FE CIEGA. CUARTO CAPÍTULO.

25 de Junio. Treinta años antes:

            Al llegar a casa, Antonio miró en el buzón. Apenas había correspondencia, nadie se preocupaba por mandarle una carta ni ninguna postal. Él dejó amigos en Manhattan pero nunca más volvió a saber de ellos. Cuando llegó al pueblo de su padre, quiso ponerse en contacto con Tito, su mejor amigo. Le contó por la situación que estaba pasando su familia, pero obviamente ocultó el incidente de su padre en la empresa, y le pidió que le escribiera a la dirección del remitente pero que no se la diera nunca a nadie si preguntaban por él, allí podrían encontrar a su padre. Él dedujo que su amigo lo entendió, puesto que nadie vino en busca de su padre, pero jamás le contestó. En aquella carta le explicaba que su situación económica había cambiado por completo, que no tenían absolutamente nada y entonces fue cuando se dio cuenta que sin dinero no le querían. Hizo caso omiso a todo eso y decidió seguir con su vida, tenía que darle de comer a sus hermanos y a su madre. Ella trabajaba mucho como costurera, por las mañanas en un taller y por la tarde en casa. Se dedicaba a hacer trajes a las mujeres adineradas de los pueblos cercanos, se había creado la fama de ser la mejor costurera de los alrededores y gracias a ello podían vivir algo más tranquilos. Aun así, él necesitaba dinero para sus cosas y para poder tener una independencia pero el trabajo que tenía, era realmente duro y pensó que tendría que buscar algo más liviano, aunque como estaban las cosas, dudaban que eso pudiera ocurrir.

Fue la noche de San Juan cuando la vio por primera vez. Él no tenía amigos con los que salir, no hacía vida social, su vida se limitaba a trabajar, comer y dormir para rendir al día siguiente. Esa noche hacían una gran fiesta en el pueblo, era el primer año que sacaban en procesión a la patrona, La virgen de la Inmaculada Concepción. Todas las personas esperaban ansiosas frente a la iglesia y su madre le había convencido para que los acompañara, a ella y a sus hermanos. Al principio no quería, pero se dio cuenta que necesitaba salir y despejarse. Se habían enterado que esa noche en la plaza del pueblo se hacía una verbena, donde harían carne a la brasa y habría bebidas, así que no se lo pensó más, aquella noche era para disfrutar.

Esperaba ansioso el momento de la verbena, ya que la procesión se estaba haciendo algo pesada y cuando por fin terminó y la virgen estuvo de nuevo en la iglesia, bajó con su madre y sus hermanos por la calle principal hasta la plaza. Aquel día iba especialmente guapo, se había puesto unos pantalones de pinzas y una camisa blanca. Él nunca se arreglaba, pero de algún modo, esa noche tenía una corazonada y decidió hacer todo lo que estuviera en sus manos para estar presentable. Estaba pensando sus cosas, cuando al llegar a la plaza, su madre lo sobresaltó:

            -¡Hola! ¡Estamos aquí! –Gritó levantando la mano y saludando a una hermosa mujer, que no iba sola.

            -¿Qué tal está mi querida Mercedes? –Preguntó la mujer entre risas, se dieron dos besos y le presentó a su marido. Los dos iban muy elegantes vestidos.

            -El vestido te queda fabulosamente. –Le dijo Mercedes a la mujer.

            -Me lo ha hecho la costurera más buena de los alrededores. –Contestó la mujer sonriendo.

            -¿Habéis venido solos? –Preguntó la madre de Antonio. Él se limitaba a mirarlos y sonreír un poco de vez en cuando.

            -No, hemos venido con mi hija Sofía. Ha entrado al baño, pero no debe tardar. –Al momento la mujer se acercó al lugar donde su hija estaba y la agarró cuidadosamente por el brazo para presentársela. A Antonio le dio un vuelco el corazón.

            -Ella es Sofía, mi única hija. Debe tener más o menos la edad de tu hijo. –El chico le sonrió y ella le devolvió sutilmente la sonrisa.

            -Antonio, podías enseñarle algo del pueblo a Sofía, somos de un pueblo de al lado, y apenas conoce este. ¿Te importaría? –Le pidió su madre.

            -No, claro. –El chico esperó que ella se pusiera a su altura y comenzaron a andar calle abajo, quería enseñarle el parque. Sofía lo miraba con los ojos relucientes. Tenía una larga melena color castaño y unos ojos color miel. Era de piel clara y su sonrisa era perfecta.

            -¿Nunca has venido aquí? –Preguntó él tímidamente mientras bajaban la cuesta que los haría llegar al parque.

            -No, nunca. Somos de Fuente Palmera y mis padres han querido venir hoy para saludar a tu madre. –Sofía miraba el suelo avergonzada.

            -¿Qué edad tienes?

            -Veintidós.

            -Yo también tengo esa edad.

            -¿Estás estudiando? –Se sentaron en el primer banco que había en el parque.

            -No, yo necesito trabajar para ayudar a mi madre con mi familia. Mi padre murió y ahora yo hago su función en casa, tengo tres hermanos pequeños.

            -Vaya, no sabía lo de tu padre.

            -No te preocupes. ¿Tú estudias?

            -Sí, estoy haciendo un curso de peluquería. Mis padres querían que me fuera a otra ciudad a estudiar una carrera, pero sabía que aquí debía quedarme, que algún día conocería al chico ideal con quien formar una familia.

            -¿Quieres formar tu propia familia? –Preguntó el chico mientras observaba sus preciosos ojos.

            -Sí, tengo muchas ganas.

Él sonrió y cambiaron de tema. Cuando la noche pasó, acostado en su cama recordaba a Sofía. Era una chica tan especial, tan linda… Sería fantástica para él, pero quizás sus padres se opusieran a que hubiera algo entre ellos. Ella era una señorita  y él solo era un trabajador del campo. Por ahora debía tener paciencia y dejar el tiempo pasar.

**David recogió a Patricia en su casa. La chica se puso unas grandes gafas de sol y dudó un instante, pero sin pensarlo ni un minuto más, corrió para meterse en el coche. Pablo la había vuelto a llamar en varias ocasiones y estaba muerta de miedo.

El día se presentaba bonito a simple vista, el sol brillaba alto en el cielo y no había ni una sola nube. La temperatura era cálida y parecía que su vida cambiaba por momentos, ya nada peor de todo lo que había pasado podía ocurrir. Pusieron rumbo a Córdoba, a entrevistarse con los padres de Andrea, la madre de Víctor.

-¿Cómo estas, cariño? –Preguntó David mientras posaba su mano en la rodilla de la chica.

-Mejor, pero no dejo de pensar en las llamadas de Pablo. Estoy segura que puede llegar a hacer algo peor. –Le explicó pensativa, sin quitar la vista del paisaje que se veía a través de la ventanilla.

-Mientras estés a mi lado no debes temer nada. –Dijo con media sonrisa.

-Lo sé, no sé por qué no comenzamos esto mucho antes. Hace tanto tiempo que nos conocemos…

-Desde el instituto. Pero aquella época fue diferente. –Se en cogió de hombros.

-Parker, aquella época fue la que tú ligabas a todas horas con todas las chicas que pasaban por delante de tus narices –Dijo en tono jocoso.

-Lo sé. Todas querían salir conmigo.

-Y yo era demasiado gris para estar contigo.

-No, simplemente no surgió la llama. Lo importante es que, aunque hayan pasado los años, ha surgido. –La chica sonrió tímidamente.

-David, ¿Tú crees que aclararemos algo en casa de la madre de Andrea? No hay que olvidar que esa chica está desaparecida.

-Es muy extraño. Ellos denunciaron en Córdoba la desaparición de su hija pero no han encontrado nada y me consta que han rastreado la zona por dónde ella vive.

-¿Cómo lo sabes? –Preguntó la chica.

-Llamé esta mañana y pregunté por el caso. Me pasaron con el encargado del caso, un tal Horacio González, y me explicó que después de esperar las horas reglamentarias, comenzaron a rastrear la zona y que no encontraron absolutamente nada. Tras enterarse de la desaparición de Víctor, creen que ella ha podido llevarse el niño, están buscando por todos lados.

-A ver sus padres que nos pueden contar porque creo que estamos en un momento que, o nos dan más información, o será difícil poder seguir adelante con el caso y que el mismo se resuelva beneficiosamente.

Cuando llegaron a la barriada donde vivían los padres de Andrea, se dieron cuenta que era un buen lugar. Llamaron al timbre y les abrió una mujer menuda, con el pelo moreno recogido en una trenza y en bata de casa.

-Pasen. Siento estar así, pero no tengo fuerzas ni para vestirme. –Aquella mujer se llevó las manos a la cara, aguantando un sollozo. Los policías se miraron y  entraron en el domicilio.

-No se preocupe. Estamos aquí para ayudarles. –Al entrar al salón vieron al padre de Andrea y tras los saludos reglamentarios, se sentaron en un sofá muy cómodo. Era un hombre alto y canoso, con unos ojos verdosos oscuros.

-Queremos que nos explique un poco sobre lo que pasó con Andrea. –La instó David. La casa era moderna pero hasta un cierto punto. El suelo era blanco, pero estaba impoluto, al igual que los muebles y todo lo que reinaba en aquel lugar. A aquella familia parecía gustarle el orden.

-Mi niña es una chica tan linda. –Dijo el padre- No sé qué vio aquella noche en la que no volvió a expresarse más. Siempre nos miraba con sus grandes ojos, era como si nos quisiera decir algo, pero no le salía la voz del cuerpo. Así ha estado durante más de dos años, hasta que desapareció.

-Por lo que me ha contado Santiago, el ex marido de Andrea, él tenía la custodia de Víctor.

-Sí. Cuando mi hija enfermó, el juez decidió que no estaba capacitada para cuidarlo y le dieron la custodia completa a su padre. A mí me hubiera gustado tener a Víctor con nosotros, pero ante la decisión del juez no podíamos hacer nada. Luego recogimos a mi hija en casa de nuevo para cuidarla. No salió más de su habitación, solo para comer y poco más, pero desde hacía unos días había comenzado a decir el nombre de Víctor, cosa que era poco frecuente en ella desde que le pasó aquello de lo que nunca nos enteramos.

-¿Comenzó a nombrar a su hijo? Quizás estuviera volviendo en sí y haya querido ir a por él. –Reflexionó Patricia en un susurro.

-Puede ser. Yo no descarto nada, pero lo que nos llama la atención es que no se ha llevado nada, ni dinero, ni ropa…

-Quizás todo surgiera en el momento y decidió irse al pueblo en busca de su hijo. –Añadió David sin dejar de apuntar en su bloc, ese que le acompañaba a todos lados.

-Ahora tenemos que indagar si es verdad que llegó al pueblo. Ese es el punto clave para saber si se ha podido llevar al niño.

-¿Pero cómo vamos a saber eso? –Preguntó la madre de Andrea mientras retiraba varias lágrimas rebeldes que recorrían su rostro.

-Podríais darnos una foto de ella y nosotros iremos a la estación de autobuses o del tren y preguntar si han visto a vuestra hija.

-Pero no sabemos si se fue en autobús, en tren… -Dijo su padre en voz bajita.

-No se preocupe, iremos a preguntar, pero si a penas se llevó dinero, lo más seguro es que se fuera en autobús, puesto que en tren vale más caro y además, no la dejaría en el pueblo. En autobús si la llevaría directamente.

-Sí, tiene sentido. –Dijo Maite, la madre de Andrea.

-Ahora mismo nos vamos a la estación de autobuses, tenemos que saber si ella cogió algún autobús. ¿A qué hora dejó de ver a su hija en casa? –Preguntó Parker mientras seguía apuntando datos.

-A las siete de la tarde estaba aquí todavía. A mí me pareció extraño que se vistiera, siempre estaba en pijama. Le pregunté si iba a salir, pero me lo negó con la cabeza. Nos fuimos a hacer la compra y cuando llegamos, sobre las ocho y media, no estaba.

-Si fueran tan amables de darnos una foto de vuestra hija, nos harían un favor.

-Ahora mismo vengo. –La mujer salió del salón y se encaminó a una de las habitaciones. A los pocos minutos regresó con una foto de Andrea.

-Con esto podemos empezar por ahora. Cuando sepamos algo les avisamos.

Y salieron de la casa. Cuando iban camino al coche, David se acercó a Patricia y le dio un breve beso en la mejilla, ella se sonrojó y sonrió.

-Vamos a la estación de autobuses –Dijo ella.

-Sí, vayamos.

**Cuando llegaron al pueblo donde a partir de aquel momento viviría, Sara observó cada milímetro del mismo. Se bajaron del coche y Luis se encargó de llevar las pocas pertenencias de la chica a su nuevo cuarto. Corina la condujo hasta allí y ella quedó encantada, estaba pintada en tonos pastel, muebles blancos y dorados. La decoración era exquisita.

-Me gusta mucho mi nueva habitación. Luego colocaré mis cosas. –Dijo Sara mientras se sentaba en una de las butacas del pequeño jardín delantero de aquella vivienda tan bonita. Ella jamás podría tener algo parecido a aquello. Ni una casa así, ni tan siquiera una familia parecida. Suspiró resignada mientras recogía su cabello corto en una pequeña cola.

-Me alegro que te haya gustado. Esa será tu habitación hasta que nazca el niño, luego pertenecerá a él. –Corina quería que quedara claro que cuando el niño naciera, ella se iba de casa.

-Sí, no te preocupes, no tengo intención de quedarme con vosotros. –Luís llegó con una bandeja con tres refrescos y algunos frutos secos. Sonrió al ver como la barriga de aquella chica se dejaba ver debajo de su camiseta gris.

-Esperemos que durante estos meses te sientas como en casa, pero recuerda, eres mi prima y vas a estar con nosotros una temporada. –Le recordó el chico pacientemente. Aquello era algo que nunca podría olvidar.

-Sí, me ha quedado muy claro todo en el coche, no tenéis que preocuparos.

En ese momento, sintieron unos toquecitos en la cancela que daba acceso a la calle y Corina fue a abrir. Era su hermano Raúl y recordó que tenía una charla pendiente con él.

-Contigo quería yo hablar. –Le dijo ella en tono seco. Iba muy guapo, con su barba cortada y sus preciosos ojos relucientes. Lo agarró del brazo y lo metió en la cocina.

-¿Qué pasa? –Preguntó asombrado sin dejar de mirar a su hermana, la cual era como una madre para él. La quería por encima de todas las cosas, ella no se separó ni un momento cuando tuvo aquella maldita enfermedad.

-El otro día vino Manuel a mi casa.

-¿Qué Manuel? –Preguntó el chaval.

-Vuestro vecino –Le aclaró- Me dijo que te vio muy raro y que ahora te relacionas con Blanca, todos sabemos de qué pie cojea esa chica. Él me contó todo esto por tu bien, sabes que prácticamente te has criado en su casa, siempre has querido mucho a su mujer, y no quiere que te pase nada.

-Ella ha tenido muchos problemas, pero nadie la apoya, en su casa nadie le hace caso y  necesita a una persona que esté a su lado y pueda ayudarla a salir de todo ese infierno. –Explicó mientras se sentaba en uno de los taburetes de mimbre que tenían en la cocina. Obviamente, se refería a Blanca.

-¿Te estás drogando? –Corina lo miró con miedo a que la respuesta fuera afirmativa.

-Mira, a ti no te voy a mentir. A mí siempre me ha gustado Blanca, desde que estábamos en el colegio, pero nunca surgió nada entre nosotros y ahora que es tu vecina, un día que vine a visitarte, comenzamos a hablar y surgió algo. Yo creí que para que me hiciera caso, debía consumir y pertenecer a los suyos, por eso me puse en contacto con un amigo suyo que vendía droga.

-¿Y consumiste? –Preguntó atónita, llevándose las manos a la boca.

-Sí, ese fue el día que Manuel me vio.

-¡Por dios, Raúl! En qué estabas pensando…

-Déjame que termine de explicarte. –La chica lo miró fijamente en señal de que debía proseguir-  Me he drogado muy poco, te lo juro. Y hace poco quedamos por la mañana para vernos y yo le conté el porqué estaba tan demacrado y me dijo que si seguía consumiendo lo que había entre nosotros se acababa.

-¿Por qué?

-Porque ella está intentando dejarlo, pero nadie le ayuda. Su madre no le dirige la palabra en todo el día y su hermana Nazaret más de lo mismo. Está sola. –Dijo lleno de frustración. Nunca entendería porqué daban de lado de aquella manera a una chica como Blanca que, lo único que hacía en la vida era buscar su sitio.

-No sé qué pensar Raúl. No quiero que te pase nada malo y no sé si con esa chica…

-Corina, todo va bien, te lo prometo. –Le prometió mientras se ponía en pie y abrazaba a su hermana con todas sus fuerzas. Necesitaba contarle lo que sentía por Blanca a alguien y ahora parecía sentirse mejor. Había escogido una buena confidente.

-¿Qué hay entre vosotros?

-No lo sé, pero hay algo. Algo muy fuerte.

-¿Es recíproco?

-Creo que sí, pero hemos decidido ir poco a poco.

-Espero que sea verdad lo que me has dicho de que quiere rehabilitarse y dejar la droga.

-Está totalmente convencida de ello, además necesita de alguien que la ayude, ya te lo he dicho. Y qué mejor que yo para eso. A partir de ahora vamos a pasear, salir de fiesta, iremos al cine. Yo la voy a ayudar. –Corina se emocionó al ver a su hermano en aquella tesitura. Jamás lo había visto tal ilusionado con una chica.

-Espero que lo que te ha dicho esa chica sea verdad, no voy a aguantar que nadie se ría de mi único hermano.

-Tranquila, nadie se va a reír de mí, puedes estar segura.

-Bueno, ven conmigo que quiero presentarte a alguien. –Lo instó Corina mientras lo cogía suavemente del brazo y lo llevaba hacía dónde había dejado a Luis con Sara hacía unos minutos.

-¿A quién?

-Es una prima de Luis, ha venido a quedarse una temporada.

-Por cierto…

-Dime. –La chica se paró y miró a su hermano.

-Ya que eres vecina de Blanca, si algún día sales a la calle y la ves sentada en la plaza, háblale. Ella necesita que la gente vuelva a verla como alguien normal y no como un bicho raro.

-Lo haré, no te preocupes. –Corina sonrió dulcemente.

**David y Patricia entraron por la estación de autobuses de Córdoba y se personaron en el lugar habilitado de información. Necesitaban averiguar si Andrea había cogido un autobús para pueblo desde aquel lugar. Ese era el punto de conexión, si ella había comprado un ticket, significaba que había ido a por su hijo. Se acercaron a ventanilla y cuando los vieron de uniforme les atendieron inmediatamente. Una simpática chica que había detrás de la ventanilla, les hizo pasar a una habitación contigua cuando les contó a lo que iban. Allí estaba esperando su superior. Él sabría mejor que nadie como tratar ese tema.

-Buenos días, soy Alejandro Ortiz. ¿En qué puedo ayudarles? –Preguntó aquel hombre enchaquetado y con el pelo engominado. Patricia se quedó mirándolo. ¿No se parecía aquel hombre a un presentador de los informativos? Quizás fueran cosas suyas. Los dos policías tomaron asiento y comenzaron con las preguntas.

-Buenos días, venimos de un pueblo cercano. Necesitamos vuestra ayuda, estamos investigando el caso de un niño de cuatro años y su madre, desaparecidos hace tan solo unos días. Es muy importante que sepamos, si esa mujer compró un billete de autobús rumbo al pueblo el día que desapareció.

-¿De qué día estamos hablando? –Preguntó el hombre mientras apuntaba algo en una libreta.

-Del 5 de abril, concretamente.

-¿Sabéis más o menos la hora en qué pudo coger el autobús?

-Entre las siete y las nueve de la noche. No es seguro pero el abanico de posibilidades se mueve en esas horas.

-Vale, tengo que hacer unas llamadas para ver quien estaba en ventanilla en ese momento. Me imagino que traerán alguna foto de la desaparecida en sí ¿Verdad?

-Por supuesto. –Respondió Patricia sacando la foto del bolso.

Tras hacer unas llamadas, el hombre se marchó durante unos minutos y volvió a la media hora con una chica pequeña, regordeta y con el cabello muy oscuro.

-Ella es María, era quien estaba en ventanilla ese día a esa hora. –La susodicha se sentó tímidamente al lado de David.

-Necesitamos que nos digas si recuerdas a esta chica. Sospechamos que el día 5 de abril vino a comprar un billete. –Le mostró la foto de Andrea y la mujer no tardó unos segundos en contestar.

-La recuerdo perfectamente. Era muy rara, no hablaba apenas. Me señaló el billete que quería y me pagó con monedas de diez y cinco céntimos.

-¿No le llamó nada la atención de ella? –Preguntó Patricia.

-Sí, antes de irse yo le pregunté si estaba bien, porque la vi realmente aturdida, pero solo me miraba. Y antes de irse me dijo una sola cosa.

-¿Qué cosa? –David estaba impaciente.

-“Voy a por mi hijo” Tras decirme eso, yo la dejé ir.

-Muchas gracias, nos ha sido de gran ayuda. –Le dijo Alejandro y la chica, levantándose tímidamente, abandonó la habitación.

-Se lo ha llevado ella. –Dijo Parker mientras apuntaba unos datos en su memoria, su block lo había dejado en el coche.

La pareja de policías salieron contentos. Ya tenían algo que contarle a Santiago, aunque tenían que ir a hablar con Diego, el padre de Alejandra. En ese momento cualquier persona que pudiera ayudar alegando algo, era necesaria. Se montaron en el coche y pusieron rumbo a Fuente Palmera.

**A la vuelta, decidieron ir a casa de Santiago a ponerlo al día sobre lo que habían averiguado en Córdoba. Aparcaron lo más cerca posible de la casa del hombre. Cuando llegaron, estuvieron varios minutos llamando al timbre, pero nadie les abría y una mujer que estaba regando las flores que lucían en las ventanas de su casa, se acercó a los policías.

-¿Buscáis a Santiago? ¿Se ha sabido algo más del niño? –Patricia miró a la mujer por encima de sus inmensas gafas de sol, podía tener unos sesenta años, un delantal y el pelo alborotado a causa del aire que corría ese día.

-Sí, necesitamos hablar con él, y con respecto a lo del niño, no podemos darle esa información. –Explicó David mientras volvía a llamar al timbre con insistencia.

-¿Por qué no? –Preguntó la mujer enfadada. ¿Cómo no podían darle esa información a una vecina? Negó con la cabeza y puso las manos en jarra esperando una respuesta.

-Porque estamos investigándolo aún, no sabemos nada en claro. –Dijo el chico en tono seco. Patricia lo miró y soltó una pequeña risilla sin querer, le encantaba cuando se ponía así.

-Vale. No insistiré más. –Se rindió la mujer.

-¿No sabe dónde puede estar Santiago? ¿Le ha visto salir de casa hacia algún sitio? –Le preguntó amablemente la chica.

-Lo vi esta mañana, pero era muy temprano. Creo que fue a casa de Diego, porque fui a hacer la compra y a la vuelta lo vi saliendo de su casa como alma que lleva el diablo.

-¿Está usted segura? –David abrió los ojos de par en par. ¡Santiago no debía entrometerse en la investigación! Fue informado de ello en su momento y debía haber acatado las órdenes que se le dio.

-Sí, claro. No podría estar más segura de ello.

-¿Podría decirnos dónde vive Diego?

-Vive aquí al revolver la esquina, son prácticamente vecinos. –La mujer le informó de cómo llegar- Es la casa en tono pasteles, la conoceréis, es la más bonita de esa calle.

-Muchas gracias. –Dijeron a la par y comenzaron a andar hacia allí.

-Patricia, ¿Qué habrá ido a hacer en casa de Diego el padre de Víctor?  ¡Se le informó que no debía poner un pie en casa de nadie que creyera sospechoso! Debía comunicárnoslo antes a nosotros.

-Quizás quiera adelantar trabajo.

-Pero es nuestro trabajo, a él no le pertenece ir a interrogar a nadie.

-Llamemos a la casa y veamos qué ha pasado. –Dijo la chica mientras tocaba el timbre de la casa más bonita de la calle. Se correspondía con la descripción que aquella mujer les había hecho.

Se escuchó un leve revoloteo dentro y luego unos pasos decididos hasta la puerta de entrada, una mujer rubia les abrió.

-Hola ¿En qué puedo ayudarles? –Preguntó mirándolos con curiosidad. David se percató de lo bonita que era, parecía una muñeca de porcelana.

-Queremos hablar con Diego. Es muy urgente.

-Pasen. -Dijo la chica haciéndose a un lado. Anduvieron por el largo pasillo hasta que llegaron al despacho de Diego. La mujer abrió y los anunció.

-Buenos días –Dijeron mientras estrechaban la mano- Necesitamos hablar con usted de algo muy delicado.

-Dígame. –Dijo el chico mientras se acomodaba en su butaca.

-Verá, el padre de Víctor Suárez cree que usted puede tener a su hijo. –Le informó Patricia mientras se sentaba en una de las sillas. Se percató de los goterones de sudor que recorrían la frente de aquel hombre. Estaba nervioso, no había duda. Quizás fuera señal de que escondía algo.

-Lo sé, esta mañana vino a decírmelo.

-¿Qué ocurrió exactamente? –Preguntó David mientras se terminaba de acomodar en la silla que les habían ofrecido.

-Se presentó bastante temprano. Teresa, mi mujer, nos dejó solos, aun sabiendo que podríamos molernos a golpes de un momento a otro, pero no quiero que mi mujer se involucre en algo tan espantoso a la par de absurdo como una acusación así. Comenzó a decirme que yo tenía a su hijo, que lo dejara en libertad, por las buenas o por las malas, que todo lo que estaba pasando era por mi culpa. Luego me agarró por el cuello y salimos disparados del estudio.

-¿Sabe usted algo sobre el niño?

-No sé nada. –Dijo firmemente.

-Nos han dicho que tuvisteis una trifulca en las puertas del colegio.

-Todo eso surgió por algo sobre nuestros niños. Víctor le hizo un arañazo en la cara a mi hija Alejandra y me enfurecí mucho, no pude contenerme. Esa niña es lo único bueno que he hecho en toda mi vida.

-Por lo que nos han contado, pasó algo turbio en el pasado, ¿verdad? –Preguntó Patricia mientras lo miraba, era un hombre bastante apuesto, de ojos y cabello oscuro.

-Sí, eso fue hace varios años, formamos una empresa de alimentación, aunque en realidad nosotros no participábamos en ella. Contratamos gente y éramos la cabeza pensante. Todo iba de maravilla, teníamos mucho trabajo y había muchas ganancias, pero él comenzó a quedarse con dinero que me pertenecía a mí. Además, nuestras mujeres nunca se llevaron bien, apenas se conocían, pero no fueron capaces de entablar una amistad, así que en ese sentido también nos distanciamos, puesto que no podíamos salir como lo hacíamos antes.

-¿Es verdad que Santiago le robó?

-Totalmente cierto, aquellos eran tiempos difíciles y tenía que terminar proyectos que ya había comenzado.

Después de aquel pequeño interrogatorio informal, decidieron que otro día seguirían con las preguntas. Por el momento necesitaban procesar todo lo que tenían en mente. Se levantaron y se dirigieron a la salida. Antes de llegar a la puerta, hubo algo que le llamó la atención especialmente a Patricia. La chica se dirigió al paragüero y sacó un paraguas infantil. En él había un nombre gravado: Víctor.

-¿Qué hace esto aquí? Por lo que veo es de Víctor. –Patricia no pudo contener la rabia que sintió al ver aquello allí. ¿Habían tenido algo que ver Diego y su mujer en la desaparición del niño? Aunque, si era así, ¿dónde estaba Andrea?

-Eh… esto… no lo sé. Quizás el niño se dejara el paraguas aquí algún día que vino a jugar con Alejandra.

-Me quedo con él. Que sepa que no lo detenemos porque necesitamos verificar que Víctor venía a jugar con su hijo, aunque esta prueba es muy grave. Tendrá noticias nuestras, seguramente vengamos a hacerle una inspección a su casa. Hablaremos con Santiago a ver él que sabe sobre este paraguas.    –David miraba duramente a Diego, aquel caso estaba casi resuelto, aunque ahora volvían a tener más piedras en el camino. Nuevas pruebas que podrían derivar a otra solución del asunto.

Los dos salieron rumbo al coche, con el paraguas requisado y los documentos encima, cuando llegaron a la calle principal, Patricia palideció, escuchó la moto de Pablo, se dio la vuelta y lo vio, iba dirección a la plaza. Por suerte, había salido por otra calle y no la había visto. Cogió a David del brazo y corrieron hacia el coche, la chica le explicó lo que había pasado y una vez dentro del vehículo, él la abrazó para que no se sintiera sola.

 

**        -Ha llegado la hora, todo está saliendo como lo habíamos pensado.

            -Me alegro. Ahora mismo voy a hacer lo que teníamos planeado.

            -Pronto será como antaño.

            -Es lo que más deseo.

** Raúl iba en dirección al merendero, había vuelto a quedar allí con Blanca y la verdad, le daba igual lo que pensara la gente. Desde que habían decidido conocerse mejor, ella había puesto peso y no tenía ojeras ni los ojos ensangrentados. Estaba dejándolo y con su ayuda lo lograría por completo. El sol resplandecía en el cielo, miró a su alrededor para ver si la veía, pero no llegaba. Se puso a pensar en la chica que su hermana había metido en casa, era prima de Luis, pero por lo que él recordaba no vino a la boda de su hermana ni jamás habían hablado de ella. Estaba embarazada y se había venido a cambiar de aires. Sus padres lo veían raro, puesto que su hermana no les había avisado antes, tan solo esa chica apareció allí, de un día para otro, ese comportamiento era muy poco usual en Corina, ella siempre contaba todo a sus padres.

Cuando más sumido estaba en sus pensamientos, alguien lo abrazó, era ella, Blanca.

-Hola, ¿Cómo estás? –Preguntó la chica mientras le daba un fugaz beso en los labios.

-Bien, esperándote, como siempre.

-Estoy asustada, Raúl. –Se sentó a su lado y le cogió las manos.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado? Se alarmó.

-Me acabo de encontrar en el parque con Pablo, quiere hacer venta y que yo le compre. Para empezar, no tengo dinero y además, no quiero, estoy intentando dejarlo. Se ha puesto muy furioso conmigo.

-¿Te ha hecho algo?

-No, nada. Pero se ha montado en su moto y ha sido para su casa.

-Me he enterado que su novia lo ha dejado ¿Es verdad?

-Sí, él me contó que le pegaba. Por lo visto la droga estaba haciendo estragos en él y llegaba loco a casa y lo pagaba con ella cuando el día no había salido como a él le hubiera gustado. Se habrá cansado la chica y se habrá marchado. –Se encogió de hombros.

-Pobre… -Raúl no concebía la violencia de género. Era algo que jamás había comprendido y nunca lo haría.

-Desde que lo ha dejado, él está mucho peor que antes. Me ha dicho que la va a buscar y se va a vengar, igual que se va a vengar de toda la gente que le está haciendo daño de una o de otra manera.

-¿A qué se refiere con eso?

-Pues no lo sé, quizás se esté refiriendo a algún ajuste de cuentas con alguien.

-Blanca, ese chico no me da buena espina, quiero que te alejes de él.

-Desde que lo estoy dejando no lo he vuelto a ver, ha sido por casualidad que lo haya visto hoy, porque me lo he tropezado de frente, sin posibilidad de escaquearme.

-¿Aquí le compra más gente?

-Creo que sí, pero no estoy segura. –La chica se acercó un poco más a él.

-¿Sabes?, he hablado con mi hermana Corina, ya sabe lo nuestro.

-Algo me olía yo… -Dijo ella mientras le acariciaba el pelo.

-¿Por qué? –Preguntó él extrañado.

-Porque esta mañana cuando he salido a la calle, me ha saludado y además me ha presentado a Sara, una prima de Luis, que por lo visto va a pasar con ellos una temporada aquí.

-A mí me la presentó ayer. Pero me parece muy raro lo que ha hecho Corina, eso de meter a una mujer en casa, por muy prima que sea de su marido y además, no nos había avisado ni a mis padres ni a mí… Mi hermana no es así.

-Quizás todo haya surgido de un momento a otro.

-Sí, eso me dijeron a mí, que fueron a Córdoba a comprar unas cosas y que allí la encontraron y se la trajeron, fue algo que surgió sobre la marcha.

-No te preocupes, no hay nada que temer, quizás la chica tuviera problemas en casa o algo parecido, nunca se sabe.

-Sí, puede ser, pero no me hacía gracia como miraba a mi cuñado, por muy prima suya que sea.

-No pienses esas cosas. –La chica se acercó lentamente a él y le besó. Esta vez fue un beso más largo.

-¡Uau!

-Quiero proponerte algo. –El chico la miró expectante- Me gustaría que esta noche saliéramos de fiesta. Hace mucho que no salgo y me muero de ganas.

-¿Pero dónde vamos a ir un viernes? –Preguntó el chico asombrado- Ya sabes que aquí en el pueblo hay pocas cosas para hacer.

-Algo se nos ocurrirá.

**Cuando llegaron a comisaría, David llamó a Santiago. No quería que Patricia estuviera allí, pero se había empeñado que no se iba a casa. Era como si ya no le tuviera miedo a Pablo, como si desde lo que surgió entre ellos, ella fuera más fuerte y se sintiera protegida por él. Estaban en su despacho, ella sentada en una silla y él de pie, marcando el número de Santiago.

-¿Santiago? Soy David Parker, le llamo para decirle que tenemos que vernos urgentemente.

-¿Ha pasado algo? ¿Ha aparecido mi niño ya? –Preguntó el hombre impaciente.

-Sí, ha ocurrido algo y necesito que venga ya.

-Enseguida voy, acabo de llegar al pueblo, pero cojo el coche y voy para comisaría lo antes posible. –Y colgó.

-Aquí hay algo que no me huele bien, Patricia pensativa.

-Me ha resultado muy raro que llevándose tan mal los padres, los niños quedaran para jugar juntos. Quizás haya sido un descuido por su parte el dejar el paraguas allí.

-No lo sé, pero lo que está claro es que si él tiene al niño, su mujer lo tiene que saber.

-De eso no me cabe la menor duda. Cuando nos abrió hoy la puerta de su casa, la noté nerviosa, no sé qué podía pasarle, solo íbamos a hablar con su marido para aclarar algunas cosas, ni siquiera era un interrogatorio formal.

-Tenemos que hablar con Santiago y que nos dé claves, él tiene que saber si el niño fue a jugar a casa de Alejandra. Por cierto, David, tendrías que llamar a los padres de Andrea, para comunicarle lo de su hija.

-Sí, claro, se me había olvidado por completo.

Salió un momento a recepción para pedirle a Antonia el número de la madre de Andrea, ya que se le había extraviado por el camino y volvió al despacho, cuando entró ya había marcado el número de aquella pobre pareja.

-¿Sí? –Se escuchó una voz bajita al otro lado del teléfono.

-Soy David Parker, esta mañana he estado en su casa, hablando del tema de su hija Andrea.

-¿Se ha sabido algo?

-Verá, fuimos a la estación de autobuses y estuvimos hablando con el encargado. Nos trajo a la persona que había en ventanilla más o menos a la hora que su hija pudo marcharse. Al enseñarle la foto, ella lo reconoció rápidamente. Andrea cogió el autobús de las nueve de la noche.

-Entonces, ¿Ella tiene a Víctor? –En ese momento sonó el teléfono de Patricia y ella salió fuera para contestar y así no molestar a David mientras hablaba con los padres de Andrea.

-Eso no lo sabemos señora. Estamos investigando aún, no tenemos nada claro, tenemos que tener algo sólido para poder decirle con quien está Víctor.

-Entiendo… En cuanto sepa algo avíseme, aquí estamos con el alma en vilo.

-No se preocupe.

A los pocos minutos, Patricia entró corriendo en el despacho.

-¿Qué ocurre?

-Acaban de llamarme, en número oculto.

-¿Quién? –Preguntó él mientras se levantaba de su butaca bastante alterado, creía que era Pablo.

-No sé quién era, solo me ha dicho que sabe que Víctor está con su madre. Por lo visto los vieron hace unos días por uno de los caminos que unen el pueblo con Fuente Palmera.

-¿No se ha identificado quien ha llamado?

-No, me ha dicho que no quería problemas.

-Esta situación me está superando. ¿Qué ha ocurrido con Víctor? ¿Quién tiene al niño? –Patricia se acercó a él, que se acababa de sentar, y lo besó para tranquilizarlo, luego lo abrazó y así estuvieron unos segundos.

-¿Mejor? –Preguntó ella mientras le acariciaba la mejilla.

-Mucho mejor.

En ese momento llamaron a la puerta, era Antonia para informarles que Santiago acababa de llegar, David se levantó y se acercó a la puerta. El hombre estaba muy nervioso, fuera de sí, diciendo cosas sin sentido.

-Tranquilo Santiago.

-¡No puedo estar tranquilo! Me acaban de llamar para decirme que han visto a mi niño con su madre por un camino. –Parecía haberse tranquilizado un poco, ahora hablaba entre sollozos.

¿Se ha identificado?

-No, me ha dicho que no quería inmiscuirse en el tema. –Patricia miró a David y luego a Santiago, le daba tanta pena aquel hombre. Había perdido a su hijo y encima alguien le estaba atormentando- Yo creo que es Diego.

-Esta mañana hemos ido a tu casa para hablar contigo y no estabas. Una vecina nos informó que te había visto esa misma mañana en casa de Diego.

-Yo…

-Fuimos a casa de Diego –Prosiguió David- y estuvimos hablando con él. Nos contó que fuiste a primera hora a decirle que pusiera en libertad a tu hijo, que estaba casi seguro que lo tenía él.

-Sí, tenía que ir, son muchos días sin Víctor y a veces hago cosas de las que después me puedo arrepentir.

-Entienda que no puede hacer nuestro trabajo. Usted nos contó lo de Diego y nosotros íbamos a ir a hablar con él, pero lo que no puede hacer es adelantarse a nosotros.

-Lo siento, fue consecuencia de mi desesperación.

-No se preocupe, pero se lo tengo que decir, para que entienda que nosotros somos quienes llevamos la investigación, aunque entendemos su desesperación.

-Hemos encontrado algo en casa de Diego. –Comenzó a contarle Patricia mientras se ponía de pie y se acercaba a la ventana.

-¿El qué?

-¿Usted recuerda algo característico del día que desapareció su hijo?

-No la entiendo, ¿Qué podría yo recordar? Ese día ha sido el peor de mi vida, yo solo recuerdo que mi niño me pidió ir a la tienda a por unas chucherías y nunca volvió.

-¿Ese día estaba lloviendo?

-Sí. No en el momento en el que él salió, pero aun así le puse el chubasquero y le di su paraguas para que no se mojara en caso de que comenzara a llover de nuevo.

-Perfecto. –Los ojos de Patricia brillaron, cada vez estaban más cerca y ella estaba casi segura que el niño lo tenía Diego y su mujer.

-¿Por qué me pregunta eso? –Preguntó el hombre extrañado ante tal pregunta.

-Esta mañana hemos encontrado el paraguas de Víctor en el paragüero de Diego, pero necesitamos que usted lo vea y nos verifique que, efectivamente, ese paraguas pertenecía a su hijo. –Patricia abrió un armario y sacó el pequeño paraguas ante la mirada atónita de Santiago.

-¡Es de mi hijo! ¡Es de él! –Comenzó a gritar mientras se ponía de pie.

-Tranquilícese. No tiene por qué ponerse así, teniendo esto como prueba, cada vez estamos más cerca del secuestrador, pronto su hijo volverá con usted. –Lo tranquilizó la chica.

-¿Cómo quiere que me tranquilice? Ese paraguas lo llevaba mi hijo en el momento que desapareció y si aparece en casa de Diego, yo creo que está más que claro quien tiene a mi hijo.

-Vamos a proceder lo antes posible. Con esta prueba, vamos a pedir una orden de registro en su casa y a lo más tardar, mañana por la mañana estaremos allí.

-Mañana es sábado ¿Habrá algún problema?

-Ninguno, ante algo así, tenemos que proceder con rapidez.

-Confío en vosotros, si mi hijo aparece con vida, os estaré eternamente agradecido.

El hombre se levantó pensativo y se marchó. Patricia y David se quedaron pensando en todo lo que había pasado aquel día, que no era poco. Tenían constancia de que Andrea había cogido un autobús para el pueblo y que además, venía a por su hijo, por lo que le dijo la chica de la ventanilla. Habían encontrado en casa de Diego el paraguas que el niño llevaba encima en el momento de su desaparición, una persona anónima había hecho una llamada para alertar que habían visto al niño con su madre por un camino y ellos dos no sabían que pensar. El niño podía estar con cualquiera, de ser verdad la llamada que habían recibido hacía apenas un rato. ¿Podía ser posible que Andrea tuviera algo que ver con Diego o con su mujer? Eran demasiadas cosas en muy poco tiempo, tenían que digerirlas y ya eran bastante tarde, por lo que, después de dejar la orden de registro solicitada, se fueron a casa. Al día siguiente les esperaba un nuevo día, a saber si quizás más duro que el de hoy.

**Su pierna iba mejorando, pero los días pasaban lentos. Su mayor distracción era mirar a su vecino por la ventana con los prismáticos. Sabía que allí estaba ocurriendo algo fuera de lo normal. Su madre lo llamó para que fuera a cenar, pero en ese momento vio algo en la casa de enfrente ¿Qué estaba pasando? Gritó para decirle a su madre que en unos momentos iría y acercó los prismáticos, tenía que ver bien que era aquello. Apagó la luz de su habitación para que nadie pudiera ver que él estaba observando la escena y cogió la pequeña cámara de video que tenía encima de su mesita de noche y comenzó a grabar. Enseguida pudo ver como su vecino salía con un bulto en brazos. Miró el reloj. Eran las once de la noche, por la calle no había ni un alma. Seguía en la puerta, parecía estar esperando a alguien. Soltó el bulto, liado en una manta de color negro y miró nervioso a los lados. Él no se movió, tenía miedo de que lo viera. ¿Sería el único testigo de lo que estaba pasando? Jamás contaría nada a nadie, no quería problemas. Siempre había sido un chico muy bohemio, sin amigos y así debía de ser. Aunque pareciera mentira, le gustaba su vida, y por nada del mundo le gustaría que la misma se viera truncada por haber hablado más de la cuenta. Lo que sus ojos vieran esa noche, jamás saldría de su boca.

Un coche llegó, llevaba las luces apagadas, no pudo ver quien lo conducía, puesto que estaba demasiado de noche y, por casualidad o no, la farola que había justo en la fachada de su casa no funcionaba. Su vecino corrió hasta el coche y metió el bulto dentro. Luego entró en casa como si nada hubiera pasado. El coche se marchó a toda prisa y de nuevo volvió a reinar el silencio en aquella calle.

Soltó los prismáticos y la cámara encima de la cama y se fue al salón, su familia lo estaba esperando para cenar. Se quedó mirando la cámara. Quizás debería destruir las pruebas lo antes posible, él no quería estar metido en aquel follón, quería seguir con su tranquila vida. Por lo pronto dejaría las cosas así, nunca se sabía si en un futuro aquella grabación pudiera servir de mucho.

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4 comentarios en “FE CIEGA. CUARTO CAPÍTULO.

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