FE CIEGA. SÉPTIMO CAPÍTULO.

7 de Julio. Veintinueve años antes:

¿Era posible que existiera tanta felicidad en su vida? Sofía estaba en la cama del hospital con su niño en brazos. Le dio un beso en la frente y miró a su marido, Antonio, que le regaló una de sus mejores sonrisas. Hacían ya cinco meses que se habían unido en matrimonio. Todo fue perfecto, ella llevó un vestido hecho por su suegra, a medida. Era el vestido más bonito del mundo, el vestido que cualquier chica podría desear para el día de su boda. La ceremonia fue sencilla, los padres de Sofía podían haberles pagado algo mejor, pero Antonio se negó rotundamente, ahora aquella era su familia y él se encargaría de sobrellevarlos. Con esfuerzo, pudo montar una bonita casa en Fuente Palmera, lugar dónde se fue a vivir con su adorada Sofía. Su embarazo fue muy tranquilo, y él la colmaba de caprichos, de todos los antojos que tuviera.

Por fin había llegado el día y el pequeño llegó al mundo, era moreno y tenía los ojos almendrados. Se parecía mucho a Antonio. Para él era el niño perfecto y su mujer también. Ahora ya eran una familia de verdad, podrían hacer cosas los tres juntos, ir al parque, a pasear… No podía colmarlos de grandes lujos, pero gracias al trabajo fijo que consiguió en un taller de coches, pudo darle una buena vida, sin ninguna carencia.

Tendrían que ponerle nombre al bebé. Era tan pequeño y tan frágil, que le daba miedo cogerlo. No habían pensado ninguno aún. A él le gustaría que lo llamasen Antonio, pero Sofía no estaba de acuerdo con qué los niños se llamaran como sus padres, así que habría que pensar otro.

Se quedó mirándolos de nuevo, ahora había llegado a visitarlos a la habitación del hospital, su madre que estaba encantada con su único nieto. Lo cogió en brazos y comenzó a mecerlo. Luego se lo pasó a su padre, que se encargó de envolverlo en su toca y acunarlo en sus brazos, le besó en la frente y miró a su esposa. En ese momento entendió que nada podría empañar su felicidad.

**A la mañana siguiente, Patricia seguía tan impactada como el día anterior. Iban camino a comisaría, Antonia ya había convocado todo para las diez de la mañana, aquella reunión era importante. A día de hoy, solo tenían un niño, primero secuestrado y después asesinado, una mujer metida en una celda por haberle llevado, presuntamente, un anónimo a casa al padre del niño, otra mujer detenida por tener pertenencias del menor y a la madre de Víctor desaparecida. Tenían que sacar algo en claro, por pequeño que fuera.

Al llegar, casi todos estaban en cafetería. Manolo estaba sentado al lado de Paco, con una taza de café en la mano. Antonia se sentó un poco más retirada y cerca de David, tenía que tomar notas en su nuevo bloc, cortesía de su marido. Patricia se sentó en una silla junto a su chico.

-Buenos días, veo que falta Fernando. ¿No se le ha convocado? –Preguntó mirando a Antonia. Patricia se quedó embobada mirándole, era su chico y no podía ser más guapo.

-Sí, se lo dije, pero no ha podido venir, está con gripe.

-Vale, entonces procederemos con los que estamos. –Todos asintieron con la cabeza. En ese momento entró por la puerta Amapola, la perrita que tenían en comisaría. Paco le dio una galleta y ella movió el rabo en señal de gratitud- Tenemos un gran marrón encima con el caso del niño Suárez. Como todos sabéis desapareció en las narices de su padre. Fue a comprar chucherías a una tienda que tan solo está a unos metros de su casa. Nunca más se volvió a saber de él, hace dos días, que apareció muerto, enterrado al lado de una huerta. Tenemos a dos mujeres detenidas –Comenzó a dibujar en una pizarra que tenía detrás de él- Por un lado, a Corina, su profesora. Un día antes de que el niño apareciera muerto, ella le llevó a su padre una carta dónde ponía que lo sabían todo, que habían sido testigos de los hechos. Ella insiste en decir, que la encontró debajo de la verja del jardín de Santiago, que solo se limitó a dársela. Por otro lado, tenemos a Teresa, la mujer del peor enemigo de Santiago. En su casa hemos encontrado el paraguas y el chubasquero que llevaba el niño en el momento de su desaparición.

-¿No es posible que su marido haya contribuido también en el secuestro del pequeño? –Preguntó Manolo.

-No, nos hemos asegurado y tiene una coartada, estuvo todo el día en Sevilla.

-Eso no quita que pueda ser cómplice. –Sugirió Patricia.

-Sí, es verdad. Pero como sabéis hasta que no tengamos pruebas fehacientes no podemos acusarle de nada. Estamos en un estado donde la presunción de inocencia está recogida en la Carta Magna.

-Sí, es cierto. –Dijo Paco- Hay que tener alguna prueba contra él para detenerlo. Quizás podamos hacer que su mujer hable.

-Puede ser, quizás si la presionamos un poco, hable sobre ese tema.

-Por cierto, David, me han comunicado que el examen grafológico que se le está realizando a la carta encontrada por Corina, estará listo mañana.

-Mañana mismo entonces sabremos si esa chica tuvo algo que ver. Si no es su letra, tendremos que dejarle en libertad, puesto que el sobre solo tiene sus huellas, podía estar ayudando a alguien.

-Hay otro tema del que no nos hemos dado cuenta con tanto ajetreo.                             –Comenzó a decir Patricia- Y es que si el niño ha aparecido muerto, ¿Dónde está su madre? Porque ella era una de las principales sospechosas de su desaparición. El niño ya ha aparecido y de ella no sabemos nada.

-Quizás haya huido. –Dijo Antonia.

-No lo sé, pero tenemos que tener en cuenta que esta chica no estaba bien, necesitaba una medicación y que se fue sin ella. Quizás esté en peligro también.

-Puede ser, pero por ahora no tenemos nada para comenzar su búsqueda. –Alegó David.

Cuando la reunión acabó, cada uno se fue a sus puestos. David se dirigió a recepción y allí estaba Antonia, la cual lo miraba  por encima de sus pequeñas gafas.

-Necesito que me hagas un favor. –Le pidió el chico.

-Dígame, estoy a vuestra disposición.

-Quiero que busques información sobre Teresa. Posibles antecedentes penales… Todo lo que encuentres sobre ella será muy importante para poder sacar esto hacia delante.

-Sí, claro. Ahora mismo me pongo con eso.

-¿Has sabido algo más de Santiago? –Le preguntó a la mujer.

-No, solo que anoche lo mandaron a su casa desde hospital.

-¿Tiene familia en el pueblo? –Preguntó Patricia.

-No, por lo que él nos ha dicho, sus padres murieron y su mujer está desaparecida. Así que está totalmente solo. –Les comunicó Antonia mientras ordenaba un montón de papeles.

Al salir de comisaría eran tan solo las doce de la mañana. Decidieron ir a Silillos para poder ver a Diego y al padre de Víctor.

**Raúl fue a buscar a Blanca. Estaba esperándolo en la puerta de su casa, sentada en el banco que había justo en frente. Aquel día se había puesto muy guapa, llevaba un vestido rojo que podía quitarle el sentido a cualquiera y se notaba que estaba dejando la droga, no había nada más que verla, estaba poniendo peso y le estaba sentando de maravilla. Cuando la vio le hizo un gesto con la mano y ella se fue en dirección a dónde estaba él.

-¿No íbamos a ir a ver a tu hermana? –Le preguntó la chica al no verlo llegar con el coche.

-Sí, mis padres han ido hace un rato y se han llevado el coche, pero pronto estarán por aquí. –El chico la notó distraída como si no le estuviera prestando atención.

-Ah, vale. –Se limitó a contestar.

-¿Te pasa algo? Te veo muy pensativa. –Preguntó él.

-Bueno, es que anoche me pasó algo extraño. Salí un momento, porque mi madre me mandó a casa de una vecina a llevarle una sartén que le había prestado y me encontré con Pablo. –La chica comenzó a temblar y se le quebró la voz.

-¿Te hizo algo ese desgraciado?

-Me amenazó si no le compraba droga. Decía que yo era su mejor cliente aquí en el pueblo ¡No entiende que lo he dejado! Llevo ya muchos días sin consumir y no quiero volver a probar esa mierda. Pero parece no entenderlo, porque al decírselo me agarró por el cuello y me estrelló contra una pared. Me hizo muchísimo daño.    –Comenzó a llorar en silencio. Se sentía muy avergonzada por todo lo que había hecho en su ya pasada vida y creía que aquello le pasaría factura durante lo que le quedara de existencia.

-Eh… no, no llores. –Intentó consolarla mientras la abrazaba.

-Tengo mucho miedo, porque me amenazó con joderme la vida para siempre y no sé a qué se refiere con eso, ¡no quiero que me mate!

-Tranquila, nadie te va a matar. Ahora estás conmigo y yo te voy a proteger. Espero que ese chico no venga más por aquí.

-No creo que no venga, lo más seguro es que sí, llevo muchos días viéndole merodear por el pueblo sin rumbo fijo. Yo creo que cómo su ex novia está llevando el caso del niño asesinado…

-Puede ser. Espera Blanca, acabo de ver algo raro. –Dijo el chico mientras le secaba una lágrima que caía por su rostro y miró atentamente a la ventana del salón de su hermana.

-¿Qué ocurre? –Preguntó ella.

-Espérame aquí que creo que está pasando algo ahí dentro en ausencia de mi hermana.

Se acercó sigilosamente a la ventana y vio a Luis sentado en el sofá mientras Sara se sentaba a su lado. No hacía nada para quitársela de encima, es más le seguía el juego. Se quedó atónito cuando vio que la chica besó a su cuñado y él le respondió el beso, es más, la cogió por la cintura y la sentó encima suya mientras le tocaba todo el cuerpo apasionadamente. Todavía no salía de su asombro cuando Luis se levantó en dirección a la ventana, él salió corriendo al lado de Blanca y pudo ver como echaban la persiana.

-¿Ha pasado algo? –La chica lo miraba con inquietud.

-No te lo vas a creer, pero mi cuñado se lo está montando con su prima en ausencia de mi hermana.

-Venga ya, no te quedes conmigo Raúl. –Dijo la chica risueña.

-Te lo prometo. No salgo de mi asombro aún y no sé qué hacer.

-¿Cómo que no sabes qué hacer?

-¿Se lo digo a mi hermana o no se lo digo? ¡Joder, le está poniendo los cuernos en su propia casa y con su prima!

-Tu hermana está en una situación muy delicada ahora mismo. ¡Está detenida por ser sospechosa de un asesinato! No puedes contarle eso, se vendría abajo más de lo que está.

-Es verdad, y creo que tampoco debo decírselo a mis padres. –Dijo el chico mientras se frotaba la barbilla.

-No, no les digas nada, ellos también están sufriendo mucho por lo de tu hermana.

-Te juro que cuando todo esto haya pasado, ese desgraciado de Luis va a pagar todo lo que le está haciendo a mi hermana. ¿No puede tener un poco de consideración? ¡Qué está detenida por algo de lo que no es culpable! –El chico comenzó a alterarse.

-Tranquilo, mira tus padres acaban de entrar por el pueblo, vamos hacia tu casa, necesitamos ir a darle compañía a tu hermana.

 6 de Enero. Nueve años antes:

Su única ilusión era salir aquella noche, desde que lo vio, entendió que estaban hechos el uno para el otro. Teresa estaba frente al espejo, peinándose su larga cabellera rubia, sus ojos azules brillaban esperando que llegara la hora, quizás esta noche pudiera verle. ¡No podía ser tan tonta! Sabía que él tenía novia, y también sabía que no la dejaría, llevaban bastante juntos.

Fuera hacía muchísimo frío. Ella era muy casera, pero si no salía aquella noche, seguro que no podría verle, al menos así tendría más posibilidades. Miró hacia la derecha y pudo ver como un coche entraba por la esquina, era su amiga Laura, venía a recogerla, estaban tan solo al principio de la que prometía ser una buena noche.

Llegaron a la discoteca, que estaba en un pueblo de al lado y pudieron ver a mucha gente conocida, pero a él no conseguía verlo. Al final entraron en la discoteca y su amiga  se puso a bailar con su último ligue. ¿Qué haría ella ahora allí solita? Se apartó un poco y comenzó a bailar. Llevaba así algún tiempo cuando una mano tocó su hombro, se giró y pudo verle. Allí estaba, tan guapo como ella lo recordaba. Le estaba sonriendo y ella creía que se iba a derretir de un momento a otro.

            -Teresa, ¿Qué tal? –Preguntó él mientras le daba dos besos.

            -Bien, un poco aburrida. –Se sinceró ella.

            -¿Sabes? No he podido dejar de pensar en ti desde lo que ocurrió entre nosotros hace unos días. –Tan solo al recordarlo ella comenzó a sonreír ¡Había sido tan perfecto! Era sábado y ella estaba algo desvalida porque se sentía algo desplazada, todas sus amigas tenían una pareja con quien estar y ella no. Él se le acercó y le estuvo diciendo cosas muy bonitas al oído, hasta que la engatusó del todo. “¿Tú no tenías novia?” –Preguntó ella- “Sí, ¿Y qué? Esto podemos llevarlo en secreto” –Le respondió él- Ella era una chica joven y tampoco quería nada serio con ningún chico, así que ¿por qué no arriesgarse?

            -Yo tampoco, he pensado mucho en ti. –Le contestó.

            -Podríamos irnos fuera si quieres.

            -¿Y tu novia? ¿No ha venido esta noche? –Preguntó ella a la vez que miraba a su alrededor.

            -Sí, pero está con sus amigas. Yo saldré antes, tú cinco minutos después así nadie sospechará. –Le propuso él.

            -Vale, como tú digas.

Él se encaminó fuera de la discoteca y se fue a un lugar oscuro y apartado, donde habían quedado. A los cinco minutos, ni más ni menos, apareció ella. Se fundieron en un largo y apasionado beso bajo la oscuridad de la noche y dieron rienda suelta a su pasión. Aquel ratito era de ellos dos, no querían pensar en la novia de él, que seguramente estuviera en algún lugar de la discoteca sin saber nada de lo que estaba pasando entre ellos.

**Cuando llegaron a al pueblo, David le cogió la mano a Patricia, aún dentro del coche y le besó tiernamente los nudillos.

-No te puedes imaginar lo enamorado que estoy de ti. –Le confesó.

-Lo sé. –Rio ella tímidamente.

-Me alegra mucho que estés poniendo tanto de tu parte, entiendo que la situación que estás viviendo no sea nada fácil.

-No, no lo es. Desde qué la otra noche vi a Pablo observándome, no puedo quitármelo de la cabeza. –Hizo un mohín de asco con la cara.

-Tranquila, no podrá hacerte nada. En casa estás a salvo, conmigo y con mis padres.

-Sí, y eso me tranquiliza mucho. –Le dijo ella sinceramente.

-¿No has hablado con tus padres? –Era una pregunta que quería hacerle desde hacía mucho tiempo.

-No, jamás se han preocupado por mí y no van a hacerlo ahora. Ni si quiera me voy a molestar en llamarlos.

-Ya… bueno, no te preocupes, como te he dicho antes, para eso estamos nosotros.

En ese momento, miraron para la casa de Santiago y vieron a una persona salir de ella. Les resultaba familiar, pero estaban algo lejos y no podían verlo con claridad.

-¿Quién es? –Preguntó David.

-¡Es Diego! ¿Qué hace ahí? –Preguntó la chica asombrada.

Se bajaron del coche y dieron una leve carrera hasta llegar a casa de Santiago. Gritaron el nombre de Diego y él se giró, al verlos la cara se le puso blanca como la pared, pero no tardó mucho en recomponer la compostura.

-¿Qué haces saliendo de casa de Santiago? –Le preguntó Patricia extrañada.

-Eh… estaba preocupado por él. -Alegó Diego nervioso.

-¿De verdad? –David lo miró extrañado.

-Sí, me siento culpable de todo lo que está pasando. Seguramente mi mujer ha estado planeando todo esto en mis narices y yo no me he dado cuenta de nada. Si lo hubiera hecho, quizás Víctor estuviera vivo hoy en día. Tengo una hija, ¿sabéis? Y no me imagino mi vida sin ella, por eso he venido a verle, porque a pesar de todo lo que ha pasado entre nosotros en un pasado, sé que está solo y que necesita ayuda en estos momentos tan difíciles.

-Pero Diego, ¡Tú mujer está acusada de ser la principal sospechosa del asesinato de su hijo! ¿Crees que Santiago iba a tener ganas de verte? –Patricia le miraba sus ojos oscuros, era un chico muy atractivo.

-No, no ha querido verme. Me ha abierto la puerta, parecía un alma en pena, le he pedido que me deje entrar, pero no ha querido, me ha dejado en el zaguán y me ha cerrado la puerta en las narices. En cierta medida lo entiendo, está pasado por momentos muy difíciles, él quería mucho a su hijo.

-¿Ha encontrado algo en su casa relacionado con el asesinato que pueda inculpar a su mujer?

-No, por ahora no, pero llevaba algunos días más nerviosa de la cuenta, por todo se alteraba y no me extrañaría que fuera por eso.

-¿Está seguro de lo que dice? –Preguntó David.

-Sí. Es mi mujer y la quiero, pero no puedo permitir que un crimen de esa envergadura quede impune. Si ella es la asesina debe pagar.

-Entiendo. Si sabe algo más o encuentra algo relacionado háznoslo saber lo antes posible.

-Sí, claro.

El chico se alejó, dirección a su casa y ellos llamaron a casa de Santiago. El hombre que les abrió la puerta no parecía él, estaba demacrado y en pijama.

-¿Podemos hablar con usted? –Preguntó Patricia amablemente.

-¿Qué queréis? ¡Dejarme llorar la muerte de mi hijo tranquilo! –Exclamó el hombre llevándose las manos a la cara.

-Solo queríamos saber cómo estás.

-Solo como la una, así es como estoy y no me hace falta la ayuda de nadie. Yo solo puedo con todo esto.

-Quizás necesite ayuda de expertos. ¿Nos puede dejar pasar?

El hombre no dijo nada, se echó a un lado y los policías entraron a la casa, estaba tan limpia como siempre, todo ordenado e impoluto. La casa olía a lejía y productos de limpieza, como cada vez que habían estado allí.

-Cómo ya sabe, hemos detenido a Teresa, la mujer de Diego. –Le informó Patricia.

-No me extrañaría nada que hubiera sido ella. –Dijo él mientras se desplomaba en el sillón de cuero.

-Pero, hasta donde tenemos entendido, los problemas estaban entre Diego y tú, no entendemos por qué ella haya querido matar a su hijo.

-Yo no sé si Diego habrá tenido algo que ver. Ha estado aquí hace poco y me ha dicho que tenía una coartada, que le perdonara por todo lo que pasó en el pasado, que quería que volviéramos a tener la misma amistad que antes y así poder ayudarme en este proceso que estoy pasando. Por lo que me ha gritado desde fuera, se siente muy culpable de saber que lo estoy pasando así de mal, seguramente por una fechoría de su mujer. Lo que os puedo decir es que Teresa sí podía tener una razón de peso para querer quitarme a mi hijo.

-¿Cuál? –Preguntó Patricia expectante.

-Andrea. Ellas se llevaban terriblemente mal. –Suspiró con pesar.

-Pero no creo que eso sea motivo para matar al hijo de nadie. Porque dos personas se lleven mal no creo que una de ellas pueda llegar tan lejos de matar al hijo de la otra.

-Lo de ellas era especial. No se pueden imaginar lo mal que se llevaban, se tiraban los trastos a la cabeza cada vez que se veían, más de una vez Diego y yo las hemos tenido que agarrar para que no llegaran a las manos. –Les informó Santiago.

-¿Pero por qué? –Preguntó la chica sin entender nada.

-Por lo visto hace sobre unos diez años tuvieron un lio muy gordo. Nunca llegué a enterarme bien de todo eso, fue por un chico, pero hubo problemas muy difíciles entre ellas. Ahora les voy a enseñar una foto que nos hicimos durante una cena, cuando comenzamos a salir en pareja. Entre ellas ya había ocurrido todo cuando comenzaron a salir con Diego y conmigo respectivamente, -Santiago parecía cansado, hablaba mientras miraba al techo, como si una película estuviera pasando por su mente- Nosotros, obviamente no sabíamos nada, y al ser amigos queríamos salir en plan pareja los cuatro. Una noche concertamos una cita y cuando se vieron no dijeron nada, simplemente no se saludaron. No entendíamos nada, pero se sentaron muy separadas y no cruzaron una palabra. A partir de esa noche, todo fue a peor entre ellas, comenzaron a echarse cosas en cara del pasado y en más de una ocasión, como os he dicho antes, las hemos tenido que separar, agarradas de las greñas. –Se levantó y sacó una foto de un álbum y se la dio a David. En aquella foto se podía ver a cuatro jóvenes, las chicas serias, muy serias. Se percató de algo, pero no dijo nada.

-Santiago, necesito llevarme esta foto a comisaría. –Patricia lo miró extrañada y Santiago se encogió de hombros.

-Vale, como quieras. Si eso te va a servir de algo… -El hombre volvió a sentarse en el sofá y los policías se levantaron en señal de que tenían que irse.

-Siento no poder acompañaros a la puerta, pero me siento realmente mal.

-No se preocupe, sabemos el camino. –Se dirigieron a la salida y cerraron con un sonoro portazo a causa del viento que se había levantado.

Se encaminaron al coche y al entrar en él Patricia miró extrañada a David.

-¿Para qué necesitas esa foto?

-Patricia, ¿De verdad no te has dado cuenta? –Preguntó el chico mientras se ponía el cinturón de seguridad.

-No, ¿de qué tendría que darme cuenta? –La chica comenzó a mirar la foto más detenidamente.

-Mira a Teresa, ¿no le ves nada raro? –Ella se fijó más atentamente en esa  persona, pero seguía sin ver nada.

-No, no veo nada, perdóname.

-Mira su dedo, lleva el anillo que encontraron al lado de dónde habían enterrado a Víctor. Es un Jade. –La chica miró a David con la boca abierta.

-¡Es cierto! No me puedo creer la vista que tienes, ¡Pero si apenas se ve!

-Lo sé, pero habrá sido casualidad que me he fijado justamente en eso.

Ella sonrió y se acercó a él lentamente, luego lo besó en los labios. Él arrancó el coche y pusieron rumbo a Fuente Palmera. Tenían que averiguar cuál fue el móvil que llevó a Teresa a asesinar a un pobre niño de tan solo cuatro años de edad.

**Luis se sentía exhausto. Tendido en su cama pensaba en lo mal que lo estaba haciendo con Corina. Ella siempre había estado muy enamorada de él, lo mismo que él de ella. Habían sido un matrimonio ejemplar, pero ahora… ahora todo era diferente. ¡Y pensar que todo lo hacía por ella! Tenía que tener contenta a Sara, para que en un futuro les diera a su hijo, ese hijo tan deseado para ellos dos. Él había hecho hasta lo imposible por ver a su mujer contenta, aunque no podía negar que en parte toda aquella situación había servido para quitarse un muerto de encima. ¡Se sentía tan mal solo de pensarlo! Pero ahora tenía que ser más fuerte que nunca y llevar hasta las últimas consecuencias sus actos, tenía que estar íntegro para así poder ayudar a salir a su mujer de aquella maldita pesadilla en la que estaba sumergida.

Se levantó, se vistió y se dirigió al salón. Allí se sentó en uno de los sofás cuando cogió la foto de boda que su esposa y él tenían encima de la mesita. Aquel día fue, posiblemente, el más feliz de su vida. Estuvieron todas las personas más importantes para ellos y Corina iba más guapa que nunca. Llevaba su melena recogida en un moño de vértigo y un leve mechón caía sobre su cara, el vestido lo habían comprado en una de las famosas tiendas de Fuente Palmera y lo celebraron en una finca que alquilaron con muchos meses de antelación. Se quitó una lágrima al pensar en que nada de todo aquello quedaba, que cuando su mujer se enterara de la verdad jamás iba a querer volver con él, pero no se quitaba de la cabeza darle un hijo, aunque le costara su propia vida, Corina tendría un hijo.

Levantó la vista al ver que Sara entraba en el salón y se sentaba a su lado. Llevaba tan solo un camisón, con muy poca tela, su barriga se iba notando cada día más y él se quedaba embobado mirándola.

-¿Te sientes mal? –Preguntó ella mientras jugaba con su pelo.

-Sí, me siento muy mal. Soy un miserable haciéndole esto a mi mujer, ella no se lo merece.

-Tú me quieres a mí, siempre te lo he dicho.

-¡Cállate! No digas más tonterías. ¿Cómo voy a quererte a ti más que a mi mujer?         –Preguntó el chico indignado.

-Pues no lo parece cuando me haces el amor cada vez que te lo pido. –La chica comenzó a sonreír con maldad.

-Sabes que no me queda de otra, me tienes en tus manos. Solo te digo que esto algún día acabará y Corina tendrá por fin a su hijo en brazos.

-¿Su hijo? Querrás decir mi hijo.

-Tú y yo tenemos un acuerdo y espero que lo acates. –El chico la señaló con el dedo mientras le hablaba.

-Sabes que estoy completamente enamorada de ti, pero tendrás que hacer todo lo que yo te pida, ya sabes que las embarazadas tenemos muchos antojos y se nos tiene que mimar en todo. –Su voz pasó de ser risueña a melosa.

-Mira Sara, no estoy de humor para que sigas con todo esto. Voy a ir a comisaría, necesito ver a mi mujer y enterarme de cómo va su proceso. –El chico se levantó del sillón y salió por la puerta.

-¡Dale recuerdos míos a tu querida Corina! –Dijo la chica riéndose sin parar mientras se tendía a sus anchas en el sofá.

** Raúl se abrazó a su hermana cuando entró en la habitación de visitas. Estaba totalmente destrozada, lloraba sin parar. Blanca se quedó en la puerta, no sabía cómo la iba a recibir Corina, pero la chica se giró y fue y la abrazó también.

-Te veo muy bien, Blanca. –Le dijo mientras se secaba una lágrima.

-Gracias, le dije a tu hermano que pondría todo de mi parte, y como ves, lo estoy haciendo. –Los tres se sentaron alrededor de una mesa blanca, con cuatro sillas. Aquella estancia era fría y nada confortable.

-¿Cómo estás? –Preguntó Raúl.

-Mal, aquí nadie me cree, todos me tienen por asesina o como mínimo cómplice de alguien.

-Tranquila, todo se va a arreglar. –Blanca no sabía que palabras de consuelo utilizar, pero estaba muy contenta de que por fin creyeran en ella y en su cambio.

-Mañana saldrán las pruebas del examen grafológico.

-¡Eso es magnífico! Así se verá que tú no has tenido nada que ver. –Exclamó el chico.

-Sí, pero Antonia, la secretaria, me ha dicho que aunque mi letra no coincida con la de la carta, es seguro que en el sobre solo había las pruebas de mi ADN.

-¿Qué quieres decir con eso? –Preguntó la chica.

-Que quién dejara la carta allí llevaba algún tiempo de protección en las manos, posiblemente un guante y no dejó ninguna huella en el sobre. Así que, al salir negativo, me dejarían en libertad bajo cargos, por sospecha de complicidad con alguna persona.

-Bueno, pero tengamos fe que muy pronto todo esto se va a solucionar y tú estarás sin ningún cargo. –Raúl le acarició suavemente la mejilla a su hermana.

-Eso espero, ¿Cómo van las cosas por el pueblo? ¿Habéis ido a visitar a Luis?        –Los chicos se miraron y dudaron qué decirle.

-Sí, todo va bien. Además, en el colegio han puesto a una persona en tú lugar hasta que vuelvas. –Comentó Raúl.

-Sí, lo sabía, me lo comentaron el otro día.

-Va todo bien, no te preocupes. –Blanca le acarició la mano y Corina le sonrió.

En ese momento llamaron a la puerta y el policía le informó que tenía otra visita, era Luis. Cuando el chico entró por la puerta Raúl se levantó rápidamente de la silla y Blanca hizo lo mismo. Su hermana los miró extrañados.

-¿Dónde vais? –Preguntó la chica.

-Tenemos que irnos Corina, en breve vendremos a verte, aunque espero que mañana estés puesta en libertad. –Se despidieron de ella con un beso y Raúl se paró frente a Luis que aún estaba en la puerta. Se quedó mirándolo fijamente, reprimiendo su impulso de partirle la cara allí mismo por lo que le estaba haciendo a su hermana. Blanca lo cogió de la mano y le empujó para que saliera de la habitación. Luis los miró extrañado.

-¿Sabes que le pasa a tu hermano conmigo? –Preguntó.

-No, no lo sé. –La chica se levantó y le dio un dulce beso a su marido. Él le sonrió e intentó que pareciera que todo marchaba a la perfección.

**Diego estaba pensando en sus cosas cuando el timbre sonó. Miró al sofá de al lado y vio cómo su hija Alejandra dormía plácidamente. Parecía un ángel, rubia con los ojos claros y muy pequeña, era muy parecida a su madre. Cuando abrió la puerta, pudo ver al mejor amigo de su mujer. Estaba igual de mal y demacrado que siempre.

-Ya me he enterado que Teresa ha sido detenida. –Dijo al entrar sin ni siquiera mirar a Diego a la cara.

-Sí, se la han llevado a comisaría. Ahora es una de las principales sospechosas del asesinato.

-Espero que no cuente absolutamente nada de mí. No quiero que me persigan. Por eso he venido, para que cuando vayas a verla le comuniques que no me meta en nada. Ella sabe que soy capaz de matarla. –Se levantó y él mismo se sirvió una copa de whisky.

-No creo que te meta en nada, supuestamente ella no sabe nada del asesinato.

-Y espero que tú tampoco hagas ninguna gilipollez de mentarme en comisaría.            –Lo miró fijamente a los ojos.

-Sabes que nunca diría nada en tu contra. –Diego parecía un cordero degollado mientras le hablaba.

-Eso espero porque sabes que podría destapar un secreto muy oscuro de tu pasado y que sé que es sumamente importante para ti que jamás salga a la luz.

-Sí, no quiero que nunca se sepa. Sé muy discreto con ese tema, por favor. –El chico miraba al suelo en señal de sumisión.

-¿Sabes? Me encanta ver cómo te rindes a mis pies, como te manipulo por algo que sé. –Comenzó a reírse sin parar mientras miraba cómo daba vueltas el licor de su copa.

-Bueno, si solo era eso, ya puedes marcharte, mi hija está dormida y no quiero que se despierte.

-Sí, me voy. Espero que le hagas llegar mi recado a Teresa. –El chico caminó hacia la entrada de la casa.

-Por cierto… -Comenzó a decir Diego- ¿Ya tienes sitio para meter…? Ya sabes.

-Sí, ya está todo solucionado. Aunque no se me va a olvidar que cuando más falta me hicisteis no me ayudasteis, me echasteis de aquí como a un perro con lo que había en la habitación del fondo y tú sabes que yo me las cobro todas.

-Perdón, pero entiende que si nos pillaban…. Era algo muy delicado.

El chico no dijo nada, salió por la puerta y se escuchó un portazo a sus espaldas. Alejandra se despertó y Diego la cogió cuidadosamente y la abrazó sobre su pecho. La niña volvió a dormirse. La miró y se dio cuenta que ella no tenía culpa de nada, era un angelito caído del cielo.

**Le daba mucha pena es que la profesora del niño estuviera detenida por algo de lo que no había tenido nada que ver. ¡Ella no mandó ese anónimo! Le gustaría tanto sacarla de aquella comisaría libre y sin cargos… Su madre le había contado que ella sufría mucho por ese niño y no era justo que pagara por algo que ella no había hecho, pero ahora él no sabía cómo enmendar su error, no podía llegar a la policía y decirle que él había sido testigo de los hechos, que sabía quién había matado el niño y también quién era su cómplice. Aquel era su mayor secreto. A su madre le daría un infarto si lo viera metido en algo de aquella envergadura, pero no tenía culpa de estar en el sitio justo y en el momento adecuado para ver como sacaban al pequeño muerto de casa de su vecino. Menos mal que lo había grabado, aunque ahora no lo sacara a la luz, con el tiempo aquellas pruebas valdrían. No estaba dispuesto a dejar a aquella mujer inocente encerrada en una celda, ahora mismo iba a hacer algo, cogió un papel y un bolígrafo y se puso a escribir una nota, que luego llevaría a comisaría sin que nadie se diera cuenta que él había sido quién la había hecho llegar.

**Eran las ocho de la tarde y Patricia entró con David por la puerta de comisaría. Habían ido a recoger el anillo de Teresa a laboratorio. Con aquella foto se demostraba que era de ella y no haría falta que le hicieran ninguna prueba. Al entrar vieron a Luis salir por la puerta y le comunicaron que mañana tendrían los exámenes que hacían falta para descartar a su mujer de la investigación. Entraron y se fueron directamente hasta la celda donde estaba Teresa. Al llegar vieron a un gurruño encima de la cama. La mujer estaba abrazada a sus rodillas, con el moño mal hecho y la cara totalmente demacrada. Se puso en pie al ver a los policías y se aferró a los barrotes llorando, quería que la sacaran de allí.

-¡Sacarme de aquí, por favor! ¡Yo no he tenido nada que ver de lo que me acusáis! ¡Tengo una hija de la edad de Víctor! ¿Cómo voy a hacerle nada a un niño de cuatro años? –La chica lloraba fuera de sí.

-Teresa, tenemos muchas pruebas en tu contra y creemos que con esto será suficiente para que te juzguen. –La informó Patricia.

-¡Yo no he sido! –David le hizo una señal al policía que estaba vigilando para que la sacara y la llevara a la habitación de visitas, no había nadie y necesitaban un lugar seguro para hablar sobre todo aquello.

A los cinco minutos, la chica estaba sentada en la misma silla que había estado Corina hacía un rato. David y Patricia no se sentaron, se quedaron de pie, mirándola y preguntándose ¿Por qué se decidió por matar a ese pequeño?

-Teresa, es muy grave todas las pruebas que tenemos en tu contra. –Comenzó a contarle David- Encontramos el paraguas que el niño llevaba el día que desapareció y más tarde su chubasquero, escondido entre tu ropa en tu propio vestidor.

-¡Pero no sé cómo repetiros que yo no sé cómo todo eso ha llegado a mi casa!

-Teresa por dios, entrégate, será lo más fácil para todos. Confiesa que tú llevaste a cabo ese crimen. Mira, ¿reconoces esto? –Patricia sacó de su bolsillo una pequeña bolsa con el anillo dentro.

-¡Es mi Jade! ¿Qué hacéis vosotros con mi anillo? –Preguntó la chica asombrada.

-No finjas más, lo encontramos tirado al lado de donde se encontró al niño muerto.

-Pero… -No tenía palabras.

-Pero nada, Teresa. Por esto y por las demás pruebas que tenemos te dije que te entregaras, que sería lo más fácil para todos. Ahora es obvio que tú eres la asesina del niño, pero nos gustaría saber que te llevó a matar a una criatura de cuatro años. –La chica no sabía que responder, estaba temblando.

-Yo… Yo no sé qué decir, ¡Os juro que no sé qué decir!

-Sabemos que su marido tiene una coartada para el día de los hechos, pero nos gustaría que fueras tú misma quien nos desmintieras si él tuvo algo que ver o no.

-¡Él no ha tenido nada que ver, por el amor de dios! –Comenzó a gritar la chica.

-Le vamos a hacer una última pregunta. Luego dejaremos que se vaya a su celda y dentro de poco tiempo será juzgada por este crimen. ¿Tienes alguna relación con Corina, la profesora del niño? Ya sabe que ella fue quien encontró, presuntamente, el anónimo. Quizás ella le ayudó a realizar el crimen o, simplemente, vio algo y quiso que Santiago lo supiera.

-Yo solo conozco a Corina porque es la profesora de mi hija. No sé nada de ese anónimo ni nada de lo que me está preguntando.

-Una última cosa. ¿Sabe algo de Andrea, la madre de Víctor? Como ya sabes, sigue desaparecida. –A la chica se le ensombreció la mirada.

-Yo no sé nada de esa mujer. –Patricia sacó la foto que le había dado Santiago y la puso encima de la mesa, la chica la cogió y la miró con rabia- No quiero saber nada de ésta foto ni de Andrea.

-¿Qué pasó entre vosotras? –Preguntó David mientras se ponía bien el pelo.

-No pienso contestar a nada más, me estáis acribillando a preguntas y no estoy dispuesta a decir nada más. Quiero a un abogado.

Los policías la informaron que estaba en todo su derecho y que le extrañaban que no hubiera solicitado ya a uno. Después de eso, ella se fue a su celda, alejada de la de Corina y los policías pusieron rumbo a casa.

23 de Febrero. Nueve años antes:

Teresa estaba muy deprimida, su amor le había mandado un mensaje para decirle que en caso de que dejara a su novia, jamás volvería a salir en serio con nadie. Ella se juró a sí misma que jamás se enamoraría de alguien como él y más teniendo novia. Ella era la amante y eso le gustaba demasiado como para despreciarlo, pero poco a poco, se había dado cuenta que sentía algo más por él. No es que estuviera enamorada pero sentía algo en su pecho, era como una presión que no le dejaba respirar cuando pensaba en él. Se tumbó en su cama y miró al techo, se quedó pensando en la noche anterior, todo había ido sobre ruedas y lo último que se imaginó fue que le mandaría ese mensaje al llegar a casa.

Había una gran fiesta en el pueblo de al lado. A Teresa le había costado mucho que sus padres la dejaran ir. Luego se compró un vestido que vio en una tienda y se preparó para esa noche. Quedó de nuevo con su amiga Laura y al llegar lo vio.  Estaba más guapo que nunca. Se acercó a ella y la saludó fugazmente, no sin antes decirle que estaba preciosa y que quería estar con ella. Quedaron en unos minutos en una vieja casa abandonada, no muy lejos. Allí nadie podría entrometerse en lo suyo, sería todo perfecto. Salió de la fiesta y al llegar a aquel lugar lo vio echado sobre un coche. Él no dijo nada, se acercó a ella y la besó.

            -Estás preciosa esta noche, no tengo palabras para describirte.

            -Gracias… ¿No ha venido tu novia esta noche? –Preguntó la chica mientras acariciaba su pelo.

            -Sí, está en la fiesta, pero no pasa nada.

            -Como se entere de algo no me quiero ni imagina que pasará entre nosotras.

            -Yo creo que se huele algo. Ha estado muy rara estos días pero no creo que sepa que eres tú. –El chico comenzó a meterle la mano debajo de la falda y ella lo paró.

            -Me preocuparía mucho que se enterara.

            -¿Por qué? Ahora mismo te quiero a ti más que a ella. –Teresa abrió sus grandes ojos azules y se puso las manos en la boca ¿Enserio le había dicho aquellas palabras tan bonitas?

            -¿De verdad?

            -Sí, es totalmente cierto.

            -Pero estás jugando a dos bandas y eso no puede ser.

            -Sí, pero entiende que a ella también la quiero, os quiero a las dos. A mí manera, pero os quiero.

            -A mí no me importa ser la otra, sabes que no quiero nada formal contigo, pero en cierto modo, me da un poco de pena tu novia.

            -Ella se lo busca, no me da lo que yo necesito. –Comenzó a besarla de una manera que no la había besado antes y ella lo paró.

            -Tranquilízate un poco, podría llegar alguien en cualquier momento. –Dijo la chica mirando a su alrededor.

Pasada media hora estaban de vuelta en la fiesta. Él volvió con su novia y Teresa se moría de los celos cada vez que los veía como bailaban juntos y la besaba. Él sabía que debía escoger, aunque no tenía muchas esperanzas de que aquello ocurriera algún día. Ella siempre sería la amante.

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2 comentarios en “FE CIEGA. SÉPTIMO CAPÍTULO.

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