FE CIEGA. SEXTO CAPÍTULO.

5 de Febrero. Veintinueve años antes:

Sofía estaba muy triste, llevaban fuera cuatro meses. Cuatro largos meses en los que qué no había visto a su amado Antonio. No sabía nada de él. Había tenido que irse fuera con sus padres por asunto de trabajo. Ellos la comprendían, querían que estuviera con el chico, pero aquel viaje era inevitable y no podía quedarse sola en casa. Acababan de llegar a Fuente Palmera, después de largos meses viviendo en Extremadura, allí tenían negocios y era imposible no ir. Al entrar en su cuarto se sentó en la cama y acarició la colcha. Había echado tanto de menos todo lo relacionado con su vida rutinaria… Seguidamente se sentó en la mecedora que había justo debajo de la ventana y cerró los ojos. Escuchó el canto de los pájaros. El día era soleado, pero hacía muchísimo frío. Fue entonces cuando puso la mano en su vientre y sintió moverse a su pequeño. Quizás eran imaginaciones suyas, solo estaba de cuatro meses. Sus padres lo sabían, eran conscientes que en unos meses Sofía sería mamá y estaban preparando todo para ir a darle la noticia a Antonio. A sus padres aquella buena nueva les cayó como un jarro de agua fría. Jamás pudieron pensar que su impoluta hija había mantenido relaciones con un hombre, pero cuando ella le explicó el amor tan grande que sentía por Antonio, ellos lo entendieron y ni siquiera se enfadaron, ya era muy tarde para lamentarse, ese bebé venía en camino y había que hacer frente a las circunstancias.

Su padre le avisó que el coche estaba preparado para ir a ver a su chico. En menos que canta un gallo allí estaban, frente a la casa de Antonio. Llamaron a la puerta y les atendió su madre. Aquella mujer siempre había sido tan respetuosa con todo el mundo que a Sofía le caía extremadamente bien. Al entrar por la puerta, su suegra se fijó directamente en su barriga. No se le notaba demasiado el embarazo, pero llevaba una chaqueta pegada y saltaba un poco a la vista, aunque no le dijo nada por temor a que estuviera equivocada, no quería que la chica creyera que le estaba insinuando que había engordado. Antonio apareció en el salón y los ojos de Sofía brillaron al verle. Estaba más guapo, más hombre. Se había dejado una barba de dos días y tenía el pelo algo más largo que de costumbre. Se abrazaron y la chica retrocedió un poco cuando él la estrechó contra él con fuerza. La miró receloso ¿No lo querría ya?

            -Sofía, ¿Por qué no quieres que te abrace? Llevo ya muchos meses sin verte, me moría de ganas. –Dijo el chaval bajito, sus suegros y su madre estaban mirándolos.

            -No pasa nada, yo también tenía muchas ganas de verte. Estás muy guapo. –Dijo la chica ofreciéndole la mejor de sus sonrisas.

            -Venimos a daros una gran noticia, que espero que la recibáis con la misma alegría que nosotros. –Antonio se quedó mirando a su futuro suegro con expectación.

            -¿Qué ocurre? –Preguntó el chico.

            -Dentro de muy pocos meses vas a ser padre. –Antonio no dijo nada, solo miró la barriguita de su novia y se dio cuenta que estaba creciendo. Allí estaba su hijo, su futuro hijo. Se abrazó a ella y le susurró al oído que lo estaba haciendo el hombre más feliz del mundo. Luego su suegra también la abrazó y le dio la enhorabuena.

            -Nos gustaría que os casarais lo antes posible. El embarazo de mi hija cada vez se va notando más y quiero que luzca un bonito vestido de novia. Si no lo hacemos rápido, mi nieto seguirá creciendo y ella y no podrá lucirlo. –Le dijo su madre mientras le acariciaba la panza.

            -¡Cuando queráis! No me esperaba esta noticia y estoy contentísimo con la idea de ser papá.

            -Puedo arreglarlo todo para dentro de dos semanas si os parece bien. –Le dijo su suegro.

            -Yo puedo hacerle el vestido de novia más bonito que una mujer haya soñado.   –Propuso la madre de Antonio.

            -¡Sí! Sería genial. Soy muy feliz, no os imagináis cuánto. –Sofía estaba reluciente, derrochaba alegría por cada uno de los poros de su piel.

**Cuando Patricia se montó en el coche patrulla, sintió que sus piernas flotaban, no podía creerlo. David no pronunció ni una sola palabra en todo el trayecto. Aquello le había afectado más de lo que podía creer. Condujo rápido, por lo visto se había formado un gran revuelo en el pueblo. Un hombre había ido a su campo, allí tenía plantado un huerto, al que no había visitado desde el viernes, puesto que había tenido que salir fuera el fin de semana. Al llegar esa mañana, pudo ver como una mano humana asomaba desde debajo de la tierra. Se quedó petrificado, solo pudo montarse en el coche e ir a dar la voz de alarma al pueblo. Habían avisado a comisaría y ya estaban de camino. Se temían lo peor, sabían que aquella mano pertenecía a Víctor, aunque tenían que comprobarlo. El hombre había dicho que se trataba de una mano pequeña, seguramente de un niño.

Al llegar aparcaron cerca de la casa de Santiago y se dirigieron a casa del hombre que había hecho el hallazgo. Estaba en la puerta, tomándose una tila y aun llorando y temblando. Santiago estaba con ellos, sentado en una silla, la mirada perdida y una expresión de sufrimiento que pocas veces habían visto en su vida. Posiblemente aquel padre hubiera perdido a su hijo para siempre.

-¿Qué ha ocurrido? –Preguntó David mientras se acercaba al hombre. Era mayor, tenía sobre setenta años, canoso y una gran barriga asomaba por su camisa.

-Yo… llegue… y lo vi… hay una mano… yo no he tocado nada… -Patricia negó con la cabeza. ¿Cómo podía estar pasando algo tan espantoso?

-¡Tranquilícese! Necesitamos que esté bien para llevarnos al lugar donde ha visto eso.

Patricia se dirigió a Santiago. Seguía sentado en su silla, con la mirada perdida y la expresión de sufrimiento seguía en su cara.

-Todavía no sabemos con certeza que se trate de su hijo.  –El hombre no se inmutó, miró a Patricia con los ojos ensangrentados debido al llanto y volvió a mirar el suelo.

-Acabo de llamar a todo el personal, vienen de camino. Les he dicho dónde podemos vernos cerca del huerto. –Ella se levantó y le tocó la mano a Santiago en señal de apoyo. No tenía hijos, pero podía imaginarse lo que supondría perder a uno.

Habían pasado varias horas y ya habían desenterrado el cuerpo por completo. Estaban seguros que era Víctor. Cuando lo vieron, se dieron cuenta que no llevaba mucho tiempo muerto, el cuerpo todavía no se había comenzado a descomponer y pudieron apreciar que, efectivamente, se trataba del niño. Se lo llevaron de inmediato para hacerle la autopsia. Sin lugar a dudas, para David, uno de los peores momentos fue cuando tuvo que ver como Santiago reconocía a su hijo. El hombre se tiró al suelo histérico y mientras golpeaba el suelo y tuvieron que inyectarle un calmante, aquello había sido demasiado fuerte para él. Ahora tocaba esperar los resultados de la autopsia.

Cuando todo había pasado, uno de los especialistas se dirigió a David.

-Parker, hemos encontrado algo relevante para el caso.

-¿De qué se trata?

-Mira. –El muchacho le enseñó una bolsita y dentro había un anillo con una piedra verde. Él no conocía mucho de esas cosas, pero creyó que se trataba de un Jade.

-¿Dónde lo habéis encontrado?

-Estaba a unos metros de dónde hemos encontrado al niño. Quizás quién lo trajo se le cayó.

-Guardarlo como oro en paño. Es muy importante que se conserve, eso podría decirnos quien es el asesino.

-Ahora mismo lo vamos a llevar a laboratorio, junto con otras cosas que hemos encontrado.

-¿Habéis encontrado algo más?

-Sí, el niño ha sido estrangulado con una cuerda roja, es muy común comprar de ese tipo para poner cordeles de tender la ropa.

-Ajá, si sabéis algo más llamarme. –Dijo David mientras se metía en el coche. Patricia ya estaba dentro.

-¿Cuándo sabremos algo de la autopsia? –Preguntó sin mirarlo a la cara.

-No lo sé, pero seguramente tardará. Al menos una semana, ahora mismo están hasta arriba, aunque es obvio que el niño ha sido estrangulado.

-Nunca podré olvidar sus ojos mirando al cielo sin vida.

-Yo tampoco, ha sido algo realmente rocambolesco. No entiendo quién ha podido hacer algo así.

-Tenemos varias personas que pueden ser los culpables. Por un lado, Diego y Teresa, tenemos una gran prueba en su contra. Por otro lado está Corina, que es quien entregó esa carta a Santiago y no podemos olvidarnos de la madre de Víctor. Quizás haya querido vengarse de su marido por haberle quitado la custodia del niño. –Dijo la chica intentando aportar ideas para la resolución del asunto.

-Pero no creo que matara a su propio hijo.

-Eso nunca podremos saberlo, ella venía con la idea de llevárselo, por lo que nos dijo la chica de la estación de autobuses. Quizás deambuló varios días con el niño sin rumbo fijo y luego le dio una crisis por no estar medicándose y lo mató.

-Puede ser, pero aún tenemos que esclarecer muchas cosas. Ahora, cualquier persona ha podido ser el asesino de Víctor. Solo podemos centrarnos en el caso y ayudar a que Santiago pueda vivir tranquilo al menos sabiendo quien le arrebató a su hijo. –Dijo David mientras aparcaba en frente de la comisaría.

** ¿Qué debía hacer? Ya todo el pueblo sabía que el niño había aparecido muerto. Él sabía quién era había realizado el asesinato y su principal cómplice. Lo había visto todo y lo había grabado. Se acercó a la cámara de vídeo y cogió la cinta. No sabía qué hacer con ella, pero estaba claro que no podía deshacerse por el momento, puesto que con ella podían dar con el verdadero asesino, pero tenía miedo. Él no podía presentarse así como así y entregar eso en comisaría, lo acusarían de cómplice, por no haber avisado la noche que ocurrieron los hechos. Aquel pensamiento lo hizo estremecer. Él no quería pasar el resto de su vida en una cárcel, no quería. Por eso debía callar, callar para siempre. Quizás con una buena investigación pudieran llegar al asesino sin necesidad de aquella cinta de vídeo. Todo le daba vueltas, metió la cámara en un cajón de su escritorio y se recostó sobre la cama. Aunque su pierna ya estuviera bien, no tenía ganas de salir a la calle.

**Cuando Luis llegó a comisaría, eran más de las tres de la tarde. No podía quitarse de la cabeza su encuentro con Sara, eso demostraba lo ruin que podía llegar a ser. Muchas veces el fin no justifica los medios y él se sentía decepcionado de sí mismo. Lo que al principio creía que sería un bien para Corina, se estaba convirtiendo en su mayor mal. Estaba seguro que aquella mujer terminaría separándolos. Al salir de su casa, había visto un gran revuelo en la calle, pero no quería saber nada, para él, todos aquellas miradas eran acusadoras, aunque en el fondo sabían que no habían podido verlo con la chica, pero se sentía tal culpable que su conciencia no lo dejaba vivir. Se montó en su coche a toda prisa y puso rumbo a Fuente Palmera. Al llegar, pudo ver a una Corina desvalida, sentada en el suelo de su celda, tenía unas grandes ojeras y la mirada perdida. Estaba demasiado demacrada y adelgazaba a un paso bastante rápido. Se acercó con cautela y se agarró a las baldas de aquel lugar tan frío.

-Mi amor, ¿Cómo estás? –Preguntó el chico sintiéndose muy mal por haberle sido infiel a aquella mujer a la que tanto quería.

-Luis, ¿No te has enterado? –Preguntó ella mientras se levantaba del suelo a paso ligero.

-¿De qué?

-Han encontrado a Víctor… ¡Está muerto! –Comenzó a llorar como una desesperada.

-¡No puede ser! ¿Cuándo ha sido? Yo no me he enterado de nada… Quizás fuera ese el revuelo que había en el pueblo. –Dijo extrañado.

-Sí, sería por eso. Yo no me puedo creer que alguien haya podido matar a esa pobre criatura y menos que yo esté aquí –Dijo señalando aquellas cuatro paredes- acusada por tener algo ver. ¡Es todo tan surrealista!

-Ya mismo se va a aclarar todo. ¿Dónde ha aparecido? –La chica le informó de lo que unos minutos antes le había contado Patricia- Pobre chiquillo, con tan solo cuatro años y ya no está entre nosotros. ¿Tú quién crees que ha podido hacerle algo tan cruel?

-No lo sé… Los policías me han dicho que están barajando varias posibilidades. Tienen a algunas personas en el punto de mira y una de ellas soy yo…

-Tranquila. –Metió la mano por los barrotes de la celda y le tocó su mejilla.

-¿Cómo va todo por casa? –Preguntó mientras se secaba las lágrimas y le miraba con desconfianza.

-Como siempre. No tienes de qué preocuparte. –Le mintió y se sintió el peor de los hombres.

-Espero que Sara no esté ocupando mi lugar, no podría soportarlo. Preferiría que me dijeras de una vez si hay algo entre vosotros. –Él dudó en decirle la verdad, pero el niño estaba en juego y solo quedaba unos meses para que esa mujer los dejara en paz de por vida.

-Puedes estar tranquila. En casa todo va normal. Sara no sale de su cuarto y apenas nos vemos. Pronto habrás salido de este maldito lugar y tendremos a nuestro hijo con nosotros.

-Y por fin Sara se habrá marchado para siempre.

-Para siempre, no tengas duda de ello.

**Diego estaba sentado en la butaca de cuero que tenía en su estudio. Se la había regalado su madre cuando aún era un crío, ni si quiera tenía un sitio fijo donde ponerla. Cogió un vaso con whisky y le echó dos hielos. Se levantó y se puso a mirar por la ventana. Sus ojos brillaban, deseosos de que pasara el tiempo. ¿Volvería algún día a ser tan feliz como lo era antes? Todo era perfecto, pero tuvo que cambiar. Se sentía culpable por todo lo que había ocurrido en un pasado. Nadie sabía de aquello, excepto dos personas y una de ellas la tenía muy cerca, era el mejor amigo de su mujer. Menos mal que él no era celoso. No sentía celos por aquel hombre que llegaba a casa y que claramente estaba con su mujer delante de sus narices. Llegados a ese punto, a él no le importaba nada. Podía montárselo con ella cuantas veces quisiera que no le iba a decir nada. Lo importante era que guardara el secreto de lo que vio aquella maldita noche años atrás. La otra persona que lo vio estaba casi seguro que no hablaría del tema. Se terminó el Whisky que se había servido y se echó otro. Escuchó a su hija Alejandra en el piso de arriba hablando con sus muñecas. Pobrecita, ella sí quería a Víctor. Quizás cuando fuera mayor nunca le perdonaría todos los secretos que llevaba a sus espaldas pero él necesitaba ser feliz y para serlo, tenía que hacer todo lo que estaba llevando a cabo. Había estudiado todo perfectamente antes de proceder, cuidando cada detalle y sabía que dentro de no mucho, volvería a la vida que tenía hace unos años y no le importaba en absoluto su familia. Una familia formada sin amor, solo por no quedarse solo en aquel mundo en el que vivía.

En ese momento llamaron al timbre y esperó a que Teresa abriera la puerta. Miró el reloj, eran las cinco de la tarde y fuera hacía un día precioso. Nadie abría y quien fuera que estuviese esperando no dejaba de llamar, así que no le quedó otro remedio que ir a abrir. Cuál no fue su sorpresa, al ver tres coches de patrulla y varios policías en la puerta.

-Buenas tardes Diego. –Dijo David- No sabemos si se habrá enterado que Víctor ha sido encontrado muerto a mediodía. –Preguntó en tono dolido.

-No… no sabía nada, pero ¿Quién…? –Aquella información lo descolocó por completo. No tenía palabras para expresar lo que sentía.

-Sí, aún no sabemos quién ha sido el asesino. Tenemos a una mujer en comisaría, lleva allí desde el sábado por una prueba más que relevante para la investigación como es una carta. No podemos olvidar, que en su casa encontramos otra prueba aún más relevante, como es el paraguas que el niño llevaba en el momento que desaparición.

-Pero yo no sé nada de eso.

-¿Cómo qué no? –Preguntó el chico incrédulo- Estaba aquí cuando lo encontramos.

-Sí, eso sí. Me refiero a que yo el día que el niño desapareció no estaba en el pueblo. –Dijo en tono serio.

-¿Podemos pasar y hablar más detenidamente?

-¿Pero todos los que venís? –Preguntó señalando a los compañeros que estaban en los coches.

-Tenemos una orden de registro. –Se la extendió y la leyó. Al ver que estaba todo en orden, no le quedó otra opción que dejarlos pasar.

-¿Cómo es eso que estaba usted fuera el día que el niño desapareció? –David se había sentado en uno de los sofás de la sala de estar mientras los demás procedían al registro. Menos mal que habían limpiado la habitación del fondo y Teresa no estaba allí, si no se habría delatado sola con los nervios.

-Ese día estuve haciendo unos cursos en Sevilla durante todo el día. Salí de mi casa a las siete de la mañana y llegué a las once de la noche. Yo no sé absolutamente nada de lo que le pasó al niño.

-¿Tiene manera de probar lo que está diciendo?

-Sí, claro. Solo tiene que llamar al sitio donde dimos los cursos y le informarán que yo no falté de allí en todo el día. –Le dio el número a David y este salió fuera para hablar con la persona que le atendió. Como era de esperar, Diego no estaba mintiendo, él no estuvo ese día en el pueblo, efectivamente estuvo en Sevilla.

-Es verdad lo que me está diciendo, me lo acaban de confirmar.

-¿Ves? Yo no tengo nada que esconder. Por eso el día que encontraron el paraguas yo creí que se lo habría dejado aquí algún día que vino a jugar con mi hija.

-¿Dónde está su mujer? –Preguntó David mientras se volvía a sentar en el sofá.

-Creí que estaba en casa pero por lo que veo, ha salido, aunque no creo que haya ido muy lejos, como mucho a casa de su madre.

-¿Vive muy lejos?

-No, apenas en la esquina de la calle.

En ese momento apareció Patricia bajando las escaleras. Llamó a David, por lo visto había encontrado algo muy importante en uno de los armarios de arriba. Al llegar al vestidor de Teresa, uno de los policías le enseñó el hallazgo. Era el chubasquero de Víctor.

No podían creer lo que estaban viendo, aquello era prueba suficiente para llevarse a Teresa a comisaría. Sacaron una foto del niño que su padre le había echado justo antes de que fuera a la tienda a por chucherías. Estaba sentado en el banco del jardín, sonriendo con los ojos brillando de felicidad, seguramente porque su padre lo dejó ir solo a por chucherías a una de las tiendas más cercanas a su casa. Llevaba su paraguas en la mano y su chubasquero puesto. Sin duda era el mismo que habían encontrado en el vestidor de Teresa.  Bajaron en busca de Diego que estaba de pie junto al sofá.

-Diego, acabamos de encontrar el chubasquero del niño en el vestidor de Teresa. Esto es muy grave.

-Yo no sabía nada de eso. –Sus ojos se abrieron de par en par- Ese día yo estaba fuera, de hecho lo has comprobado.

-Sí, es verdad. He llamado al lugar donde dio el curso y es verdad que estuvo durante todo el día en Sevilla. –Informó a Patricia y a los demás compañeros.

-¿Dónde podemos encontrar a su mujer? –Preguntó Patricia.

En ese momento escucharon el sonido de las llaves en la puerta de entrada. Justo después entró Teresa.

-¿Qué está ocurriendo aquí? –Preguntó al ver a su marido de pie justo a tantos policías en su propia casa.

-Hemos encontrado el chubasquero que llevaba Víctor el día de su desaparición.

-¿Dónde lo habéis encontrado? –Preguntó ella con desesperación, al haberse enterado un rato antes que el niño había aparecido muerto.

-En tu vestidor. Ahora es usted la principal sospechosa de la muerte del niño.

-¿Yo? ¡Yo no sé nada!

-Teresa, ha aparecido aquí en tu casa tanto el chubasquero del niño como el paraguas que llevaba el día que desapareció.

-¡No es posible! –La chica comenzó a gritar fuera de sí.

-Tranquilícese. –Le dijo Patricia.

-Les juro que yo no sé nada sobre la desaparición y el asesinato de Víctor.                       –Comenzó a llorar desesperadamente mientras se tiraba al suelo. Dos de los policías tuvieron que agarrarla y ponerle las esposas.

-Queda usted detenida como una de las principales sospechosas del asesinato y la desaparición de Víctor Suárez. –Le informó David.

Salieron de casa con Teresa esposada y llorando histérica. Gritaba que ella no había hecho nada de lo que se le acusaba. Tenía derecho a guardar silencio y a llamar a un abogado.

Diego salió y observó cómo su mujer era metida en el coche patrulla. Sintió un dolor muy grande, había estado muchos años con ella y en el fondo, de alguna u otra manera, la quería.

**Al llegar a casa, ni siquiera se quitaron los uniformes. La madre de David tenía la comida encima de la mesa y los estaba esperando. Se habían enterado de la terrible noticia que había sucedido en el pueblo de al lado y no le costaba el más mínimo trabajo ponerse en la piel del padre del niño. Llegaron en silencio, aún conmocionados por la noticia y se sentaron a cenar.

-¿Cómo ha ido todo? –Preguntó la madre en voz bajita como si lo que estuviera preguntando fuera un pecado.

-Ha sido terrible. –Dijo por fin la chica- Creo que no olvidaré la imagen de ese niño en mi vida. Era tan pequeño… -Su voz comenzó a temblar y David se acercó a ella y le acarició el cabello.

-Hemos ido esta tarde a casa del amigo del padre del niño con una orden de registro. Encontramos el chubasquero que llevaba en el momento que desaparición y días antes el paraguas. Todo apuntaba a la pareja, pero Diego nos ha podido mostrar una coartada. Él estuvo durante todo el día en Sevilla.

-David, ya te he dicho que eso no quita que pueda ser cómplice de su mujer en el asesinato. –Comentó Patricia.

-Lo sé, pero para eso tenemos que tener unas pruebas convincentes. Por ahora, sabemos que no participó al menos en la desaparición. Pero tenemos que tratar algunos otros temas. Lo estoy preparando todo en mi bloc para exponerlo mañana en una reunión que le he dicho a Antonia que convoque a las diez de la mañana. –Pepa, la madre de David, se calló, pero tuvo la tentación de preguntarle a su hijo que era eso tan importante que tenían que tratar.

-¿Cómo os ha ido el día hoy? –Preguntó la chica.

-Bueno, más o menos. Hemos tenido que ir con mis jefes al cementerio. Hoy es el aniversario de la muerte de su hija. No tienen a nadie y hemos estado con ellos apoyándolos.

-Sí, es verdad. –Se limitó a decir el padre de David. Patricia se quedó mirándolo fijamente. Sabía muy poco sobre él, apenas nada. David quería mucho a sus padres, pero de su padre específicamente le contaba muy pocas cosas. Por lo visto siempre había tenido problemas de nervios y había sido algo difícil de tratar, aunque había sido siempre un padrazo.

-Nosotros nos vamos a ir a descansar. –Dijo el chico a la vez que retiraba su plato de la mesa. Seguidamente Patricia hacía lo mismo.

Subieron las escaleras y llegaron al primer piso. Sus padres se habían quedado viendo una película en el salón y David fue a acompañar a Patricia a su cuarto. Al llegar a la puerta la abrazó fuerte. Cada día estaba más orgulloso de ella, y de la valentía con la que afrontaba el día a día, aún a sabiendas que alguien la vigilaba todo el tiempo posible.

-Patricia, ¿Te importa que nos duchemos juntos? –Preguntó él tímidamente.

-Ha sido un día muy duro cariño…

-Por favor… –Se acercó a ella más lentamente y comenzó a besarle. No pudo resistirse y en menos de lo que esperaban estaban en la ducha.

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