FE CIEGA. CAPÍTULO ONCE.

**Durante todo el camino en coche, Corina estuvo pensando en su hermano y en Blanca y lo bien que les iba todo en Bruselas, hablaban por internet a diario y a ella le hubiera encantado decirle lo mal que se encontraba su relación en ese momento, pero creyó necesario no contarle nada en absoluto y no darle más problemas.

Se sentía muy mal solo con pensar cómo había juzgado a Blanca desde el principio. Raúl se lo había dicho más de una vez, que era una buena persona, sumida en una drogadicción de la que no sería capaz salir sola, y que con su ayuda saldría de todo aquello. Nadie creía en el cambio de aquella chica y resultó ser verdad. A día de hoy estaba fuera de todo aquello, trabajando y feliz junto a su hermano.

Al llegar se encontró a su madre en la puerta de su casa, estaba esperándola. Le contó cómo había ocurrido todo, lo bien que fue el parto y luego se despidieron, ella tenía muchas cosas que hacer.

Cogió la ropita del bebé y la metió en una bolsa. Se dirigió a la habitación de Sara para recoger su ropa y llevársela al hospital, pero decidió darse una ducha antes. Allí pensó mucho en toda su situación, ¿qué iba a ser de Luis y ella cuando Sara desapareciera? ¿Y si no les dejaba al bebé? ¡Ella lo quería como si fuera suyo! ¿Por qué su esposo le aseguraba que ese bebé era suyo y de nadie más? Llevaba algún tiempo viendo a Luis extraño, realmente extraño. Se había vuelto una persona huraña y solitaria. Él mismo había producido aquella situación en el matrimonio, habiéndole sido infiel con Sara. ¿Cómo habían llegado a aquella situación? ¡Ellos se querían! Ojalá jamás hubieran metido a aquella mujer en su casa y el niño que ahora mismo había nacido fuera de ella, que hubiera nacido de su vientre.

Al salir de la ducha se dirigió a la habitación de Sara y cogió una pequeña maleta. Abrió el armario y comenzó a meter su ropa, luego recordó que tenía que llevarle una crema para la cara que le había pedido, pero no la veía por ninguna parte. Entonces abrió el primer cajón de la mesita de noche y vio la famosa foto a la que la chica dormía abrazada todas las noches. Estaba boca abajo y dudó si darle la vuelta o no, quizás sería meterse en la intimidad de ella, pero no pudo más y la cogió. Se quedó petrificada al darle la vuelta. ¿Qué hacían juntos?

**Cuando David llegó a casa, Patricia lo estaba esperando impaciente. Se sentaron en el pequeño jardín delantero y el chico le explicó todo lo que había averiguado sobre Teresa aquel día.

-No deberías haberte esforzado tanto, sabes que no estás bien aún y menos para conducir. –Le dijo Patricia tiernamente.

-¡Ha valido la pena! Ahora se muchas cosas que antes no sabía y estoy más seguro que nunca de que Teresa no ha tenido nada que ver de todo lo que se le acusa.

-No puedo creer lo que me has contado de su relación con Pablo. ¡Es increíble!

-Sí, por lo visto antes de conocerte a ti era otra persona totalmente distinta, capaz de tener engatusadas a dos mujeres a la vez.

-Entonces, me era infiel con Teresa, cuando la chantajeaba con contarle el secreto de Diego a cambio de sexo.

-Eso parece. –El chico cogió su cerveza y le dio un trago, luego miró al cielo, aún era de día y el sol le quemaba en la cara.

-Bueno, todo eso es pasado, ya no me importa. Ahora quiero saber qué vas a hacer, cómo vas a comenzar con tu investigación particular. –Le dijo la chica en tono jocoso mientras se recogía el pelo en un moño deshecho.

-No te rías de mí, cariño. Si hago esto es porque sé que detrás de todo esto hay algo más, algo que se nos está escapando de las manos. He pensado varias cosas, principalmente quiero ir al pueblo. He pensado que quizás ha habido pruebas que no se han tenido en cuenta y que están allí, delante de nuestras narices.

-¿Cómo cuáles?

-Me acordé que justo enfrente de la tienda donde Víctor fue a comprar chucherías hay una pequeña joyería, ¡tiene que tener cámaras! Y no he leído en ningún lugar que eso se tuviera en cuenta. También hay un banco a unos metros, ¡tampoco tengo constancia que esas grabaciones se hayan revisado!

-Es verdad, nada de eso se ha tenido en cuenta, ni por el juez ni por el abogado de Teresa. –Patricia miraba pensativa al suelo.

-Yo lo que creo es que ha sido un procedimiento muy rápido, más de la cuenta. No se han tenido en cuenta todos los puntos que se deberían y tampoco todas las pruebas. Se han basado simplemente en las que se tenían, como el anillo, el paraguas, el chubasquero… Pero, ¿nadie ha pensado que quizás otra persona haya querido inculparla? Yo después de haber hablado con ella estoy seguro de que no ha sido.

-Es cierto, además, ahora sabemos el porqué del nerviosismo de Teresa en nuestras visitas.

-También he pensado que deberíamos ir a inspeccionar la casa de Pablo.

-Sí, seguramente allí tenga droga guardada.

En ese momento sonó el teléfono de David, se levantó y atendió la llamada.

-Dígame

-¿David Parker?

-Sí, soy yo. ¿Quién es?

-Soy la madre de Andrea. –La mujer titubeaba mucho.

-Hola, ¿tiene noticias de su hija? –El chico se puso a alerta, y Patricia lo miró incorporándose de la silla.

-No, desgraciadamente no. Para eso le llamo, quiero saber si se sabe algo de ella, mi niña lleva ya cuatro meses desaparecida y su padre y yo no podemos más.

-Señora, entienda que no tenemos ni una sola pista por donde comenzar a buscar, es cómo si a su hija se la hubiera tragado la tierra.

-¡Pero eso no puede ser! ¡Mi nieto apareció! ¿Por qué mi niña no? Aunque esté muerta, a mí me da igual, solo quiero tenerla conmigo, sea viva o muerta.

-Mire, si le parece bien puedo ir a su casa. Allí podía inspeccionar las cosas de Andrea, y así podremos ver si hay algo que nos dé una pequeña pista de todo lo que ocurrió.

-Vale, como quiera.

-¿Le parece bien pasado mañana por la tarde? Antes me es imposible.

-Aquí le esperaremos. –La mujer colgó el teléfono.

Patricia se acercó a él y le besó el hombro, luego se volvieron a sentar.

-¿Se te olvida que estás de baja? –Preguntó la chica dulcemente.

-No, no se me olvida, pero recuerda que así puedo investigar por mi cuenta. Iremos a casa de Andrea e investigaremos sus cosas, registraremos su cuarto y sus pertenencias hasta que saquemos algo en claro.

-Estos tres meses en coma te han quitado mucho tiempo de hacer cosas, te veo muy activo. –La chica le sonrió.

-Sí, la verdad es que sí. Si yo no hubiera tenido aquel accidente, quizás aún se estarían buscando pruebas y no estaría Teresa metida en prisión.

-A mi me parece muy extraño cómo te estás volcando con ella. –Patricia lo miró recelosa.

-¿Estás celosa? –El chico se acercó a ella sonriendo.

-¡No, por dios! ¿Cómo crees? –Lo retiró con un gesto cariñoso.

-Vamos a ver, si yo me vuelco en este tema es porque sé que ella no ha tenido nada que ver, yo le creo todo lo que me cuenta, veo que es sincera y hay cosas que no me cuadran, comenzando por un procedimiento tan rápido.

-Lo sé, lo sé.

-¡No te pongas celosa! –El chico se abalanzó sobre ella sonriéndole y la besó.

-No te imaginas ni las ganas que tenía de volver a estar así contigo. –Patricia lo miró con sus grandes ojos azules y le acarició la mejilla.

-Yo tenía más ganas que tú.  He estado pensando en algo…

-¿En qué? –El chico volvió a su asiento.

-Patricia, yo no sé si quiero estar más en mi casa viviendo. Creo que podría llevar una relación de cordialidad con mis padres, pero no creo que les pudiera perdonar que me hayan ocultado algo tan importante durante tantos años.

-Ya te he dicho que… -Comenzó a decirle la chica.

-Sé que no me lo dijeron por no hacerme daño, porque me quiere y todo ese rollo, pero tienen que entender que yo no podía estar engañado toda la vida. Mi madre era Sofía y yo no tenía ni idea. Es más, tengo treinta años y nunca he sabido de ella. Ahora ni siquiera me atrevo ir a verla a la tumba. ¿Puedes entender cómo me siento? ¿Con que cara me presento allí treinta años después?

-¡Pero tú no sabías nada!

-Lo sé, pero  no me siento bien y no creo que pueda ir a verla al cementerio. Tengo una foto de ella y con eso me conformaré. Pero lo que te iba a decir es que quiero mudarme de aquí, vayámonos a vivir juntos.

-¿Solos? ¿No es demasiado pronto? –La chica lo miró incrédula.

-Es pronto, pero yo te quiero, quiero vivir contigo y formar una familia.

-Qué bonito David… -Patricia se acercó a él de nuevo y se sentó en su regazo, pegó la cabeza a su pecho y comprendió que ese era el lugar donde siempre quería estar.

– Claro que me voy a vivir contigo.

-Pues no se hable más, mañana mismo buscamos una casa de alquiler. A ser posible en el centro del pueblo, que esté más cerca de comisaría.

-Aquí todo está cerca. –La chica comenzó a reír sonoramente.

-¡Oye! Es un pueblo pequeño pero acogedor.

-¡Era broma!

-Por cierto, mañana he quedado con Corina. Se ha ofrecido a ayudarme en mi particular investigación. Conoce mejor a la gente del pueblo y los dos podemos conseguir más cosas que yo solo.

-Mejor, porque yo si estoy trabajando y no te podría ayudar todo lo que quisiera.  –Patricia se levantó, cogió a David de la mano y entraron a la casa.

En el salón estaban sus padres, al pasar por allí, David los saludó con un seco “hola” y subieron las escaleras hacia sus habitaciones. Antonio y Pepa se miraron y no dijeron nada, ella siguió cosiendo y él viendo la televisión. Sabían que de alguna manera, habían perdido a su hijo, ese hijo al que tanto querían.

**Yago tenía en sus manos en DVD donde se podía ver la grabación que implicaba directamente de todo a su vecino. Él era un privilegiado, el único que sabía la verdad y ese juego le encantaba. Quizás algún día dejara que todo el mundo se enterara de lo que a día de hoy solamente él sabía. Veía aquel DVD miles de veces al día, cogía apuntes y luego intentaba explicarse porqué esas personas quisieron matar a Víctor.

Él no salía de casa nunca, su vida consistía en jugar a la Play, ver en la televisión programas como “CSI”, “Mentes criminales”, “Castle” o “Crímenes imperfectos”  Le hubiera encantado estudiar criminología, así podría trabajar en lo que de verdad le gustaba, pero allí estaba, metido en su cuarto de día y de noche y solo como la una. Su madre le aconsejaba que saliera, que tenía que hacer amigos y tener vida social, pero a él lo que le gustaba era la soledad y hacer lo de todos los días.

Aquella era su vida y no quería que nada la cambiara. Quizás si llevaba esas grabaciones a la policía, lo culparan de cómplice en el asesinato del niño. ¡No, no y no! ¡Tenía que seguir callado, no podía decir nada de todo lo que sabía!

**Cuando Corina llegó al hospital tenía los ojos hinchados, incluso le dolían, de tanto llorar. ¿Qué significaba aquella foto? Se la había llevado con ella y pediría explicaciones. ¿De qué se conocían ellos dos? En esa foto estaban muy jóvenes, no era actual.

Llegó a la habitación 503 y entró. Allí estaba Sara, tumbada en la cama, amamantando al pequeño. Luis estaba sentado en la butaca, mirándolos fijamente, eran una familia perfecta. En ese momento comprendió que lo había perdido todo: su esposo, su familia, a aquel pequeño e incluso sus ilusiones.

Solo quería saber de qué se conocían Sara y Luis. ¿Por qué tenían una foto de hacía muchos años juntos? ¿No era ella la sobrina de Tere, su compañera de trabajo? Estaba claro que la había engañado.

-Hola. –Dijo Corina al entrar- Os veo muy bien.

-Hola, Corina. ¿Has visto a mí hijo? Es precioso –Dijo Sara haciendo énfasis en la palabra “mí”.

-Sí, es precioso. Pero quiero que me expliquéis algo. ¿Qué es esto? –Corina sacó la fotografía de su bolso y a su marido le cambió la expresión de la cara. ¿Cómo podía Sara haber descuidado aquella fotografía y no tenerla guardada en un lugar privilegiado?

-Corina, esa foto es de hace muchos años. –Luis comenzó a hablar, a la vez que le hizo un gesto a Sara para que se callara.

-Ya veo, hace muchos años.

-Nosotros nos conocemos desde hace algún tiempo, pero eso no quiere decir nada. –Luis estaba temblando, hablando atropelladamente.

-¿Ah, no? ¿No quiere decir nada? –Preguntó Sara con una clara maldad en sus palabras. Los ojos le brillaban de ilusión, por fin había llegado el momento.

-¡Cállate! ¡No hables más y cállate! –Vociferó Luis fuera de sí.

-¡Tranquilo! Si vienen las enfermeras nos van a echar de aquí. –Le advirtió Corina.

-Esa foto no quiere decir nada, solo que nos conocimos en el pasado.

-¿Por qué dormía ella abrazada a esta foto todas las noches? –Preguntó la chica con toda la calma del mundo, ella misma estaba sorprendida de la paciencia que estaba teniendo.

-¿De verdad no te has dado cuenta? ¡Amo a tu marido! ¡Le quiero! –Sara se levantó de la cama y dejó al bebé en la cunita.

-¡Qué te calles! –Luis comenzó a gritar de nuevo. Sara pareció hacerle caso- Corina, mañana todo esto habrá acabado, le dan el alta a Sara y todo volverá a la normalidad, ella se irá de casa y tú tendrás a tu preciado hijo contigo.

-¡Eso está por verse, si mi hijo se queda en vuestra casa o no! –De nuevo la voz de Sara. Luis la miró una sola vez y ésta supo que debía callar.

-Mira, yo me voy a casa, no quiero saber más nada de todo esto. –Corina se dio la vuelta y se dirigió a la puerta.

-Corina, siempre te prometí que tendrías un hijo y aquí está –Dijo Luis señalando la cuna- Mañana lo tendrás en casa, contigo y para siempre. –Se acercó a ella, y se lo dijo en voz bajita. Sara no pudo escucharle.

Corina lo miró y no dijo nada, simplemente se dio la vuelta y decidió volver a casa, ella no pintaba nada allí. Siempre habían estado juntos, quién sabe si le habría sido infiel con Sara en su matrimonio. Todo era muy confuso, no entendía con claridad las palabras de Luis, llevaba un tiempo muy extraño, pero ella había perdido todas las esperanzas con respecto a aquel bebé, sabía que se lo llevaría Sara, y desaparecería de sus vidas para siempre. Pero como decía el dicho, de los errores se aprende y el haber metido en casa a una desconocida le había hecho entender muchas cosas. Quizás Luis no fuera la persona que creía. Ahora solo le quedaba llorar abrazada a su almohada, sabiendo que de nuevo le acometía la pena de saber que jamás tendría un pequeño entre sus brazos.

**Ya quedaba menos para que Santiago abandonara aquel maldito pueblo que tan malos recuerdos le traían. ¿Cómo había podido estar allí tanto tiempo? Pronto estaría lejos de allí, en otro continente, donde nadie lo conocería. Se acercó a la mesita que tenía a su derecha y se sirvió una copa de whisky, aquello sí que le relajaba. Llevaba noches y noches sin dormir, incluso meses, pensando en la muerte de su pequeño. Pero por fin Teresa estaba en prisión, pagando por ello.

**Eran las cuatro menos cuarto de la tarde y David acababa de aparcar justo frente a la casa de Santiago, pero decidió no hacerle ninguna visita. Sabía por fuentes de comisaría que seguía de luto por la muerte de su hijo, no quería hacerlo sentir peor con preguntas absurdas. Se bajó del coche y se quedó mirando al jardín de aquel hombre, todo estaba en perfecto orden, todo.

Cuando llegó a casa de Corina la encontró sentada en el pequeño jardín delantero de su casa, hacía muchísimo calor pero allí estaba ella, esperándole para ayudar como fuera a solucionar el caso del niño Víctor Suárez.

-Hola, David, ¿Qué te parece si entramos? Aquí fuera hace mucho calor, dentro el aire acondicionado está puesto.

-Sí, claro.

Al entrar se sentaron en los confortables sofás de aquella casa. Allí dentro se estaba bien, con el aire puesto y unos refrescos encima de la mesa.

-¿Estás sola? –Preguntó él mientras bebía de la lata de refresco.

-Sí, mi marido está con Sara en el hospital, llegarán al final de la tarde, ya le han dado el alta. –Dijo ella angustiada.

-Bueno, necesito que hablemos de todo lo que te conté en el hospital. Tenemos que indagar más en todo éste tema.

-Me parece bien. ¿Qué tienes por ahora? –Corina pareció evadirse un poco de la realidad.

-Aquí he apuntado todo lo que tenemos. –David sacó un papel doblado del bolsillo- En primer lugar tenemos a Víctor, un niño de cuatro años, asesinado asfixiado con unas cuerdas típicas para hacer tendederos. Por otro, su madre lleva desaparecida cuatro meses, sin que sepamos nada de ella, ni una mísera pista. El niño aparece y en el lugar donde se encuentra el cadáver estaba el anillo, un jade, de Teresa. Se hace un registro en su casa y se encuentra el chubasquero que el niño llevaba el día que desapareció y además, con anterioridad, se encontró el paraguas, del niño también, en su domicilio. Ella juraba y perjuraba no tener nada que ver, pero con esas pruebas se le culpa del asesinato y es condenada.

-Es normal que la culpe, era obvio con las pruebas que tenían. –Dijo la chica mientras se ponía en orden su larga melena.

-Las pruebas eran las que eran, pero ha habido otras que no se han tenido en cuenta, de hecho ¿Nadie se dio cuenta de la posibilidad de revisar las grabaciones de la joyería y el banco que hay cerca de la tienda? –Preguntó el chico indignado.

-No lo sé, la verdad es que creo que nadie dijo nada de ese tema. ¿Por qué no se tuvo en cuenta a Diego? Él pudo ser su cómplice.

-Teníamos una coartada comprobada de que ese hombre no estuvo aquí el día que ocurrieron los hechos. Además, Teresa ha desmentido que él supiera algo de todo este tema.

-Entonces, si no ha sido Teresa ni Diego, ¿Quién más tenemos que pudiera ser culpable?

-Yo le comenté a Teresa, que tuvo que ser alguien que tuviera libre acceso a su casa, si no, ¿cómo iba a entrar y dejar las pertenencias del niño y robarse su anillo para dejarlo cerca del cadáver?

-Es verdad… ¿Y quién podía tener acceso a su casa? –Preguntó la chica expectante. David le contó la historia de Pablo, de su pasado y de la relación que tuvo con Teresa durante los meses antes a la muerte del niño.

-O sea, que Pablo podía entrar y salir de su casa ya que Diego estaba totalmente rendido a sus pies a cambio de que no contara algo que sabía de su pasado…

-Así es. ¿Aquí en el pueblo no se ha hablado nada sobre la vida de Diego? –El chico se incorporó y cogió unos cuantos cacahuetes.

-No, que yo sepa no. Solo lo que ya conté, que se llevaban muy mal por unos negocios que tuvieron en el pasado.

-Sí, eso lo sabemos, pero todo este tema es anterior a eso. Antes de que Diego conociera a Teresa. Ese secreto debía ser muy importante para él para que accediera a guardar tantísima droga en su casa.

-Pues ya te digo que yo no he escuchado nada de eso. –Le informó la chica.

-Vale. Entonces los sospechosos en toda esta historia serían Teresa, que creemos que aunque esté condenada, no ha tenido nada que ver. Diego, que aunque tuviera motivos por llevarse mal con Santiago, tiene una coartada de haber estado todo el día fuera y Pablo, que era la otra persona que tenía el libre acceso a su casa.

-¿Pero qué motivos iba a tener Pablo para matar a Víctor? –La chica estaba totalmente confusa.

-No olvides que Andrea es la madre de Víctor, que ellos fueron pareja hace diez años. Tal vez, algo ocurriera entre ellos… Quizás Andrea haya tenido algo que ver y esté desaparecida porque se esfumó después de ayudar a Pablo e incriminar a Teresa, la mujer que le hizo perder a su primer hijo.

-David, por dios. ¿En qué cabeza coge eso? Andrea quiere muchísimo a su hijo, no creo que lo matara solo para inculpar a Teresa.

-Todo puede ser posible. –Dijo el chico mientras apuntaba esa última hipótesis en la hoja.

-Si quieres podemos ir a la joyería, abren dentro de una hora y podemos pedir las grabaciones de ese día. Igualmente podemos ir al banco. ¿Traes la placa?

-Sí, en teoría estoy de baja por el accidente, pero siempre la llevo encima.

-Pues ahora vamos a ir a ver que nos dicen, esperemos sacar algo de todo esto en esas grabaciones. –La chica se terminó el refresco y se echó en el sofá.

-¿Estás cansada? –Le preguntó David.

-Cansada mentalmente. Llevo unos meses muy duros y no descanso bien.           –Corina se frotó los ojos.

-Debes descansar un poco, si sigues así te vas a enfermar.

-Oye, acabo de recordar algo. –Dijo Corina pegando un respingo del sofá.

-¿Sobre qué?

-¿Y los anónimos?

-¡Los anónimos! ¿Quién mandó esos anónimos?

-Eso no lo sabemos, pero quien los mandara vio al asesino. En esas cartas lo ponía.

-Sí, ¡Como he podido olvidar algo así! –El chico se dio unos golpecitos en la cabeza mientras apuntaba eso último.

-Apuntalo que no se nos olvide. Ahora solo queda esperar a que todo salga  bien.

Algo le rondaba la cabeza a David desde hacía unos minutos. Algo que le había venido a la mente, ¿Podría ser posible? Esa hipótesis era demasiado arriesgada y tendría que tenerla silenciada, solo para él, no se lo diría ni a Patricia. Hasta que lograra atar todos los cabos necesarios.

**Cuando Helena abrió su joyería, vio a dos personas esperando en la puerta. Conoció a la chica, pero no a él.

-Hola Helena. Necesitamos hablar contigo, ¿Tienes un momentito? –La chica los miró con recelo, era muy joven y no entendía que podían querer esas dos personas de ella.

-Sí, pasad. –Se hizo a un lado para que pasaran al interior de la tienda.

-Soy David Parker, policía. Me gustaría que el tema del que venimos a hablarte se lleve con máxima discreción. –Miró a la chica a los ojos, ¡Era tan guapa! Joven pero preciosa, sus ojos oscuros lo escrutaban de arriba abajo- Nos gustaría tener en nuestro poder las grabaciones de su joyería del día que Víctor desapareció. Por lo que he estado observando, desde el ángulo que está puestas se ven perfectamente la tienda donde se le vio entrar por última vez.

-¿Es para alguna investigación? Por lo que sé Teresa ya ha sido condenada.

-Sí, pero necesitamos esas grabaciones y tu deber como buena ciudadana es hacérnoslas llegar. –Dijo en tono autoritario cuando vio que la chica comenzó a hacer preguntas.

-Vale, pero eso me llevará un tiempo.

-¿De cuánto estamos hablando? Tendría que ser lo antes posible.

-Han pasado más de cuatro meses desde que ocurrió… Deme al menos unas horas.

-Son las seis de la tarde. ¿Con dos horas tendrás suficiente?

-Es poco tiempo, pero podría intentarlo. –Dijo la chica tímidamente a la par que se tocaba su rubia melena.

-A las ocho volveremos aquí, necesitamos esas grabaciones lo antes posible.

-Gracias Helena, y recuerda, total discreción. –Le dijo Corina.

-Sí, no os preocupéis. –La chica sonrió.

Salieron de la tienda y fueron a hacer lo mismo al banco, pero al ser por la tarde estaba cerrado. Mirarían las grabaciones de la joyería y si con eso no era suficiente otro día solicitarían las del banco.

Se fueron al parque. Hacía muchísimo calor, pero se sentaron en un banco a la sombra, ya eran las siete de la tarde y Corina había recibido la noticia de que Sara y el niño irían a casa al día siguiente, le habían dado unas décimas de fiebre a ella y creyeron conveniente que se quedara en observación. Luis, obviamente se quedaría con ellos. Ella ya había asumido que había perdido totalmente a su marido. Necesitaba ocupar la mente en otra cosa, y qué mejor que ayudarle a aquel chico a averiguar toda la verdad sobre el asesinato de su alumno, aquel niño tierno y frágil al que asesinaron brutalmente hacía unos meses.

Había comenzado a refrescar ligeramente y decidieron volver a ver todo lo que habían recopilado. Tenían que hacer hora para recoger las grabaciones, luego las verían en casa de Corina, ya que estaba sola y nadie los molestaría.

-Veo a tu marido muy volcado con su prima, ¿no es verdad? –El chico lo dijo por sacar conversación y a ella le cayó como un jarro de agua fría.

-Sí, la verdad es que sí.

-Es bueno implicarse en la familia. Aunque algunas veces te fallen.

-Hablas como si te hubiera pasado algo parecido a ti. ¿Te ha fallado alguien de tu familia? –Preguntó Corina mientras lo observaba, se había venido abajo de un momento a otro.

-Bueno, es complicado. Digamos que me he enterado de cosas de mi vida con treinta años que tengo. Cosas que pasaron hacen muchísimos años, que me implican directamente y que me han ocultado toda la vida. –No quería darle detalles, tampoco tenían tanta confianza.

-Ya… -La chica se quedó pensando que podía ser.

Estaban hablando de cosas poco relevantes cuando vieron a Santiago paseando a un perro, parecía haberse recuperado un poco. David se levantó y se acercó a él. Corina lo siguió a pasos agigantados.

-¡Santiago! –Gritó el chico. El hombre se giró y puso cara de extrañeza ¿Qué hacía aquel policía de nuevo en el pueblo?

-Hola, ¿qué hace usted por aquí? –Lo miró receloso.

-Eh… nada, solo he venido a visitar a Corina. –Dijo el chico extrañado por el tono en que el hombre se dirigía a él.

-Ah, creí que venía a hacerme más preguntas. ¡Déjeme en paz!

-Santiago, solo he venido a saludarle. –David retrocedió un paso.

-No quiero nada que tenga que ver con nadie. Me iré lejos, muy lejos de este maldito pueblo y jamás volveré.

El hombre cogió al perro y se fue de allí. David miró a la chica. Los dos estaban realmente extrañados.

-¡Que humos! –Exclamó Corina.

-Si lo llego a saber no voy a saludarle. –David se sentó en un banco que había al lado. Miró el rosal que estaba creciendo a unos metros y respiró el olor de aquellas preciosas rosas.

-Se ha vuelto muy huraño desde que su hijo murió, todo el mundo comenta eso en el pueblo. No quiere saber nada de nadie, ni si quiera que le hablen. –Le contó la chica.

-Entiendo que esté tan dolido por la muerte de su hijo, pero creo que no es para que trate así a las personas que quieren interesarse por él.

-Ha pasado mucho tiempo, son casi las ocho. ¿Vamos a ver si vemos las grabaciones?    –Corina ya no tenía más conversación para darle a aquel chico, algunas veces se quedaba cortada, le daba vergüenza. Era tan guapo…

-Sí, vayamos. –El chico se levantó de un salto. Estaba avergonzado, había pillado a Corina mirándolo fijamente. Tenía unos ojos tan bonitos y un pelo tan largo. En ese momento pensó en Patricia, en su querida Patricia y en todos los planes que tenían juntos.

Después de recoger los videos, se dirigieron a casa de Corina y todas las personas que se iban encontrando a su paso los miraban. David le preguntó a la chica qué porqué los miraban así. Ella le informó que la gente hablaba mucho y que seguramente al día siguiente el chisme en el pueblo sería que lo había metido en su casa. Él sonrió, sabía cómo funcionaban las cosas en un pueblo.

-¿Quieres una cerveza? –Preguntó la chica mientras se dirigía a la cocina. David estaba encendiendo la televisión para poner el DVD.

-Sí, gracias. Hace un calor de muerte. –Corina puso las cervezas encima de la mesa, acompañado de un plato con patatas fritas y encendió el aire acondicionado.

-Ahora hay que buscar el momento donde sucede todo. –Corina se sentó en el sofá y miró fijamente la televisión, solo se veía la calle, desierta.

-Sí, tenemos que buscar, pero no creo que nos lleve mucho tiempo.

-¡Ahí está! –Gritó la chica cuando vio  a Víctor aparecer por la cámara, tan pequeño, con su paraguas y su chubasquero. Se paró en medio de la calle y abrió el paraguas, luego entró en la tienda, que estaba apenas a unos  metros. No se podía ver que estaba ocurriendo dentro.

-Pobre chico, tan lleno de vida. ¿Quién le ha podido hacer algo así? –David aceleró la imagen.

-¡Míralo! Sale de la tienda. –Corina se incorporó de nuevo en el sofá, parecía que así podría verlo mejor.

En la imagen se veía como el niño se paraba en el rebate de la tienda y abría su bolsa de chucherías, se metía una en la boca y comenzó a andar pegando saltitos, feliz de tener las chucherías en su poder. Luego levantó la mano, ¡Estaba saludando a alguien! ¿Quién era? El niño corrió unos pasos y se abrazó a una persona, se veía de espaldas, aunque se diferenciaba claramente que era una mujer, algo mayor. ¿De quién se trataba? David se quedó petrificado cuando aquella mujer se giró y pudo verle la cara. Era la madre de Andrea.

-¿Quién es esa mujer? Por lo que todos dicen la última vez que se vio al niño fue cuando salió de la tienda. –Corina se levantó del sofá, necesitaba andar, hablar, estaba nerviosa.

-¡Es la madre de Andrea! ¡La madre del niño! –Gritó David.

-¿La madre de Andrea? ¡¿Y qué hace ella con Víctor?!

-¡No lo sé! ¡Nunca hemos tenido esa información, que ella hubiera estado ese día aquí en el pueblo!

-Algo se nos escapa, algo ocurrió que no podemos descifrar. –Hablaba torpemente, estaba realmente nerviosa.

-Yo he estado en su casa y jamás me ha dicho que ese día ella estuviera aquí, es más, ayer me llamó para preguntarnos si sabíamos algo de su hija, y he quedado mañana con ella, para ir a su casa. ¡Cómo puede ser posible que nos haya engañado así! –El chico se levantó y pegó un puñetazo en la mesa.

-Bueno, tranquilízate porque tampoco quiere decir que sea la asesina del niño.

-No quiere decir eso, pero es muy probable que ella hubiera tenido algo que ver. Ella y su marido, porque si vinieron aquí, el coche lo tuvo que traer su marido.                       –Parecía haberse tranquilizado un poco- Ahora mismo la voy a llamar y mañana a las ocho estoy en su casa, esto hay que aclararlo.

-¿Puedo ir contigo? –Preguntó la chica haciéndole ojitos.

-Claro, puedes venir. Así no me enfrentaré a esto solo. Mañana te recojo a las siete aquí mismo. Ahora me tengo que ir.

-Vale, aquí te espero.

El chico se dirigió al coche y por el camino estuvo pensando a marchas forzadas sobre todo lo que había ocurrido. Quería llegar a casa y contárselo a Patricia, ella seguramente lo ayudaría a buscar una explicación razonable a todo aquello. ¿Quién había sido el verdadero asesino de Víctor? ¿Teresa, Diego, Pablo, sus abuelos? Todos aquellos nombres se les agolpaban en la cabeza, no podía pensar con claridad.

Al llegar a casa encontró a Patricia tendida en la cama, estaba leyendo un libro. Se tendió a su lado y le contó todo lo que había descubierto junto a Corina. La chica se sorprendió bastante, al contrario de lo que creía David, no podía darle una explicación de todo lo qué había ocurrido aquella tarde en aquel pequeño pueblo.

**Cuando bajaron a cenar, no se escuchaba una mosca en el salón. Desde que David se enteró de la terrible mentira a la que había sido sometido toda la vida, nada volvió a ser igual en su casa. Siempre había considerado a Pepa la mejor madre del mundo, lo había consentido y mimado y le había ayudado siempre que le hizo falta. Su padre también había sido muy bueno y tenía bonitos recuerdos junto a él, ahora comprendía el porqué de su tristeza continua. No podía fingir que nada había pasado, le dolía mucho y por nada del mundo podía engañarse a él mismo. Aquella noche se enterarían de la decisión que habían tomado.

-Hijo, come. Necesitas reponerte. –Le dijo Pepa mirándolo con cautela.

-Estoy bien. Patricia y yo queríamos deciros algo. –La voz del chico sonaba decidida, pero una chispa de esperanza se pudo ver en la mirada de Pepa, creía que iba a ser abuela. ¡Un nieto lo cambiaría todo!

-Decidnos lo que sea. –La mirada de Antonio estaba visiblemente cansada.

-En cuanto encontremos una casa en alquiler nos vamos a mudar. –Soltó el chico como un jarro de agua fría.

-¿Por qué? –Pepa se angustió mucho.

-No puedo seguir viviendo aquí, y espero que entendáis el porqué.

-Pero somos tus padres, toda la vida lo hemos sido, no puedes dejarnos así. Entendemos que te quieras independizar, pero sabemos que lo haces por todo lo que ha pasado durante estos días.

-Sé que sois mis padres, y yo os agradezco todo lo que habéis hecho por mí durante toda mi vida, pero como entenderéis no puedo seguir viviendo aquí como si nada hubiera pasado cuando me habéis ocultado la identidad de mi verdadera madre durante toda mi existencia. –El chico retiró el plato, ya no tenía hambre.

-Lo hicimos por tu bien, para que no sufrieras. –La  mujer comenzó a lloriquear.

-Creerme que me hubierais hecho más bien si desde pequeño me hubierais contado la verdad, yo no puedo vivir solo de pensar que mi madre está enterrada y que yo me he enterado treinta años después.

-Te entendemos. –Dijo Antonio. Él podía llegar a entender a su hijo perfectamente. Por muy infiel que le fuera a Sofía con Pepa, él la amaba, siempre la había querido y hubiera pasado el tiempo que hubiera pasado, jamás la había olvidado.

-Con esto no quiero decir que yo quiera perder toda la relación con vosotros, vendré a veros de vez en cuando y podéis venir a verme a mi casa cuando queráis, pero yo necesito alejarme, me siento muy dolido para seguir viviendo bajo el mismo techo que vosotros. Creo que se puede llegar a entender cómo me siento.

Él se levantó de la mesa, llevando su cubierto a la cocina y Patricia se levantó sin decir nada y lo siguió. Luego desaparecieron escaleras arriba y el matrimonio se quedó mirándose sin decir nada. Sabían que lo habían hecho mal pero no creían que su hijo pudiera abandonarlos por esa razón. En el fondo lo entendían y no podían hacer nada al respecto.

**A la mañana siguiente se levantaron temprano, Patricia tenía que estar en comisaría a primera hora y David había quedado con Corina para ir a casa de los padres de Andrea. La chica sentía muy deprimido a su novio desde la noche anterior, seguramente sería por la charla que había tenido con sus padres. Él los quería mucho, pero era lógico que después de todo quisiera salir de su casa. Ya estaba vestido, frente al espejo, echándose un poco de colonia. Aquel día estaba muy guapo, llevaba unos vaqueros oscuros y una camisa blanca. Su media melena perfectamente peinada y los ojos chispeantes.

-¿Cómo estás? Te noto deprimido. –Le pregunto la chica.

-Un poco, pero fue por lo de anoche, no me hubiera gustado acabar así.

-Sé de una casa que se alquila, en el centro del pueblo. Por fuera está bastante bien, si quieres puedo acercarme y verla.

-Vale, me fio de ti. Yo voy a estar muy liado hoy.

-No te preocupes, yo me encargo. –Patricia lo abrazó por detrás y le besó levemente el cuello.

-Me tengo que ir, luego nos vemos.

David salió de la habitación y ella se sentó en la cama, quería mucho a aquel chico, más de lo que él mismo hubiera imaginado. Hoy tendría dos cosas de las que encargarse, pedir la autorización para el registro de la casa de Pablo e ir a ver la casa en alquiler. Todo tenía que salir bien, las cosas poco a poco tendrían que volver a su cauce.

**Se despertó de nuevo cuando sintió que la estaban tocando. Alguien la estaba cogiendo en peso para llevarla quien sabe dónde. Cuando volvió un poco en sí, comenzó a pegar patadas, cogieron un objeto muy pesado y lo último que sintió fue un duro golpe en la cabeza. Su final estaba cerca, muy cerca. ¿Por qué nadie la buscaba? No sabía exactamente el tiempo que llevaba allí, pero debía ser mucho. Su niño ya no estaba a su lado. En sueños recordaba los días que estaban los dos juntos, ella lo abrazaba para que sintiera su calor de madre y él lloraba en silencio. Los dos eran prisioneros de aquella persona, o mejor dicho, aquellas personas, y tenían que salir como fuera. Un día al abrir los ojos, su hijo no estaba con ella, ya nada quedaba de él, solo su olor en el ambiente. A penas lo notó, pues después de habérselo llevado a ella le suministraban unas grandes dosis de algo que la dormía profundamente, así llevaba días y días.

**Corina estaba sentada al lado de David, miraba por la ventanilla del coche sin saber que decir, el chico no estaba demasiado hablador aquella mañana. Se puso bien el vestido de flores que llevaba y se recogió levemente el pelo con una gomilla que llevaba en el bolso.

-¿Pensaste en algo más de lo que vimos ayer en las grabaciones? –Preguntó la chica por sacar conversación.

-Sí, pero no soy capaz de sacar nada en claro. No entiendo por qué nos han ocultado siempre que ese día estuvieron en el pueblo. No sé si tendrán algo que ver, pero a mí me tienen realmente mosqueado con todo éste tema.

-Es normal, ellos estaban ocultando algo al no decir que ese día estuvieron aquí.

-No sé qué fue lo que pasó aquel día, lo que sí sé es que tenemos que averiguarlo a como dé lugar. Teresa está detrás de las rejas y dudo mucho que ella fuera la asesina.

-Tenemos varias hipótesis en las que ninguna entra ella. –La chica miró intensamente a David, olía muy bien. Luego recordó a su marido y retiró la mirada.

-Sí. Y no sé si seremos capaces de averiguar todo esto pero tenemos que intentarlo. Ese bloque de pisos es el de los padres de Andrea. –Dijo el chico sin apartar la vista de la carretera.

Al bajarse del coche, Corina sintió un leve mareo, seguramente sería por el calor. David la cogió antes de que cayera al suelo, pero en ningún momento perdió el conocimiento.

-¡Corina! ¿Estás bien? –Preguntó preocupado.

-Sí, sí. Tranquilo, debe ser por el calor. –La chica intentó incorporarse, pero estaba demasiado débil.

-¿Has desayunado?

-Sí, no creo que sea por eso. –David la cogió en brazos y la sentó en un banco que había cerca.

-Aquí descansaremos un rato hasta que te repongas. Pero no me gusta nada ese tipo de mareos.

-Llevo una etapa de mi vida muy ajetreada, mi matrimonio es un desastre y ya no puedo más. –La chica se tapó la cara y comenzó a llorar, sabía que no tenía confianza suficiente con David, pero a su familia no podía contarle nada y necesitaba desahogarse con alguien.

-Bueno, ahora tranquilízate, no es bueno que te vuelvas a alterar.

-David, mi marido me engaña, lleva meses engañándome y yo callándome porque me conviene.

-¿Tu marido te engaña? –El chico no podía entender que motivos tendría su marido para engañar a una chica como Corina, era simpática, guapa, extrovertida…

-Sí, con su prima. –Dijo ella mientras se secaba una lágrima con el dedo.

-No lo puedo creer. ¿Y por qué aguantas eso? –Preguntó extrañado.

-Créeme que no me queda de otra, si pudiera lo mandaría todo bien lejos, pero no puedo.

-Veo que esa parte prefieres suprimirla de la historia. –Le dijo el chico tiernamente mientras le colocaba bien el pelo detrás de la oreja.

-Sí, preferiría suprimirlo.

-¿Quieres tomarte algo? Así te repondrás antes.

-No, gracias. Ahora tenemos que ir a ver a los padres de Andrea. –La chica se levantó decidida del banco y le dio la mano a David para que se levantara, él no opuso resistencia. Fueron milésimas de segundo, sus manos se rozaron y ella pudo sentir como su cuerpo entero se estremecía. Inmediatamente recobró la compostura y comenzaron a andar uno al lado del otro.

Cuando llegaron, la madre de Andrea le abrió la puerta. Estaba tan delgada y consumida como la última vez que la vieron. Les hizo pasar y se sentaron en el mismo sofá donde meses antes estuvo él y Patricia. En una butaca estaba sentado su marido, les saludó y siguió viendo la televisión como si nada.

-¿Se sabe algo de mi hija? –Preguntó la mujer mientras se sentaba en una silla.

-No, no sabemos nada. Pero traemos algo que quizás le interese. –Dijo el chico a la vez que miraba a Corina para que sacara los DVDS de su bolso.

-¿Qué es? –La mujer los miró con recelo.

-¿Podemos utilizar su televisión? –El hombre aceptó de mala gana, pero finalmente él mismo se encargó de ponerlo- Usted nos dijo que el día que su hija desapareció, su marido y usted habíais salido a hacer la compra, ¿no es así? Cuando volvieron su hija no estaba en casa, y nosotros comprobamos que salió en un autobús para Silillos y ese mismo día desapareció su nieto también.

-Sí, así ocurrió todo. –El hombre comenzó a hacer gestos de nerviosismo.

-Vale, pues ayer mismo me interesé en sacar una prueba que no se ha tenido en cuenta para condenar a Teresa, una prueba que seguramente hubiera obrado a su favor.

-¿De qué prueba está hablando?

-Miren y luego me dicen que les ha parecido. –David cogió el mando de la televisión y se fue directamente al momento en el que Víctor entra en la tienda. La mujer comenzó a removerse en su asiento, como si supiera que ella iba a salir en esa grabación.

-¡Pare esa grabación! –Comenzó a gritar ella.

-No, espérese, si lo mejor no ha salido aún. –La voz del chico era leve, Corina lo miraba embobada, no sabía que le estaba pasando con él, quizás confundiera sentimientos al sentirse tan sola sin Luis. Y llegó el momento en el que se vio el niño saludando a alguien. Ella salía abrazando a su nieto.

-Lo puedo explicar…

-Para eso hemos venido, para que nos explique qué está pasando aquí.

-Verá, mi hija estaba muy mal. Cómo ya sabe no sabíamos que le había pasado, porque dejó de hablar, era una estatua, ella no hacía una vida normal y por eso le quitaron a su hijo. Santiago consiguió la custodia completa de mi nieto y nosotros no podíamos verlo, no nos dejaba ni acercarnos a él. Mi hija llevaba varios días pronunciando el nombre de su hijo, miraba al infinito, no se inmutaba y nosotros creímos que si le traíamos a su hijo, ella volvería a ser la misma de antes. La dejamos dormida cuando fuimos al pueblo a pedirle a Santiago que nos dejara al niño durante el fin de semana para poder traérselo a mi hija y así poder ver si ella tendría alguna mejoría. Cuando aparcamos vi a mi nieto salir de la tienda y me fui corriendo a abrazarle, hacía mucho tiempo que no le veía.

-¿Qué ocurrió luego? Porqué por lo que todo el mundo sabemos del niño no se volvió a saber nada desde el momento en que salió de su casa para ir a la tienda. La tendera nos dijo que salió como si nada, rumbo a su casa y ahí fue donde se perdió el rastro.

-Cuando lo estaba abrazando, sentí una voz a mis espaldas, era Santiago, llamando al niño. Yo lo cogí de la mano y nos dirigimos a su casa. No nos dejó hablar con él, nos dijo que su hijo era suyo y de nadie más. Metió a su hijo en casa y nos cerró la puerta en las narices. Nos volvimos a Córdoba y cuando llegamos mi hija no estaba, había ido en busca de su hijo.

-¿Por qué han escondido esto hasta ahora? –Preguntó el chico, que tomaba apuntes de las cosas más importantes.

-Por miedo, miedo a qué se nos culpara por haber estado allí.

-Si no tuvisteis nada que ver no teníais porqué tener miedo. –Dijo Corina, era la primera vez que hablaba.

-Lo sé, pero nosotros somos unos viejos ya y no queríamos meternos en más problemas. –Dijo el hombre.

-Entonces, si el niño entró de nuevo en su casa, todo lo que se nos ha contado hasta ahora ha sido mentira.

-Sí, siempre lo he sabido que esa versión era mentira, pero no podía hablar, me moría de miedo de que se me incriminara en el asesinato de mi nieto.

-Ya… -El chico no estaba muy convencido de lo que le estaban contando.

-Nos tenemos que ir, esto ha sido todo por ahora. Teníamos que aclarar que hacíais vosotros allí ese día.

-Para que lo que necesitéis aquí estaremos y por favor, no dejen de buscar a mi niña.

La mujer los acompaño a la puerta y ellos volvieron al coche. David iba pensativo, muy pensativo, ¿sería verdad lo que aquel par de ancianos le habían contado? ¿Tendrían ellos algo que ver en la desaparición del niño?

-¿En qué piensas? –Preguntó la chica.

-En todo lo que nos han contado. Si eso es así, se ha mentido en todo momento acerca de los hechos. –No quitaba la vista de la carretera.

-Sí, eso parece. A mí me han parecido sinceros.

-A mí también. –En ese momento sonó el teléfono de David. Era Patricia, tenían la autorización que necesitaban para rastrear la casa de Pablo. El chico se dirigió hacia el lugar.

-¿Dónde vamos? –Preguntó Corina al haber escuchado levemente la conversación, el chico estaba tan sumido en sus pensamientos que no le había dicho nada.

-Perdona, es que estoy hoy con la cabeza en otro lado. Me ha llamado mi novia, Patricia, para decirme que han conseguido una autorización para rastrear la casa de Pablo, nos consta que hay una gran cantidad de droga allí. –Le informó el chico.

-Ah, ¿y yo puedo ir? –Preguntó ella.

-No sé si es buena idea. Te llevaré a casa mejor, no sé si te van a dejar pasar.

-Vale, pero si descubres algo llámame. –Le dijo la chica mientras lo miraba perdida en sus ojos, seguramente estaría confundiendo todo, pero no podía dejar de pensar en él desde la noche anterior.

-No te preocupes, lo haré.

Cuando entró en casa, tenía un mensaje en el contestador, era de Luis. Le informaban que sobre las seis estarían en casa. Ella resopló y se sentó en el sofá a meditar todo. No sabía si quería seguir su relación con su marido, las cosas estaban muy mal entre ellos, pero seguramente Sara viniera dispuesta a quitarle el puesto que a ella le corresponde en su casa. No sabía qué hacer, todo era demasiado confuso para ella y para colmo, no podía dejar de pensar en David Parker.

**Había visto merodear a el policía por el pueblo, seguramente sospechara que Teresa no era la asesina, ¡Él sabía quién era! ¡Sólo él! Nadie más debía saberlo, aquello era un privilegio. El chico salió de su pequeño taller, allí tenía animales con los que hacía experimentos y se pasaba el día entero planeando asesinatos, asesinatos tan bien llevados a cabo como el del niño Víctor Suárez. Él no era un asesino, solo escribía todo aquello para sentirse bien, para poder entender la mente de los asesino, ¿Por qué mataban? Era algo difícil de entender y él quería saberlo, pero jamás llegaba a descubrirlo. Por eso debía seguir escribiendo historias, donde él mismo fuera quien se inventara los crímenes, tenía una mente asesina y quería saber qué fue lo que le hizo al asesino de Víctor llegar a esos extremos, porque no lo entendía.

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4 comentarios en “FE CIEGA. CAPÍTULO ONCE.

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