FE CIEGA. ¡GRAN CAPÍTULO FINAL!

**Al llegar a la casa de Santiago, vio que la verja estaba abierta, así que accedió al interior del pequeño jardín sin llamar. Recorrió el sendero que había de tierra, intentando no pisar el césped y se quedó mirando de nuevo algo que le llamó la atención hacía dos meses. Se puso unos guantes y sacó unas tijeras. Ya tenía en su poder lo que quería, lo metió en una pequeña bolsita y lo guardó en su bolsillo. Luego llamó a la puerta, necesitaba entrar al interior de la casa para buscar algo más.

-¿Qué haces aquí? –Preguntó Santiago al verlo detrás de la puerta.

-Hola Santiago, me encanta con la manera tan simpática que me saludas, por lo que veo estás encantado de volver a verme. –Dijo él en tono sarcástico- ¿Puedo pasar?

-No creo que sea lo mejor. –Le dijo el hombre en tono seco.

-Necesito hablar contigo de algo muy importante. –David podía ver que el hombre estaba distraído, mirando al interior de la casa constantemente con nerviosismo.

-Vale, pasa. –No le quedó de otra que dejarlo pasar.

-Verá, me gustaría hablarle sobre el caso de su hijo. –David se sentó en un sofá.

-No, de eso no quiero volver a hablar, mi hijo está descansando en paz y así quiero que sea.

-Se va a reabrir el caso. Tenemos nuevas pruebas.

-¿Nuevas pruebas? –Preguntó el hombre con la boca abierta.

-Sí, pruebas que comprueban que se mintió sobre cómo ocurrieron los hechos.

-Pero…

-Perdona, ¿puedo ir al baño? –Preguntó David.

-Sí, claro. Al fondo a la derecha.

David se dirigió hacia donde le había indicado y al entrar cerró con llave. Abrió una pequeña cajita que vio junto a un mueble. ¿Estaría allí lo que buscaba? Removió todo lo que había en su interior y pudo verlo, ¡Lo vio! Cogió una muestra y lo metió en otra bolsita, metiéndola también en su bolsillo. Miró a su alrededor, todo estaba muy limpio y ordenado, como todo en casa de aquel hombre. De pronto sintió algo, ¿qué era aquello? Era como si algo se cayera al suelo, también como si alguien corriera por el pasillo y finalmente un sonido sordo, algo se había cerrado. El chico se quedó en silencio, para ver si podía escuchar algo más, finalmente sintió la puerta de la calle.

-¿Ha venido alguien? –Preguntó al llegar de nuevo al salón.

-Sí, mi vecina, quería un poco de sal.

-Ah, bien. Yo tengo que irme, solo he venido a informarle de la reapertura del caso de su hijo.

-No entiendo bien lo de las nuevas pruebas.

-No se preocupe, se lo explicaremos mucho mejor cuando tengamos algo en claro, ahora tengo que irme.

El chico salió por la puerta dejando a aquel hombre sentado en el sillón. ¿Qué fueron los ruidos que había escuchado? Tendría que indagar más en todo aquello. Se montó en el coche y puso rumbo a Fuente Palmera, allí tendría que pensar, para poder exponer a sus compañeros su teoría.

**Dos días después Teresa estaba impaciente esperando la llegada de David, le tenía algo  muy importante que decir. Ya no aguantaba más estar encerrada en aquella cárcel, ¡era tan injusto! ¿Habría sido Pablo quién puso las pertenencias del niño entre las suyas? ¿Fue él quien le robó su jade? Y lo más importante, ¿quién mató al niño? Levantó la mirada y se vio en un espejo que había justo frente a ella. Estaba tan mal, jamás se había visto en aquellas circunstancias. Desde que entró allí, no tenía estómago para comer y había perdido una cifra considerable de kilos, sus ojeras cada día estaban más pronunciadas y lo único que necesitaba era salir de aquel infierno, volver con su hija, esa niña a la que tanto quería y que ya no estaba segura que estuviera ni con su padre. Si David le ayudaba a salir de allí, pronto podría verla, pero era muy difícil puesto que necesitaba reunir pruebas.

Se escuchó el chirrido de la puerta y la chica se giró. Vio entrar a David, de nuevo venía con impoluto uniforme, al contrario que todas las veces que había ido a verla durante los meses anteriores.

-Teresa, ¿cómo estás? –La saludó el chico mientras se sentaba en una de aquellas sillas.

-Mal, necesito salir de aquí ya y ver a mi pequeña. –Contestó ella mirando al suelo, estaba muy triste.

-No falta mucho para eso.

-¿Cómo? ¿Has conseguido averiguar algo? –Los ojos de la chica se abrieron más que de costumbre.

-Se puede decir que sí, pero eso es algo que estamos investigando aún. Yo vengo a darte una muy buena noticia.

-¿Cuál es? –Preguntó impaciente.

-Con las nuevas pruebas que, entre Corina y yo hemos logrado obtener, hemos conseguido que el caso del Víctor se reabra de nuevo. Ya no está tan claro que tú hayas sido la asesina.

-Pero…

-Por ahora no puedo decirte mucho. He quedado dentro de dos horas en comisaría con todos mis colegas. Tengo que hablarles de algo muy importante que tengo en mi poder.

-¿Saldré libre?

-Creo que en cuanto todo lo que yo tengo se ponga en conocimiento de la Justicia no se tardará mucho en juzgar a los que posiblemente sean los verdaderos asesinos del niño. Una vez hecho eso, tú saldrás en libertad, se probará que no tuviste nada que ver, pero hasta que todo se pruebe tendrás que seguir aquí, aunque como te he dicho, no será por mucho tiempo.

-¡Muchas gracias! Jamás podré pagarte todo lo que has hecho por mí.

-No tienes que darlas, es mi deber y en el momento que me enteré que habías sido condenada, comencé a leer los documentos y hubieron cosas que no me cuadraban.

-¿Sabes cómo está mi hija?

-Por lo que me ha dicho Corina la niña está muy bien cuidada.

-Gracias a dios.

-Recibirás noticias mías dentro de muy poco, ahora tengo que irme a comisaría. Tengo nuevas pruebas, unas pruebas que van a dejar a todos con la boca abierta.

-Por favor, ve a ver a mi niña. Tengo una corazonada de que algo no va bien con ella, me da mucho miedo que le pueda pasar algo.

-Ella está cuidada, no te preocupes Teresa. –El chico se levantó de la silla.

-Gracias de nuevo.

David le sonrió y salió de la prisión. Pensó que tenía que ir a comprar unas cosas que Patricia le había pedido para su casa nueva. Por fin habían encontrado un alquiler que se adecuaba a lo que ellos estaban buscando. Llevaban apenas un mes viviendo allí, pero todo iba a la perfección. No podía pararse a comprar nada, de lo contrario no llegaría a comisaría. Miró al asiento del copiloto y comprobó que las pruebas seguían en el bolsillo de su chaqueta.

**Yago seguía encerrado en su taller, su madre hacía todo lo posible para que saliera de allí, pero estaba tan fascinado con el crimen de aquel niño que no podía dejar de investigar por su cuenta. Tenía una libreta, llena de garabatos y nombres tachados, unidos con flechas, intentando establecer el nexo de causalidad entre todos ellos. ¡Cómo le gustaría a él poder llevar a cabo algo así! Siempre le habían gustado todas aquellas cosas, las investigaciones de los asesinatos y las desapariciones, pero desde que sus ojos presenciaron todo aquello, algo dentro de él se despertó. Quería ser como el asesino, quería hacer lo mismo que él había hecho. Entonces una luz se despertó en su mirada, se quedó mirando al frente, con una media sonrisa, se le había ocurrido algo realmente bueno, así mataría dos pájaros de un tiro. Probaría que se siente al hacer lo que aquellos individuos habían hecho y le daría a uno de ellos donde más le dolería.

**David acababa de entrar por comisaría, vio a Patricia en recepción con Antonia, mirado unos papeles. Al verlo las dos se levantaron y llamaron a todos los demás, se irían a cafetería para así poder hablar mejor.

-Antonia, necesito hablar con Fernando, él es el superior y tiene que conocer esto antes que nadie. –Le dijo a la mujer mientras ésta hacía una llamada por teléfono.

-Está en su despacho, por lo que se ve ha entrado y no le he visto. Dice que vayas.

No dijo nada más, se encaminó al despacho de su superior, Fernando. Era un hombre joven, de unos treinta años, moreno y con los ojos rasgados y oscuros.

-Fernando, tengo que hablar contigo. –Le dijo el chico mientras se sentaba en una de las sillas del despacho de su superior.

-Dime lo que sea, todos los demás nos están esperando en cafetería.

-Lo sé, pero tú eres mi superior y creo que es importante que veas todo esto antes que los demás, por si quieres alegar algo en la reunión.

-Sí, tienes razón. ¿Qué tienes?

El chico le puso a Fernando las pruebas sobre la mesa y le explicó su teoría. Él no podía salir de su asombro, por descabellado que sonara tenía toda la lógica del mundo. Después de aquella pequeña charla los dos se dirigieron a comisaría. Allí estaban todos esperándolos, aquel día era crucial para la reapertura del caso y para la aportación de las nuevas pruebas.

**David sacó varias fotos y las puso encima de la mesa. Todos permanecían en silencio, esperando saber aquello que tenían que contarle.

-Si os he reunido aquí a todos es porque tengo algo muy importante que deciros. –Patricia lo  miró ofendida, ¿por qué no le había contado nada a ella?- Si no he dicho nada antes, es porque es algo muy delicado y no podía abrir la boca hasta que tuviera las pruebas que yo creía necesarias para así poder esclarecer los hechos.

-Efectivamente, como dice David, es muy importante. Estaros atentos a lo que va a contar. –Les recomendó Fernando. Todos se quedaron en silencio y miraron a David, esperando sus palabras.

-Me gustaría comenzar desde el principio y así hacer un recorrido por el caso. Un 5 de abril, Víctor desaparece cuando va a comprar chucherías. Según las alegaciones de su padre, el niño jamás vuelve a casa. Pasan los días y no aparece, no teníamos ni una mísera pista de donde podía estar el pequeño. Santiago nos llama para hacernos saber que la madre del niño, de la cual lleva divorciado varios años, también ha desaparecido y que lo más seguro es que hubiera sido ella quien lo habría secuestrado, puesto que era él quien tenía la custodia completa del menor. Unos días más tarde nos llama para decirnos que cree que ha podido ser Diego, su peor enemigo desde hace unos años, con el cual tuvo una empresa y las cosas no salieron bien entre ellos. Más tarde detuvimos a Corina, la profesora del niño, porque cogió un anónimo del suelo y sólo constaba sus huellas en el sobre, pero de eso salió libre de todo cargo y no viene al caso, pero si es importante que aún no sabemos quién es el autor de esas cartas. Encontramos en casa de Diego, primeramente un paraguas, el cual conseguimos comprobar que era el que llevaba el niño cuando desapareció y más tarde, su chubasquero, que estaba entre las cosas de Teresa. Eran pruebas muy importantes para el caso, todo apuntaba a que fuera ella la secuestradora, hasta que un día nos llegó la mala noticia de que el niño había aparecido muerto. En el lugar donde se encontró su cuerpo, uno de los especialistas, encontró un anillo, un jade, que por una foto que nos enseñó Santiago, pudimos comprobar que era de Teresa. Con todas estas pruebas, se considera que Teresa es la única asesina del niño, ya que todas las pruebas la incriminan a ella y no se tarda mucho en dictar sentencia. Su abogado poco podía alegar habiendo tantas pruebas incriminatorias hacia su cliente.     –Todos seguían mirando a David, era como si les estuviera contando un cuento- Todo esto ocurrió cuando yo tuve aquel maldito accidente que me costó tres meses de mi vida en coma. Cuando desperté y aun no sé por qué, pero había cosas que no me cuadraban de todo aquel caso, pequeños detalles en los que tenía que indagar y así lo hice. Cuando salí del hospital y estando de baja, decidí ir a hablar con Teresa, al principio no me recibió muy receptiva, pero cuando le dije que creía en su inocencia y que quería ayudarla, se mostró muy cercana conmigo. Hubo un punto que me sorprendió bastante y fue la relación que había entre ella y Pablo, como todos sabéis él está en estado vegetal, fue quien atentó contra mi vida, y el ex novio de Patricia. Pidió un permiso para poder ir a verle al hospital y yo fui con ella, allí me contó todo lo que no entendía.

-¿Qué relación era los que los unía? –Preguntó Manolo, que no se había enterado de nada.

-La relación que unía a Teresa con Pablo, venía desde el pasado. Ellos tuvieron una relación algo inestable. Tan inestable, que ella tan solo era su amante, porque él tenía novia. Le pedí a Antonia que indagara sobre el pasado de Teresa y me contó lo mismo que tiempo después ella me contó cuando fuimos a visitar a Pablo al hospital. La novia de él era Andrea, la madre de Víctor y Teresa tan solo era su amante, un día los pilló besándose y ella montó en cólera. A todo esto tengo que añadir que Andrea estaba embarazada de cuatro meses de su novio y Teresa le asestó una brutal paliza, haciendo que perdiera al bebé. Estuvo varios días en comisaría, pero por falta de pruebas salió libre.

-¿Qué pasó con Pablo durante ese tiempo? –Preguntó Antonia.

-Se marchó fuera. Estuvo en Madrid, trabajando como camarero y con el tiempo volvió.

-¿Y estáis seguros que Diego no tuvo nada que ver con la muerte del niño? Él pudo ser cómplice de su mujer. –Manolo volvió a intervenir, él no estaba muy metido en aquel caso y no sabía de qué iban las cosas.

-No, él salió libre de cargos también, puesto que tenía una coartada fehaciente de que no estuvo en Silillos el día del secuestro y además su mujer lo negó en todo momento. Y con esto no quiero decir que yo crea que eso sea cierto, pero no hay pruebas suficientes para incriminarlo. Siguiendo por dónde iba, Teresa me confesó algo el día que fue a ver a Pablo al hospital. Me dijo que cuando Pablo regresó, al cabo de los años, ella ya estaba casada con Diego y Andrea con Santiago. Éstos eran íntimos amigos, pero sus mujeres no se llevaban bien a causa de lo que he contado antes, entonces tuvieron que dejar de salir juntos y luego lo de la empresa que formaron juntos fue el detonante para enemistarse para siempre. Por lo visto, cuando Pablo volvió, Teresa comenzó de nuevo una relación clandestina con él, siéndole infiel a Diego, pero a éste parecía darle igual, él conocía aquello y no hacía nada, dejaba que aquel hombre entrara en su casa a su libre albedrio.

-¿Pero cómo puede ser eso? –Preguntó otro policía que estaba sentado al fondo, acariciando la cabeza de Amapola, la perrita de comisaría.

-Por lo que me contó, al principio Diego no estaba muy conforme con la presencia de Pablo en su casa, pero luego se volvió un sumiso suyo.

-¿Un sumiso? –Antonia parecía no entender nada, a la vez que escribía en el bloc de notas.

-Sí, según me contó Teresa, Pablo sabía un secreto muy grande de Diego. Y éste para que no lo contara, se rindió a sus pies y se mostró todo lo sumiso que podía, incluso dejaba que le fuera infiel con él en su propia casa. Pero eso no es todo, también le guardaron durante un tiempo una considerable cantidad de droga en su casa, porque Pablo le amenazó con decir toda la verdad sobre él, descubrir su secreto si no le ayudaban a guardar aquello. Así que le habilitaron la habitación del fondo y allí metió toda la munición, pero cuando la policía comenzó a ir a su casa porque se encontraron las pruebas allí, le obligaron a que se llevaran todo de aquella habitación y lo llevó a su casa, dónde tiempo después la encontramos.

-Un tema realmente interesante. –Alegó Fernando mientras se cruzaba de brazos. Patricia miró a David y le sonrió levemente, aquella exposición le estaba saliendo muy bien.

-Como os dije –Continuó el chico- decidí buscar nuevas pruebas porque no me parecía justo que Teresa estuviera encerrada, yo veía incongruencias en la sentencia y en todos los documentos, así que un día me topé con Corina, la profesora del niño y juntos decidimos comenzar a buscar algo más. Así que pedimos las grabaciones del día que el niño desapareció en una joyería y por suerte, en muy poco tiempo nos la tuvieron preparadas. El ángulo de la cámara era perfecto y se veía la tienda dónde el niño fue a comprar. Pusimos el DVD y vimos como Víctor llegaba a la tienda y entraba en ella, al poco tiempo salía con una bolsa de chucherías en la mano y cuando se iba a ir, saludó a alguien y ando unos pasos, luego se abrazó a una mujer. Esa mujer resultó ser su abuela, la madre de Andrea. Fuimos a su casa y les preguntamos si ellos habían tenido algo que ver con el secuestro del niño y ellos nos contaron que es verdad que aquel día fueron al pueblo, que necesitaban pedirle a Santiago que les dejara al niño durante un tiempo para ver si su hija podría mejorar si tenía a su hijo cerca, pero según la versión de este par de ancianos, Santiago metió a su hijo en casa y les negó el llevárselo para que viera a su madre.

-Entonces… -Comenzó a decir Patricia.

-Entonces tenemos la primera incongruencia de todas. Santiago nos dijo que su hijo jamás volvió de la tienda, cuando según la versión de los padres de Andrea, él metió al niño en casa.

-Pero esos señores pueden estar mintiendo. –Fernando se removió inquieto en la silla.

-Puede ser, pero a mí me parecieron sinceros, no tienen edad de estar mintiendo y no creo que pudieran hacerle nada a su nieto.

-Sí, pero puede ser que eso os lo dijeran para despistaros y que ellos se llevaran al niño. –Dijo Patricia.

-Puede ser, pero ahora me gustaría enseñaros las nuevas pruebas que he conseguido y también os quiero contar por qué yo he pensado en todo esto. –Todos se quedaron de nuevo en silencio y miraron al policía- Hace unos meses, justo el día que fui a pedir las grabaciones de la joyería, aparqué el coche cerca de la casa de Santiago y algo me llamó la atención en su jardín, pero esa teoría comenzó a formarse en mi cabeza y decidí no contársela a nadie, porque era algo especialmente delicado, hasta que tuviera pruebas y así ha sido, ahora que las tengo os voy a contar. Revisé los documentos de la autopsia de Víctor y vi que el niño había muerto asfixiado con un tipo de cuerda, de la cual tenemos ésta foto –El chico cogió la foto de la cuerda, tomada en el lugar donde se encontró el cadáver y lo mostró a sus compañeros- También pude leer que tenía grandes dosis de un medicamento para dormir al niño en la sangre, el cual luego Diego encontró su casa, y esa fue la prueba detonante para incriminar del todo a Teresa. Pues he de deciros que hace poco estuve en casa de Santiago, con la excusa de decirle que el caso de su hijo se iba a reabrir por nuevas pruebas y aproveché para hacer lo que hacía tiempo venía queriendo.

-¿Qué hiciste? –Volvió a preguntar Manolo.

-Por suerte, la verja del jardín estaba abierta y entré sin tener que llamar y sin ser visto. Entonces me dirigí a aquel lugar donde meses antes me había quedado mirando. Un tendedero de cuerdas que tiene en una de las esquinas de dicho jardín. Me acerqué con sumo cuidado de que nadie me viera y corté un trozo, metiéndolo en una bolsita y así tenerlo como prueba. Luego entré en su casa, pero he de decir que se mostró reacio a dejarme pasar, yo sabía que había alguien con él en ese momento y que estaba escondido. Le pedí ir al baño y sin dudarlo me dijo dónde podía encontrarlo, allí me fui derecho a un mueblecito que tenía como botiquín. Y lo encontré, encontré el medicamento con el que se estuvo drogando al niño para tenerlo dormido durante su cautiverio, antes de matarlo.

-¿Estás insinuando qué…? –Preguntó Patricia mirándolo incrédula.

-Sí, lo estoy insinuando. Estoy insinuando que Santiago tuvo algo que ver con la muerte de su hijo. Hemos encontrado estás pruebas en su casa, las pruebas claves encontradas en el lugar donde se encontró el cadáver.

-Tiene sentido. –Alegó Fernando mientras se tocaba la barbilla y miraba a un punto fijo pensativo.

-¿Por qué iba a querer matar Santiago a su hijo? –Preguntó Manolo.

-Eso es lo que me queda por averiguar. ¿Por qué? –El chico se sentó en la silla, durante toda la explicación había estado de pie.

-Es una acusación muy grave. –Dijo Antonia.

-Lo sé, pero es una acusación fundada en pruebas. Además, traigo un resumen de las cosas que me han parecido importantes a lo largo de la investigación, mentiras de éste hombre o cosas que a simple vista parecían normales pero que ahora no lo son.

-¿Cómo cuáles? –Patricia se acomodó como pudo en su silla.

-Recuerdo cómo la primera visita que le hicimos nos dijo que alguien lo había llamado fingiendo una voz, diciéndole que se fuera despidiendo de su hijo. Esto pudo ser verdad o pudo ser mentira. En segundo lugar, un día cuando le citamos en comisaría para que reconociera el paraguas de su hijo, un momento antes de él llegar llamaron a Patricia por teléfono para decirle que habían visto a Andrea deambulando con su hijo por un camino, era una persona anónima y justo al momento entró él en comisaría diciendo que lo habían llamado diciéndole lo mismo que a Patricia. ¿No creéis que pudo ser él mismo quien llamó a Patricia para así tener otro hecho en el que fundarnos nosotros y no tenerlo en cuenta a él? Otro detalle bastante importante es que nos dio una foto de Víctor en el momento anterior de salir de su casa, con el paraguas y el chubasquero, ¿No es un poco raro que tuviera una foto justo del momento anterior al que el niño desapareciera, donde además, podía verse perfectamente el chubasquero y el paraguas? Y por último, ¿No os parece un tanto extraño que nos sacara justamente una foto en la que aparecía Teresa con el jade en su dedo? ¿Lo hizo para incriminarla más? ¿Para qué nos diéramos cuenta que el anillo era de ella?

-Todo eso está muy bien, es más has realizado un trabajo perfecto, pero de ser así, ¿quién puso todas las pruebas en casa de Teresa? ¿Y quién se robó su jade?

-Obviamente, yo creo que tiene un cómplice. Un cómplice que no hace falta mucho pensar quien es.

-¿Diego? –Preguntó Patricia.

-Exacto. Diego y Pablo eran quienes tenían libre acceso a casa de Teresa y no tenemos constancia de que Pablo y Santiago tuvieran ningún tipo de relación. En cambio Diego y él se conocen desde siempre, antes eran íntimos amigos.

-Pero hay algo que no termina de encajarme, si todo eso fuera cierto, ¿por qué iban a aliarse ellos dos para hacer algo así? –Preguntó Patricia, ésta vez poniéndose de pie, no aguantaba más estar sentada.

-Ese es el dato que nos falta.

-Ellos se llevaban muy mal por lo que tengo entendido. –Dijo Antonia.

-Sí, por eso no entendemos que es lo que los ha unido a hacer esto.

-Chicos, creo que con las pruebas que hay tenemos que proceder de inmediato. Ahora mismo os vais para casa de Santiago y hacéis un registro exhaustivo de toda la casa, para ver si pudiéramos encontrar más pruebas que lo incriminen de una manera más directa. Aunque con lo que nos ha traído Parker, tenemos más que suficiente para reabrir el caso y que comiencen a investigarle. –Les dijo Fernando mientras se ponía de pie y se acercaba a la barra de la cafetería. Parker, Patricia y Manolo os vais ahora mismo a registrar su casa.

-Pero para eso necesitamos una orden de registro. –Le informó David.

-Lo sé y por eso no hay problema, ahora mismo conseguiré una, no podemos perder más el tiempo. Quién sabe si ese hombre no tiene a Andrea en cautiverio también.

-Es verdad, ¡No habíamos pensado en Andrea! ¿La tendrá él? –Preguntó Patricia.

-No lo sabemos, pero por eso tenemos que ir a registrar su casa. Esperaros hasta que yo os diga para que podáis llevar la orden de registro y entrar legalmente en su casa.

Fernando salió de la cafetería y fue a mover sus influencias, necesitaba una orden de registro en menos que canta un gallo, necesitaban aclarar si todas aquellas pruebas eran válidas o tan solo habían sido un montón de casualidades que habían hecho creer que aquel dolido hombre por la muerte de su hijo, era el verdadero asesino.

**No todo salió como Fernando lo tenía planeado, tuvieron que esperarse al día siguiente para poder proceder al registro de la casa de Santiago Suárez. En cuanto tuvieron la orden de registro en la mano, se encaminaron de nuevo al pueblo. Cuando David entró por aquella aldea, se acordó de que los orígenes de su padre estaban en aquel lugar, allí se conocieron él y su verdadera madre, Sofía y quizás en aquel humilde pueblo lo concibieron a él. De pronto sintió un pinchazo en el pecho, se recuperó pronto, pero fue algo parecido a un mal presentimiento. Aquello estaba haciendo estragos en él.

Aparcaron el coche lo más lejos posible de la casa de aquel hombre, para que no pudiera sospechar nada y hacer algo de lo que luego pudieran arrepentirse. Al llegar, la puerta de la verja estaba abierta y entraron sin llamar, por el contrario, la puerta de madera maciza de la calle estaba cerrada, llamaron y a los pocos minutos alguien les contestó. Era Santiago, tenía las maletas junto a la puerta.

-Hola Santiago, ¿te ibas de viaje? –Preguntó David mirándole con media sonrisa.

-Sí, quiero irme de este pueblo que no me ha traído nada bueno. –Dijo el hombre, que iba impolutamente vestido y peinado, no quedaba ni un ápice en él de toda la tristeza que demostraba meses atrás por la muerte de su hijo.

-Pues siento comunicarle que no va a ningún lado. Queda detenido. –La voz de Patricia se escuchó en toda la casa, la chica lo agarró y lo esposó.

-¿Detenido? ¿Se puede saber por qué? –Preguntó el hombre incrédulo mientras hacía esfuerzos para que no lo esposaran.

-Tenemos pruebas que nos hacen pensar que usted ha tenido mucho que ver en el asesinato de su hijo.

-¿Cómo…? –Comenzó a preguntar el hombre.

-Además tenemos una orden de registro de su casa, todo está conforme a la Ley, por si quiere leerlo.

-Tengo que hacer una llamada. –Dijo él con la voz temblorosa.

-Espero que sea a un abogado, porque tiene derecho a una única llamada.

-¡No, no es a un abogado! No le importa a quien es. –Gritó el hombre fuera de sí.

-Vale, no se preocupe, tendrá su llamada, pero antes Patricia y Manolo irán a casa de Diego, a arrestarlo también por complicidad, no vaya a ser que se lo ocurra alertarlo. –El hombre hizo un mohín y se levantó de la silla donde estaba sentado.

-¡Diego no, él no tiene nada que ver! ¡Dejadle tranquilo! –Gritaba cada vez más fuerte.

-Mire Santiago, no nos queda ninguna duda después de todas las pruebas que tenemos que los dos estáis implicados en esto.

-¿De qué pruebas estás hablando? –Parecía otra persona, no quedaba nada de él. Ahora era un ser altanero.

-El otro día cuando estuve en tu casa, pude coger un trozo de la cuerda que tienes como cordel para tender la ropa, es exactamente el mismo que utilizaron para asfixiar a Víctor y así causarle la muerte y también, cuando fui al baño, encontré el medicamento que la autopsia determinó que había sido utilizado para dormir al niño durante el secuestro.

-¡Cállese! –Gritó el hombre mientras se miraba las manos esposadas.

-¿Sabe algo de Andrea? –David era claro y conciso.

-De esa mujer no sé nada. No quiero saber nada.

Llamaron a la puerta, ya habían llegado sus compañeros con Diego, lo habían encontrado en una habitación que tenía en el patio de su casa, pintado unos cuadros. Todavía llevaba una bata blanca puesta.

-¿De dónde viene? –Preguntó David incrédulo al verle.

-Por lo visto es pintor. Estaba pintando unos cuadros, pero al llegar los ha tapado con una manta.

-¡Me gusta pintar y no me gusta que nadie vea mis obras de arte!

-Vale, ahora estaros tranquilos durante el registro. –Patricia se sentó con ellos y todos los demás comenzaron el registro de su casa.

La chica se encargaba de que entre ellos no pudiera mediar palabra que hicieran llegar a un acuerdo de ningún modo.

-¿Te ibas a ir? –Preguntó Diego en voz bajita, Patricia lo miró, pero no dijo nada.

-Sí, me iba ya, pero te iba a avisar. –Le contestó Santiago y la chica los mandó a callar.

Patricia sintió un estruendo que venía del desván, al cual se accedía desde el fondo del salón, era una trampilla que estaba camuflada con la solería del mismo. Se levantó para ver mejor que estaba pasando y vio cómo Manolo salía con la cara blanca como la pared, detrás de él venía David. A la chica le dio un vuelco el corazón cuando vio lo que su chico traía entre sus brazos.

¿Pero…? –Comenzó a decir Patricia mientras salía corriendo hacia ellos.

-¡Es Andrea! –Gritó David.

-¿Dónde estaba? –Patricia se acercó a ella y retiró el pelo de su cara, aún estaba viva, pero estaba muy fría.

-Este maldito la había metido en un frigorífico que tiene en el desván, la iba a dejar que muriera congelada mientras él desaparecía en ese viaje que iba a hacer, no lleva mucho tiempo ahí metida, ¡Hay que llamar a una ambulancia!

David soltó a la chica encima de un sofá, ya había vuelto en sí, su cuerpo desnudo no paraba de temblar. De su boca solo salía una frase: ¿Dónde está mi hijo? El chico pidió que llamaran a una ambulancia y cuando Patricia se fue a girar para hacer la llamada, vio que Santiago se había puesto en pie, la miraba sonriéndole y fue entonces cuando la chica se percató que entre sus manos esposadas había algo, era una pistola. A los pocos segundos un ruido ensordecedor se adueñó de la casa y Patricia cayó al suelo en el acto.

Cuando la ambulancia llegó Patricia seguía tirada en el suelo, desangrándose. David estaba abrazado a ella, llorando sin parar. No tardaron mucho tiempo en comunicarle al chico que Patricia había fallecido, el disparo había atravesado órganos fundamentales de su cuerpo y posiblemente había muerto en el acto. Pronto se hicieron cargo de Andrea y los nuevos refuerzos se llevaron a Santiago y a Diego a comisaría, allí estarían hasta que se llevara a cabo los interrogatorios.

**La mañana después del entierro fue terrible, preparó desayuno para dos. No podía creer que Patricia ya no existiera, que no estuviera con él. La echaba tanto de menos que le dolía el corazón. Se sentó para tomarse el café y pensó que ese día tenía que enfrentarse al interrogatorio de esos criminales. ¿Qué le habría hecho su chica para que la matara? Ella tan solo estaba cumpliendo con su trabajo. Miró hacia el pasillo con la esperanza de verla aparecer saliendo de su cuarto, con su sonrisa perfecta y esos ojos que le habían enamorado desde el primer momento en que la vio. Pero eso era imposible, jamás la volvería a ver. Ahora estaba enterrada, y por casualidad a tan solo unos metros de la tumba de Luis, el marido de Corina. Ella estaba siendo un gran apoyo para él, había pasado por lo mismo y sabía cómo podía ayudarle. Sus pensamientos giraron hacia la familia de Patricia, esos padres que ni una lágrima derramaron por la muerte de su hija, no entendía cómo podían tener el corazón tan duro. Luego pensó en sus padres, que tanto apoyo le habían dado también, al igual que sus abuelos, Aurora y Germán.

Comenzó a sopesar la posibilidad de volver a casa de sus padres, pero allí seguiría el recuerdo de Patricia por todos los rincones, fueron muchos meses los que ella vivió en su casa. No sabía qué hacer con su vida, todo le resultaba tan difícil.

Se levantó y pegó un puñetazo en la pared, ¿Por qué Pablo tenía que estar vivo, aunque en estado vegetal, y su chica estuviera muerta? Comenzó a llorar desconsoladamente y entonces llamaron a la puerta. Se secó las lágrimas y fue a abrir. Era Corina, llevaba a su bebé en brazos.

-¿Cómo estás? –Preguntó ella mientras le abrazaba.

-Mal, muy mal, no me creo que ella ya no esté. -El chico se abrazó a ella llorando desconsoladamente.

-Te entiendo perfectamente, pero la vida debe seguir. –Le secó las lágrimas que recorrían su cara.

-Tú al menos tienes algo por lo que seguir hacia adelante. –Dijo David mientras le acariciaba la mejilla al bebé, que le sonreía- Yo por el contrario no tengo nada que me impulse a seguir con mi vida.

-No digas eso. Me tienes a mí, que he pasado por lo mismo y puedo ayudarte, tienes a mi pequeño y además, tienes que luchar porque Santiago pague por todo lo que ha hecho. Tanto él como Diego. –La chica entró al interior de la casa y se sentó en uno de los sofás.

-Ellos se niegan a hablar. –El chico parecía más tranquilo.

-¿Y Andrea?

-Ahora mismo está en el hospital, con sus padres, pero por lo que se ve no quiere hablar, tiene un gran trauma.

-Ha sido un milagro que apareciera. –La chica recostó al bebé en su carrito.

-No puedo creer que llevara tantos meses desaparecida y que estuviera tan cerca de todos  nosotros.

-Sí. ¿Se encontró algo más? –Corina se sentó a su lado y lo cogió de la mano.

-Encontramos más cuerda cómo la que utilizó para el crimen.

-Ya mismo pagarán por todo. –Ella le sonrió.

-Qué duro es todo. Tan jóvenes que somos y nuestras parejas enterradas. –Dijo en tono triste.

-Sí, es muy duro, pero tenemos que seguir, no nos queda de otra.

-He quedado para ir a interrogar a Santiago y a Diego. –El chico se levantó y Corina hizo lo mismo.

-Si te sientes peor, ya sabes dónde está mi casa, yo te puedo ayudar. –Le acarició la mejilla.

-Lo sé, y no sabes cuánto te lo agradezco. –Le sonrió.

 **Era la primera vez en mucho tiempo que Yago ponía un pie en la calle. Hoy llevaría a cabo algo tan increíble como un secuestro. ¡Todo le iba a salir perfectamente! Quería saber que era lo que se sentía cuando se secuestraba a alguien y luego se le torturaba hasta darle muerte. ¡Él pronto lo sabría! Sería como uno de los protagonistas de esos programas que veía tantas veces al día. ¡Nadie jamás lo encontraría, ni a él ni a su víctima! Todo acabaría lo antes posible, ya tenía el sitio dónde esconderla.

**Cuando David llegó a comisaría parecía un alma en pena. Todo el mundo lo miraba a su paso, pero él no tenía fuerzas de pararse a hablar con nadie, sentía un dolor tan grande en su interior que sólo quería morirse él también. Llegó a la sala de interrogatorios y respiró hondo antes de entrar, tendría que controlarse para no matar a ese cabrón con sus propias manos.

-David, no es necesario que estés aquí. –Le dijo Fernando cuándo le vio entrar. Santiago le sonrió levemente y se cruzó de brazos. Diego miró al suelo y comenzó a jugar con los dedos de sus manos.

-Tranquilo, no pasa nada. Yo puedo controlarme. –El chico se sentó en una de las sillas de aquella habitación, lo más lejos posible del asesino de Patricia.

-Esperamos que nos digan la verdad sobre cómo sucedieron los hechos.              –Comenzó a decirle Fernando a los dos interrogados.

-No somos culpable de nada de lo que se nos acusa. –Dijo Santiago en tono tranquilo.

-Las pruebas dicen lo contrario. –La voz de David parecía sosegada.

-¿Nos pueden decir que os llevó a matar al pobre niño? –Fernando se puso de pie, al lado de Diego.

-Nada, no nos llevó a hacerlo nada, porque no le matamos. –Seguía hablando Santiago solamente.

-Diego, ¿tú no tienes nada que decir? –Preguntó David.

-Yo…

-¡Tú cállate! –Le gritó Santiago.

-¡Él no tiene porqué callarse! –Gritó el chico.

-¡Él se calla y punto!

-Santiago, debo de decirle que con este comportamiento lo que va a conseguir es que se le hagan interrogatorios separados.

-¡Haga lo que quiera! ¡Él no va a hablar sin que yo esté delante!

-¿Diego? –Preguntó Fernando esperando que dijera algo, era una persona más sumisa de lo que parecía.

-Yo no puedo decir nada.

-¿A caso es por el secreto que tienes sobre tu pasado? ¿Él también lo sabe?         –David se levantó y se acercó a la ventana.

-No voy a hablar sobre eso.

Fernando llamó a los policías para que llevaran a cada uno a una celda. David se sentía desvalido por dentro, tenía que hacer algo para entretenerse. Así que llamó a Corina para que lo acompañara a ver a Andrea al hospital, quizás entre los dos pudieran sacarle qué era eso tan temible que pasó en su vida como para dejar de hablar durante tanto tiempo.

**Corina estaba esperando a David en la puerta de su casa, había dejado al pequeño Luis con su madre.

-Hola Corina. –Se limitó a decir él.

-Hola, ¿han confesado algo? –La chica se sentó en el asiento de copiloto y se puso el cinturón.

-Nada, Santiago es quien lleva la batuta en toda esta historia. No deja que Diego hable, yo creo que lo tiene amenazado porque también conoce el secreto de su pasado.

-Puede ser. ¿Qué vais a hacer? En algún momento tendrán que confesar.

-Sí, pero a saber cuándo.

Cuando llegaron al hospital, los padres de Andrea los recibieron con alegría, gracias a aquel hombre su hija había vuelto con ellos.

-¿Ha vuelto a hablar? ¿Ha dicho algo? –David se acercó a la cama dónde se encontraba Andrea, y la miró. La chica estaba despierta y los miraba, pero de su cuerpo no podía salir ni una sola palabra.

-No, no ha vuelto a hablar. –Les hizo saber el padre de la muchacha.

Andrea se removió de la cama y se incorporó abriendo los ojos cuando vio a Corina.

-Corina. –Dijo la chica levemente.

-Sí, soy yo. –Ella se acercó a la cama y le agarró la mano- ¿Cómo estás?

-Mal –Las palabras de la chica se sonaba cómo apenas un susurro. David miró a Corina y ella lo entendió. Si con ella había sido con la única persona que había hablado, tenía que ser ella quien le sacara la información.

-Cariño, ¿cómo llegaste al pueblo? –Corina le acariciaba la mano dulcemente y le hablaba como a una niña pequeña.

-Tenía que ir a por mi hijo.

-¿Por qué?

-No podía dejarlo con Santiago. Él no lo quiere. –La mujer no era consciente aún de que su niño estaba muerto. Hablaba lentamente mientras miraba al techo con sus grandes ojos.

-¿Qué pasó cuando llegaste al pueblo?

-Llamé a su casa y cuando me vio me raptó. Me metió en el desván y me ha drogado durante todo este tiempo, también me ha maltratado. – Su voz cada vez sonaba más bajita.

-Andrea, cariño, ¿Qué pasó aquel día qué no volviste a hablar más?

-Yo quedé con Pablo, él quería hablar conmigo. Pero yo no quería que entrara en casa, Santiago podía volverse loco de celos, era muy posesivo. Yo acababa de llegar de hacer unas compras de Fuente Palmera y llevaba a mi hijo conmigo. Ya estaba oscureciendo y cuando le vi cerca de mi casa, dejé a Víctor en casa de mi vecina, que lo quiere como a un nieto. Le conduje por el jardín a la parte trasera de la casa y entonces lo vimos todo por la ventana de mi cuarto. –Apenas podían escuchar que decía, su voz era excesivamente baja. David se acercó un poco más a ella para así poder escuchar mejor.

-¿Qué visteis? –Preguntó Corina mientras le acariciaba el pelo suavemente.

-Los vi juntos, en mi cama… -Comenzó a llorar levemente.

-¿A quién?

-A Santiago y a Diego.

-¿En tu cama? –Preguntó David extrañado.

-Sí, en mi cama, estaban haciendo el amor. Yo de la impresión enmudecí y Pablo salió corriendo, desapareciendo a los pocos segundos.

-Andrea, ¿estás segura de lo que estás diciendo? –Preguntó David.

-Sí, muy segura. Luego me quitó a mi niño. –Comenzó a ponerse nerviosa y a llorar. Los médicos entraron y la sedaron.

Cuando salieron del hospital, tanto Corina cómo David iban callados, digiriendo la noticia que Andrea les acababa de dar. No podía ser posible, era una teoría sencillamente imposible.

-¿Qué vas a hacer? –Preguntó la chica mientras David llevaba la vista fija en la carretera.

-No lo sé, pero creo que lo mejor es interrogar a Diego solo. Si Santiago está no hablará, él es la mente fría de todo este caso, en cambio, Diego es mucho más débil.

-Quizás sea lo mejor.

David llamó a Fernando y le contó todo lo que Andrea había confesado, éste se quedó boquiabierto, no podía creerlo. Entonces concertó un interrogatorio solo para Diego, si lograban que éste confesara, todo saldría a la luz por fin y se enterarían del porqué del asesinato. Al llegar a comisaría, Corina se quedó en la sala de espera, no podía entrar al interrogatorio. David se fue hacia la misma habitación que había estado hacía solo unas horas.

-Buenas tardes. –Dijo en tono seco.

-Aquí tienes a Diego, pregúntale lo que quieras. –Le dijo Fernando. Diego lo miró con miedo, seguidamente volvió a mirar al suelo.

-Diego, lo sé todo. Andrea ha confesado. –El chico alzó la mirada y su cara estaba blanca como la pared.

-Que Andrea… ¿qué? –Titubeó el chico.

-Sé de la relación que hay entre tú y Santiago. –El chico palideció.

-¡Ya no puedo más! ¡No puedo callarme todo esto más! Voy a hablar aunque Santiago me mate, ¡me da igual! –El chico se agarró del pelo y respiró hondo.

-Nosotros disponemos de todo el tiempo del mundo para escucharte.

-En mi vida todo ha sido muy difícil. Yo desde pequeño supe que  me gustaban los hombres, pero mis padres jamás me entendieron. Aun así, en la adolescencia, comencé a probar con otros chicos, eran relaciones esporádicas, hasta que Santiago apareció en mi vida. Él siempre había estado en el pueblo, pero jamás me hubiera imaginado que era homosexual. Me tuve que mudar a Córdoba y allí quedé con una panda de amigos con los que íbamos a ir a un bar de ambiente. Vi a Santiago en aquel lugar y me confesó que le gustaban los hombres, desde siempre, pero que jamás había estado con ninguno. Luego nos tomamos unas copas y yo le invité a venir a mi casa a tomarnos la última. Allí pasó lo que tenía que pasar, creímos que se quedaría en eso, pero con el tiempo y más encuentros, nos dimos cuenta que nos habíamos enamorado completamente el uno del otro. ¡Éramos los hombres más felices del mundo! Solo con tenernos no necesitábamos nada más. Todo comenzó a torcerse cuando tuvimos que volver al pueblo, allí la gente hablaría y no podíamos seguir juntos, así que decidimos dejarlo y comenzar una nueva vida al lado de alguna chica que conoceríamos en el futuro. Yo no tarde mucho en conocer a Teresa, me la encontré desvalida, tirada en el suelo un día lluvioso y desde ese día jamás nos separamos. Santiago se casó con Andrea y cada uno formó su familia. Creímos que podríamos seguir viéndonos con la excusa de ser los mejores amigos, pero nuestras esposas se llevaban muy mal y no podíamos quedar, así que aprovechábamos cualquier descuido para vernos y estar juntos. Yo seguía tan enamorado de él como siempre y él de mí igual. Una noche, después de haber hecho el amor, me confesó que tenía un plan en mente, para poder escapar y así no tener que cargar ninguno con nuestras familias. Nos desharíamos de ellas y luego escaparíamos juntos lejos, dónde nadie podría jamás meterse en nuestras vidas.

-¿Cuál era ese plan? –Preguntó David.

-Me dijo que teníamos que deshacernos de nuestros hijos. Yo le dije que quería a Alejandra, que era mi niña y jamás me atrevería a hacerle nada malo. Pero él, me dijo que no le temblaría la mano en matar a Víctor, que así le ahorraría sufrimiento en la vida.

-¿De qué sufrimiento me estás hablando? –David se pasó los dedos pos las sienes.

-Él decía que por muy pequeño que fuera su hijo, sabía que era homosexual, que era muy frágil y siempre se relacionaba con niñas. Yo le dije que eso no tenía nada que ver, pero él se empeñó en qué quitándolo del medio ganaríamos todos. Víctor no sufriría cuando fuera un poco más mayor y nosotros nos quitaríamos a uno del medio. Luego, con mi ayuda, inculparíamos a Teresa del crimen, poniendo el paraguas y el chubasquero en mi casa y quitando el jade a mi esposa, luego él me dio un poco del medicamento que le estaba suministrando al niño y a Andrea para que durmieran y yo me encargué de dároslo como prueba de que ella había sido la asesina.

-Es muy grave lo que estás diciendo.

-Sí, pero una vez muerto Víctor, Teresa en la cárcel durante muchos años y Andrea muerta también, porque cuando la raptó, sus planes era matarla, nosotros podríamos escapar de este pueblo e irnos lejos, muy lejos de aquí para así poder ser felices.

-¿Y tú estuviste de acuerdo en todo? –Preguntó Fernando.

-Sí, no veía  necesario tener que deshacernos así de personas humanas pero el amor que siento por él es tan grande, que no podía negarle nada.

-¿Y Alejandra? ¿Qué pasaría con ella? –David comenzó a dar vueltas por la pequeña sala.

-A ella no iba a permitir que la matara. ¡Jamás! Si quería matar a su hijo era su problema, pero a mi niña no la tocaba.

-¿Y eso de que os llevabais mal por una empresa que montasteis juntos?

-Es verdad que la montamos y tuvimos problemas con el reparto de  las ganancias, pero todo se hizo también para que la gente no sospechara nada de nuestra relación, si éramos enemigos confesos, jamás nadie podría adivinar que teníamos algo.

-¿Por qué lo tuvo secuestrado un tiempo y luego lo asesinó?

-Porqué tenían que inculpar a Teresa del asesinato. Lo estudiamos todo minuciosamente.

-Que sangre más fría hay que tener. –Susurró David. En ese momento sonó su teléfono y el corazón comenzó a irle a mil por hora.

David salió a los pasillos de comisaría, llamando a Manolo y recordó a Corina, ella también tendría que irse con ellos. Había habido un intento de secuestro en el pueblo. Corrieron hacia los coches y no tardaron mucho en llegar. Justo en la entrada había un numeroso grupo de gente agolpada, todo había ocurrido en la puerta del colegio.

-¿Qué ha pasado aquí? –Preguntó David cuando llegó a las escaleras del colegio. La profesora estaba llorando con Alejandra tomada en brazos.

-Ese chico ha querido llevarse a Alejandra a la fuerza, me ha empujado y me he caído al suelo. Menos mal que el padre de otro chico me ha ayudado y lo han podido retener. –Señaló a una esquina donde un grupo de padres tenían retenidos a un joven, era Yago.

-Tranquilo, ¿qué te ha hecho quererte llevar a Alejandra? –David cogió al chico y lo esposó.

-¡Yo solo seguía los pasos de Santiago, el padre del niño Suárez! ¡Yo creo ese hombre y el padre de Alejandra están juntos, Diego no sale de su casa! –Gritaba el chico.

-¿Cómo? ¿Qué demonios estás diciendo? –Preguntó Manolo.

-Yo quería saber qué se siente al secuestrar a alguien, cómo es el proceso hasta matarlo.

-Chico, tú no estás bien. –David no podía creerse lo que estaba escuchando.

-¡Yo lo vi todo! ¡Yo soy el único privilegiado que sé quién mató al niño Suárez! ¡Y quién fue su cómplice! –Todo el mundo los estaba mirando y David resopló. Cogió al chico de un brazo y lo metió en el coche.

-Tranquilízate y dime qué quieres decir con eso de qué tú lo viste todo.

-Yo lo tengo todo grabado. Hace meses que me paso el día entero viendo esa grabación, imaginándome historias cómo las que salen en crímenes imperfectos o en mentes criminales, metido en mi taller.

-¿Cómo que lo tienes todo grabado? –Manolo miraba al chico fijamente.

-¿Queréis verlo? –La mirada del chico estaba perdida, estaba perdiendo la razón.

-Sí, claro.

-Llevarme a mi casa y yo os entregaré los videos. Tenéis suerte ¡Vais a ser los segundos en ver esos videos! ¡Solo yo los he visto!

No tardaron más de unos minutos en llegar a su casa, su madre no podía creer lo que estaba pasando y lloraba a lágrima viva cuando se llevaron a su hijo a comisaría por intento de robo de un menor y por supuesto, con las grabaciones de las que hablaba en su poder.

**Aquel día todo estaba siendo un caos. En comisaría todo el mundo estaba avisado para cuando llegaran, tenían que preparar una televisión en el despacho de Parker y así poder ver aquellas misteriosas grabaciones. Cuando iban de camino, él solo pedía que aquello fuera la última prueba, una prueba válida y congruente sobre lo ocurrido con Víctor. Necesitaba a aquel maldito hombre entre las rejas de una vez por todas, le había quitado a Patricia, que era la única razón por la que él se levantaba cada mañana y tendría que pagar por ello. No levantó la vista de la carretera en todo el trayecto, vivía en un mundo dónde solo él tenía cabida aquel día.

-Todo está preparado Parker –Le dijo Antonia mientras le regalaba una breve sonrisa, le daba tanta pena aquel muchacho. Todos en comisaría estaban consternados con la muerte de Patricia, pero también por el estado en el que sabían que se encontraba David.

-Bien. –No dijo nada más, se dirigió a su despacho, donde todos sus compañeros metidos en aquel caso les estaban esperando. Unos de pie y otros sentados esperaban su llegada para así salir de dudas y saber si lo que decía aquel chico era realmente cierto.

Detrás suya entró Manolo con Yago esposado. Vieron a un chico joven, con el pelo largo y moreno y una sonrisa perenne en sus labios. Se dieron cuenta de inmediato que no estaba bien.

-Yago, ¿sigues afirmando que en estas grabaciones podremos ver quién es el verdadero asesino del niño? –Preguntó David mientras se sentaba en su butaca y el chico en un asiento que tenían reservado para él. Era un despacho pequeño, pero más o menos todos tenían cabida, hasta Amapola pululaba por allí con entusiasmo, ajena a todo.

-Sí, yo quería ser cómo él, creía que el secuestro de esa niña me saldría bien, pero no. Al final no me la pude llevar. ¡Él es un héroe y yo un pringado! –Gritó el chico. Manolo le agarró los hombros para que se tranquilizara.

-Sigo sin entender cuál es tu afán por esos temas tan escabrosos. –Le dijo David mientras encendía la televisión.

-A mí siempre me han gustado esas cosas. De pequeño hacía experimentos con animales como ratas o palomas. Yo siempre he querido saber que se siente después de la muerte, pero no me llega, la muerte no viene a por mí. Y cuando ocurrió todo eso, yo comencé a pensar en cómo a ese hombre se le había ocurrido hacerle eso a mi pequeño vecino. Me encerré en mi taller durante todos estos  meses, intentando establecer el nexo de conexión, saber por qué él quiso hacer eso, ¡Pero sigo sin entenderlo! –El chico comenzó a zarandearse el pelo.

-Yago, si tú lo viste todo, ¿puede ser que nos mandaras unos anónimos?              –Antonia intervino por primera vez y todos esperaron ansiosos la respuesta.

-¡Sí! Yo mandé dos anónimos. Uno para hacerle saber a ese cabrón que lo había visto todo y otro para que dejarais a Corina en libertad. ¡Ella no tenía nada que ver!

-Ahora si lo sabemos, por aquel entonces no nos quedaba otro remedio que detenerla, era sospechosa. –David hablaba serenamente.

-¡Pon el video, me muero de ganas de verlo otra vez! ¡Veréis que técnica! –Yago se incorporó en la silla y siguió sonriendo con la misma cara de demente. David suspiró y le dio al Play.

Todos se echaron las manos a la cabeza cuando vieron lo que aquella grabación reproducía. Santiago sacaba un bulto liado en una manta, era de noche y no se podía apreciar bien la imagen. Un coche llegaba a su casa y él metía aquel bulto dentro, luego entraba en casa como si nada  hubiera pasado, mientras el ruido del coche se esfumaba en la oscuridad nocturna. David se levantó y sus ojos chispearon de placer.

-Le tenemos. –Sonrió levemente mientras miraba a sus compañeros.

-¡Yo no mentía! –Gritaba el chico.

-¿Qué hacemos con él? –Preguntó Manolo.

-Hay que detenerlo. Ha intentado secuestrar a una menor. –Le respondió David mientras miraba por la ventana.

-¡Quería saber que se sentía y qué mejor manera de hacerlo que secuestrando a la hija de Diego! Él tuvo mucho que ver en todo eso ¡él era quien conducía el coche que transportaba el niño cuando Santiago lo sacó de casa!  -No paraba de gritar.

-Sabemos que es Diego quien conducía el coche, él ha sido su cómplice.

-¡Yo siempre lo supe! ¡Aunque en el vídeo no se aprecie bien, ese es su coche! ¡Yo quería que él sufriera perdiendo a su hija!

-¿No te importaba pasar el resto de los días en una cárcel por secuestro o sencillamente arruinarle la vida así a una niña de cuatro años y a su madre? –Preguntó el chico mientras miraba a aquel joven a los ojos.

-Yo no soy malo. Sólo quería tener una aventura con mi única pasión. ¡La muerte!

David se frotó los ojos y le pidió a Manolo que se lo llevara a uno de los calabozos, ese chico no estaba bien, necesitaba atención especializada de inmediato.

-¡Fernando! Necesito hablar ahora mismo con Santiago. –Pidió el chico a la vez que andaba a paso ligero por los pasillos de comisaría.

-En diez minutos lo tienes en la sala de interrogatorios. –Le contestó el hombre sacando la cabeza por la puerta de su despacho.

Salió a la puerta y respiró el aire fresco. Ya estaba comenzando a hacer un leve frio, pero él con los nervios ni si quiera lo sentía. Miró su móvil, tenía varias llamadas perdidas de su madre, tendría que llamarla luego. Parecía curioso, pero por mucho tiempo que pasara, jamás podría olvidar todo lo que le hicieron, había sido un daño irreparable en su vida el haberle ocultado que su verdadera madre había muerto hacía muchos años. No se había atrevido a ir a verla al cementerio, pero ahora, estando allí Patricia, algún día tendría que armarse de valor. Ese día le llevaría un ramo de flores, el ramo de flores más bonito que hubiera en la floristería. Aunque no la hubiera conocido, porque era muy pequeño, desde que se enteró de todo, sentía un gran afecto hacia aquella mujer desconocida, todas las noches miraba su foto y se imaginaba como sería la vida si se hubiera criado a su lado. Quería a Pepa, pero le había engañado y eso jamás terminaría de perdonárselo.

Hacía un sol radiante y miró al cielo. Seguramente desde allí Patricia lo estuviera mirando, sonriéndole con sus preciosos ojos azules chispeando de felicidad. Se limpió una lágrima que comenzó a recorrer su cara y pensó que quizás debería volver a casa con sus padres durante un tiempo, hasta que encontrara otro lugar que no le trajera tantos recuerdos. No podía seguir viviendo en aquella casa donde había pasado los últimos meses con ella, todo le traía recuerdos. Absolutamente todo.

Retiró levemente el flequillo de su rostro y se secó las lágrimas. Ahora tenía que entrar a enfrentarse al malnacido más grande que se había echado a la cara. Un hombre ruin, frío y calculador. Capaz de acabar con la vida de su propio hijo por terminar una cuenta pendiente con un amor del pasado. ¿Es qué no eran compatibles las dos cosas?

Al entrar a la sala de interrogatorios, sintió algo extraño. Allí estaba sentado aquel hombre, al fondo en la única mesa de la estancia. Todo estaba en silencio y el hombre seguía sonriendo.

-Hola David, ¿habéis enterrado ya a tu querida novia? –El chico apretó los puños y Fernando le tocó el hombro. Debía mantener la compostura, ese hombre pagaría todo el daño que había hecho.

-Santiago, no estoy para bromas.

-Quiero que sepas que ese disparo iba para ti, pero tu querida novia se interpuso en medio, ¡fue cómo una película! Qué bonito… -La voz del hombre sonaba tranquila, pero a la misma vez jocosa.

-Por favor, cállate. No estamos aquí para hablar de eso. ¿Qué te llevó a matar a tu hijo? –David no quería que él supiera que Diego ya había confesado.

-Nada, yo no lo maté.

-¡Por dios, no mientas más! Lo sabemos todo. ¡Sabemos por qué hiciste todo esto! –El rostro del hombre pareció palidecer.

-¿Quién…? –Tartamudeó.

-Diego ha confesado. ¡Lo ha hecho!

-Lo que haya dicho ese es totalmente mentira, no podéis hacerle caso. –Su voz sonaba tranquila.

-Pues es una gran casualidad que lo que nos contó, de alguna manera, encajara perfectamente con unas grabaciones que han llegado a comisaría.

-¿Qué grabaciones? –Preguntó nervioso.

-Tú. Un bulto en brazos. De noche. Diego te esperaba en el coche… -Dijo David lentamente, saboreando cada palabra.

-¡Mentira, nadie pudo grabar eso! –Gritó a la vez que pegaba un puñetazo en la mesa.

-Sí, alguien te grabó. Fue un fallo técnico, Santiago. Suele ocurrir en algunas ocasiones.

-¿Quién grabó eso? –Estaba realmente furioso, se había puesto colorado y el sudor caía por su frente.

-Te grabaron desde la casa de enfrente. Un chico llamado Yago, por lo que hemos podido ver, no está muy bien psicológicamente.

-¿Yago? Pero si ese tío no tiene vida social, se pasa los días metido en su casa.

-Sí, pero dio la casualidad que el día del crimen él estaba para grabarlo, mirando por la ventana.

-No puedo creerlo…

-Pues créelo. –David se acercó lentamente a la mesa y se sentó en un pico. Santiago estaba sentado en la silla, esposado y lo miraba con altanería- Ahora me gustaría escuchar de tu boca, qué fue lo que realmente pasó, qué fue lo que te llevó a realizar un crimen de tal envergadura.

-¿No dices que ya te lo ha contado Diego? –Preguntó levantando la voz.

-Sí, pero la verdad, me gustaría saber que pasó por una mente criminal como la tuya para actuar así. –El hombre se quedó callado durante unos segundos y levantó la vista.

-Pues sí, te lo voy a contar. De todas formas, yo ya estoy perdido.

-Me alegro que lo hayas comprendido. –David sonaba extremadamente serio mientras pronunciaba aquellas palabras.

-Parker, ¿tú sabes lo que es el amor? –Soltó de buenas a primeras.

-Sí, lo sé perfectamente. –Le respondió tranquilamente, aunque se entristeció profundamente de pensar que sí, sabía que era el amor, pero ya lo había perdido para siempre.

-Pues yo me enamoré, perdidamente. No me hicieron falta más de unos días para saber que Diego era el amor de mi vida. Nos conocíamos, pero jamás nos habíamos dado cuenta de que a los dos nos gustaban los hombres. ¿Sabes lo que es vivir escondiéndose continuamente de la gente? ¿Sabes lo que es ver al amor de tu vida y no poder acercarte a él y besarlo? Pues yo no podía. Mi pueblo es extremadamente pequeño y no podía arriesgarme a ser el centro de todas las miras para toda la vida.

-No creo que hubiera durado eternamente. –Fernando se removió en la silla, intentando encontrar una postura más cómoda.

-Sí, estoy seguro de que sí. Diego me dijo que sería mejor que cada uno tomara las riendas de su vida, que formáramos una familia cada uno por su cuenta y qué lo mejor sería que fuera con una mujer y así pudiéramos tener nuestros hijos. Yo al principio me mostré un poco reacio.

-¿Y por qué aceptó? ¿Por qué no luchaste por seguir con Diego? –David se acababa de levantar y daba vueltas por la habitación.

-Por qué él me convenció, me dijo que no teníamos por qué dejar de vernos. Qué mientras estábamos casados, podríamos decir que éramos íntimos amigos, así nadie sospecharía de nuestras visitas.

-Pero en algún momento todo saldría a la luz.

-No tenía por qué ser así y por eso acepté. Luego conocí a Andrea y él a Teresa, intentamos quedar los cuatro muchas veces, para ver si ellas se hacían amigas y así nosotros podríamos quedarnos solos cuando se fueran de compras, pero no se podían ni ver. Con el tiempo me enteré de qué fue todo aquello que ocurrió en un pasado en sus vidas, pero preferí callármelo cuando tú me preguntaste porqué se llevaban tan mal.

-Entonces, ¿cuándo os veíais?

-Nos veíamos cuando podíamos, yo le llevaba a mi hijo con la excusa de qué quería ver a Alejandra, los poníamos a jugar y entonces, si Teresa no estaba en casa, ocurría.

-¿Por qué decidiste matar a tu hijo?

-Yo sabía que no podía seguir en aquella situación y Diego tampoco, entonces la noche que Andrea nos pilló en la cama, decidí tramar aquel plan. Teníamos que quitarnos a nuestras familias de encima. Incapacitar a Andrea y luego matarla, yo no tenía pensado que todo me saliera tan bien, que viniera a buscar a su hijo y así poder raptarla, pero salió. Ella se presentó una noche preguntando por Víctor y entró en casa porque pensó que yo la iba a dejar que lo viera y entonces la metí en el desván, junto al niño. Allí los tuve a los dos juntos hasta que maté al pequeño.

-¿Por qué lo hiciste?

-Había llegado la hora de incriminar a Teresa, la hora de que se encontrara el cadáver y de poner las pruebas más importantes entre sus pertenencias. Diego se encargó de todo eso, además, le quitó el Jade para ponerlo en el lugar dónde estaba el cadáver y luego yo me encargué de daros una foto donde se veía bien claro que en el dedo de Teresa lucía aquel anillo.

-¿Cómo lograste tenerlos tanto tiempo encerrados sin que nadie se diera cuenta?

-Fue muy fácil, los tenía drogados casi siempre con el famoso medicamento, el mismo que Diego os facilitó como prueba para incriminar a su mujer. Yo mismo se lo di y él se encargó de todo lo demás. No creáis que fue fácil matar a mi niño, me lo pensé mucho, yo tengo la sangre fría, pero en el fondo me dolía acabar con él, no porque fuera mi hijo, eso me daba igual, era porque aún era un niño y tenía mucha vida por delante.

-¿Fuiste tú quién mataste al niño?

-Sí, yo lo maté, en mi casa. No me costó mucho, él estaba drogado, le até la cuerda al cuello y… ¡Zas, uno menos! –El hombre comenzó a sonreír, cómo si lo que hizo hubiera estado bien- Esa misma noche, Diego lo enterró en aquel campo, él sabía cómo hacerlo mejor que yo, así que de ese tema se encargó él. Luego tuvimos que esperar a que el imbécil, el dueño del campo, encontrara al niño.

-¿No querías a tu hijo? –David no daba crédito a lo que estaba escuchando, aquel hombre era un monstruo.

-Si te digo la verdad, no. Yo nunca quise que Víctor naciera, como comprenderás me costó mucho dejar embarazada a Andrea, más que nada porque no quería estar con ella. No me gustaba en absoluto, yo lo quería a él.

-No lo puedo creer…

-Además, yo sabía que matándole, le quitaría  mucho sufrimiento en su vida, de tener que ir escondiéndose de la gente, como lo tenía que estar haciendo tanto yo como Diego.

-¿Por qué dices eso?

-Yo sabía que el niño era homosexual. Solo había que verlo, siempre estaba con niñas, le gustaba todo lo relevante a la ropa y zapatos de su madre y era muy frágil, como una muñequita.

-Eso es una tontería, no tiene porqué…

-Yo empecé así, Parker. No crea que para mí fue fácil asimilar mi condición sexual.

-No es un delito ser homosexual y creo que había muchas más salidas que el plan que usted tramó en su cabeza. –Fernando se levantó también y se acercó a la grabadora, para comprobar que seguía encendida.

-Lo sé, pero créame que sería todo más fácil. A Víctor lo mataría, luego haría lo mismo con su madre, con Andrea y nos encargaríamos que, mediante pruebas que dejaríamos minuciosamente en el lugar indicado, incriminaran a Teresa en todo este asunto y así se pudriría en la cárcel. Serían tres personas que nos impedían ser felices qué saldrían de nuestras vidas para siempre.

-¿Y Alejandra?

-Diego no es tan malo como yo. No quiso que matara a su hija, yo le dije que no me importaba hacerle lo mismo a ella que a Víctor, pero me dijo que la quería, que jamás en la vida le tocaría un pelo a su hija. A veces se arrepentía de haberla tenido, lo mismo que de haberse casado con Teresa, pero al final le podía más el sentimiento de padre.

-Es lógico que una persona humana –Hizo énfasis en la palabra “humana”- no quiera matar a su hija.

-Él me ha ayudado y ha estado de acuerdo en todo, sólo en ese punto me contradijo.

-Creo que jamás en la vida me enfrentaré a alguien con la mente tan retorcida y tan sucia como tú. –Le dijo David.

-Yo le quería y le quiero y por él sería capaz de cualquier cosa. Incluso fingimos una enemistad por una empresa que mostramos para que la gente no hablara de nosotros y no pudieran relacionarnos como pareja.

-Santiago, ¿no te arrepientes de nada? –El chico se quedó dubitativo y David creyó que mostraría un arrepentimiento por lo que hizo con su hijo.

-Solo me arrepiento de haber sido un cobarde y no haber afrontado todo esto con Diego años atrás, cuando aún podía.

-Tú lo has dicho. Cuando aún podías, porque ahora te vas a pudrir en una cárcel.

-Créeme que allí estaré mejor que en una tumba, como tu querida novia.              –David no podía más, apretó los puños y miró al suelo, tenía que relajarse, pero no pudo, se dirigió a donde estaba él, decidido a partirle la cara, pero Fernando se abalanzó sobre él y lo agarró. La cara de David y Santiago se quedaron muy cerca, apenas a unos centímetros.

-¿Sabes? Ojalá nos hubiéramos conocido en otras circunstancias, eres muy guapo. –Le dijo Santiago en tono jocoso y luego comenzó a reír mientras Fernando sacaba a David de la sala de interrogatorios.

**Los días habían pasado. Teresa no podía creerlo cuando las puertas de aquella prisión se abrieron para darle paso a su libertad. Había pasado tantos meses allí metida injustamente… Esbozó una amplia sonrisa cuando pudo ver a sus padres esperándola fuera, con Alejandra en brazos. La niña no extrañó en absoluto a su madre, se abrazó a ella desde el primer momento y Teresa no pudo retener las lágrimas, al igual que sus padres. Ahora comenzaba una nueva vida, una vida en la que aún tenía muchas cuentas pendientes por saldar, que no tardaría mucho en hacerlo. Quería ver a David, quería darle las gracias por haber confiado en ella y haberle ayudado en todo lo que hizo. Gracias a eso, ahora Diego y Santiago estaban puestos a disposición judicial y no tardarían mucho en comenzar cumplir su condena. Cuando le comunicaron que estaba puesta en libertad y cómo habían sucedido los hechos, no podía creerlo, ¿cómo iba a ser homosexual su marido? Ahora entendía quién era aquel amor que tanto le marcó, un amor imposible al que ella supo que jamás había olvidado.

Se montó en el coche y besó a su hija en la frente, ella la miró con sus ojos azules y le regaló una sonrisa. Con aquello, no necesitaba nada más para ser feliz, lo tenía todo en la vida. A su hija y su ansiada libertad.

** Al día siguiente, a las diez de la mañana Teresa estaba entrando por el hospital donde aún estaba Andrea, después de saber de la muerte de su hijo, la tuvieron sedada durante unos días, ahora parecía haber asimilado aquella pérdida y estaba algo más serena.

Cuando la puerta se abrió, la chica estaba tumbada en la cama, con su camisón blanco y el pelo sobre los hombros, mirando por la ventana. Al escuchar la puerta, giró la cabeza y sus grandes ojos escrutaron a Teresa, que entraba sigilosamente en la habitación.

-Andrea… -Dijo Teresa, la chica seguía mirándola sin decir ni una sola palabra.

-¿Qué haces tú aquí? –Su voz seguía siendo tan bajita como siempre.

-He venido a verte, sabía que estabas hospitalizada y…

-¿Y?

-No puedo vivir con esto dentro de mí, tienes que perdonarme. –Teresa se sentó al borde de la cama. Andrea miraba al techo.

-Me hiciste mucho daño, ¿por qué me hiciste perder a mi hijo? Ahora los perdí a los dos, a aquel bebé y a mi Víctor. –La chica comenzó a llorar.

-Tranquila… Sé que no tengo cómo justificar lo que te hice, pero te juro que yo no quería, al principio solo quise defenderme y luego… Luego quizás dejé que mi rabia porque tú fueras la novia de Pablo fluyera. Sé que te hice mucho daño, pero por dios, perdóname, yo no puedo seguir viviendo con este cargo de conciencia. No te pido que seamos amigas, solo que me perdones. –Sus ojos comenzaron a ponerse acuosos.

-Fue muy duro para mí, ¿sabes? Quise mucho a Pablo y ese hijo que llevaba en mi vientre era suyo, yo le quería y tú lo mataste.

-No…

-Sí, lo mataste.

-Ya te he dicho qué… -Comenzó a decir Teresa mientras le agarraba la mano a Andrea. Ella no opuso resistencia, la miró con semblante serio.

-Yo te perdono. He estado muy cerca de la muerte. Muchos meses sufriendo los maltratos de ese malnacido de Santiago y ahora que he vuelto a la vida, no quiero tener enemistad con nadie. –Dijo en tono apaciguado.

-Gracias, de verdad. –Teresa se acercó y le besó la mejilla.

-Teresa, con eso no quiero que decir que tú y yo podamos ser amigas. Eso nunca.

-Lo sé, me lo imaginaba.  –La chica se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.

-Teresa… -Ella se giró.

-Dime.

-Cuida a tu niña, tienes un tesoro.

-Lo haré, no tengas duda.

Las dos se sonrieron y seguidamente un portazo sonó a sus espaldas. Andrea se dio la vuelta en la cama y volvió a pensar en su pequeño.

Al salir, Teresa sonrió, por fin podría ser feliz, ya no habría más cargos de conciencia ya podría dormir por las noches.

TRES AÑOS DESPUÉS…

Era una cálida tarde de principios de octubre. La plaza real del pueblo estaba atestada de niños, unos jugaban a la pelota, otros con sus bicicletas, las niñas patinaban… Corina estaba sentada en el jardín delantero de su casa, observando a su hijo, que estaba con una vecina algo mayor que él jugando a unos metros. Vio como David llegaba a pie, seguramente hubiera aparcado en otra calle. Ella se levantó y le hizo un gesto con la mano, él le sonrió. En los tres años que habían transcurrido desde que pasó todo, habían estado muy unidos, él necesitó ayuda para superar lo de Patricia y ella también se apoyó en él para poder asimilar la pérdida de Luis.

-¡David! Me alegro mucho que hayas pasado a verme. –Le dijo ella mientras se sentaban en el pequeño jardín.

-Sí, me gusta venir a ver a Luis, ¡crece por días! Y también para verte a ti, por supuesto. –Sonrió y miró al suelo.

-¿Hiciste lo que me dijiste? –Preguntó la chica mirándolo a los ojos.

-Sí, por fin pude hacerlo. Han tenido que pasar tres años para armarme de valor e ir a la tumba de mi madre.

-Supongo que no ha sido fácil.

-No, pero Pepa ha venido conmigo. –El chico se estirazó en la silla.

-Me alegro que hayas vuelto a tener la relación que tenías antes con tus padres.

-Bueno, jamás podrá ser como antes. Volví a casa cuando ocurrió todo lo de Patricia, pero me tuve que volver a independizar cuando me vi más o menos preparado.

-¡A mí me lo vas a decir! Qué todavía me duele la espalda de la mudanza. –Los dos sonrieron.

-Y por lo que veo, la normalidad ha vuelto al pueblo, ¿no es así? –Preguntó David mirando a todos los pequeños jugando en la plaza.

-Sí, después de lo que ocurrió con Santiago y Diego, la gente tenían muy vigilados a sus hijos, además, también pasó lo de Yago…

-Pobre chaval, en el fondo fue una víctima también.

-Sí, él no estaba bien. Su madre me ha contado que sigue en el psiquiátrico y tiene unas visitas muy restringidas. No pueden arriesgarse a que debido a eso se interrumpa el tratamiento.

-Quizás con el tiempo pueda rehabilitarse.

-Quizás. Los que no creo que se rehabiliten son los otros dos… No quiero ni nombrarlos.

-Ya fueron condenados y les queda prácticamente todo lo que dure su vida en la cárcel.

-¿Supiste algo más de Teresa y Andrea? –David se acercó con Luis en brazos, el niño al verlo se volvió loco y fue en su busca.

-Andrea está en Córdoba viviendo con sus padres, por lo visto sigue en su mundo, no tanto como antes, pero sigue ahí. Teresa se mudó con Alejandra, intentó vivir un tiempo en casa de su madre, pero necesitaba independencia, se fueron a Almería, allí le ofrecieron un puesto de trabajo y por lo que creo, no tienen pensamientos de volver.

-¿Cómo sigue Pablo?

-Igual, él nunca mejorará. Su estado es vegetal y sólo sus padres se acercan a verlo de vez en cuando al hospital.

En ese momento vieron como llegaban Raúl y Blanca. Corina se levantó y fue a abrirles la puerta. Estaba tan contenta de que su hermano fuera feliz con aquella chica… Habían podido volver al pueblo con los años, no estaban grandes temporadas, porque el trabajo seguía estando en Bruselas, pero pasaban allí todo el tiempo posible.

-Hola, ¡qué bien os veo! –Dijo Raúl dándole la mano a David. Blanca lo saludó y se sentó en una de las sillas.

-¿Queréis algo de beber? –Preguntó Corina.

-Vale, un refresco. –Raúl cogió al pequeño Luis y tanto Blanca cómo él comenzaron a hacerle carantoñas.

-¡Te acompaño! –Le dijo David a la chica. Cuando estaban entrando hacia la casa se volvieron al escuchar a Luis sonriendo a grito limpio.

-¿A que sí? ¿A que tú quieres que mamá sea feliz y David sea tu papá? –Le decía Raúl cariñosamente al pequeño mientras le pegaba besitos en la mejilla.

Corina y David se miraron y sonrieron. ¿Por qué no? –Pensaron los dos a la vez.

11 de Abril. Veintiocho años antes:

Pepa miró sigilosamente por la rendija de la puerta de la habitación donde Sofía estaba cosiendo. Sonrió levemente y se dirigió a la cocina. Miró el reloj, eran las cinco en punto. La hora del café de su señora. Se acercó a la cunita donde David dormía plácidamente y le dio un beso en la mejilla.

Preparó el café y se lo llevó a Sofía al taller donde se dedicaba a la costura.

            -Muchas gracias Josefa, no sé qué haría sin ti. –Le dijo sonriéndole mientras le pegaba el primer sorbo al café.

            -Sabes que yo estoy aquí para complacerte.

A los pocos segundos, Sofía comenzó a sentirse muy mal. Tenía una gran opresión en el pecho. Comenzó a sudar y se cayó de la silla donde estaba sentada.

            -¿Qué tenía ese café? –La voz apenas le salía del cuerpo, su mano estaba puesta en su pecho, cómo si aquel gesto le fuera a quitar el dolor tan grande que estaba sintiendo.

            -Es un veneno –Comenzó a explicarle Pepa- Un veneno que no deja rastro en la sangre, para todos habrás tenido un paro cardiaco.

            -¿Por qué…? –La chica estaba tirada en el suelo, hecha un ovillo.

            -Quiero a tu familia, a tu marido y a tú hijo. Y solo hay una manera de conseguirlo: Quitándote del medio.

            -No…

La chica dejó de moverse y Pepa sonrió. Lo había conseguido, por fin su familia pasaría a ser de ella. Se sentó en una silla y comenzó a lloriquear, tenía que comenzar a ensayar. Cuando se vio preparada salió a buscar ayuda, a su señora le había dado algo, la había encontrado tirada en el suelo de su taller de costura.

Pronto se formó un gran revuelo en la casa. Ella cogió a David en brazos y le susurró que ahora sí tendría una verdadera madre.

 

FIN

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