FE CIEGA. OCTAVO CAPÍTULO.

5 de Diciembre. Veintinueve años antes:

Antonio estaba sentado en su sofá, leyendo el periódico. Las cosas habían ido muy bien durante estos cinco meses, había reunido un dinero y con el apoyo de sus suegros, había podido montar una pequeña librería que tenía muchísimos clientes. Podía tener a su querida Sofía y a su hijo como reyes, no les faltaba de nada y él era feliz viéndoles así.

Hacía un día espléndido fuera y su mujer había salido con su hijo al parque. Ella trabajaba con su madre, en la costura. Era algo que siempre le había gustado y decidió decantarse por aquello. Era feliz cosiendo y haciendo trajes para las mujeres que se lo encargaban, sus padres no estaban de acuerdo con que ella trabajara, pero no podían meterse en su vida, era lo que ella quería y no podían hacer nada.

Antonio sonrió cuando los vio aparecer por la puerta de casa. El pequeño estaba muy gordito y siempre sonreía. Se parecía muchísimo a él, pero tenía la misma mirada que su madre. Al llegar venía con otra chica, él pensó que sería una amiga de Sofía.

            -¡Hola Antonio! –Dijo Sofía cuando entró casa y dejó el carrito del niño en la entrada.

            -¿Qué tal? ¿Cómo lo habéis pasado en el parque? –Preguntó el mientras cogía a su hijo en brazos y comenzaba a pegarle besitos en sus rojizas mejillas. Él se partía de risa.

            -Lo hemos pasado genial. Mira, quiero presentarte a alguien. –Él miró a la mujer que tenía enfrente, era bonita y tenía cara de ángel- Se llama Josefa, la he conocido en el parque y me ha comentado que le hace mucha falta trabajar, entonces yo he pensado que las horas que estoy trabajando, ella podría hacerse cargo del pequeño.

            -Bueno, si tú lo crees necesario, me parece bien. –Dijo Antonio mientras le tendía la mano a la muchacha.

Sofía se giró hacia la chica y le sonrió contenta de que su marido no le hubiera puesto trabas. Ella necesitaba ese trabajo más que nunca, se había quedado sola y en la calle.

Los días pasaban lentos mientras Sofía y Antonio se dedicaban a sus respectivas profesiones. Josefa se había instalado en su casa, ya que al quedarse huérfana, el banco le había quitado su casa por impago y se había quedado en la calle. Ellos le habilitaron la habitación del fondo y era muy feliz cuidando al bebé. Ella sabía que no podía tener hijos y nada le hacía más dichosa que cuidar a aquella preciosidad de niño. Le sonreía a todas horas y ella no necesitaba nada más en el mundo que su sonrisa para seguir hacia delante.

Muchas veces se iba a casa de la madre de Sofía, para que vieran al bebé y entablaron una bonita amistad. Ellos veían que quería mucho a su nieto y que lo trataba como a un propio hijo. Luego volvía a casa y comenzaba a hacer los quehaceres también, hacía la comida y limpiaba todo lo que podía, ella quería que Sofía estuviera inmensamente contenta con su trabajo y que jamás la despidiera. No se podía imaginar ya su vida sin aquel precioso retoño y sin sus padres. Ellos eran ahora su familia y necesitaba cuidarles como a nada en el mundo.

**Pablo se encontraba en su casa, ya era de noche. Miró la nevera y allí no había nada que echarse a la boca. Desde que Patricia lo había abandonado, estaba como si fuera un indigente. Ya no tenía fuerzas para nada, era primera vez que se enamoraba en su vida sinceramente y ahora la había perdido. Era verdad que jamás le había puesto la mano encima a ninguna chica, pero con ella…, lo pilló en una etapa mala de su vida, una etapa en la que decidió consumir droga, hubo gente que le incitaron a ello y él se dejó llevar, hasta que se vio en un pozo sin fondo del que ya no podía salir.

Se levantó del sillón y abrió una pequeña puerta que había debajo del hueco de la escalera. Allí tenía su munición. Sacó una bolsita blanca y le duró muy poco. Solo unos segundos después todo estaba dentro de su cuerpo. Aquello era lo único que le hacía sentir bien.

Pensó en el pasado. En lo malo que había sido con casi todas las personas y si aquello fue antes de comenzar a consumir, quería decir que su maldad era de nacimiento, no podía echarle la culpa a las drogas. Se levantó del sofá y todo le daba vueltas. Cogió una foto de Patricia y la miró, comenzó a llorar desconsoladamente y le pegó un cabezazo al suelo, maldiciendo el momento en qué le puso una mano encima. Si aquello no hubiera ocurrido, ahora mismo estaría con ella, siendo todo lo feliz que no pudo ser en un pasado. Cuando la encontró, creyó que Dios lo había premiado y la consintió como nunca, era un regalo y debía cuidarlo, pero un mal día llegó más drogado de la cuenta y comenzaron las palizas, luego ella se fue de casa y ahora estaba solo.

Había estado observando sus pasos y sabía que vivía en casa de ese tal Parker. Nunca le había dado buena espina, pero jamás se imaginó que le quitaría a Patricia. Ya había pensado vengarse y en más de una ocasión estuvo esperándolos a la salida de su casa, con una pistola en la mano, pero al verla, no pudo disparar, la quería demasiado como para fallar y acabar con su vida. Entonces salía corriendo y se volvía a refugiar a su casa.

En ese momento se acordó de Blanca. Después de que Patricia lo dejara, pensó que podía tener alguna relación con ella, que así llegaría a olvidar a su antiguo amor, pero sabía que no era posible. Ella estaba cambiando, ya no le compraba droga y él se ponía muy furioso cada vez que no le salían las cuentas. En más de una ocasión estuvo tentado de pagar su furia con ella, pero sabía que si lo hacía jamás podría volver al pueblo y tenía una razón de peso para seguir yendo, en aquel pueblo, había muchos secretos. Se tapaban unos a los otros, pero él conocía algunos de mucha gente y le gustaba ir para ver que se cocía y así poderse enterar de más cosas.

Comenzó a temblar y a pegarle puñetazos a la pared. Así era como él se evadía y se sentía a gusto. Entonces, su pensamiento se giró en torno a Patricia de nuevo, ¿por qué tenía que estar con ese maldito policía? No soportaba pensar que pudieran estar juntos. ¡Patricia era solo suya! Y así lo seguiría siendo, le costara lo que le costara. Su mente comenzó a fraguar un plan, un plan para separarlos de por vida.

 ** Patricia acababa de salir de la ducha, ya era de noche y estaba muy cansada. Se sentó frente al espejo y comenzó a cepillarse el cabello, luego cogió el secador y cuando se lo estaba secando, recordó lo mal que lo pasó cuando tuvo que comunicarle a los padres de Andrea que su nieto había aparecido muerto y que no sabían del paradero de su hija. Ellos no podían explicarse lo que estaba pasando, ¿Dónde estaba su hija? Sabían que no estaba en condiciones para salir sola, no llevaba su medicación y era algo que necesitaba para seguir viviendo. Algo terrible había pasado en su vida, un secreto que posiblemente nadie supiera. Nadie se explicaba que era lo que vio Andrea para entrar en ese mutismo del que ya no pudo salir. Ahora tenían que buscarla a ella, mientras esperaban que salieran los resultados de la autopsia de su hijo, aunque era obvio que lo habían estrangulado, pero no tenían nada con lo que empezar a buscar, era como si se la hubiera tragado la tierra.

En ese momento escuchó unas leves voces en el salón. David estaba dormido, ella mismo había ido a verlo hacía un rato. Se levantó de la silla sigilosamente y salió al pasillo, lo atravesó despacio hasta llegar al umbral de la escalera. Desde allí podía ver a los padres de David sentados en un sofá. Discutiendo.

-¡No puedes seguir viendo fantasmas! –Le gritaba ella a él.

-Tú no entiendes cómo me siento, por eso me hablas así. Sabes lo mal que lo he pasado en mi vida, deberías comprenderme un poco. –La voz del hombre era apaciguada.

-Sí te entiendo y para eso estoy aquí, para ayudarte. ¡Así casi toda la vida a tu lado, a vuestro lado! Pero he comprendido que tú no me quieres.

-¡Sí te quiero! –Le gritó él. Fue la primera vez que le levantó la voz.

-¡Sí me quieres, pero jamás como a ella! –Estaba fuera de sí.

-Por favor, vete a dormir, no me gusta entrar en ese tema.

-Para ti es muy fácil que yo vaya a dormir y me olvide de todo, pero así no se arreglan las cosas, yo te necesito y jamás te he tenido. –Se levantó del sillón y Patricia salió corriendo hacia su cuarto.

Al entrar en su dormitorio, la chica comenzó a pensar en lo que había escuchado. Quizás no debió quedarse escuchando, pero no pudo evitarlo. ¿De qué hablaban? Por lo que había podido escuchar, Pepa le reclamaba algo a su marido, algo como que quería a otra más que a ella. ¿Tendría él una amante? Sin embargo, ella le recordaba lo mucho que los quería, tanto a él como a David. Allí estaba pasando algo raro, pero desde luego, su chico no se enteraría de ello por su boca.

** Hacía un gran día cuando Corina salió de comisaría, libre por fin, sonrió bajo los rayos de sol. David iba a su lado, la iba a llevar a casa. Se montaron en el coche y pusieron rumbo al pueblo.

-Corina, no te olvides que no puedes salir del país y que tienes que venir de vez en cuando a comisaría. Te hemos puesto en libertad porque tu letra no coincidía en absoluto con la de la carta, pero tus huellas son las únicas que están en el sobre. -Le informó el chico.

-No te preocupes, no me iré. Aunque yo no tengo nada que ver con ese anónimo. Seguramente quien lo puso debajo de la verja llevara unos guantes puestos y al cogerla yo, son las únicas huellas que contiene.

-Puede ser, pero como no estamos totalmente seguros, es nuestro deber actuar así, tienes que entenderlo.

-Lo entiendo. –Hubo un incómodo silencio durante unos segundos.

-¿Conoces a Teresa? –Le preguntó Patricia.

-Sí, la conozco. Ella es la madre de una de mis alumnas, ya me he enterado de todo, me lo contó Antonia esta mañana. No puedo creer que encontrarais esas pruebas en su casa. Ella siempre me ha parecido una buena chica.

-Ya la hemos puesto a disposición judicial. Ahora mismo tenemos las pruebas pertinentes para que la juzguen. Estamos seguros que ella ha sido la asesina del niño.

-Pero lo que no entiendo es qué razones podría tener ella para hacerle eso a Víctor.  -Dijo Corina mientras miraba por la ventana. Después de estar tantos días encerrada, ahora sí que apreciaba la luz del sol.

-Nosotros tampoco. Tenemos algunas teorías pero son cosas de la investigación, ahora mismo no podemos hablarlo con nadie. –Le dijo David mientras aparcaba el coche cerca de su casa.

-¿Te acompañamos? –Preguntó Patricia.

-No, no importa. Muchas gracias por traerme, no sé dónde se ha podido meter mi esposo. –La chica se bajó del coche y decidió ir antes a casa de su madre.

Todas las personas la paraban por la calle, algunos le pidieron perdón por haber dudado de ella, solo había sido un malentendido. Un malentendido que le había costado algunos días cerrada en una celda, pero ahora era feliz, estaba libre y de nuevo en su casa. Cuando entró en casa de sus padres, se abrazaron a ella llorando, por fin se había descubierto que ella no había tenido nada que ver. Raúl apareció también y la abrazó con todas sus fuerzas, luego pensó en Luis, y en lo que le estaba haciendo a su hermana.

-Nosotros sabíamos que tú no habías tenido nada que ver. –Dijo la madre de Corina mientras servía una taza de café y unas pastas.

-Jamás podría haberle hecho nada a ese pequeño. Todos saben lo mal que lo pasé con su desaparición y cuando me enteré que había aparecido muerto… -Comenzó a lloriquear levemente.

-Tranquila… -Le dijo su hermano mientras le agarraba por los hombros.

-Ahora solo quiero ser feliz con mi marido, no quiero saber más nada, quiero vivir. –Dijo la chica mientras se secaba con los dedos una lágrima que recorría su mejilla.

Raúl miró a su hermana y pensó que quizás debería callarse y no decirle nada de lo que vio el día anterior. Eran muchas cosas las que su hermana había vivido encerrada y ahora que la habían puesto en libertad, necesitaba ser feliz y si él le decía aquello jamás lo sería. Decidió que hablaría con Luis y le pondría las cartas sobre la mesa. Era un cabrón que no se merecía a su hermana, pero ella no estaba en condiciones de enterarse de algo tan doloroso como que su marido le estaba siendo infiel con su prima, en su propia casa y en su ausencia.

En ese momento escucharon que llamaban a la puerta, la madre de Corina se levantó y fue a abrir. Era Luis, entró corriendo por el pasillo hacia el salón.

-¡Cariño! Menos mal que ya estás aquí. Un vecino me ha dicho que te ha visto cuando los policías han venido a traerte. –Le dijo mientras la abrazaba muy fuerte contra su pecho.

-Sí, me han traído ellos porque no hemos podido localizarte. –Dijo ella en tono duro.

-Lo siento, mi móvil se quedó sin batería.

-Ya…

-Ahora vámonos a casa, tengo muchas ganas de verte de nuevo allí. ¡Te he extrañado tanto! –La volvió a abrazar.

-Pues venga, iros a vuestra casa y recuperar el tiempo perdido. –Les dijo el padre de Corina mientras le guiñaba un ojo.

La chica se despidió de todos y salió con su marido rumbo a su casa. Al llegar vio a Sara tumbada en el sofá, llevaba un pequeño camisón. La miró atónita. Sara dio un salto al verla, no se la esperaba. No sabía que la habían puesto en libertad.

-¿Sara? ¿Se puede saber qué haces así vestida? –Preguntó Corina mirándola fijamente con los brazos en jarras.

-Eh…, esto… Yo no sabía que había nadie en casa y no me ha dado tiempo a vestirme.   –Dijo ella mientras sostenía una leve sonrisa.

-¿Te estás riendo de mí? –Corina se había dado cuenta de su maldad.

-No, para nada. Te lo digo totalmente enserio. –La chica se tapó el cuerpo con las manos un poco y salió corriendo hacia su habitación.

Corina se volvió hacia su marido con los ojos llorosos.

-¿Qué está pasando aquí, Luis? –La chica hablaba increíblemente serena.

-No es lo que te imaginas. ¡Yo me moría por volver a verte! –Luis le agarró la mano y se la besó.

-Solo espero que me estés diciendo la verdad. Si estás con ella prefiero saberlo ya, no hagas esto más duro de lo que es.

-No estoy con nadie. Yo solo te quiero a ti. Solo deseo hacerte feliz. Algún día entenderás todo y verás que te quiero con locura y que por ti haría cualquier cosa.

La chica se quedó mirándolo. ¿A qué se refería con sus palabras? Él salió al jardín y se sentó en una de los sillones, luego se encendió un cigarro. Ella se dio media vuelta y se fue a su cuarto. Se tendió en la cama y pensó en todo lo que había ocurrido en los últimos días. ¿Cómo había podido pasarle aquello? ¿Quién habría puesto ese anónimo en la puerta de Santiago? Luego un sentimiento de rabia la invadió cuando se acordó de cómo la trató cuando le dio la carta. ¡Dudó de ella! ¡De ella! Posiblemente fuera una de las pocas personas que se preocupaba y se acordaba de Víctor día a día. Todo aquello tenía que solucionarse y ojala que no fuera muy tarde.

**David acababa de soltar a Patricia en su casa. Ese día estaba algo mal, tenía miedo por lo que pudiera hacerle Pablo, según ella lo había vuelto a ver merodeando por su casa. Iba de camino a comisaría de nuevo, Antonia lo había llamado y le había dicho que era urgente. Ya tenía toda la información del pasado de Teresa y había llegado algo que podía ser muy relevante.

Cuando llegó se encontró a Antonia sentada frente al ordenador con un café al lado. Él se echó otro café, se sentó al lado de la mujer y la miró con impaciencia.

-¿Qué era eso tan urgente que no podía esperar? –Le preguntó el chico.

-Ha llegado una carta a comisaría. La he encontrado tirada en la puerta de la entrada cuando he llegado de comprar folios que hacían falta para la impresora. No tenía remitente alguno. Toma, mírala y tú me dices lo que piensas. –El chico abrió el sobre y leyó.

“Sé que habéis detenido a la profesora del niño. Ella no tiene nada que ver, yo fui quien escribí la anterior carta, yo soy quien lo sabe todo”

-No me lo puedo creer. Es la misma letra. –Dijo David mirando el nuevo anónimo, totalmente sorprendido.

-Quizás esa pobre chica tuviera razón y solo recogió la carta del suelo.

-Puede ser, si esta carta no tiene huellas dactilares será lo más seguro, que ella estuviera diciendo la verdad.

-Bueno, hay que mandarla de inmediato a laboratorio para que extraigan algunas posibles huellas dactilares, aunque eso tardará unos días. –Le comunicó Antonia.

-Encárgate tú. –David se levantó de la silla y se dirigió a la puerta.

-¡Espera! ¿No quieres saber lo que he averiguado sobre el pasado de Teresa?      -El chico se giró rápidamente y se volvió a sentar a su lado.

-Se me había olvidado por completo. –La mujer abrió una pequeña libreta donde lo tenía todo apuntado- Se crio en el pueblo, como una niña cualquiera, fue al colegio y luego al instituto. Cuando tenía 18 años, fue cuando se complicó todo.

-¿Qué pasó? –Preguntó él impaciente.

-Estuvo arrestada durante varios días, hasta que la tuvieron que dejar libre por falta de pruebas. Ella tenía una enemiga confesa con la que se llevaba realmente mal. Me ha costado averiguar por qué se llevaban tenían aquella mala relación pero haciendo algunas llamadas e indagando lo he averiguado. Resulta que se enamoró de un chico, que no he conseguido averiguar de quién se trata, y comenzaron un romance a escondidas de la novia de este chico. Un día los pilló infraganti mientras se besaban La chica estaba embarazada de casi cuatro meses, de su novio, obviamente. Al verlos, se abalanzó sobre Teresa y ella le propinó una patada en el vientre que la hizo perder al bebé. Por eso fue por lo que estuvo arrestada, pero cómo nadie vio los hechos, y era su palabra contra la de la otra chica, la soltaron por falta de pruebas.

-¿Y el chico no vio nada?

-Sí, seguramente estaría delante, pero no quiso entrometerse y desapareció durante algún tiempo. Y ahora viene lo mejor… ¿Quieres saber quién era la novia del chico con el que Teresa se estaba viendo a escondidas?

-¿Quién?

-Andrea, la madre de Víctor.

-¡No me lo puedo creer! ¿Es verdad lo que me estás diciendo, Antonia?               –Preguntó el chico asombrado.

-Totalmente cierto, así me quedé yo cuando me enteré. Jamás en la vida pensé que Teresa podía haberle provocado un aborto a la madre de Víctor y todo por un amor, un chico del que las dos estaban enamoradas.

-Y que luego desapareció.

-Exacto.

-¿Entonces no sabes quién es el chico?

-No, no he conseguido averiguar nada de él. Fue como si se lo tragara la tierra. Me imagino que luego volvió, pero no se supo nada más.

-Vale, toda esta información es muy relevante para el caso. Quizás Teresa haya tenido algo que ver en la desaparición de la chica. Quizás mató al niño por venganza hacia su madre. Tenemos muchas pruebas en su contra y ya están puestas en conocimiento de la justicia dentro de poco la juzgarán y será el juez quien determine cuanto tiempo tendrá que estar en la cárcel o si, por el contrario, quede en libertad.

**David se montó en el coche, con la intención de ir a ver a Diego y preguntarle sobre lo que Antonia había averiguado sobre el pasado de su esposa. Puso rumbo al pueblo. Encendió la radio, una canción moderna comenzó a sonar y él sonrió a la vez que movía su cuerpo levemente bailando. Pensó en lo bien que le iba con Patricia y que por suerte, ese Pablo no había atentado contra su vida, a su lado jamás debía temer nada, él la protegería, fuera como fuere. Se colocó bien las gafas de sol y su sonrisa se desvaneció al pensar en Víctor, en ese pequeño al que le habían quitado la vida brutalmente, pero por suerte, habían podido reunir pruebas y llegar hasta el asesino, o en este caso la asesina. Ahora tendrían que esperar un tiempo a que comenzara el procedimiento y el juez considerara las pruebas por válidas y calificara de asesinato el hecho, así podrían imponerle la pena máxima a Teresa. Su móvil cuando salía de Fuente Palmera.

-¿Sí?

-David, soy Patricia, ¡Por el amor de dios, ten cuidado! –Gritaba la chica histérica.

-¿Qué te ocurre? –Comenzó a gritar el también.

-Me acaba de llamar Pablo. Me ha dicho que contra mí no va a hacer nada porque me quiere demasiado, pero que tú vas a pagar haberme apartado de su lado.

-¿Pero…?

-¡David, me ha dicho que te está siguiendo con el coche! ¡Ten cuidado! –El chico miró por el espejo retrovisor y pudo ver como un coche lo seguía, afinó la vista y lo vio, era Pablo quien conducía ese coche.

-Es verdad, viene detrás de mí –Dijo el chico- pero si atenta contra mi vida en un accidente de coche, él también podría morir, no creo que haga nada.

-¡Me ha dicho que no le importaba morir si te separaba de mi lado! –La chica comenzó a llorar sin poder evitarlo.

En ese momento, David pudo ver como el coche que lo seguía se puso a su altura, como si lo fuera a adelantar. Él lo miró y el chico le dedicó una sonrisa, sus ojos estaban enrojecidos, quien sabe por qué. Sus piernas comenzaron a temblar cuando vio como aceleraba el coche, por suerte nadie venía en sentido contrario por la carretera, milagrosamente ellos dos eran los únicos coches en ese momento. Suspiró cuando vio que el acelerón lo había apartado de su coche, se había metido por un camino y lo había dejado de ver.

-Patricia, creo que solo ha querido asustarme, se ha puesto a mi altura con el coche, realizando un adelantamiento y luego ha pegado un gran acelerón, seguidamente metiéndose en un camino. Ahora mismo no lo veo.

-Ojala y se le haya borrado esa idea de hacerte daño de la cabeza.

David se había despistado un poco mientras le bajaba el volumen a la radio para poder escuchar mejor a Patricia. Todo su cuerpo comenzó a temblar, cuando vio el mismo coche de antes, el coche de Pablo, venía de frente. Intentó frenar pero a la velocidad que iba no podía hacerlo de inmediato, así que comenzó a reducir la velocidad, pero de nada sirvió. Cuando se quiso dar cuenta, el coche de ese maldito se le había echado encima, fue un choque frontal, los dos coches salieron de la carretera y luego todo se volvió oscuridad. A la otra línea del teléfono, todavía se escuchaban los gritos desesperados de Patricia.

18 de Mayo. Nueve años antes:

Teresa acababa de salir de comisaría, donde llevaba varios días presa por lo que había hecho. Aquello le había marcado mucho. Llovía sin parar cuando salió a la calle, iba sin rumbo alguno, no sabía a quién acudir. Sus padres no entendían como había podido asistir tal paliza a una chica embarazada hasta hacerla perder al niño. En el fondo ella tampoco lo sabía, pero no encontró otra manera de defenderse cuando Andrea la sorprendió con su chico. Lo recordaba todo perfectamente, el beso y cómo pudo ver por el rabillo del ojo a aquella chica rubia con los ojos llenos de rabia. Después solo la vio acercarse y agarrarla del cabello, ella se tuvo que defender y aunque hacía poco que sabía que estaba embarazada, la tiró al suelo y comenzó a pegarle patadas en el vientre. Era como si alguien o algo se hubiera apoderado de ella y no pudiera pensar que estaba haciendo.

Gracias a Dios, la habían soltado por falta de pruebas. Nadie había estado allí en el momento de la paliza. Excepto él. Quién desapareció corriendo en la oscuridad de la noche. Fue ella misma quien tuvo que llamar a una ambulancia cuando vio como Andrea sangraba sin parar.  Cuando la interrogaron Teresa lo negó todo y aunque Andrea contó la verdad, era su palabra contra la de ella y al no tener suficientes pruebas no tuvieron otra opción que dejarla en libertad.

Miró al cielo, estaba nublado y la lluvia caía en su cara. Pensó en Andrea, ¿cómo estaría? Aunque se llevaban muy mal, no quería que le pasara nada a ella, pero por lo que sabía había perdido al bebé. Cayó al suelo mientras lloraba con el corazón encogido y se abrazó a sus rodillas, el cargo de conciencia no la dejaba vivir, y ahora no estaría él para apoyarla. Había desaparecido completamente cuando ocurrió la pelea entre ellas dos. Se habría ido fuera y seguramente volvería con el tiempo, pero sabía que en ese momento no podía contar con él y que estaba muy sola, infinitamente sola.

Se sorprendió cuando una mano cálida le tocó el hombro. Ella estaba hecha un ovillo y la lluvia la estaba empapando. Miró hacía dónde provenía esa mano y pudo verle.

            -¿Estás bien? –Preguntó aquella voz. Era un chico moreno, alto y con unos ojos preciosos.

            -Sí, no te preocupes. –Dijo ella mientras se levantaba del suelo con su ayuda.

            -Me llamo Diego, y me gustaría ayudarte en lo que pueda. –Ella lo miró y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

            -Gracias, muchas gracias. –Se limitó a decir. Había estado mucho tiempo siendo la otra y no sabía lo que era que alguien estuviera dispuesto a ayudarla.

El chico se quitó la cazadora y la arropó bajo la lluvia. Se encaminaron a algún lugar sin rumbo. Ella muy dolida y arrepentida por todo lo que había pasado, ya que le había quitado la vida a un ser indefenso y él con el corazón roto a causa de un amor imposible. Quizás con el apoyo del uno al otro pudieran seguir adelante y ser felices.

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