana, no sabían nada de lo ocurrido, pero si no aparecía pronto, tendría que llamarles.

Se desplomó en el sofá y cogió una foto de su novia, apenas tenía 24 años, era muy joven todavía. Desde el otro lado de la foto lo miraba una chica pelirroja, con el pelo largo y ojos verdes esmeralda, era la mujer más guapa que podía haber encontrado nunca. A penas le quedaba un año para acabar sus estudios a distancia, quería ser abogada y lo iba a lograr. Él sabía que no podía desaparecer para siempre, tenía que ponerse de inmediato a buscar pistas. Se levantó y miró por la ventana, al fondo vio la calle por la que ella se había ido, viéndola ahí por última vez, tendría que preguntar si alguien la vio e ir al bar a que le dieran información sobre sus pasos allí. Apuntó todo en una libreta y salió decidido de casa, la buscaría por tierra, aire y mar. Donde hiciera falta.

**Al entrar en su despacho, David ya sabía de la presencia de Victoria. Antonia le había comunicado que llevaba un rato esperándolo.

-Buenas tardes. –Dijo el chico al entrar, Victoria se giró y pudo ver a una mujer menuda, con media melena morena y los ojos claros. Liados en la mano llevaba varios rosarios- Siento mucho lo de su marido. -Ella no dijo nada mientras se estrechaban las manos.

-Gracias. –Contestó al fin- ¿Qué le ha ocurrido exactamente? –Preguntó la mujer, luego besó los rosarios y miró a David esperando una respuesta.

-Lo han asesinado, una puñalada en el pecho.

-¿Sabéis quien ha sido? –La mujer se mostraba serena, sin un ápice de sufrimiento en su mirada.

-No, estamos investigando el caso. ¿Cómo era la relación con su marido?

-Toda la vida ha sido buena, desde que nos casamos nos quisimos mucho, aunque nunca pudimos tener hijos.

-¿Por qué se separaron? –David se recostó levemente en su butaca esperando respuesta.

-Él me engañó. Yo no me había dado cuenta de nada, pero se había estado riendo de mí durante mucho tiempo. Cuando me enteré quise que se fuera, pero luego comprendí que la gente comenzaría a hablar y me quedé a su lado, aunque no duramos ni un año más, no podía perdonarle. –Victoria jugaba con los anillos de los dedos.

-¿Hace mucho de esto?

-De la separación definitiva apenas unos meses. Él se fue a vivir al pueblo, que es donde se crió con sus padres y sus hermanos y yo me quedé en Palma del Rio.

-¿No sabe usted si él tenía enemigos? Alguien que quisiera hacerle daño.

-Puede ser. Seguramente hubiera personas que se quisieran vengar de él. Mi marido nunca fue un buen hombre.

-¿Puede especificar qué me quiere decir con eso?

-No, hablo en general. Aunque fuera su mujer, de su vida privada no sabía nada. Él salía y entraba cuando quería y hacía lo que le daba la gana. Su vida no era para nada la que debería llevar un cristiano, y en más de una ocasión se metió en líos, pero no puedo hablar de un modo más concreto porque fueron muchas cosas.

-Piense, recuerde algo. Es muy importante para llegar al asesino. –El chico sabía que Victoria no le estaba diciendo toda la verdad, había algo en sus ojos que la delataba.

-Ahora que lo pienso… Dos días antes de que ocurriera todo esto, vino una mujer a mi casa preguntando por Rodrigo. Yo le dije que ya no vivía allí.

-¿Qué quería?

-No me quiso contar mucho, pero creo que tenía algo con ella. Aquella mujer tenía la mirada perdida, yo creo que no estaba bien, además tenía un maquillaje muy pronunciado, una persona normal no se maquilla así para salir a la calle. –David dio un salto y se incorporó.

-¿Qué clase de maquillaje?

-Tenía las mejillas muy sonrosadas, unos labios rojos, un rojo profundo que sobresalía por los bordes un poco y una sombra de ojos bastante estrafalaria.

-Necesito que me dé el nombre de esa mujer, es muy importante.

-Me dijo que se llamaba Mariana Ruiz, vive cerca de mi casa, pero la dirección exacta no lo sé.

-El lunes podemos quedar en su casa para que me guie hasta la de Mariana.

-Le diré por donde vive, pero no quiero verla, yo sé que tuvo algo con mi marido y eso me duele. Además, creo que se dedica a la mala vida. –En ese momento recordó lo que Corina le había contado.

-¿Le contó usted donde vivía Rodrigo actualmente?

-Le dije que no vivía en mi casa ya, que se había ido a su pueblo de origen.

-Claro, posiblemente fuera a buscarlo ahí… -David hablaba en tono muy bajito.

-Perdone, no le escucho bien.

-No, nada. El lunes a las cuatro de la tarde estaremos en su casa. Iré con un compañero, para que nos diga dónde vive Mariana.

-Allí le esperaré. ¿Sabe donde vivo? –Preguntó la mujer mientras se levantaba.

-No, pero déjele los datos a Antonia, la secretaría, está justo a la salida.

-Vale, hasta el lunes. –Se estrecharon las manos y salió del despacho cerrando la puerta a su espalda.

Parker se quedó pensando en la conversación que había tenido con Victoria, ¿Había esclarecido algo? Solo sabía que su marido no compartía con ella su vida privada, que tenía enemigos y que una mujer llamada Mariana Ruiz, la cual tenía pinta de prostituta, había ido a buscarlo hacía dos días, es decir, el día de antes del crimen.

Aquella mujer, Victoria, no era trigo limpio, a su juicio, no se le veía afectada en absoluto por la muerte de su marido, aunque estuvieran separados habían pasado muchos años juntos. Tendría que investigar más sobre ella.

Llamaron a la puerta, era Antonia.

-Somos los últimos, un viernes a las ocho y media de la tarde. –Dijo ella sonriendo- Te he concertado una cita con la persona que dio la voz de alerta, Javier Falcón, el vecino de Cifuentes, ¿Te va bien mañana a las doce?

-Sí, creo que no tengo nada.

-Le he dicho que irías a su casa, porque como hasta el lunes ya no vienes por aquí…

-Vale, iré a hablar con él. Gracias y hasta el lunes. –El chico recogió sus cosas y fue directo a casa, donde lo esperaban su mujer y sus niños.

**Era un viernes por la noche como otro cualquiera, con la salvedad de que Esther no estaba a su lado. Esos días acostumbraban a pasarlos juntos, veían alguna película y comían palomitas y chucherías hasta que sus estómagos gritaban basta. Echaba de menos todo aquello, y cada vez estaba menos convencido de que se la hubieran llevado en contra de su voluntad, seguramente ella hubiera decidido irse. Después de la búsqueda que había llevado a cabo durante toda la tarde, preguntando casa por casa en la calle donde la había visto por última vez, estaba casi seguro. Nadie colaboraba, nadie quería inmiscuirse en el tema. Así jamás llegaría a ningún sitio, aunque ya tenía pensando ir personalmente al bar donde ella trabajaba, había llamado por teléfono y no supieron decirle con seguridad si ese día se presentó a trabajar o no. Tendría que ir allí y pedir el cuadrante para ver si su firma constaba en él. Movilizaría Fuente Palmera entera si fuera necesario para llegar a ella. Se levantó para echarse un vaso de Whisky, cuando alguien llamó a la puerta. Miró con recelo, puesto que eran las doce y media de la madrugada, quizás fuera ella, quizás se hubiera arrepentido y quisiera volver. Se llevó una gran desilusión cuando vio a un chico de unos 18 años, rubio, ojos oscuros y aún tenía algún que otro grano.

-¿Puedo ayudarte en algo? –Preguntó Fernando.

-Quiero hablar contigo, sé que estás buscando a Esther y creo que sé algo –Dijo el chico tímidamente. Fernando se hizo a un lado y lo dejó pasar.

-Siéntate –Le dijo secamente, él ya no se fiaba de nadie. El chico se sentó en el sofá y miró a su alrededor.

-Yo me llamo Daniel, soy hermano de María, la mejor amiga de Esther.

-He hablado con tu hermana y me ha dicho que no sabe nada. –Él también se sentó y se dio cuenta que llevaba puesto el pijama, algo normal con las horas que eran.

-Yo vi a Esther montarse en el coche con mi vecino.

-¿Qué vecino? –Preguntó alterado.

-Seguro que le conoces. Vive justo enfrente de mí, está casado y tiene un bebé. Se llama Óscar Vidal.

-Sí, sé quién es, pero ¿él conocía a mi novia?

-Yo no sé nada de eso, pero he estado investigando, quiero ser policía como tú, y me he enterado que óscar es el dueño del bar donde trabaja Esther.

-Creo que estás confundido. El dueño es otro hombre, él no vive en Fuente Palmera, es de Montilla.

-Eso fue hasta hace un mes que se realizó la compra. Óscar le compró el bar al antiguo propietario y yo vi como Esther se montaba con él en el coche justo el día que desapareció y venía de tu casa.

-No sabía nada de eso, pero te agradezco que me hayas avisado, mañana sin falta voy a ver al tal Óscar Vidal. –El chico se levantó y se dirigió a la puerta.

-Si necesitas ayuda no tienes más que avísame. –Le dijo el chico.

-Gracias, lo tendré en cuenta.

Cuando volvió al sofá, cogió su bloc negro y apuntó todos los datos relevantes que Daniel le había proporcionado. Ese chico tenía potencial.

**Aún era temprano. David y Corina estaban tomando café en el pequeño jardín de su casa mientras los niños aún dormían. Había recibido una llamada de Fernando hacía unos minutos, contándole lo que había averiguado gracias al hermano de la mejor amiga de Esther.

-No lo puedo creer. Yo no puedo imaginarme a Esther yéndose por su propio pie del lado de Fernando, siempre se han visto muy enamorados. –Le chica le dio un sorbo al café.

-Sí, pero no es oro todo lo que reluce. A mí me ha contado él que últimamente tenían muchas peleas.

-Siendo así… Aunque conociéndola, yo creo que no se ha ido por su propia voluntad.

-Fernando está investigando todo eso, pero de todas formas he quedado con él para ir a ver al dueño del local, con quien Esther supuestamente se montó en el coche.

-Haces bien. Oye, ¿No es ese Javier Falcón? ¿No tenías que verte con él dentro de unas horas? –Preguntó Corina mirando por la verja. El hombre estaba pasando por allí sumergido en sus pensamientos. David se levantó y abrió la puerta.

-Buenos días, perdone que le moleste, soy David Parker, de la policía. Tenía una cita con usted esta mañana, ¿le importaría pasar y que habláramos un poco? –El hombre tenía sobre 45 años, era moreno, aunque ya le faltaba pelo, tenía algo de sobrepeso y los ojos algo hundidos.

-Hola, claro no me importa. –David le indicó el camino y miró a Corina disculpándose, así podrían ir lo antes posible a hablar con Óscar Vidal. Se sentaron en el sofá y le ofreció café, pero el hombre se negó.

-Me gustaría saber qué sabe usted sobre Rodrigo Cifuentes, que pasó aquella noche… Necesito todo lo que sea importante.

-Yo sé muy poco, solo era su vecino. Salí a comprar el pan temprano, como hoy, y lo encontré en la puerta de su casa, boca abajo, tumbado en un charco de sangre.                    –Tenía una voz ronca y tartamudeaba un poco.

-¿Conoce usted a una tal Mariana Ruiz? –Al hombre le cambió la cara.

-Sí, claro que la conozco, pero no quiero hablar de ella.

-Tiene que hablar, por lo que tengo entendido usted era amigo de Rodrigo, querrá que se esclarezcan los hechos.

-¿Quién ha dicho que yo era amigo de ese malnacido? Solo era su vecino. –El hombre levantó la voz.

-Solo era lo que todo el mundo teníamos entendido, disculpe si le he ofendido. Aún así, me gustaría saber porque lo define como un malnacido.

-Era un malnacido porque se acostaba con mi ex mujer. Él sabía que yo la seguía queriendo y aún así no le importó irse con ella.

-¿Quién es su ex mujer?

-Mariana, mi ex mujer es Mariana. Yo estuve casado con ella durante 25 años, luego nos divorciamos porque ella quiso. Yo no quería, pero tuve que ceder, no podía tenerla a mi lado sin que ella quisiera. Se fue a vivir a Palma del Río, a una casa que había heredado de sus padres. Sé que lo pasó muy mal y me enteré por gente ajena que se había metido en la mala vida. Llevaba un tiempo dedicándose a la prostitución y por esa vía conoció a Cifuentes. Obviamente, yo no sabía nada, y por eso cuando se mudó hace poco tiempo, creí que podríamos ser amigos, pero comencé a ver que llegaba por las noches con Mariana a casa y yo no podía soportarlo, porque la sigo queriendo.

-Increíble… ¿Vio usted a alguien entrar en casa de Cifuentes la noche anterior al crimen?

-Me consta que Mariana estuvo esa noche con él, yo los vi entrar a eso de las tres de la mañana, me pilló bebiendo agua en la cocina y pude verlo perfectamente.

-¿Vio algo más?

-Nada, lo próximo fue a la mañana siguiente, cuando lo encontré tumbado en el charco de sangre.

-Perfecto. Con esto podré hablar con mis compañeros, poco a poco vamos cerrando el círculo.

-¿Cree que la asesina fue Mariana?

-No lo sabemos, tenemos que hablar con ella. Ya falta menos para saber si se han encontrado huellas dactilares en el lugar del crimen, luego compararemos con los sospechosos. –El hombre se puso blanco y David frunció el ceño.

-¿Le ocurre algo?

-No nada, estoy bien. Tengo que irme.

Javier se levantó y se chocó con Corina en la puerta. Más tarde, David llamó a Fernando para quedar a alguna hora en concreto.

**Victoria aún no podía creer que su marido ya no existiera. En aquel momento estaría en una mesa de autopsias o quizás en una cámara frigorífica, esperando que alguien reclamara el cuerpo. Ella por supuesto no lo iba a hacer, le había hecho mucho daño y jamás se lo perdonaría.

Se sentó al borde de su cama y acarició una figurita de Cristo que había en la mesita de noche. En aquel momento se percató de lo mala que había sido ella también, pero aquel era su secreto, nadie debía saber jamás lo que hizo. Nadie había sido testigo, solo una persona y ya estaba fuera de juego. Acarició de nuevo la figura y comenzó una oración en voz baja. Aquel era el mejor camino para la escapatoria a todos los pecados. Si su señor la perdonaba, ella se daría por satisfecha.

**Cuando David llegó a Fuente Palmera, Fernando lo estaba esperando en la puerta de su casa. Tenía el mismo aspecto cansado de siempre y se notaba que había perdido peso, ya que toda su ropa le quedaba grande. Sus ojos oscuros miraron a David, suplicándole que le ayudara a encontrar a su novia.

-¿Qué pasa, tío? –Le preguntó David estrechándole la mano.

-Ahí voy, si te digo la verdad no estoy bien. No puedo sacarme de la cabeza a Esther. ¿Dónde iba con el dueño del local en el que trabajaba? ¿Por qué no quería que yo la acompañara? –Preguntaba muy nervioso.

-Todo se va a arreglar, no te preocupes. Venga, vamos a casa de ese tal Óscar.     –Los chicos se montaron en el coche y pusieron rumbo a casa de aquel hombre.

-¿Cómo va la investigación de la muerte de Cifuentes? –Fernando se tocaba el pelo compulsivamente, se le notaba muy nervioso.

-Poco a poco vamos teniendo algo más. Hablé con Javier Falcón, el vecino que todos creíamos que era amigo de Rodrigo, pero no era así. Se llevaban mal porque la prostituta que él se llevaba a casa era la ex mujer de Javier, de la cual él seguía enamorado.

-Joder, ¿tenéis el nombre de la prostituta? Tenemos que hablar con ella.

-Sí, se llama Mariana Ruiz. No me ha dado buena espina Javier Falcón. Estaba muy nervioso y le cambió la cara cuando le hablé de la comparación de huellas dactilares.

-¿Crees que tuvo algo que ver?

-Ahora mismo todo el mundo es sospechoso, tanto Mariana Ruiz, como Javier Falcón, e incluso Victoria, la mujer de Cifuentes. Ayer hablé con ella y no mostraba ningún sentimiento de pena por la muerte de su marido, me dijo que él tenía una vida privada con otras mujeres, en la que ella no tenía cabida.

-Ha podido ser cualquiera, incluso alguien del que todavía no tenemos conocimiento, por lo que tenemos que pedir a todas esas personas las coartadas de aquella noche. Algo que nos puedan demostrar.

-De acuerdo, así lo haré. Creo que hemos llegado –David aparcó justo frente a una casa blanca con las ventanas y la puerta pintada de azul. Tenía un bonito jardín en la parte delantera. Llamaron y les abrió una chica bajita, delgada y morena. Tenía unos ojos pequeños y almendrados.

-Buenos días, ¿podríamos hablar con Óscar Vidal? –Preguntó Fernando.

-Él no está, este fin de semana ha salido fuera por negocios. –David miró con lástima a la chica, seguramente su marido estuviera con otra. Fernando pensó que podía estar con Esther- ¿Quiénes sois?

-No se preocupe por eso, vendremos otro día a buscarlo. Buenos días.

Al montarse en el coche, David le propuso ir al bar donde Esther trabajaba. Quizás allí podrían reunir más pistas para el caso. Al entrar, vieron unas cuantas personas tomando cervezas en la barra y a una chica como camarera. Se acercaron a ella y sacaron la placa.

-Buenos días, somos policías. Necesitamos hacerle unas preguntas a cerca de Esther, una chica que trabaja aquí. Lleva sin dar señales de vida desde hace cinco días y queremos saber si la noche que desapareció vino a trabajar. –Le explicó Fernando.

-Yo no sé nada. Entré ayer a trabajar aquí, por lo visto alguien había fallado y había dejado de venir a trabajar. –La chica los miró con miedo. Sus ojos eran claros y una melena dorada le caía por los hombros.

-Bien, ¿con quién más podemos hablar?

-Hace unos minutos llegó el encargado del personal, está en una habitación que hay al fondo, que es donde trabaja.

-¿Podríamos verle?

-Sí, claro, vengan conmigo. –La chica los guió por el bar hasta llegar al fondo donde había una habitación justo al lado de los servicios. Llamó y los anunció. El encargado era un hombre de baja estatura, prácticamente obeso y sin un pelo en la cabeza.

-Hola, nos gustaría hablar con usted, somos Fernando Treviño y David Parker, policías. –Le enseñaron la placa- Estamos investigando la desaparición de Esther Anduesa. Trabajaba aquí queremos saber si la noche de su desaparición vino a trabajar.

-Bien, yo soy Joaquín Hurtado, el encargado del personal. –Se estrecharon las manos- Efectivamente, Esther no ha aparecido más por aquí, por eso he tenido que meter a la chica que hay ahora en la barra. –Sacó una plantilla y empezó a buscar el día- Aquí lo tengo, el último día que apareció por aquí fue el 10 de Septiembre, pero no terminó su jornada, solo trabajó dos horas y se fue.

-Sí, el 10 de septiembre fue la última vez que la vi. Entonces vino a trabajar…

-Exacto, vino. Vi como llegaba con el dueño. Me contaron que le había hecho el favor de acercarla. A las dos horas de llegar  me dijo que tenía que irse, estaba muy agitada.

-¿Qué le ocurría, se lo dijo? –Preguntó Fernando muy nervioso.

-No lo sé, esa noche había hablado con dos clientes habituales. Uno no hace mucho que venía por aquí, pero no sé su nombre y el otro sí que venía más a menudo y hablaba mucho con ella, creo que se entendían de alguna manera. –Fernando apretó los puños, obviamente el encargado no sabía que él era el novio de Esther- Aquí tenéis la plantilla. Cuando ella se marchó a las doce de la noche, tuve que llamar a Mariana para que le tomara el relevo, aunque esa noche ella no tenía previsto venir, ya que vive en otro pueblo y no tenía turno de noche.

-¿Mariana? ¿Mariana Ruiz? –Preguntó David mientras miraba la plantilla.

-Sí, la misma. Lleva un tiempo trabajando de camarera aquí, aunque todos sabemos que esa no es su única fuente de ingresos.

-¿Es prostituta, verdad?

-Sí, no es un secreto para nadie, pero es buena aquí en el bar y por eso la contraté. Aunque tengo que reconocer que desde hace un tiempo ha habido más de una bronca entre ella y Esther. A mí eso me incomodaba mucho, porque no quería despedir a ninguna de las dos, se lo expliqué a ambas y parece ser que lo entendieron. Ya no se han peleado tanto. –Fernando se preguntó si él conocía realmente a su novia. No tenía ni idea de todo lo que aquel hombre le estaba contando.

-¿Por qué se llevaban ellas dos tan mal? –Preguntó David.

-Verá, yo no soy ningún chismoso, nunca me ha gustado el chisme, pero era por un hombre. Venía aquí al bar, era cliente de Mariana, digamos que en su otro trabajo, y no sé cómo, pero Esther también comenzó una especie de relación con él.

-¿De quién está hablando?

-A ese hombre le acaban de matar. Vivía en el pueblo de al lado desde hacía unos meses. Rodrigo Cifuentes se llamaba.

-¿Rodrigo Cifuentes? –No podían creer lo que estaban escuchando. ¿Sería posible que su asesinato y la desaparición de Esther estuvieran relacionados?

-El mismo. No salía del bar, porque si la camarera no era Esther, era Marina y a él le gustaban las dos.

-No puedo creerlo… -Dijo Fernando en voz baja.

-¿No sabe quién era el otro chico con el que Esther hablaba?

-No, como le he dicho, él no hacía mucho que venía por aquí, es joven y guapo, era normal que le gustara.

-¿No vio nada más la noche que Esther desapareció? ¿Qué explicación le dio?

-Vino a mi despacho sobre las doce y me dijo que tenía que irse. Estaba muy nerviosa, pero a la vez feliz. Le dije que no podía hacernos eso, que era su turno y tenía que quedarse, pero en ese momento el chico  joven del que le hablo, llegó y se la llevó, ella me sonrió, yo creo que estaba bien con él. Salí detrás de ella y vi como salían del bar los dos y Rodrigo Cifuentes los seguía, cuando los tres salieron, la puerta de cerró a sus espaldas y ya no volvía  ver más a Esther. A la hora más o menos, llegó Mariana y se quedó al cargo, mientras ella llegaba, yo me encargué de la barra.

-Vale, muchas gracias, creo que he escuchado bastante por hoy. –Fernando se levantó y David hizo lo mismo, ambos se despidieron y salieron a la calle. Cuando el aire, algo fresco, golpeó la cara del chico, lo agradeció. Se montaron de nuevo en el coche.

-Creo que todo puede estar relacionado. – El chico miró a David con los ojos llenos de lágrimas.

-Tranquilo, todo se va a arreglar.

-No sé con quién he estado viviendo todo este tiempo, esa Esther no era la que yo conocía. No puedo creer que le gustara Cifuentes, por edad podría ser su padre, y por lo visto había otro chico más joven.

-Fernando, si Rodrigo se llevó a Esther, jamás sabremos que hizo con ella, él ya está muerto. Han registrado su casa entera cuando lo encontraron y allí no había nada.

-Lo sé… Pudo ser él, eso ocurrió dos días antes de su muerte. En esos dos días, él pudo hacer con ella lo que quiso. Yo no sabemos quién es el otro chico, él también puede tener algo que ver.

-Tenemos que pensar, estructurarlo todo bien, para que no se nos pase nada. Hay que pedir coartadas de la noche que murió Rodrigo, de su esposa, su vecino y Mariana. Hay que hablar con ella y que nos explique su versión de los hechos, aunque me consta que la noche del crimen la pasó con él y lo ideal sería que el misterioso joven apareciera y supiéramos su identidad.

-El lunes por la mañana tenemos que vernos.

-Sí, yo voy a ir a entrevistar a Mariana a las cuatro de la tarde, podríamos quedar sobre las once e ir a hablar con Óscar Vidal. Quizás Esther le contara algo a él.

-Perfecto, así lo haremos.

**Era una cálida tarde de domingo, Miriam acababa de terminar la mudanza. Por fin había encontrado un trabajo en aquella aldea, después de haberse independizado. Quería comenzar de nuevo, enfrentarse sola al futuro. Como decía el refrán, algunas veces es mejor estar sola que mal acompañada.

Se sentó en su recién estrenada cocina, era pequeña pero acogedora, como el piso en general. Estaba incluida dentro del salón, todo tenía un toque bastante diáfano. Constaba de dos habitaciones más, una de las cuales tenía baño incorporado y era su dormitorio. En la otra había decidido almacenar sus recuerdos, por pocos que fueran.

Solo quedaban horas para comenzar su jornada y estaba ansiosa por conocer a sus compañeros. Ojalá con ellos pudiera tener una buena relación y considerarlos amigos, cosa que nunca había tenido y no sabía el porqué.

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2 comentarios en “LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 2

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