LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 1

 Sentada en aquel banco miraba al cielo y se preguntaba por qué le había tocado a ella vivir aquello. Estaba desolada, nada ni nadie podría quitarle el dolor tan grande que sentía en lo más profundo de su corazón. ¿No había soportado demasiado ya en la vida? Se sentía muy sola, no tenía a nadie a quien contarle todo lo que albergaba en su interior, era una sensación aterradora.

Le habían arrebatado un pedacito de su vida y no sabía si podría afrontar aquel dolor por mucho más tiempo, había soportado todo lo imaginable a lo largo de su existencia, pero aquello era demasiado. Creía que un ser humano tenía un límite y parecía ser que ella ya lo estaba rozando.

Se levantó y apretó contra su pecho aquel libro tan valioso para ella. Se sentía muy identificada con lo que en él se exponía, aquella historia. Jamás olvidaría en día que, la única persona a la que había considerado un amigo, se lo dio. “Léelo, creo que te servirá. A ella le pasó casi lo mismo que a ti” –Le comentó-

Retiró las lágrimas de sus ojos, tendría que sacar fuerzas de donde fuera, no podía rendirse en aquel momento, tenía que hacer todo lo posible por volver a ser la mujer que era antes. Seguiría adelante y lucharía por lo que más quería en la vida.

**Habían pasado cinco años de todo lo ocurrido en aquel pequeño pueblo. Las cosas habían vuelto más o menos a la normalidad, pues desde que Víctor Suárez murió y Alejandra había sufrido un intento de secuestro, todos los padres se mostraban reacios a dejar a sus hijos solos en la calle aunque poco a poco todo fue volviendo a aquella ansiada normalidad.

Corina se encontraba en el salón de su casa poniendo en un jarrón con agua las flores que su recién estrenado marido, David Parker, le había regalado. Gracias a él había podido olvidar de alguna manera el pasado, su vida junto a Luis. Había pasado un lustro desde aquel maldito accidente, por llamarlo de alguna manera, el cual le costó la vida a él y a Sara, pero ambos le habían dejado el regalo más bonito y preciado del mundo, a su hijo.

Se sentó en el sofá y echó su cabeza sobre un cojín, no pudo evitar sonreír al recordar sus comienzos con David. Los tres primeros años desde la muerte de su marido y de Patricia, los dos se apoyaron el uno en el otro y ninguno mostró el más mínimo interés a lo que el amor respecta, aunque por las noches cada uno pensara en el otro en la soledad de su cama.

Todo ocurrió gracias a su hermano Raúl, él fue quién con un comentario a su pequeño Luis, hizo que los dos se dieran cuenta del valioso tiempo que habían perdido olvidando a unos amores que ya no existían, puesto que cada uno de ellos estaba perdidamente enamorado del otro.

Cogió una foto de su boda, que había sido hacía dos semanas, y la apretó contra su pecho, suspirando de amor como una adolescente por su esposo. Recordó su primer beso y volvió a sonreír. Era verano, hacía poco más de dos años, David y ella estaban pasando unas vacaciones en Rota, Cádiz. Iban como lo que eran, unos buenos amigos, aunque los dos sabían que aquel sería el detonante de su amor. Bajaron a la playa, ella estaba preciosa, con un traje muy sencillo rojo y unas sandalias blancas. Su larga y frondosa melena rizada ondeaba al viento en la oscuridad de la noche. Podía escuchar el rugir de las olas a su espalda. Fue entonces cuando David la miró fijamente a los ojos. Su pequeña melena se movía por el viento cálido y hacía que su flequillo dejara de tener aquella apariencia tan pulcra que siempre tenía. La cogió de la mano y se sentaron silenciosamente en una de las tumbonas.

-David… -Comenzó a decir la chica cuando notó la mano del chico en su cuello.

-Corina, no hables. Déjame hacerlo a mí. –Ella asintió y lo miró a los ojos- Hace mucho tiempo que pasó aquellos episodios tan trágicos en nuestras vidas, hemos hablado mucho en estos más de tres años, hemos sido amigos, nos hemos apoyado el uno en el otro y si no hubiera sido por ti, no sé que habría sido de mí tras la muerte de Patricia. Yo la quería mucho, demasiado, y cuando ella se fue me juré a mí mismo que nunca volvería a enamorarme de nadie y de hecho, creía que lo estaba consiguiendo, hasta que tu hermano hizo aquel comentario al pequeño diciéndole que quería que tú fueras feliz y yo me convirtiera en su papá. –Los ojos de la chica chispeaban viendo la timidez que estaba mostrando David- Fue ahí cuando lo comprendí todo. Por fin había curado aquella herida que me causó la muerte de Patricia, el corazón me iba a mil por hora cada vez que pensaba en ti, por eso te he regalado este viaje. No ha sido muy lejos, porque tengo mucho trabajo, pero necesitaba tenerte cerca para contarte todo esto y estar contigo más tiempo a solas. –El chico se quedó callado mientras la miraba.

-No sé qué decir, me has dejado sin palabras. –Dijo ella mirándose los dedos de las manos- Te mentiría si dijese que no siento nada por ti. Fuiste mi gran apoyo y llevo mucho tiempo pensando en nosotros. Para mí, lo de Luis fue demasiado fuerte, jamás creía que moriría de aquella manera, pero con el paso del tiempo aprendí a vivir sin él, fueron años muy duros pero tú te fuiste metiendo en mi corazón y me alegro  que sientas lo mismo. –David sonrió.

-¿Sabes? No nos vamos a arrepentir de esto. Eres una mujer estupenda, Corina. –Se fue acercando a ella lentamente mientras le susurraba aquellas palabras y la besó. Fue un beso tierno y lleno de amor. Luego la cogió dulcemente en brazos y se adentraron en el bonito apartamento que habían alquilado. Aquella, posiblemente, fuera una de las noches más largas de sus vidas.

Volviendo al presente, recordó un acontecimiento muy importante, su boda. Ella ya sabía qué era lo que se sentía al estar frente a un altar, pero aquello era diferente. Decidieron que fuera algo muy íntimo. Eligió un vestido blanco, muy sencillo, con algún que otro encaje y David iba impoluto con un traje hecho a medida. Se casaron por lo civil, en un campo de golf que tenía unas vistas preciosas, el cual se arrendaba para aquel tipo de eventos. Entró del brazo de su hermano Raúl y David del de Blanca. No quisieron que los padres entraran en aquello, puesto que Corina fue del brazo de su padre en su boda con Luis y David aún no había arreglado sus diferencias con sus padres. Más tarde se fueron todos a un catering que habían preparado en el mismo lugar donde se celebró la ceremonia. Disfrutaron  de la comida y la bebida y bailaron hasta altas horas de la noche.

Al día siguiente, dejaron a Luis con los padres de Corina y se fueron a su ansiada luna de miel, un crucero por Italia, el cual duró una semana. Una experiencia que jamás olvidarían.

Se sobresaltó al escuchar la puerta de la entrada. Soltó la foto de la boda que tenía apretada contra su pecho y se incorporó. Suspiró al ver entrando a su marido.

-¿Qué tal el día, cariño? .Preguntó la chica mientras le daba un dulce beso en los labios.

-Mal, muy mal. –La informó el chico cogiéndola por la cintura.

-¿Qué ocurre?

-Me he escapado para verte un ratito, pero hemos recibido hace unas horas una llamada que nos alertaba que un hombre estaba tirado en la puerta de su casa bajo un charco de sangre.

-¿Pero?… ¿quién?… ¿cómo está? –Preguntó nerviosa.

-No sé si conocerás a Rodrigo Cifuentes, llegó al pueblo hace unos meses, alquiló una casa en la calle Calero y por lo que sabemos hasta ahora, solo tenía relación con su vecino. No sabemos que le ha podido ocurrir, cuando hemos llegado, hemos visto que tiene una puñalada en el pecho, directa en el corazón. Hemos dejado a la científica recogiendo pruebas y el forense cree que pudo ser que muriera en el acto.

-Oh, qué horror. Sé de quién me hablas, se estaba hablando de él en la tienda hace unos días.

-¿Y sobre qué hablaban? –Preguntó él interesado.

-Nada importante, sólo que se había venido aquí después de haberse separado de su mujer, pero no sabemos qué pasó entre ellos. ¿No tenéis ni una pista de quien ha podido hacer algo así?

-No sabemos nada. Hemos encontrado algo relevante, una nota. Junto al cadáver había una nota y ha habido algo más que me ha llamado la atención especialmente…

-¿Qué ha sido?

-Ese hombre tenía unos labios perfectamente marcados con carmín rojo oscuro en una de sus mejillas.

-Es muy raro… ¿Y qué ponía en la nota? –La chica se removió inquieta en el sofá.

-No lo recuerdo exactamente, le preguntaré al forense cuando hable con él. Se lo ha llevado la científica, para ver si pueden obtener alguna prueba. Tendremos que buscar información acerca de lo que ponía en la nota, quizás así podamos sacar algo en claro. Ahora tenemos una nueva investigación en manos, hacía mucho tiempo que no teníamos una por asesinato.

-Desde que Víctor desapareció… -Dijo Corina en tono triste.

-Sí, pero no te preocupes. Yo venía a darte una buena noticia. Mañana tendremos a Carmen con nosotros. –David le sonrió a la chica mientras le acariciaba la mejilla.

-¿De verdad? ¡No me lo creo! No la esperaba tan pronto.

-Yo tampoco pero esta mañana temprano me llamó una de las hermanas encargadas de ese tema y me informó que hoy se acababa el trámite, mañana la pequeña estará con nosotros.

-Me muero de ganas, es tan linda…

-Ya queda menos para que podamos disfrutar de nuestra hija junto a Luis.          –Ambos sonrieron.

Carmen era un bebé, apenas tenía dos meses de edad. Hacía un año y medio que la pareja decidió agrandar la familia, y debido al problema de Corina, decidieron adoptar. Hablaron con unas mojas que eran las encargadas de los niños en aquel orfanato, los cuales podían ser adoptados por familias, con las que pudieran tener una mejor vida. Verificaron que el bebé que le iban a dar iba a crecer en el lugar apropiado, y pasaron la prueba. Solo quedaba esperar a que llegara el pequeño. Estaban en una lista de espera, como muchas otras parejas, así llevaban un año y medio, pero hacía dos meses, los llamaron y les informaron que al orfanato había llegado una niña recién nacida. Había sido abandonada en la puerta de aquel lugar, metida en una caja de cartón. La llamaron Carmen, porque de alguna manera tenían que llamarla en el tiempo que durara el trámite de adopción legal. Ya había pasado el tiempo que había durado la tramitación y faltaban horas para que la familia Parker García agrandara. Tenían muchas ganas de tener a su niña con ellos, pero tenían que tener paciencia y esperar.

-Soy muy feliz, David. Todo gracias a ti. –Corina se abrazó a su esposo y olió su perfume.

-Yo también, tonta…  Mañana empezará una nueva etapa en nuestras vidas. Ahora tendremos dos hijos.

-Sí. –Dijo la chica sonriendo- Y yo que creía que jamás iba a tener ninguno…

-Pues ya ves, tienes dos hijos. Por cierto, ¿dónde está Luis?

-En casa de mi madre. Tengo ganas de que empiece el colegio ya, después de un verano entero, ya no sé qué hacer con él. –Sonrió la chica.

-Cariño, ¿vas a poder con el colegio y con Carmen? –Preguntó con delicadeza.

-Sí, no te preocupes, de alguna manera me organizaré, no puedo dejar mi trabajo.

-Como quieras. Tengo que ir a comisaría, para comenzar con la investigación. El crimen de Rodrigo Cifuentes, no puede quedar impune.

-Mucha suerte, eres un tío listo y llegaras al final de todo esto. –Los dos se levantaron y se abrazaron.

Corina acompañó a su marido a la puerta y había un gran revuelo en el pueblo, la gente hablaba entre ellos y especulaban de lo que había sucedido. Otro crimen había ocurrido en aquella pequeña aldea, tendrían que tener cuidado, pero ni aquello empañaría la felicidad tan grande que embargaba a la chica, ahora tenía dos hijos maravillosos y se sentía especial.

**Cuando David llegó a comisaría no eran más de las doce de la mañana. Él también estaba muy feliz de tener una familia tan consolidada como la que tenía. Amaba a Corina con todas sus fuerzas, al igual que a su niño y ahora, su pequeña Carmen se estaba ganando un hueco en su corazón. Era lo que siempre había soñado, una familia llena de amor y sin mentiras. Su vida en cambio, había sido una falsa, puesto que había considerado durante veintinueve años a una mujer como su madre, resultando finalmente, no serlo. Ahora habían pasado cinco años de todo aquello, ya había cumplido los treinta y cuatro y aunque quería, no podía perdonar a sus padres. La relación con ellos había sido pésima y aunque Pepa había intentado algún acercamiento, David siempre rehuía de ella, al igual que de su padre. Quería perdonarlos, olvidar todo, pero no podía. Por el contrario, se había acercado a sus abuelos, Germán y Aurora, se había puesto el apellido de su madre, quitándose el de Pepa. Ahora era David Parker Maldonado y se sentía muy orgulloso de llevar el apellido de Sofía, esa madre de la que cada noche al acostarse se acordaba.

Por todo esto quería qué, tanto Luis, como Carmen, crecieran sin mentiras, a cada niño se le hablaría de su origen a su debido tiempo, con el fin de que no tuviera nada que reclamarle en un futuro.

Al entrar en su despacho, Antonia entró detrás de él.

-Parker, necesito saber qué debo hacer con respecto al caso de Rodrigo Cifuentes. –La mujer se sentó en la silla que había frente al escritorio y sus ojos escrutaron a David esperando una respuesta.

-No he hablado aún con Fernando, sigue siendo mi superior, pero cuando encontramos a aquel hombre me dijo que deberíamos comenzar la búsqueda del asesino y me dio cabida en la investigación. –Se sentó en su butaca y soltó el móvil encima de la mesa- Por lo pronto, quiero que busques información sobre la vida de Rodrigo Cifuentes, sobre su esposa, su separación, negocios… todo lo que pueda interesarnos. –Antonia escribía en un bloc asintiendo con la cabeza.

-Perfecto, me pongo inmediatamente con esto. –Dijo la mujer levantándose.

-¡Espera! Al lado del cadáver había una nota, con unas palabras que no recuerdo, se la han llevado para analizarla y ver si hay algún tipo de huella, pero quiero que llames para que te digan lo que ponía y busques información acerca de eso en internet.

-No te preocupes, eso está hecho. –Antonia salió del despacho y cerró la puerta a sus espaldas.

Aún era muy temprano, le quedaba prácticamente todo el día y ya estaba impaciente, necesitaba que llegara el día siguiente y tener a su bebé en brazos. ¿Sería capaz Corina de compaginar su trabajo con tener un bebé a quién cuidar? Él podría ayudarla, pero su jornada de trabajo era más amplia y tendría menos tiempo. Ella se había empeñado en que sí podía y confiaba en su esposa. Ahora solo quedaba esperar para ver como se daba todo en sus vidas.

 

 

**Eran las diez y media de la noche y Corina acababa de acostar a Luis cuando entró en la pequeña habitación del fondo. Era la que habían habilitado para Carmen, se habían pasado los días decorando y pintándola de rosa. Sonrió al tocar la cuna, comprada desde hacía unos días y miró a su alrededor, todo estaba perfectamente ordenado, los peluches, la ropita del bebé, todo.

Al llegar a la cocina, pudo ver a David con el delantal puesto, tarareando alguna canción mientras hacía dos tortillas francesas.

-Qué animado te veo. –Le dijo la chica mientras se sentaba a la mesa, ya preparada.

-Es que lo estoy. Mañana es el gran día, mi amor. –David le pasó la tortilla y también tomó asiento.

-Sí, pero te mentiría si te dijera que no tengo un poco de miedo. ¿Y si no sé sobrellevar a los dos niños y el trabajo?

-Tú bien sabes que puedes pedir una baja por maternidad, pero estás empeñada en no hacerlo. –El chico cogió un bollo de pan y acabó con él en menos que canta un gallo.

-Sé que puedo, pero no quiero. Mi madre me ha dicho que quiere ayudarme. Por las mañanas le dejaré la niña a ella y Luis está conmigo en clase.

-Sí, bueno, mientras tu madre no tenga problema en ayudarnos… Tú sabes que yo estoy hasta arriba de trabajo y ahora menos que nunca podría reducir mi jornada con la investigación.

-Es verdad, ¿cómo lleváis eso? ¿Alguna novedad? –Preguntó la chica mientras comía la tortilla que su esposo le había preparado.

-Nada. He dejado a Antonia buscando información sobre la víctima. Espero que mañana nos hagan llegar una copia de la nota que encontramos porque no recuerdo que era lo que ponía, pero lo necesitamos para buscar información sobre esa cita que había plasmada en el papel.

-Si yo puedo ayudarte en algo… -Dijo ella a la vez que dejaba el plato en el fregadero.

-Tú céntrate en lo que tenemos en manos ahora mismo, que no es poco. –David abrazó por detrás a Corina.

-Tienes toda la razón, no es poco. Esperemos que todo salga bien.

-Todo va a salir bien, de eso no tengas la menor duda. He pedido tres horas libres mañana en el trabajo, para ir a recoger a Carmen al orfanato.

-Eso es perfecto.

-A las diez de la mañana te quiero puntual en la puerta esperándome. –Le dijo el chico mientras le hacía cosquillas y los dos reían.

-¡Déjame! ¡Cosquillas no! –No podía parar de reír y David decidió darle una tregua porque le daba miedo que  le diera algo de tanto sonreír- Vale, así está mejor. Oye, una pregunta ¿me llevo a Luis? Es que hasta el lunes no comienza en colegio. Por fin comenzamos las clases y no sé si llevármelo o dejarlo con mi madre.

-Déjalo en casa de tus padres. Es muy pequeño y sabes que se pone insoportable cuando lo montamos en el coche. Imagínatelo de aquí a Córdoba pegando patadas y llorando.

-Sí, tienes razón. –Corina salió de la cocina y se fue a su cuarto.

-No tengo sueño. –El chico sonrió al verla meterse en la cama tan temprano.

-Pues yo sí, Parker. Así que me voy a dormir. Espero que no estuviera usted flirteando conmigo. –Sonrió mientras observaba a su marido mirándola desde la puerta.

-Para nada, pero voy a ver la televisión un rato. Duérmete, princesa. –Se acercó a ella y la besó dulcemente en los labios.

**Victoria estaba sentada en la cocina de su casa. Acababa de preparar el café y aquella era la hora en la que ella y su marido acostumbraban a sentarse a hablar mientras saboreaban aquel delicioso café con unas pastas, pero aquello ya formaba parte del pasado, él ya no estaba y se sentía más sola que nunca.

No tenía familia, sus padres murieron cuando ella apenas tenía 15 años de edad en un trágico accidente de tráfico y tuvo que aprender a andar sola por la vida. Deambuló de un lugar a otro, sin rumbo fijo, hasta que le conoció. Al poco tiempo, cuando ya había cumplido la mayoría de edad, decidieron casarse. Siempre habían sido un matrimonio ejemplar, pero sin hijos. Se habían hecho numerosos exámenes médicos y los dos estaban bien, quizás dios no se los había mandado por alguna razón.

Miró hacía la pared y vio una foto de su boda, ¿Dónde estaría su marido? Hacía muchos días que no sabía nada de él. Aquella separación le había dolido en el alma, pero era algo necesario, después de haber descubierto lo que su marido le había ocultado, aquella gran mentira, no podía seguir con él. Poco después recapacitó y pensó en lo que la gente diría de ellos, por lo que duró algunos meses más a su lado, pero llegó el final de todo.

Quizás ella no había sido una buena mujer, hizo algo malo, muy malo, pero su marido no podía perder su reputación.

Se levantó a trompicones y cogió un rosario, se puso delante de la imagen de un Cristo que tenía en el salón y comenzó a rezar. Aquella era su única salida, su salvación. Con suerte, dios se apiadaría de ella y la perdonaría, para finalmente entrar al reino de los cielos y allí obtener la paz eterna junto al señor, su gran obsesión.

**Apenas eran las ocho de la mañana cuando David puso los pies en comisaría. Hacía un gran día de primeros de septiembre, el sol ya empezaba a relucir en el cielo y lo único que había aquel día en su cabeza era su hija Carmen. En tres horas podría tenerla en brazos.

Al entrar, Antonia estaba sentada mirando unas cosas en el ordenador.

-Buenos días, ¿has averiguado algo nuevo? –Preguntó el chico mientras se sentaba en una silla al lado de la mujer. Aquel día estaba muy guapa, tenía un vestido azul marino ceñido al cuerpo, que hacía juego con sus ojos.

-Hola Parker, somos los primeros esta mañana. Sí, he encontrado alguna información, aunque tampoco es para tirar cohetes.

-¿Supiste algo más de la nota que encontramos en el lugar del crimen?

-Sí, me puse en contacto con el forense en cuanto me lo dijiste y me dijo la frase, la apunté y busqué información acerca de ella en internet.

-¿Qué era lo que ponía? –El chico se frotó las sienes, hacía algunos días que no descansaba bien y aquello estaba haciendo estragos en él.

-“Ojalá que la espera no desgaste mis sueños” –Antonia se quedó mirándolo fijamente para ver si captaba alguna reacción en él al escucharla. Pero no fue así.

-¿Y qué quiere decir eso?

-He buscado información acerca de esa frase y fue dicha por Marilyn Monroe. Fue una de las actrices estadounidenses de cine más populares del S.XX, considerada como un icono del pop y un símbolo sexual. Nació el 1 de Junio de 1926 y murió el 5 de agosto de 1962.

-Vaya… que curioso. Quizás tenga relación con el beso de carmín rojo pasión que tenía Cifuentes en la mejilla. Yo no sé mucho de esa actriz, pero he visto alguna que otra foto suya y acostumbraba a pintarse los labios de un rojo pasión, muy chillón. Busca una foto de ella, por favor. –La mujer buscó rápidamente una en Google y en casi todas lucía unos sensuales labios pintados de rojo oscuro.

-Yo creo que sí puede tener algo de relación, pero no entiendo porqué la persona que lo mató dejó esas pistas en el cadáver.

-Todo fue intencionado. Si te das cuenta el beso está perfectamente dibujado en su mejilla, y no hay ni uno más en toda la cara ni en el cuello… -Le dijo el chico mientras miraban una foto que el forense le había facilitado a Antonia de Rodrigo Cifuentes en la camilla de la sala de autopsias.

-Tienes toda la razón, pero va a ser muy difícil resolver este caso, apenas tenemos nada.

-¿Te dijo algo más el forense?

-Poco más, solo que estaba casi seguro que su muerte había sido por la puñalada en el pecho, pero había que hacerle la autopsia.

-Bien. ¿Has investigado sobre su vida? ¿Tiene mujer, hijos…? Habrá que avisarles de que ha muerto.

-Sí, tengo todos los datos en un informe que he redactado para ti. Estaba casado pero se había separado hacía muy poco, si quieres me puedo encargar de llamar a su esposa y darle la noticia.

-Estaría bien que lo hicieras, yo voy a recoger a mi niña. ¡Ya es legalmente nuestra, Antonia! –El chico se levantó con el informe en la mano.

-Me alegro muchísimo. Corina y tú os merecéis ser felices. –Él le sonrió y se dirigió a su despacho.

Ella sabía lo mal que lo había pasado David con la muerte de Patricia, sabía cuánto se querían y se alegró muchísimo cuando anunció la boda de ambos. ¡Lo pasaron tan bien aquel día! La mujer sonrió y siguió con su trabajo. Al poco tiempo vio entrar a Fernando que venía muy decaído, con el pelo cayéndole por la cara. Desde hacía un tiempo lo veía muy extraño y casi siempre estaba de bajón, algo le estaba pasando, pero seguramente ellos nunca se enterarían.

Anuncios

2 comentarios en “LA BESTIA QUE INVOCÓ SU MIEDO. CAPÍTULO 1

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s